12 de octubre de 1973: Perón asume la presidencia por tercera vez

El retorno formal al poder de Juan Domingo Perón se dio en un clima turbulento. El agitado año 1973 marcó el fin de la proscripción del peronismo, con el fracaso del Gran Acuerdo Nacional y las apetencias del general Agustín Lanusse de convalidar su presidencia de facto en las urnas. Cláusula proscriptiva contra Perón mediante, la candidatura recayó en Héctor J. Cámpora, quien encabezó la fórmula del Frente Justicialista de Liberación Nacional, triunfante el 11 de marzo y asumiendo el 25 de mayo.

Tensiones entre la derecha e izquierda del justicialismo, más el accionar guerrillero, sumado a los incidentes sangrientos en el retorno definitivo de Perón del 20 de junio signaron el fin de la experiencia camporista. Interregno de Raúl Lastiri mediante, el país se preparó para una nueva elección, donde el candidato sería Perón, acompañado de su esposa María Estela Martínez.

Tras su triunfo arrollador con casi el 62 % de los sufragios a su favor, se dispuso que la entrega del mando presidencial fuera el 12 de octubre, Día de la Raza, el cual desde el 2010 es denominado Día del Respeto a la Diversidad Cultural.

Perón, desde el balcón de la Casa Rosada –con un vidrio blindado que lo protegió– se dirigió a su pueblo: “Compañeros: Hay circunstancias en la vida de los hombres en las cuales uno se siente muy vecino a la Providencia. Para mí, esas circunstancias se presentan cada vez que tengo la inmensa satisfacción de contemplar al pueblo. Y a esta inmensa satisfacción va unida la tremenda responsabilidad que representa el servir digna y lealmente a ese pueblo. Por ello, para mí, la presente circunstancia en que estoy frente a ese pueblo, que siento tan profundamente en mi corazón, es un acicate para dedicarle hasta el último aliento para servirle, y pedirle que me ayude; para pedirle a ese pueblo que me ayude a defender esa responsabilidad manteniéndose en paz, unido y solidario, cumpliendo cada argentino la misión que recibirá para la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo”.

La fecha no fue antojadiza, ya que enlazó la tradición hispánica con el impulso dado para su memoria por el presidente Hipólito Yrigoyen. Ya en su primera magistratura Perón exaltó dicho legado, como el 12 de octubre de 1946, donde – por partida doble – homenajeó a integrantes de la Confederación de Maestros y Profesores Católicos, y recibió de España el Collar de la Orden de Isabel La Católica. En el primer caso expresó: “Lleguen a esta tierra argentina… todos los hombres que constructivamente están trabajando por una mejor humanidad y que, a la sombra de aquella inmortal Cruz del suplicio divino, nos puedan iluminar con la emoción y con el cariño que despiertan para nosotros, de raíz hispana y cristiana, los pueblos de esta América”. Para la segunda ocasión expuso: “Complacido, acepto el magnánimo gesto del Generalísismo, porque veo en él reflejado el cariño que la Madre Patria siente por el pueblo argentino, tan unido al español por los imperecederos lazos de sangre y por compartir el anhelo de mantener incólumes los ideales de la civilización cristiana, que son consustanciales a nuestro común modo de ser”. Y refirmó el presidente su sentir por la conmemoración de la conquista de América: “Satisfecho celebro que hayáis elegido el día de hoy, fiesta magna de los pueblos hispánicos, para hacerme entrega de la insignia de la Orden de Isabel de Castilla, porque, como en ninguna otra fecha recordatoria del Descubrimiento, resulta propicio demostrar el caudal de afecto que encierra nuestro corazón y derramarlo en homenaje al genio de España”.

Estos conceptos se revalidaron con su mensaje al pueblo español del 23 de junio de 1947, en ocasión de la visita de su esposa, Eva Duarte, a la península ibérica, y en el discurso presidencial por el cuarto centenario del nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra del 12 de octubre del mismo año. Evita señaló en su primer mensaje: “Vivo estas jornadas de compenetración hispanoargentina como el preludio de nuevos amaneceres de nuestra estirpe… La civilización cristiana, con el sabor de los heroísmos de Grecia y Roma, que supo infundirle el genio a España y la encarnación experimentada en tierras de América ha carecido hasta hoy del escenario propicio y del horizonte adecuado para encuadrar la pujanza y la reciedumbre de su alma inmortal… que en todos los corazones de Hispanoamérica florezca la rosa de la paz”.

Mientras que en el discurso en honor al creador de El Quijote sentenció: “No me atrevería a llevar mi voz a los pueblos que, junto con el nuestro, formamos la Comunidad Hispánica, para realizar tan sólo una conmemoración protocolar del Día de la Raza. Únicamente puede justificarse el que rompa mi silencio, la exaltación de nuestro espíritu ante la contemplación reflexiva de la influencia que, para sacar al mundo del caos en que se debate, puede ejercer el tesoro espiritual que encierra la titánica obra cervantina, suma y compendio apasionado y brillante del inmortal genio de España… Su obra civilizadora cumplida en tierras de América no tiene parangón en la Historia”.

Este espíritu acompañó el Convenio Comercial y de Pagos entre Argentina y España del 30 de octubre de 1946, ratificado por el Protocolo Adicional Perón – Franco del 9 de abril de 1948 de créditos amplios destinados a la Madre Patria. En igual sintonía se encuadró la gira europea de Eva Perón, destacándose su presencia a inicios de junio de 1947 en España, sus discursos en la península y su texto Ante la proximidad del Día de la Raza, publicado en el diario Democracia el 6 de octubre de 1948, y que recuperé en mi trabajo Evita, su legado de puño y letra (2009).

Esto no quitó las tensiones existentes durante el segundo gobierno justicialista con la dictadura franquista, sea por la cuestión religiosa como por la exigencia del pago del préstamo del ‘46, lo que llevó a cierta “hispanofobia” que se superó con los meses y que, en el exilio madrileño de Perón, quedó en el olvido por el asilo político ofrecido al viejo líder argentino.

A modo de ejemplo, en Mis conversaciones privadas con Franco (1976) de Francisco Franco Salgado-Araujo, primo hermano del jefe de Estado español y jefe de la Casa Militar, refirió –entre chismes e información tergiversada – los comentarios del Dictador entre el 15 y 16 de octubre de 1954: “Se han portado muy mal los argentinos en el asunto del trigo venido a España al querer exigir que fuese reconocida en dólares la deuda que tenemos con ellos, lo que no es lógico ni justo, pues en el tratado consta que sea en pesetas o pesos… luego está la negativa de la señora Perón a que cargaran trigo en los veinte barcos españoles que había en el puerto de Buenos Aires para dicho fin, y que tuvieran que regresar sin un solo grano. No me explico por qué dicha señora nos tomó esa inquina a España, después de los enormes agasajos que aquí s ele hicieron cuando nos visitó invitada oficialmente…”.

Sumó Salgado-Araujo lo que aconteció el 21 de octubre de 1954: “Hablé con el Caudillo (Franco, que me enseñó el telegrama cifrado que se ha enviado a Perón protestando por la campaña de prensa argentina contra él, y muy particularmente por las calumnias sobre el marqués de Villaverde con motivo de su supuesto negocio de las vespas (motos)”. Aunque, una semana después, el 28 le comentó el “Paco” Franco: “He recibido una carta de Perón en la que me da explicaciones suavizando la tirantez existente. También he recibido un extenso informe del embajador (español en Argentina) Aznar en el que me dice que la campaña en contra nuestra está inspirada por la masonería… Los argentinos están resentidos por un artículo (del) teniente general duque de la Torre (donde) habla de (Evita) y de la política demagógica de dicha señora…”. Y, al día siguiente, el propio Salgado-Araujo aseveró: “Hoy he recibido la visita de Gil de Reboleño (del) Automóvil Club de España… Me ha dicho que el ambiente no puede ser peor en contra de España con motivo de la mala marcha de las negociaciones comerciales. Cree que la masonería toma parte activa para mantener este ambiente… me ha dicho también que Perón debe ser antirreligioso, pues en sus discursos jamás se le ha oído hablara de Dios (?)…”.

Volviendo a la asunción de Perón, ese 12 de octubre de 1973, soleado y repleto de esperanzas, los meses siguientes mostraron el deterioro físico del presidente que desembocó en su muerte del 1° de julio de 1974 y en la sumatorias de problemas económicos y hechos de violencia que decantaron en la noche más oscura del 24 de marzo de 1976.

Quedó el recuerdo de Perón, junto a su impronta por los valores eternos representados por el 12 de octubre, su mensaje de unidad nacional e hispanoamericana, y sus palabras finales de ese discurso de octubre de 1973: “Les agradezco a todos los compañeros que han venido hasta esta plaza, histórica para nosotros, a proporcionarme la inmensa satisfacción de su presencia. Pueden estar persuadidos de que para mí no existe una satisfacción y una gloria mayor que contemplar la cara de este pueblo, que es lo único que labra la grandeza de la Patria”.

*Pablo A. Vázquez. Licenciado en Ciencia Política; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas