2 de mayo de 1982: Hundan al Belgrano

El desembarco argentino en Malvinas del 2 de abril de 1982 tuvo la idea de reafirmación de nuestra soberanía con la ocupación territorial con fuerzas militares.

El coronel Mohamed Alí Seineldín en 2 de abril: Consideraciones de los jefes protagonistas (1995) sostiene: “Conocí efectivamente del plan (de recuperación de Malvinas) en enero de 1982… La orden de la Junta (militar) reiterada en varias oportunidades era la de no matar ingleses, a los efectos de resolver estos pacíficamente. Esa era la idea. Después de tomar las Islas yo debía quedarme como jefe militar y el general Menéndez como gobernador. Me dotarían con 4 aviones y una compañía de Infantería de Marina que se sumaría a mi regimiento. Esto era el efectivo que quedaría, porque se suponía que los ingleses no iban a concurrir y todo se arreglaría pacíficamente… el plan de operaciones de desembarco, lo hizo el almirante (Carlos) Busser… La operación estaba prevista para el 15 de mayo. Debía coincidir con la instrucción de la nueva clase de conscriptos y el 25 de mayo. A raíz del problema de las islas Georgias se adelantó al 2 de abril”.

Sean esas las intenciones que explicitó Seineldín del mando político, en esos momentos en manos del dictador Leopoldo Fortunato Galtieri y el resto de la Junta Militar, de un tenor “pacífico”, es decir, de ser un desplazamiento de tropas argentinas, ocupar Malvinas, y luego imponer una negociación con Gran Bretaña, no fue visto de esa forma por la primer ministra Margaret Thatcher.

La vía de negociación parecía segura, las propuestas norteamericanas, del Perú y de Naciones Unidas, ligadas a la posición argentina cercaban a Inglaterra a negociar sin entablar batalla. Pero documentos británicos desclasificados recientemente consignan la decisión de Thatcher de forzar la guerra. En un encuentro en la casa de campo de los primeros ministros, Thatcher y sus consejeros decidieron – para fortalecer al gobierno ante la opinión pública de su país, en declive por su política de ajuste y desempleo – incursionar en la zona de exclusión del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS). A pesar que muchos aconsejaron no entrar en guerra, la decisión de la primera ministra conservadora fue firme: Había que hundir al buque argentino ARA General Belgrano.

El 2 de mayo a las 16 horas el submarino nuclear británico HMS Conqueror recibió la orden de torpedear al Belgrano, estando éste a 30 millas náuticas al sudeste de la zona de no agresión, hundiéndose a las 17 horas.

Los mensajes entre el navío Bouchard de la flota argentina y la jefatura del TOAS – tomados de Malvinas: La trama secreta (2007), de Oscar Raúl Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo Van der Kooy – consignaron con laconismo:

“16.20 hs: Ataque con torpedos (al Belgrano). Inicio retroceso.

16.35 hs: Belgrano al garete. Latitud 55° 18’; longitud 61° 67’. Sin comunicación. Aprecio agrisado. No se observan explosiones ni humo. Desconozco si fue torpedeado. Pido apoyo para verificar situación.

18.36 hs: Ratifico apreciación. Torpedeado sin averías. Explosión fuera del casco. Simultáneamente tres bengalas blancas provenientes del Belgrano. Interrumpidas las comunicaciones con crucero al garete. Alejo hasta 20 millas, luego invierto rumbo para retomar contacto hasta 14 millas.

20 hs: Aviso Gurruchaga alerta. Destructor Piedrabuena rumbo a Bahía San Antonio a 20 nudos.

23.38 hs: Hacerse cargo de la búsqueda”.

A esos datos hay que ponerles alma: el ataque británico dejó 323 muertos, de un total de 649 argentinos que murieron en el conflicto bélico de 74 días, mientras que las víctimas británicas fueron 255.

Fue un crimen de guerra, y de ello el Reino Unido fue consciente, al punto que en esos días temieron el efecto adverso en los foros internacionales de su acción

Ese 2 de mayo de 1982 se marcó con sangre el rumbo de la guerra de Malvinas, una guerra librada, sí, en nombre de una causa justa y legítima, pero en el contexto de un gobierno dictatorial. El Belgrano, que había partido con 1093 tripulantes rumbo al Sur, recibió el impacto de dos torpedos lanzados desde el submarino nuclear británico. Fueron 770 tripulantes los que pudieron escapar en balsas, pero otros 323, la mitad de los caídos en la guerra de Malvinas, descansan el sueño eterno de los héroes.

* Pablo A. Vázquez. Lic. en Ciencia Política. Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.