24 de marzo del 76. El golpe cívico-militar y la anécdota periodística

La mayoría de los analistas coincidió en el ‘76 que la suerte del gobierno de Isabel Perón estaba «echada» mucho antes desde lo político con la muerte del fundador del Justicialismo, el Gral. Juan Domingo Perón, el 1º de julio del ‘74, en medio de un enfrentamiento interno en el peronismo, donde dirimían «aguas» la «patria socialista» y la «patria peronista».

Las organizaciones «guerrilleras» con distinto «sello» –el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de origen «guevarista», su contemporánea «Montoneros»,  sustento en los «Curas del Tercer Mundo» y el denominado «peronismo combativo»- que no frenaron en el gobierno peronista. Del otro lado, la «burocracia sindical» y la «derecha peronista». Guerra interna.

Mucho tiempo después distintos medios difundieron que los enfrentamientos desde 1969 dejaban un saldo trágico de más de 1.500 atentados. Los números superaban 2.000 muertos entre juventudes políticas, aquellos que remitieron a la lucha armada y la represión de las dictaduras de Juan Carlos Onganía y Alejandro Lanusse, previo al «genocidio» a partir del ‘76.

La muerte de Perón se produjo poco después del conflicto abierto entre «el General» y «Montoneros» el 1º de mayo del ’74 en la Plaza de Mayo. A poco del deceso del Líder del justicialismo un «escuadrón de la muerte» denominado «Triple A» puso en marcha un plan siniestro contra el activismo de Izquierda y el peronismo «combativo».

En poco tiempo resultaron asesinados el catedrático Silvio Frondizi, hermano de Arturo Frondizi, expresidente de la Nación 1958/62, que llegó al Poder con apoyo peronista; el intelectual Rodolfo Ortega Peña, defensor de presos políticos tras la «Masacre de Trelew», el 22 de agosto del ‘72. A poco, resultaba acribillado Julo Troxler, sobreviviente de «la Resistencia».

En los fusilamientos de la madrugada del 10 de junio del ‘56, en pleno «basural» de José León Suárez, conurbano del oeste bonaerense, Troxler que desde su militancia peronista había sido detenido la noche anterior en Vicente López, zafó en una fuga cinematográfica -junto a otros sobrevivientes- de policías bonaerenses que apuntaban con «busca-huellas».

Un camión Ford, conocido «Ñatos» en la época, donde los habían llevado a la veintena de militantes detenidos mientras escuchaban una pelea del ídolo del boxeo argentino  Eduardo Lausse. Seguían los acontecimientos: el combate del zurdo Lausse y el «levantamiento» de un sector del Ejército (grupo nacionalista) al mando del general Juan José Valle.

Hubo 26 fusilados entre civiles y militares. La «Revolución Libertadora», nombre que había impuesto el gobierno militar del general Pedro Aramburu y almirante Isaac Rojas; «Revolución Fusiladora» desde el peronismo «clandestino». En marzo del ‘56 el Decreto Ley 4161 prohibía a «la cultura peronista» citar a Perón, Evita, cantar la «Marcha» peronista, y el resto de los símbolos.

En diciembre del ‘75, intento fallido del «Ejército Revolucionario del Pueblo», la «toma» del Cuartel (Ejército), depósito de Arsenales en zona de Monte Chingolo,  «Comandante Piedrabuena», cayeron 90 «guerrilleros» -incluyendo jóvenes de una «villa emergencia» lindante, partido de Lanús- el Ejército al mando del general Jorge Rafael Videla fijó 90 días para la toma del poder.

Un discurso de Videla -23 de diciembre del ’75- se pareció a «una sentencia». La expresidente de la Nación, Isabel Perón, tras una internación en Ascochinga, un par de meses antes, no parecía tener el control de la situación y llegó la inestabilidad social tras los efectos del «Rodrigazo» y la hiperinflación tras el «Pacto Social» de José Ber Gerbard en el ’74.

El que escribe estaba en la corresponsalía de Télam Mar del Plata. Una ley de «prescindibilidad» cesanteó a dos centenares de periodistas entre los cuáles cayó el suscripto. El impacto del golpe cívico-militar trascendió entre la franja de trabajadores de prensa con compromiso político remitido al gobierno peronista.

Tiempos de colegas notorios entre los cuales la memoria remite a Américo Rial, entonces subdirector periodístico. En la sección “Política”, Hernando Kleimans, Juan Carlos Cerro, acreditado en Casa de Gobierno. Otros recordados: José Luis Zicavo, también uno de los jefes, el «Gordo» Sinovoy que había viajado a Córdoba.

Pudo ser a la una de la madrugada. Al cierre del servicio. Uno de los responsables quizá Rial, muy amigo de Cerro, que cubría Casa de Gobierno, indaga sobre los rumores del golpe militar inminente. El día anterior el vespertino La Razón titulaba en tapa «Cuestión de horas», según los impactos del legendario Félix Laiño, cercano a los hombres de prensa del Ejército.

«¿Qué puede pasar en las próximas horas?», indagó el responsable del servicio pasada la medianoche. «Están todos saliendo de la Casa de Gobierno. Algunos dicen que no habrá cambios esta madrugada. Otros señalan que está todo dicho. La Casa Rosada está quedando vacía», había respondido.

Antes de la medianoche varios funcionarios del gobierno sostenían que todo quedaba igual. No habría cambios inminentes. Hablamos desde la Agencia (Télam) con Miguel Unamuno y Osvaldo Papaleo antes desde la Privada (Julio González, titular de la Legal y Técnica) de la Presidencia, quien coincidían: «No habrá golpe».

De pronto, una voz «en off» se interpuso -los Servicios de Inteligencia, la SIDE creada por la Revolución Libertadora, fines del ’56, intervino-  con la entonación de un Oficial de Inteligencia, advirtió: «Muchachos, es tarde. ¿Por qué no se van a dormir? Está todo terminado. Son periodistas, trabajadores. No pueden hacer nada», ¿escucharon?

El final. La caída del telón, a cargo del locutor oficial, mítico Juan Carlos Mentesana, Radio Nacional -salteño, apodado «Chichón»; aparecía detrás «de un golpe»- anuncio, cercano a las dos de la madrugada, miércoles 24: «Las Fuerzas Armadas se han hecho cargo del gobierno nacional». Isabel había quedado «huérfana» no sólo por el deceso de Perón.

El inmenso poder del ministro de Bienestar Social José López Rega a la muerte del General, produjo el golpe institucional en julio del ’75 a pesar de que la CGT (Casildo Herreras) y la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), Lorenzo Miguel (las 62 Organizaciones Peronistas), desde el ‘56 ganaron la calle pidiendo «la cabeza» del «Brujo». Isabelita terminó internada en Ascochinga. La caída anticipada.

*José Luis Ponsico. Columnista de La Señal Medios. Libre Expresión y Mundo Amateur.