El acuerdo menos previsto. El acuerdo más pensado

El año 2021 llega con un acuerdo bajo el brazo. Es, quizás, el anuncio más indicativo del período que comienza y abarcará un lustro hasta la composición de un panorama más equilibrado. ¿De qué se trata? Europa y China están –en estos momentos- suscribiendo un pacto económico que supera con holgura las parcelas y se instala como general. Es que involucra, preste atención, elaboración de manufacturas, servicios financieros, bienes raíces, construcción y servicios auxiliares al transporte marítimo y aéreo.

La confluencia es presentada por los protagonistas como un acuerdo de inversión. Se trata de un significativo ida y vuelta, que facilitará a compañías europeas acceder al gigantesco mercado chino, pero también –reflexionemos sobre la acción financiera asiática en el marco de la Organización para la Cooperación de Shangai en la década reciente- viceversa. Zhang Ming, embajador chino en la Unión Europea, señaló que “ambas partes están trabajando para finalizar las conversaciones sobre el cierre de este año”.

Añadió que el presidente Xi Jinping está siguiendo cada paso de las gestiones y puso la marca al realzar su trascendencia. “Es bastante inusual que un jefe de Estado chino le preste tanta atención a un acuerdo en negociación” advirtió el mismo Zhang, adoptando postura de observador para obtener el efecto subrayado. Nuestros informantes especializados estimaron que “lo que se va a firmar fomentará el acceso al mercado para las compañías europeas a través de la eliminación o reducción de barreras que condicionen fusiones e inversión”.

En la misma dirección que Zhang, los voceros señalaron que la Unión Europea está realizando consultas con cada país miembro para asegurarse de concordancia en detalle. En diálogo con el Financial Times, los negociadores del Viejo Continente señalaron que “vamos a tener un acuerdo que valga la pena. No priorizaremos la rapidez sobre el contenido”. Es preciso recordar que hace poco la coalición europea había catalogado al coloso asiático como “contendiente económico” y “rival sistémico”. El giro que esto implica es un extraordinario baño de realidad para todos.

Cuando desde estas líneas señalamos que la Multipolaridad había llegado para quedarse, lo hicimos con datos en mano. El desequilibrio entre el crecimiento chino y el hemisferio Norte viene resultando abrumador. El establecimiento de la nueva Ruta de la Seda y la consolidación del vínculo con Rusia, asimismo, han deteriorado cualquier intento de contener por la fuerza el avance de un Estado que no resigna su papel orientador. El suprapoder norteamericano barrió los torpes intentos por adecuarse a la nueva realidad. Sin embargo debemos admitir que esta movida se anticipó a nuestras previsiones.

La política europea está haciendo un esfuerzo para retomar el comando y aunque tendrá sus dilemas al aplicar esta decisión audaz (el acuerdo será condenado por populista y hasta por comunista) revela la dimensión que la realidad económica planetaria posee a la hora de definir los rumbos. No se trata de desear un ideal sino de obtener lo mejor posible dadas las fuerzas agrupadas. Es probable que este paso netamente político impulsado por los indicadores económicos, permita atenuar el hasta ahora firme declive de la UE.

Sucede que la vida misma quiebra las fantasías comunicacionales que vienen cargando duro contra China y Rusia, con propagandas de rasgos tan precarios como abrumadores destinados a ocultar detrás de versiones y hasta de casos individuales la suba y baja de vectores estadísticos que no saben mentir porque no pueden. Este narrador estaría muy a gusto, en las actuales instancias, escuchando las reuniones entre direcciones empresariales y periodísticas de los medios concentrados que han construido su planisferio con los asiáticos como portadores del mal absoluto.

Es de interés leer este segmento del Financial Times: “Los objetivos de China en las conversaciones incluyen garantizar el derecho a invertir en partes de la economía de la Unión Europea, sobre todo en el sector de energía, a pesar de la creciente sensibilidad de Europa sobre la propiedad extranjera. A diferencia de Estados Unidos, que trató de obligar a China a hacer concesiones comerciales a través de aranceles punitivos, Bruselas le dio prioridad a la negociación y reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para adaptarla al modelo económico de Pekín”.

Hace más de cinco años, cuando recibimos en La Señal Medios el parecer de Henry CK Liu, excepcional analista ligado a Asia Times, lo empleamos cual fuente para señalar que a China y a Rusia no les convenía realizar acuerdos con Europa y los Estados Unidos, sino acelerar los procesos de crecimiento interiores y expandir su capacidad para generar alianzas. Así lo hicieron, no por seguir recomendación alguna sino por sacar las cuentas adecuadas, y arribaron a este presente en proyección que denota un desequilibrio formidable. Ahora, con la mitad del planeta articulado en los terrenos productivo y financiero, con fuerte resguardo en materia de cultura y seguridad, pueden lanzarse a pactos en los cuales definen el énfasis.

¿Y los Estados Unidos? A nadie escapa que China y Europa están planteando este acuerdo de inversión cruzada pocos días antes de la asunción del nuevo gobierno. Es decir, se cuidaron de consultas que podrían haber derivado en condicionamientos indeseables. Así como apuntamos que el suprapoder anhela una reconfiguración del Consenso de Washington, también precisamos que dada la nueva situación internacional, eso no es posible. Hoy las potencias emergentes no son lo que eran hace varias décadas. Y aunque es probable que las campañas mediáticas arrecien contra los gobiernos involucrados en el pacto “comunista”, resulta difícil imaginar una presión norteamericana firme y sostenida en su contra.

¿La desesperación puede llevar a intentos bélicos? La historia está por escribirse y quién puede asegurar algo en medio de la asombrosa irresponsabilidad del gran capital financiero occidental. Sólo podemos recomendar la escucha de aquél sencillo rock de Dos minutos, aunque invirtiendo los términos. “Ya no sos igual / ya no sos igual / sos un vigilante de la Federal”. Es así: Los norteamericanos ya no son el gran patrón, el gran y único imperio. Están armados y pueden causar daño, como un vigilante, pero no les alcanza para torcer el diseño que la humanidad, a los tumbos, está construyendo.

Es preciso, al mismo tiempo, precaverse. A diferencia de lo ocurrido entre 2008 y 2009, cuando China se convirtió en el gran impulsor de la vida económica mundial ante la crisis financiera –ese proceder le permitió hilvanar regiones hasta entonces hostiles- el virus no sabe de regulaciones ni está listo para negociar. De allí que los aportes del Banco Popular sean proporcionalmente menores y el período de recuperación, más extenso.

Los especialistas occidentales radicados en el gigante están enviando este mensaje a sus medios: China va a estar presente, pero no invertirá lo mismo que en 2009. Priorizará a sus aliados y evitará caídas abruptas, pero el desarrollo que buscaba por entonces ya fue alcanzado y le basta con una mejoría paulatina para salir adelante. No tiene por qué apurar un proceso cuando el tiempo juega a su favor.

Finalmente. Considerar que estos avances representan búsquedas socialistas o que resolverán per se los dramas de la humanidad puede llamar a engaño. Los pueblos deberán seguir bregando por reivindicaciones que incluyen una variedad enorme de cuestiones.

Eso sí: Están un paso más cerca. El continente que se evaluó eje del mundo por centurias, baja la cabeza.

Y con gesto propio de quien ingiere un medicamento indeseado pero necesario, se apresta a firmar el primero de una serie de acuerdos que modificará el sendero de la historia.

*Gabriel Fernández. Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal