A 100 años del nacimiento de Jorge Abelardo Ramos

Este 23 de enero se cumplió el centenario del nacimiento de Jorge Abelardo Ramos. Nacido en Buenos Aires en 1921, fue “una de las personalidades intelectuales y políticas – según la contratapa de la edición española de su obra El marxismo de Indias (1973) – más controvertidas de su país”. Se agregó en dicha edición que allí “expone su concepción sobre el carácter colonial de las teorías en los países “periféricos”. La historia de los países coloniales, en particular la latinoamericana, ha reposado sobre modelos “europeo-céntricos”, y, en esa perspectiva, durante mucho tiempo la comprensión histórica ha sido desviada”. Brillante síntesis del aporte de este periodista, político, historiador y escritor argentino, «el Colorado» fue el impulsor de la llamada Izquierda Nacional, de notable influencia intelectual en Argentina, Uruguay, Bolivia y Chile. Promovió editoriales como Coyoacán y Mar Dulce para publicar sus textos y de otros compañeros de ruta, así como escritos de Marx, Trotsky y Manuel Ugarte.

En 1961 fundó el Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN), para, diez años después, lanzar el Frente de Izquierda Popular (FIP) que logró un enorme crecimiento gracias a que en las elecciones de septiembre de 1973, llevó en su boleta presidencial la fórmula Perón – Perón y logró 700.000 votos. Entre sus obras encontramos: Revolución y contrarrevolución en la Argentina Ejército y semicolonia; Historia del estalinismo en la Argentina; Historia de la nación latinoamericana y Adiós al coronel, entre otros.

Polémico, locuaz, irónico y sanguíneo, nunca rehuyó al debate. Su participación en los medios gráficos fue notoria, aunque pocos saben que publicó en las páginas de La Prensa en los años ’50, durante el primer peronismo.

En la reorientación que tuvo el periódico La Prensa al pasar en 1951, expropiación mediante, a manos de la Confederación General del Trabajo fue lógico esperar un cambio en los parámetros ideológicos del tradicional diario del patriciado, según lo estudiado por Claudio Panella en La Prensa y el Peronismo. Crítica, conflicto, expropiación (1999).

La sección segunda de La Prensa, que difundía las cuestiones culturales, quedó a manos del escritor César Tiempo. Partícipe de la movida literaria de Florida y de Boedo, relacionado con los integrantes de la revista literaria Martín Fierro, como Raúl Scalabrini Ortíz y Jorge Luis Borges, intentó dotar a la sección de amplitud de criterios y estilos, imprimiendo un fuerte contenido costumbrista junto a temática más universal.

De allí que convocó a un grupo heterodoxo de escritores, desde Martín Pincén (seudónimo de José María Rosa), Fermín Chávez, Francisco Muñoz Azpiri y Enrique Pavón Pereyra, relacionados con el revisionismo y el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, hasta los representantes de la Izquierda Nacional, como Eduardo Astesano, Juan Unamuno, Alfredo Muzzopappa, y el ex diputado Enrique Dickmann, impulsor del partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN), grupo político que apoyaba al oficialismo peronista.

De este último grupo merece una mención especial Pablo Carvallo (seudónimo de Jorge Abelardo Ramos). Así como Almada, Guerrero y Sevignac fueron utilizados en su juventud troskista, Víctor Almagro fue el seudónimo que utilizó para editorializar en “Democracia”, junto con Mambrú y Antídoto, entre otros, para otros medios de signo peronista. Su utilización se debió en parte por el gusto de expresarse con alter egos y, en otro sentido, para evitar los cuestionamientos de algunos oficialistas. De hecho su obra capital América Latina: Un país (1949) sufrió la censura de la Comisión Viscas, donde el diputado peronista presionaba a los medios independientes de la época y, en el caso de Ramos, entendió que su prosa ofendió la memoria del general San Martín (?).

Ramos tuvo un apoyo crítico a Perón, expresado inicialmente en su revista troskista Octubre, donde signará la experiencia del primer peronismo como “bonapartista”. Aunque la política exterior de Perón y su sesgo industrialista despertó su entusiasmo.

Su viaje a Europa en los ’50 no hizo mermar su participación en la vida cultural local, ya que de hecho remitió varios textos y artículos para su publicación.

Según Enzo Regali en Abelardo Ramos: la izquierda nacional y la nación latinoamericana (2012) la vinculación de Ramos con La Prensa fue muy fuerte, al punto que casi es su director “Abelardo solía contar que fue candidato a dirigir dicho diario (La Prensa), pero Evita lo vetó”.

En su autoexilio parisino Ramos remitió una serie de artículos más vinculados a la literatura e historia europea, entre 1952 y 1953. Escapó de la tónica “europea” su análisis sobre El hombre y la máquina, obra de Ernesto Sábato. Ramos polemizó por primera, pero no última, vez con el notable escritor de Santos Lugares donde, si bien coincide en el análisis con el también heterodoxo izquierdista, difiere en sus conclusiones. Para «el Colorado», “la historia no es una suma de catástrofes, es una tensión dramática entre diversos regímenes sociales en pugna, entre formas estéticas hostiles o crisis religiosas. No hubo un Renacimiento. Hubo varios y muchos crepúsculos acompañaron como una sombra a esas cimas del orgullo y el poder humanos. El aparente predominio de la máquina sobre el hombre no es otra cosa que la preeminencia del capital financiero sobre el mundo”.

En 1953 su artículo Proposiciones para un país inconcluso. De la balcanización a la unidad, del 24 de mayo de dicho año, retoma su tesis expresada en su obra censurada América Latina: un país, incorporando el término “balcanización”, caro a sus textos posteriores, donde se relaciona con sus artículos sobre política exterior en Democracia, compartiendo temática con Descartes (seudónimo del propio Juan Perón). Según Regali: “Ramos comienza a utilizar el término balcanización de América y sostiene que nuestras repúblicas raquíticas no han encontrado la Prusia capaz de forjar, por la persuasión de las armas, el Zollverein de América Latina. Considera el intento como una mezquina sustitución del estado bismarckiano con lo que demuestra no sólo su crítica a las limitaciones del gobierno sino que propiciaba la unidad por cualquier medio, incluido el utilizado por Bismarck en Alemania”.

La vuelta de Ramos al país significó que se enfocase más en la política coyuntural, sumando el accionar del PSRN y sus artículos en Democracia, que lo llevan a dejar de lado su labor en La Prensa y la temática abordada desde su estadía en Europa.

Como Víctor Almagro se pudo comprobar también su interés por la cuestión obrera latinoamericana, su lucha contra los dictados de Moscú, los aciertos y errores del peronismo, y el inicio de la reacción que derrocaría a Perón en septiembre de 1955. De octubre a septiembre: Los ensayos de Víctor Almagro (1959), con una segunda edición en 1974, recopila parte de esos artículos, mostrando su estilo punzante sin igual.

Aquel que no dudó en nombra a Perón como “el más notable militar surgido en el Ejército argentino desde la desaparición del General Roca”, reafirmando en Ejército y Semicolonia (1963), reeditado por Duhalde y Ortega Peña en 1968 por su sello editorial Sudestada, su roquismo sin doblez, para horror de la izquierda progresista, rescatando la ocupación territorial del sur, la profesionalización del ejército en un sentido “nacional” y su disputa con la Iglesia por la laicidad.

Sus últimas décadas, entre su crítica a la última Dictadura, pero su apoyo a la gesta de Malvinas, sus críticas al alfonsinismo, y su unión con Menem, entre su afiliación al PJ y su actuación como embajador en México, mostraron aristas de una acción heterodoxa que un personaje que fue formador de cuadros políticos, desde Ernesto Laclau, Jorge Coscia, Julio Fernández Baraibar hasta Norberto Galasso, entre muchos y muchas, con una personalidad que a veces generaba amores febriles a odios irreconciliables

Desde su análisis político trató de reflejar la realidad cultural argentina y continental, enmarcada primero en el materialismo histórico para dar paso a una mirada más “nacional” y de revisionismo histórico, lo hizo un escritor único que, más allá de sus aciertos y errores, merece que su producción de sentido sea estudiada, alejándose del prejuicio y el sectarismo.

* Pablo A. Vázquez. Politólogo. Docente de la UCES/ Miembro de los Institutos Newberiano; Güemesiano; Eva Perón y Juan Manuel de Rosas