6 de septiembre de 1930: primer golpe de Estado en la Argentina del siglo XX

El triunfo de Hipólito Yrigoyen de 1928, casi plebiscitario con 840.000 votos contra casi la mitad del binomio “antipersonalista”, dio inicio a su segundo mandato como presidente constitucional. Pero los hechos se precipitaron para conspirar con su continuidad.

A nivel internacional la caída de la Bolsa de New York y la caída mundial del capitalismo financiero en 1929 fueron determinantes, junto a la crisis de la democracia en el período de entreguerras, para socavar el espíritu de institucionalidad regional. A ello se sumaron factores internos, desde la enfermedad presidencial hasta hechos sombríos como el asesinato, en noviembre del ’29, del dirigente mendocino Carlos W. Lencinas, achacado a fuerzas yrigoyenistas. Al mes hubo un atentado contra el presidente, que aunque fue alguien con trastornos mentales, marcó un clima de violencia política. Vale como ejemplo el panfleto, firmado por Manuel Carlés, fundador de la Liga Patriótica Argentina, donde amenazó: “La renuncia presidencial o la guerra necesaria”.

Al año se produjo la elección legislativa donde el radicalismo porteño fue derrotado por el novel partido Socialista Independiente, siendo un cimbronazo en el oficialismo. Se le sumó una fuerte campaña de desprestigios de los medios periodísticos locales, tanto desde La Prensa y La Nación, comprensible por representar sectores contrarios a la prédica de El Peludo, y desde los medios más orientados a la clase media como La Razón y Crítica, siendo este último, dirigido por Natalio Botana, quien tuvo la mayor  virulencia contra el gobierno. Antiyrigoyenyista, más por temas personales que por disentir ideológicamente, Botana impuso desde su diario vespertino una prédica furibunda contra el oficialismo, aunque, paradójicamente, haya apoyado a Yrigoyen en su reelección, por estar en desacuerdo con el antipersonalista Gallo.

Siguiendo a Alvaro Abós en Ciudadano Botana (2013), los titulares de Crítica, “testigo y protagonista de la conspiración” fueron mortales: “El 1 de septiembre de 1930, Crítica salió a la calle con un título a toda página ¿SE CONVENCIÓ EL SEÑOR YRIGOYEN DE QUE TODO EL PUEBLO LO REPUDIA?… martes 2 de septiembre, sexta edición: SE ESTÁ TRAMITANDO ACTIVAMENTE LA RENUNCIA DEL SEÑOR PRESIDENTE… miércoles 3 de septiembre, cuarta edición: QUIERE FINGIR TRANQUILIDAD EN SUS ÚLTIMOS MOMENTOS EL GOBIERNO… En la mañana de jueves 4, Botana traza un bosquejo de la cuarta edición… que llevará la quinta… ESTO SE ACABÓ…Viernes 5 de septiembre, sexta edición: LA TIRANÍA SE DEFIENDE CON EL ESTADO DE SITIO… ¡CRÍTICA NO SE ENMUDECERÁ!”.

Finalmente, el título celebratorio del golpe fue canallesco: “Sábado 6 de septiembre, edición extra: ‘A LAS 19 HORAS EL GRAL. URIBURU ASUMIÓ EL GOBIERNO DE LA NACIÓN. YRIGOYEN HUYÓ Y MARTÍNEZ, EL POBRE DIABLO QUE EJERCÍA EL MANDO, FIRMÓ MUY TEMBLOROSAMENTE LA RENUNCIA. FINALIZÓ POR FIN LA PESADILLA’. Y para la edición nocturna sólo se tituló: “REVOLUCIÓN”

Dejadez, hiperburocracia y corrupción, entre otras, fueron las diatribas que recibió el gobierno depuesto, pero también hubo otro factor en juego que sumó al golpe: el petróleo. Entre 1927 y 1928 la Stándar Oil y Shell se ponen de acuerdo en repartirse el mercado mundial del petróleo. En la Argentina controlan el 45,6% la primera y 27,6 % la segunda. YPF, dirigida por el general Enrique Mosconi, sólo el 14,6%. Éste venía peleando por inhabilitar a ambas empresas para explotar nuestros recursos y lograr por ley la nacionalización del petróleo. Si bien el proyecto se impulsó en Diputados, fue en el Senado donde fue frenado.

A ello se sumó la decisión del presidente de bajar por decreto el precio de los combustibles, otorgándole a YPF la facultad de imponer los precios de manera uniforme. La campaña electoral de marzo de 1930 estuvo bajo la consigna yrigoyenista de “defensa del petróleo” y “defensa de la riqueza nacional”.

El golpe era inminente, golpe con “olor a petróleo”. El profético relato de Roberto Arlt en Los siete locos se hizo realidad…

El 6 de septiembre de 1930 el avance sobre la Casa Rosada de los oficiales y cadetes del Colegio Militar comandados por el general José Félix Uriburu fue suficiente para derrumbar al yrigoyenismo en el gobierno. Si bien la idea central de los golpistas fue derrocar a Yrigoyen y aislar la influencia radical en el pueblo, existieron diferencias entre los máximos protagonistas del golpe.

El general Uriburu, aunque aliado a los conservadores, buscó cambiar el sistema político de representación demo-liberal burgués tratando de introducir elementos “corporativistas” a la Constitución y apoyar a Lisandro de la Torre para la presidencia. En su grupo fluían los sectores nacionalistas del periódico La Nueva República, la impronta de la “hora de la espada” del poeta nacional Leopoldo Lugones, y sectores que admiraban al fascismo y, especialmente, la dictadura del general Miguel Primo de Rivera desarrollada en España.

Mientras que, el otro jefe de la “revolución”, el general Justo era más pragmático y, aunque tenía buen trato con los nacionalistas, admitía el concurso de las fuerzas tradicionales con un fuerte apoyo de los militares y del sector financiero internacional.

Los “justistas” buscaban reemplazar el personalismo yrigoyenista convocando de inmediato a elecciones, aunque no respetasen su transparencia, y mantener la videncia formal de la Constitución y la Ley Sáenz Peña. Si bien podían ligarse al liberalismo de la Generación del ’80, sobre todo en lo económico y su ligazón servil con Inglaterra, su matriz ideológica estaba más cercana al conservadurismo, que respondía a los intereses de la burguesía terratenientes y a los estratos medios urbanos.

El golpe de Estado septembrino instauró una dictadura militar, cerró el Congreso, encarceló a los dirigentes radicales, impuso el estado de sitio, toleró a la Liga Patriótica Argentina, impulsó las acciones del grupo paramilitar y filo fascista Legión Cívica, fusiló a opositores y anarquistas, y se nutrió con un elenco gubernamental de la rancia oligarquía conservadora, proclive a la persecución obrera y represión policial.

La Unión Cívica Radical, tras el golpe y arresto de Yrigoyen en la isla Martín García, se planteó la abstención, mientras que el resto de los partidos políticos que apoyaron decididamente el golpe ya estaban desconfiando de las intenciones de Uriburu y miraban con mejores ojos a Justo. En el caso de los nacionalistas se sentían traicionados por la aparición de los viejos conservadores y la no aplicación de medidas que afectasen la matriz liberal del sistema político.

La Década Infame tuvo su acta de nacimiento y marcó los turbulentos años ’30.

Finalmente, la campaña mediática, la suma de conspiraciones entre universitarios, partidos opositores, nacionalistas y militares dio sus frutos, quebrando el orden constitucional, signando el destino del país y marcando las posteriores interrupciones del proceso democrático.

*Pablo A. Vázquez. Lic. En Ciencia Política. Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas