«A nosotros nos toca ver aquello que no se ve»

¿Cómo surge el proyecto “Covid Latam” y cuál es la misión?

Nosotros armamos un proyecto a nivel latinoamericano, es un colectivo que lo llamamos “Covid Latam”, somos nueve fotógrafos y nueve fotógrafas en 14 países distintos distribuidos en Latinoamérica y venimos desde marzo haciendo un registro de lo que es el avance del coronavirus en la región. Lo hacemos desde diferentes perspectivas, y como también estamos atravesados por la pandemia tiene un tinte más íntimo, entonces va de lo íntimo a lo social, atravesando un montón de capas. A nosotros muchas veces nos toca ver aquello que no se ve, desde el lugar de fotoperiodista o de documentalista estamos a veces en lugares donde pasan cosas que quedan ocultas. Este caso es muy particular porque muchos de los trabajos que estamos haciendo están circulando en medios masivos, los ves en portadas de The New York Times, en BBC, The Guardian, pero de alguna manera igualmente queda eclipsado por la masividad, o sea hay tanta información circulando que muchas veces eso tapa también dejando de lado ciertas cosas que están pasando, que están ahí palpables y que nosotros las vemos, somos testigos.

Imagen: Sebastián Gil Miranda

Esto me recuerda lo que alguna vez Ignacio Ramonet llamaba “censura democrática”, es decir, nadie te censura pero es tanta la información y el contenido muchas veces trivial que circula, que la información más interesante pasa de largo. Ahora bien, más allá de los barbijos que entiendo que sería lo común a lo largo del mundo y de Latinoamérica ¿Hay algo propio que vos hayas visto, que atraviese todas las fotos en el proyecto Covid Latam?

Creo que hay algo que es inevitable y es lo cultural. Estamos atravesados por un montón de rasgos culturales que se ven muy claramente en la fotografía. Hay algunos proyectos similares al nuestro, hay uno por ejemplo que a mi particularmente me gusta mucho, que es un proyecto en España a partir del cual hicieron también un registro diario sobre el avance del coronavirus. Son ocho fotógrafos y van posteando una foto cada día de lo que va pasando en distintas regiones en España. Al comparar los dos proyectos vemos que son completamente distintos porque la cultura también es distinta; son colores muchos más oscuros, están atravesados por una mirada más rígida, más estructurada, más vinculada a la mirada fotoperiodística quizás, entonces los colores son más oscuros, hay más contrastes, más situaciones que tienen que ver justamente con esto de los hospitales, de las muertes. Y en el proyecto nuestro en ese sentido se ve como mucho más color, mucha más calidez, esa cosa latinoamericana de la necesidad de sentirse más cerca, de la importancia de la familia; entonces los colores del proyecto son mucho más vivos, hay más luz, hay más vida, incluso hay más negación también en algún punto y todo eso se ve y además es algo que nosotros nos propusimos que en el proyecto se pueda ver y se pueda sentir el espíritu latinoamericano para que justamente no se pierda tanto en esta masividad de información. Es decir, hay tanto circulando en el mundo y esto creo que es algo único en este momento: la gran mayoría de los fotógrafos están registrando la misma situación en sus países y nosotros nos propusimos que tenga esa impronta latinoamericana.

Y dentro del proyecto Covid Latam, ¿encontraste alguna particularidad en algún país que te haya sorprendido porque por alguna razón no está en ningún otro?

Siempre hay matices particulares de cada lugar pero también el registro está muy marcado por los tiempos que va pasando cada país, las medidas han sido completamente distintas, el tiempo de avance y circulación del virus también, o sea es muy distinta obviamente la situación en Brasil en todo sentido, a nivel político, económico, cultural y el avance que ha tenido; o en Perú que en este momento también la situación está siendo muy dura. Entonces el foco está más puesto en eso y tiene mucho que ver con las miradas de cada uno de nosotros: somos dieciocho fotógrafos con dieciocho miradas distintas. No todos venimos del mismo círculo. Hay algunos que tienen una mirada un poco más artística, otros más documental y otros más estrictamente fotoperiodística. Entonces eso define la forma de mirar y la forma de conectarse con las cosas. Tenemos una fotógrafa que está en Chile y todo su registro ha sido la cuarentena que ha vivido ella con su madre y su hijo, y también es muy interesante porque se genera un clima intergeneracional de cómo se atraviesa una situación tan compleja; incluso en el medio la madre tuvo coronavirus así que estuvo aislada en su propio departamento en medio de toda esta situación y creo que lo que va definiendo más bien es eso. Como te decía, a pesar de las diferencias entre los países hay algo de lo latino que nos atraviesa, que está en el ADN, en la sangre, en la cultura y que se ve en esa proximidad, en esa necesidad de abrazarse y cómo a pesar de las situaciones de aislamiento se busca la forma de estar cerca o de sobrepasarla, o sea, agarrarse las manos con guantes de látex -esto se veía al principio quizás cuando estaba más estricto todo- la necesidad de agarrarse igual, aunque sea con guantes, o besarse con barbijos, darse abrazos con lonas plásticas y ver la forma de conectarse de todos modos; y a nivel específicamente argentino, esa cosa de la argentinidad típica de buscarle la vuelta para ver cómo de alguna manera puedo zafar de la situación ya que nosotros tuvimos dos meses bastante estrictos, en los que se cumplió, y después ya cada uno ve la forma de tratar de dibujar algún permiso, ver cómo puedo salir, cuánto tiempo puedo pasar de más en la esquina, de qué manera puedo hacer que estoy paseando a mi perro.

Imagen: Sebastián Gil Miranda

Has hecho un trabajo muy interesante en Villa 31, Moreno y Fuerte Apache. En el caso de Villa 31 además estuviste acompañando a los bomberos voluntarios justo en ese período de 15 días en los cuales el barrio estuvo sin agua, ¿cómo fue esa experiencia y qué pudiste retratar allí?

La verdad que fue un trabajo muy interesante pasar esos días con ellos porque llegué a la Villa 31 cuando casi no había casos y fue justo ese momento en el cual estuvieron entre 15 y 20 días sin agua. Cuando volvió el suministro siguió habiendo problemas en muchos sectores del barrio y eso obviamente potenció muchísimo la gran oleada de casos que hubo, en un contexto en el que justamente tenés que tener cuidados sanitarios y no hay agua. En la Villa 31 como en muchos asentamientos, tienen estructuras muy informales y ocurre también con el tendido eléctrico, por lo que muchas veces hay focos de incendio que en ocasiones son menores pero están escondidos en callejuelas o en el fondo de un montón de casas encimadas y se vuelven complejos de abordar. Eso me contaba un grupo de bomberos voluntarios que la verdad hacen un trabajo increíble, la mayoría son del barrio y otros de barrios del conurbano; ellos estuvieron durante esos días con un montón de focos de incendio y rescates en situaciones en las cuales no había agua. Estuve con ellos en algunas situaciones y el chorro de agua era más chico que el que podés usar para regar las plantas en tu casa, con incendios bastante grandes adentro de casas. En ese sentido la verdad me resultaba muy fuerte a nivel metafórico, en un contexto como éste estar apagando incendios sin agua.

Imagen: Sebastián Gil Miranda

Decías que en general estas imágenes no tienen tanta circulación, en televisión casi nada y vos mencionaste algún diario del primer mundo pero opacadas por el resto del contenido, ¿por qué creés que ocurre esto?, ¿es el espíritu de estos tiempos o hay alguna especie de censura deliberada?

El proyecto Covid Latam tiene de alguna manera un antecedente con un proyecto del que yo había sido parte durante el mundial de fútbol y los juegos olímpicos en Brasil donde habíamos hecho registros sobre el costado social de los eventos masivos, y creo que en ese sentido tiene una dinámica similar. O sea nosotros estábamos registrando un mundo de cosas que estaban pasando y que estaban a la vista de mucha gente pero creo que justamente esa masividad y toda esa inversión que se hace en el marketing de los eventos masivos, como puede ser un mundial o unos juegos olímpicos, tapaban todo lo que estaba pasando detrás y también era un proyecto con muchísimos fotoperiodistas que veían las fotos en los medios, circulaban las fotos en medios importantes pero circulaban un montón de cosas más, y donde sí circulan menos era en la televisión y creo que la televisión va marcando bastante el pulso de lo que se ve y lo que no se ve. Los medios gráficos se consumen cada vez más a nivel digital y menos en papel y eso hace también que cuando uno está conectado a nivel digital estás con el diario pero además con todas tus redes sociales, con información, mensajes y un montón de cosas, entonces por ahí te llama la atención alguna foto que te puede sensibilizar tres segundos y ya estás en otra cosa, respondiendo un mensaje o posteando algo en Instagram.

Hiciste referencia al trabajo que realizaste en el marco del mundial en Brasil, mencióname algún trabajo tuyo, más allá de Covid Latam, del cual te sientas orgulloso y que creas que merece la pena ser visto.

Mi trabajo, casi al cien por ciento te diría, está vinculado a temáticas sociales, humanitarias o ambientales entonces siempre trato de trabajar con proyectos que estén enlazados de alguna manera y que permitan no solo visibilizar sino advertir si se pueden mejorar las condiciones de las personas que están detrás de esas historias, el foco siempre está puesto ahí. Hace muchísimos años que vengo trabajando y potenciando eso. Ahora hay un trabajo, específicamente en una favela de Brasil que hace muchísimos años que vengo registrando y ya me volví padrino del mismo; es un proyecto social de ballet que comenzó una chica de 17 años y la verdad que ha modificado el barrio completamente, ella es admirable así como todo el trabajo que hace, la energía, la sensibilidad, la solidaridad, la verdad es que es impresionante lo que hace y el contagio también. Y en este contexto inclusive logramos construir un centro comunitario en medio de la favela con una sala de ballet profesional, con piso profesional, con espejos, con barrales, es un espacio abierto a todos los chicos de barrio para que puedan tener un lugar propio, una voz propia y sentir que hay alternativas distintas. Y en este tiempo de pandemia las propias chicas, de seis y ocho años, repartiendo cajas de alimentos y elementos sanitarios a todos los habitantes que tengan necesidades más fuertes en el barrio. Es increíble ver todo un grupo 60 u 80 nenas haciéndose cargo de la situación.

¿Dónde podemos encontrar tu trabajo y el proyecto de Covid Latam?

Mi sitio web es www.sebastiangilmiranda.com y con el proyecto Covid Latam nosotros seguimos posteando diariamente en Instagram (@covilatam). Elegimos esa plataforma porque es algo que nos permite a nosotros acceder de manera cotidiana.

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