Aborígenes e Independencia: De Artigas y el Congreso de Oriente al Congreso de Tucumán

Si en nuestra historia explicar la distancia entre el primer gobierno patrio de 1810 y la declaración independentista de 1816 es complicado, imaginen descubrir que hubo una acción independentista un año antes en nuestro litoral, y que hubo una fuerte presencia y debates sobre “nuestros paisanos los indios”, al decir del Libertador San Martín.

Silenciado por la historiografía oficial a ambos lados del Río de la Plata, José Gervasio de Artigas impulsó el Congreso de Oriente, el cual inició sus sesiones el 29 de junio de 1815 en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, en la actual provincia de Entre Ríos, en el marco del proyecto antigüista de emancipación suramericana.

Artigas fue la versión popular de la Revolución de Mayo “para los paisanos, para los hombres sueltos de los campos, para los tapes misioneros, para los negros y zambos esclavos, para los grupos indígenas montaraces, en fin, la causa revolucionaria daba ocasión y cause a su instintivo anhelo de rebeldía y de odio al godo, expresión viva de mando y prepotencia”, según un texto “oriental” de Reyes Abadié, Bruschera y Melogno, citado en Artigas y la Patria Grande (1978) de Salvador Cabral.

Dicha convocatoria abarcó a representantes de las provincias integrantes de la Liga Federal, a saber La Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Córdoba y Santa Fe, a lo que se sumó una representación bonaerense.

Enfrentadas las autoridades porteñas con el caudillo oriental, el ideal federal artiguista que ya se había expresado sin éxito en las instrucciones de los diputados de la Banda Oriental en la Asamblea del Año XIII, se expandió por todo el litoral, designándose su Protector, buscó consolidar su influencia en la región. La disidencia artiguista, planteada no sólo en el enfrentamiento militar contra las fuerzas directoriales sino en la búsqueda de una alternativa comercial al puerto de Buenos Aires que pueda hacer viable una autonomía de las provincias litoraleñas, también intentó profundizar la vía institucional del Protectorado. En esto se confronta con la visión liberal que esta iniciativa fue producto del Motín de Fontezuela, del fracaso de la misión de Pico y Rivarola, o una mera oposición a futuro Congreso en Tucumán, impulsado por Buenos Aires.

Fue así que el proyecto independentista, que ya estaba explícito en las citadas Instrucciones de 1813, buscó su materialización en tierras entrerrianas. Para enero de 1815 Artigas comunicó al Cabildo de Corrientes su idea, -eligiendo en mayo a sus representantes-, y en marzo hizo lo propio comunicando la idea a Andresito, comandante General de Misiones, reafirmándolo al mes siguiente con una circular a todos los pueblos indígenas -los mismos que años atrás Manuel Belgrano les había brindado su Reglamento a fin de explicitar los derechos que les correspondía como hombres libres- que conformaban la provincia misionera. Cabral destacará que “este oficio transcripto, no sólo fue enviado al Cabildo de Concepción… son notificados Santa María, la Mayor y San Javier, Santos Mártires y San José, San Carlos y Apóstoles; y debajo del nombre de esos pueblos, la firma de los indios cabildantes: Manuel Cahiré, Inocencio Enburayá, Miguel Ibayú, entre otros tantos. Todos ellos constituirán las autoridades legítimas y democráticamente elegidas en cada uno de esos pueblos Libres”.  Y agregó Cabral: “Este Congreso de Oriente será la última vez en la historia de los argentinos, en que los indios, los olvidados y siempre explotados habitantes del continente nuevo, al igual que los hombres del color que fuesen, elegirán sus diputados, y serán ellos mismos autoridades legítimas, entendiendo a la Confederación de los Pueblos Libres como su propia patria”.

Con respecto a Santa Fe, el 21 de mayo Artigas envió al Cabildo la convocatoria para la elección de dos diputados, siendo electos Pedro Aldao y Pascual Diez de Andino, pero cuestiones económicas determinaron que fuese sólo Diez de Andino. Éste fue partidario de los caudillos federales Francisco Candiotti y Mariano Vera, representante santafesino en el citado Congreso de Oriente y representante de dicha provincia ante el Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas, aunque tuvo la negativa de los porteños para respetar la autonomía de Santa Fe. El mismo 14 de junio el gobernador Francisco Candioti le otorgó un poder ha dicho representante, a la vez que delimitó que “el Gobierno de Buenos Ayres en ningún tiempo exigirá otro sistema, sino es el de la libertad de los Pueblos, que deben gobernarse por sí, divididos en Provincias, entre los cuales debe ser una la de Santa Fe”, y que “deberá exigir el Diputado la posible aceleración del Congreso General, q´ será la autoridad, q´ pueda sancionar las que en lo sucesivo deben gobernar, a la cual y sus decisiones queda sujeta esta Provincia desde ahora”.

Ya la Banda Oriental había depositado en Artigas y sus hombres la representación correspondiente, teniéndose pocos datos de los representantes cordobeses y, paradójicamente, de los entrerrianos, hombres de la tierra donde se reunirían para tan magno evento. 

Cada provincia expresó, a través de sus representantes, sus intereses locales, los cuales fueron contemplados en mayor o menor medida, sumados a la declaración independentista antigüista.

Pacho O’ Donnell en Artigas: La versión popular de la revolución de Mayo (2012), afirmó que: “La esencia política del antigüismo era el “sufragio universal”. Así lo establecía el Reglamento de 1815, también las constituciones de los Pueblos Libres de Santa Fe y Entre Ríos”.

El 11 de julio de ese año fueron representantes comisionados de dicho Congreso a entrevistarse en el Director Supremo Álvarez Thomas, pero no sólo fueron ninguneados sino que se los arrestó en un barco de guerra ya que la idea de Buenos Aires fue la de atacar las posiciones santafesinas para vulnerar la unión artiguista, al tiempo de impulsarse el arribo del resto de los representantes de las provincias que tenían como guía a Buenos Aires a la ciudad de San Miguel de Tucumán.

Dicho Congreso empezó a debatir cuestiones de organización de Estado y relaciones con las provincias, en particular con las de influjo del artiguismo. Para Buenos Aires el tema de Santa Fe no era menor, ya que al declarar ésta su autonomía el poder porteño buscó por la fuerza someter a los santafesinos. Al tiempo que igual situación se repetía en Entre Ríos, se producían alzamientos de diversos caudillos, como Bulnes en Córdoba y Borges en Santiago del Estero, contra Buenos Aires, mientras que el invasor portugués dominaba la Banda Oriental.

Ante ese clima se demoraba la proclamación de la Independencia, pedida insistentemente por San Martín y Belgrano. Este último, en sesión secreta, propuso la restauración monárquica del Inca como forma de gobierno.

Eduardo Astesano, en Historia Social de América (1982) hermanó la impronta belgraniana con la de aquellos próceres americanos “ganados por lo que se dio en llamar el Patriotismo Indigenista, expresado en sus proclamas, manifiestos y escritos en idiomas indígenas. Allí está la “Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica” en quichua y aimará, la admiración generalizada de los poetas hacia Tupac Amaru, la adopción del Sol incaico, como símbolo americano en la nueva heráldica, San Martín con su “orden del Sol” en Lima y Bolívar con su poética exaltación al entrar en el Cuzco, o al ascender el cerro sagrado de Potosí”.

Su proyecto de monarquía constitucional incaica, expuesto en reunión secreta en Tucumán, en vísperas de la declaración de nuestra Independencia, marca un hito más en su favor de los pueblos indígenas y de la tradición de la región. “La elocuente y persuasiva exposición de Belgrano logró la adhesión de la mayoría de los congresales, que aceptaron instituir una monarquía constitucional “con la representación soberana de los Incas…”, se vio frustrada -según Bernardo Lozier Almazán en Mayo de 1810: La Argentina improvisada 1810 -1860. Medio siglo de desencuentros (2019)en parte “por la anarquía facciosa en que se encontraban las provincias, y por la astuta política desarrollada por los diputados porteños que advirtieron el consecuente menoscabo del poder político y económico que sufriría Buenos Aires si se instaurara el trono incaico en el Cuzco”.

El 9 de julio de 1816 se declaró la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América. A pesar de la impronta “americanista” y de sus buenas intenciones, sin se pusieron de acuerdo con la forma de gobierno ni en redactar una Constitución. El triunfo porteño se patentizó en dejar a un lado al artiguismo y las provincias de la Liga Federal, junto con la inclusión de representantes indígenas a tan destacado acontecimiento.

A pesar del ignorarse la declaración independentista del Congreso del Oriente y el fracaso de la propuesta belgraniana en Tucumán, podemos rescatar la impronta de Artigas y Belgrano, no sólo hermanados en lograr la independencia de nuestra tierra sino de visibilizar los derechos para los pueblos originarios guaraníticos, coyas y aymarás, más allá que pudieran haberse efectivizado, al tiempo de destacar la proyección del pensamiento político de integración comunitaria y justicia social de ambos patriotas suramericanos.

* Pablo A. Vázquez. Politólogo. Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas