Afganistán, ¿nuevo Vietnam para EE.UU.?

Una especie de deja vú recorre la información de prensa, nada más EE.UU. anuncia la retirada de sus tropas estacionadas desde hace dos décadas de Afganistán, se desata una feroz y rápida ofensiva de las tropas talibanes contra el ejército afgano.

El avance es imparable y en cuestión de días una tras otra caen las ciudades en manos del Talibán, al momento de escribir estas líneas las dos mayores ciudades Kandahar y Herat, y las fuerzas rebeldes se encuentran a poco más de una decena de kilómetros de la capital Kabul.

La capital es el último bastión que separa a los talibanes del control total del país, su avance no solo ha llamado poderosamente la atención por la velocidad sino por la disparidad de fuerzas.

El gobierno afgano cuenta con decenas de aviones que puede utilizar para bombardear a los atacantes, si bien con décadas de antigüedad, es una ventaja que se acrecienta con los dos centenares de helicópteros, algunos rusos de excelentes prestaciones como los MI 17 de fabricación rusa y el número total de tropas que al menos triplica a los 80 mil talibanes estimados.

La desbandada ha sido tan importante que las ciudades caen casi sin presentar batalla, el caos llega al punto de haber capturado los talibanes, al menos 4 helicópteros totalmente artillados y con municiones que han sido usados para atacar a las tropas gubernamentales.

Material de blindados abandonados por EE.UU. junto a Humvees y otros vehículos de transporte son fotografiados y exhibidos por los talibanes.

EE.UU. debe mandar de urgencia cinco mil marines para que puedan establecer un orden de evacuación, y con un sello propio de estos tiempos, otorgando “préstamos” a los estadounidenses para que puedan comprar boletos de aviones comerciales.

Alemania, el Reino Unido, Dinamarca y otras naciones junto con el personal de la OTAN y la ONU son evacuados rápidamente en una carrera contra reloj en temor a la venganza que pueden sufrir cuando entren los talibanes en Kabul.

El cuadro se asemeja a la caída de Saigón y la huida de los estadounidenses junto con los partícipes del gobierno apoyado por esa nación americana, escenas que parecen extraídas de la guerra en Vietnam que terminó en un desastre para Washington.

Comprender qué sucede en Afganistán y por qué cobra importancia a nivel global requiere recordar que ese país tiene una ubicación clave en Asia Central y es indispensable para el éxito de proyecto como el OBOR (One Belt, One Road) también conocido como la Nueva Ruta de la Seda, base de la apuesta china para burlar la presión de EE.UU. sobre sus costas y permitir un flujo de combustibles y mercancías fundamental para el desarrollo económico de Beijing.

Mapa Ubicación de Afganistán

Ruta de la Seda Terrestre y Marítima

EE.UU. que está sufriendo un desgaste acumulado por tantas operaciones militares en las últimas décadas, con una economía que no alcanza a satisfacer las necesidades bélicas, debe optar por reacondicionar su estrategia. 

El objetivo central, el rival estratégico a vencer es China por su envergadura económica, financiera, tecnológica y próximamente militar. Podemos recordar los últimos tiempos de Obama y su política de Pívot hacia Asia que consistía en incendiar Medio Oriente para aliviar la necesidad de tropas que controlen y otorgar ayudas militares a los países aliados, destinando luego esos recursos a cercar a China.

A fin de cuentas, es más barato y simple desestabilizar países hasta el punto de transformarlos en Estados Fallidos; con la llegada de Biden a la Casa Blanca esta política ha vuelto y Afganistán es testigo de ello. Un país complejo, agreste y difícil de conquistar que ya ha expulsado a británicos, soviéticos y ahora a la OTAN misma; el objetivo de controlarlo ha pasado a ser demasiado costoso y debe ser reconsiderado.

Aprovechar asimismo la ocasión para desmentir las acusaciones de política guerrerista de Biden, cierra el círculo. EE.UU. se retira y deja un barril de pólvora a punto de estallar a China y a Rusia.

En este punto debemos recordar que China tiene un enclave yihadista en la provincia de Xinjiang, se estima que cinco mil uigures combatieron en Siria con el Daesh (Estado Islámico) y retornan tras la derrota a sus lugares de origen con armas y entrenamiento en combate.

Beijing no está dispuesta a resignarse a la inestabilidad de esta enorme provincia que, además, y ratificando su interés geopolítico y militar, está construyendo más de un centenar de silos para misiles nucleares. La distancia de las costas pone a este territorio como uno de los más seguros para que no pueda ser atacado.

Rusia tiene el problema del Cáucaso, que, si bien hoy está bajo control, sabe que no puede relajarse; la intervención en Siria tuvo como una de las razones de mayor importancia precisamente impedir la instalación de un Califato yihadista que luego hiciera metástasis en su territorio.

Ambas superpotencias tienen un enorme afán en que la situación no se salga de control. Los talibanes son en realidad una constelación de tribus unidas por intereses que hoy se agrupan para llegar al poder pero que bien pueden luego enfrentarse entre sí. Algunos sectores se sienten cercanos negociando con China, otros con Irán, algunos con Turquía y no faltan quienes son cercanos a Pakistán.

Vemos entonces que estos cuatro países también tienen interés en Afganistán, mientras que los actores tradicionales como EE.UU. y el Reino Unido también tienen sus demandas.

La Unión Europea ya se ha adelantado a indicar que no reconocerán al inminente gobierno talibán, dando una fuerte señal de hostilidad hacia el nuevo gobierno que se refleja, además, en la prensa como hace habitualmente.

Rusia, que considera en su territorio ilegal el movimiento talibán, da muestra de inquietud, avisando con desplazamientos de tropas y aeronaves que está dispuesta a intervenir volcando todo el peso de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) si los talibanes apoyan a grupos terroristas en cualquiera de los países miembros.

La estrategia difiere de la de Beijing quien ha decidido que su ministro de relaciones internacionales Wang Yi se reúna con representantes del Talibán y busquen un acuerdo que sea beneficioso para ambas partes. China reconoce al nuevo gobierno y a cambio recibe el compromiso de no permitir el apoyo al Movimiento Islámico del Turquestán Oriental.

Aún está por verse si los negociadores del ala política consiguen disciplinar a los otros sectores más radicalizados.

Ministro de Relaciones internacionales de China con la delegación talibán en Beijing

Imran Kahn, Primer Ministro de Pakistán, ha sido contundente y ha aconsejado a las autoridades afganas que reconozcan y negocien con los talibanes. Días antes el gobierno afgano había pedido la intervención militar de la India en su ayuda, seguramente a causa de la situación de desborde que demuestra la fragilidad de la posición oficial del gobierno afgano, Delhi no ha respondido al pedido por la poca motivación para meterse en un pantano donde las grandes potencias han sufrido derrotas, y para colmo, del bando perdedor.

La situación entonces es muy compleja y preocupante, un país indómito que como muchos de la región no obedece a las fronteras geográficas sino tribales, con señores de la guerra que como Ismail Khan, el León de Herat, luego de combatir durante tres décadas a los talibanes ha pactado su rendición y se ha sumado a las fuerzas de su otrora enemigo.

En esta región, como en muchas otras, no hay categorías de izquierda y derecha ni asociaciones ideológicas sino suma practicidad, se combate y cuando no, se negocia, para volver a combatir si es necesario y una nueva renegociación. Una lógica muy distinta a la que conocemos en Occidente y que su falta de entendimiento es responsable de muchos de los fracasos vistos.

EE.UU. luego de invertir más de un billón de dólares en Afganistán durante su aventura militar de dos décadas, se retira con poca dignidad, pero no lo hace sin antes dejar una bomba de tiempo que debe ser desactivada con sumo cuidado por los que hoy tienen intereses en la zona.

Un tema adicional que inquieta a los vecinos es el del cultivo de la amapola para la producción de opio y sus derivados. Afganistán fue gran productor de esta droga hasta la llegada de los talibanes que erradicaron los cultivos, sin embargo, cuando luego del 11S EE.UU. decide invadir el país, el cultivo reapareció y creció en forma exponencial de la mano presuntamente de la CIA.

Debemos recordar también que la producción masiva de drogas tiene una importancia geopolítica porque genera enormes flujos de dinero que son utilizados para operaciones negras que escapan al control oficial de los parlamentos y permiten a las agencias de inteligencia actuar libremente, disponiendo de fondos para financiar dichas operaciones.

Asimismo, se genera un enorme negocio financiero con el blanqueo del dinero y se dirige esa producción hacia las sociedades de países que son blanco de procesos de desestabilización, minando especialmente a los sectores juveniles a quienes se les introduce de esta manera a la drogadicción generando considerables problemas sociales. Por ese motivo uno de los temas centrales en la negociación con los talibanes es la producción de drogas.

Un estallido que derive en una nueva guerra civil provocada por las distintas visiones internas, por la lógica tribal o por los intereses de potencias extranjeras puede producir una conmoción más que termine por afectar los desarrollos chinos con la OBOR, a Rusia con el temor a que se traslade la inestabilidad a sus regiones islamizadas, o los intereses turcos o iranios que puedan tensar la cuerda.

El desafío está planteado, Kabul seguramente caerá en los próximos días y se acelerarán los tiempos, ya será el gobierno de los talibanes por segunda vez, pero esta vez parece muy difícil que EE.UU. decida nuevamente meter las narices en un territorio tan inhóspito.

Afganistán ahora es el centro de la escena en Asia Central.

 Talibanes en el palacio presidencial en Kabul

Carta de renuncia de Ashat Ghani a la presidencia del país

La dinámica de los hechos se acelera y el gobierno de Ghani se ha derrumbado con la renuncia del presidente “para evitar un baño de sangre”. Los talibanes se han apoderado del palacio presidencial y el aeropuerto está bajo fuego, la Embajada de EE.UU. vacía y las autoridades estadounidenses pidiendo a sus ciudadanos que busquen refugio.