¿ALEA JACTA EST?

Es verdad, estoy combatiendo; pero no he olvidado

ni la piedad, ni la compasión, ni el honor.

Julio César

La sensación es la de estar por cruzar el Rubicón… de regreso. Casi con la misma resignación que César. Casi con idéntica  certeza de lo inexorable.

La versión posmoderna y local de los Optimates y Populares (bandos políticos de la Antigua Roma que encabezaron las luchas intestinas) esperan escondidos entre las entretelas del poder que penden como colgajos en despachos y pasillos de la Casa Rosada y el Congreso.

Ellos serán, en poco tiempo, los protagonistas de una lucha que, no por enquistada, ha dejado de ser virulenta y cuyo resultado final (aún incierto) podría conmover los cimientos de los  200 años de construcción histórica de la Argentina y provocar lo que, a la postre, sería un verdadero terremoto político del que nadie, definitivamente, saldrá indemne.

Optimates vs. Populares

A esta altura del análisis se hace imprescindible definir quiénes eran estos grupos patricios de la Roma de los césares a los que se hace referencia. Para eso, apelaré a Brian Campbell, catedrático en la Queen’s University de Belfast quien los describe de esta manera: “Los optimates o boni(palabras latinas que se traducen como «los mejores» o «los buenos») eran defensores de la supremacía de origen frente a las asambleas populares. Estos políticos -mayoritariamente aristócratas y hombres ricos con grandes propiedades- identificaban los intereses de la República romana con sus propios intereses como grupo social, por lo que eran absolutamente contrarios a cualquier intento de reforma delstatus quo”… No se si les trae algo a la memoria.

A la hora de describir a los populares, Campbell afirma que “solían ser políticos del mismo rango social que también perseguían logros que los beneficiaran personalmente, pero con una diferencia clave: sustentaban su poder y su influencia en el apoyo popular”.

Hasta aquí, podríamos estar hablando d cualquiera de las facciones/alianzas/frentes que vienen compitiendo en las elecciones de nuestra patria en, por lo menos, los últimos 35 años. Pero, para que el machimbre de la historia encaje a la perfección, un dato más que aporta Campbell: “Ambos grupos políticos usaban los tribunales para demandar yarruinar las carreras políticas de los oponentesmediante alguna acusación”. Cualquier parecido con la realidad… corsi e ricorsi.

Las Ruinas Circulares

Miguel Vega Carrasco tiene una maestría en Historia y parece empecinado en que los legos comprendamos un poco más el curso e importancia de los hechos. Así, desde la página Descubrir la Historia, aclara para los que hemos enfermado de actualidad que a este enfrentamiento entre políticos de una misma casta -pero con un ejercicio diferente de su acumulación de poder- “no hay que entenderlo como un conflicto de izquierdas contra derechas ni nada similar, ya que incurriríamos en un gran anacronismo, sino simplemente un enfrentamiento entre dos planteamientos políticos diferentes dentro del contexto o la coyuntura”.

Con esta referencia al año 49 A.C. retomemos el momento en el que, el o la protagonista contemporáneos de nuestra alegoría, se dispone a cruzar el Rubicón de las elecciones de medio término.

Recuerdos del Futuro

Cualquiera sea el resultado, ya hay operadores financieros razonando la posibilidad de que Argentina tenga que devaluar (en realidad dan el aviso de que van a operar todos los resortes para provocar una devaluación); grupos de empresarios y políticos opositores considerando que el congelamiento de precios va a redundar en desabastecimiento (como si no fueran ellos y sus empresas las encargadas de abastecer) y corrillos a diestra y siniestra sobre la posibilidad de una desestabilización inducida (hasta los más reputados y serios de los analistas orgánicos advierten que éste es un “gobierno débil”).

Con este panorama sumado a cierto desánimo en el populus (que olfatea como nadie la depresión política y no milita ni las mesas de repartir volantes), Nueva Roma (“una ciudad mezcla de razas, que rebosa de insidias, traiciones y toda clase de vicios”, sentenciaba Cicerón) se apresta a definir las tensiones entre optimates y populares “made in Argentina”.

Medio siglo antes de Cristo, las desavenencias de estos grupos se resolvieron en una guerra civil que ganó el bando de los populares, puso fin a la República y nombró a Cayo Julio César Dictador. Claro, una dictadura rara, distinta a la que los Medios de Comunicación Concentrados nos impusieron hace apenas unos años poniendo de pantalla a un tiranuelo de dudosa aptitud, bajo intelecto y vicios innumerables. 

Imperator Caesar Augustus, “El César” pa´los amigos, reformó el Estado, ordenó la administración romana, distribuyó tierras entre las clases más bajas, reordenó el abastecimiento a las provincias y amplió el Senado… casi lo mismo que el pueblo espera que se haga hoy, aunque prefiere que lo que se amplíe sea la Suprema Corte.

Y no es cuestión de guerras fratricidas pero, el Rubicón está ahí, como mensaje rotundo de lo inevitable. La suerte, entonces, parece estar echada y, sin embargo, el Peronismo no juega a los dados.