Amanecer después de la PASO

Me abstengo de hacer con el diario del 13 un análisis sobre los resultados de las PASO del domingo 12 ya que en junio lo había adelantado en mi artículo: “Soberano, el dueño de los votos”. **

En ese artículo advertí la posibilidad de que Cambiemos retuviera gran parte de los votos obtenidos en su derrota de 2019, cosa que difícilmente conseguiría en esta ocasión el oficialismo que ya había perdido 2 de cada 3 votos de su ventaja en las PASO en sólo dos meses hasta las presidenciales, y que llegaba a 2021 negando internas y proscribiendo listas en el partido mayoritario de la Argentina.

Sin embargo no puedo eludir referirme al escenario nuevo de la política nacional en el que se manifiesta casi un 40% de abstención y voto en blanco además de un magro voto “rebelde” que cosecharon el troskismo y Milei (ni siquiera los neoliberales como entidad ni como expresión institucional).

40 puntos de repudio al modelo tramposo y prebendario de la política que se queda (de todos modos) con toda la torta gracias al sistema D’Hondt y la reforma constitucional de 1994, representan la tan anunciada y siempre esquiva “nueva mayoría” que hoy nadie conduce.

La elite suele pensar la política desde el marketing y con un determinismo de posverdad. Pretende que las mayorías son susceptibles de ser creadas, cuando la doctrina justicialista demostró que las mayorías populares existen y deben ser representadas.

Las mayorías tienen la sabiduría de reconocerse, por eso cuando se expresan sorprenden a quienes no las comprenden.

“Para conducir al pueblo hace falta pertenecer al pueblo”, anunció Perón en enseñanzas que quieren olvidar los que quieren aprovecharse del pueblo y no darle provecho al pueblo.

La oportunidad actual parece soñada. La secta que mediante negocios se apropió de la última gran fuerza política popular (el peronismo) alcanzó su techo y está obligada a honrar sus pactos inconfesables si no quiere perderlo todo. Escucha la cuenta regresiva mientras tiene cada vez menos para repartir y comienza a desangrarse en la disputa por las últimas migajas que todavía administra del modelo colonial.

El futuro inminente ofrece una oportunidad para el liberal-progresismo que lleva años fracasando en el intento de institucionalizar una alternativa socialdemócrata y se encuentra cada vez más incómodo adentro de frentes donde no alcanza con nombrar a los trabajadores (como hace la izquierda) sino que debe dialogar con las organizaciones sindicales cuyo nivel de burocratización ya no distingue entre progres y gordos.

En la eventual ruptura del Frente de Todos el ala liberal-corporativa se expresaría con el liderazgo de Sergio Massa devolviendo a Alberto Fernández el rol de operador menor de la política que serviría para sumar a Randazzo y Pichetto. 

Como tercera fractura del espacio que hoy gobierna emergería naturalmente el peronismo del interior con su experiencia demostrada en sobrevivir tormentas y azotes como en resucitar frente a ellos. Los principales referentes históricos del peronismo (sin nombres: gobernadores y sindicalistas) estarían listos y en condiciones óptimas de representar a los desilusionados de la política nacional que suman el 40% mencionado con vistas a la urgencia electoral que señala 2023. El Movimiento obrero tiene siempre protegidos y a mano los programas políticos y económicos que, también siempre, están en condiciones de volver a ser discutidos para nuevo consenso. En tanto los sobrevivientes de la patria productiva arrasada por 6 años de modelo macrista aportarían la experiencia para resucitar un plan patriótico sostenido en el diálogo virtuoso que el líder de la internacional justicialista, el Papa Francisco, daría bendición con beneplácito y defensa activa como la voz más potente contra el capitalismo salvaje y la agenda 2030.

Mientras tanto un peronismo de base social negado por la casta pero parte de una realidad concreta, ávido de participación democrática y harto de la censura y la burocratización del partido se dará permiso para mostrarse, organizarse y crecer sin importarle ni obedecer a los mariscales de la derrota.

Así como el peronismo fue anunciado por los jóvenes de Forja en las postrimerías de la década infame cuando hablaba de una Argentina nueva a punto de nacer, este panorama electoral es el anuncio luminoso de una salida posible. Nuestro gran poeta, Leopoldo Marechal supo sintetizarlo en épocas de resistencia en los que también el establishment había apresurado la sentencia de muerte del movimiento peronista: “El pueblo siempre recoge las botellas arrojadas al mar con señales de naufragio”.

**(https://revistamugica.com.ar/soberano-el-dueno-de-los-votos/)