Apuntes sobre cierres, aperturas y clases

Al igual que en la formulación reciente de algunos problemas bien sensibles, vamos a ingresar en un planteo que, al desdeñar el blanco-negro, obtura la perspectiva de acusaciones duras y demonizaciones plenas. Es decir, incomoda. Pero vamos: en el tema de las clases presenciales todos los actores tienen razón. La dualidad producción-salud se despliega e involucra otros rubros como transporte y comercio pero, fundamentalmente, la educación. 

Como bien se denuncia, las escuelas son potenciales focos de contagio. La congregación de alumnos, docentes, administrativos, maestranza, padres y vecinos genera, inevitablemente, contactos apreciados por un virus en franco desarrollo. Si a este dato se le suman las falencias infraestructurales en los establecimientos, se comprende que la propuesta de interrumpir esta modalidad cobre vigor y contenga sentido.

Ahora bien, quizás el único punto de acuerdo entre todos los sectores empresariales, los gremios y el Gobierno nacional es la necesidad de evitar el cierre productivo y fomentar la tenue recuperación económica. En este aspecto coinciden los grandes empresarios con las pymes y las cooperativas, así como el variopinto espacio sindical con todas sus diferencias habituales. La secuencia es lógica: los hijos de los trabajadores necesitan estar contenidos por una estructura pública no aleatoria y profesionalmente capacitada.

Eso es lo que distancia a las capas medias altas -teletrabajo y condiciones hogareñas más adecuadas- de las más humildes -menor acceso a la tecnología, tareas físicas directas y restricciones habitacionales-. El padre y la madre, si deben concurrir a sus empleos presenciales como se ha determinado para no interrumpir la producción, necesitan de los establecimientos escolares para dejar allí con cierta confianza a familias habitualmente numerosas. Como se observará, el tema no tiene solución satisfactoria.

Frente a esta realidad impuesta por la pandemia -común a la que atraviesan tantos países- la salida no puede hallarse en acusaciones que fuercen uno u otro polo de la contradicción insalvable sino en la articulación de políticas diseñadas en base a las posibilidades económicas y sanitarias prácticas. Todas las consignas terminantes difundidas los últimos días no hacen más que posicionar al emisor como un valiente cuidador del trabajo por un lado o de la salud por el otro. Es probable que estemos ante personas que se miran el ombligo sin atisbar el panorama. 

Y, por supuesto, con una oposición que ante situaciones evidentes utilizan la palabra fracaso como mantra vacío. 

• Gabriel Fernández. Director La Señal Medios