Boal y el Teatro del Oprimido, una lucha estética, política y escénica

Augusto Boal (1931-2009), el gran dramaturgo, escritor y director de teatro carioca, habría cumplido 90 años el 16 de marzo. Su singular travesía, que lo hubo de constituir en referente internacional de originales renovaciones teatrales, comenzó casi por azar. Recibido de Químico en su Brasil natal, su intención era continuar sus estudios de Ingeniería en los Estados Unidos. Sin embargo, una vez allí, decidió ingresar en la carrera de Arte Dramático en la Universidad de Columbia. De regreso en su país, le fue ofrecida enseguida la dirección artística del Teatro Arena de San Pablo. La actividad escénica, allá por los últimos ‘50 y los tempranos ‘60, consistía mayormente en la producción de obras europeas a la manera europea. El pasaje a la nacionalización de los clásicos primero, para luego consolidar un teatro que le hablara de frente al ciudadano común sería paulatino pero firme. Así, en consonancia con el clima de época, Boal se abocó a la escritura de Revolución en América del Sur. Su protagonista, José Da Silva, representaba a un hombre de pueblo, víctima de toda clase de explotaciones a manos de la clase dominante. Ya hacia mediados de la década comenzaba a producir y a crear la exitosa serie Arena cuenta, un conjunto de novedosas piezas que, echando mano a personajes históricos brasileños “humanizaban la Humanidad, analizando el pasado en el presente para inventar conjuntamente el futuro deseado”, de acuerdo a sus propias palabras. Arena cuenta Tiradentes o Arena cuenta Zumbi despertarían el interés de nuestro teatrólogo por los espectáculos musicales. En Arena canta Bahía, reunirá, nada más y nada menos, que a María Bethânia, Gal Costa,Caetano Veloso, Gilberto Gil, todos en una misma obra. El suceso fue extraordinario. Tanto que el régimen militar hubo de considerar como una real amenaza a su rol de popular e influyente activista cultural. Después de un durísimo tiempo en prisión, iniciaba su exilio entre nosotros. Corrían los primeros ‘70. Soplaban por aquí vientos de cambio. Y muy promisorios, por cierto.

Ya instalado en Buenos Aires, comenzaría por escribir Torquemada, un alegato teatral sobre el sistemático uso de la tortura en establecimientos carcelarios, que reflejaba, de algún modo, su propia experiencia reciente en su patria. Luego, estrenaba con un elenco argentino El gran acuerdo internacional del Tío Patilludo, texto que con abundante humor y canciones en vivo evocaba al difundido ensayo de Ariel Dorfman y Armand Mattelart Para leer al Pato Donald. Clima de época, como señalábamos más arriba: la vuelta a la democracia, el llamado a elecciones, el final de la proscripción al peronismo, la teología de la liberación, en fin, la promesa de un mundo mejor y más justo como corolario merecido después de una lucha que había durado 18 largos y arduos años. Y fue precisamente en nuestra tierra donde logró formar una familia y donde siguió desarrollando el Teatro del Oprimido, aquél método estético-político que lo haría mundialmente célebre. Mientras tanto, por estos lares, la situación empeoraba día tras día y luego del golpe del ’76, Augusto se preparaba para radicarse en Portugal, tierra de sus padres. Sus tiempos aquí habían sido intensos, atravesando desde la algarabía de la Primavera Camporista hasta la devastación desoladora y siniestra iniciada por la Triple A y por el Rodrigazo. Y fue justamente aquella época de ausencias y saudades la que iba a inspirar a su amigo Chico Buarque de Hollanda a componer Meu caro amigo. En su estribillo advertía a Augusto  “que la cosa aquí está negra”. En 1978 festejábamos el Mundial y el triunfo de la final contra Holanda. En ese mismo año La Sorbona invitaba a Boal a dictar allí una serie de clases sobre el Teatro del Oprimido.

El Teatro del Oprimido (TO) es una metodología y una práctica artística sistematizada que, en su carácter participativo, alienta formas de interacción cooperativa entre sus integrantes. Es el teatro, como su nombre lo indica, de y para los oprimidos, fundamentado en la ética y la solidaridad. Influenciado por el Teatro Épico de Bertolt Brecht y por la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire, el TO democratiza la práctica teatral al constituirse en eficaz herramienta de gran potencial político y pedagógico. En palabras del propio Boal, un ensayo para la revolución, donde cada individuo aparece como potente actor social. Compuesto por diferentes líneas de trabajo, todas ellas tienden a des-alienar a los individuos, ejercitando y recuperando capacidades artísticas y expresivas, inherentes a todo ser humano. La primera de ellas, el Teatro Imagen, fue desarrollada durante el  tiempo en que Augusto trabajaba con comunidades indígenas, en su afán y necesidad de hallar un lenguaje en común. Cuerpos en actitud de estatua, como en el juego infantil,  expresan emociones, problemas, opiniones que hacen inteligibles aspectos y sutilezas que exceden los límites del discurso. El Teatro Periodístico surgió como reacción a la censura impuesta por las diferentes dictaduras en Latinoamérica. Desenmascara a los sesgos y a las bajadas de línea comunes en los medios de comunicación hegemónicos. Visibiliza sub-textos y distorsiones de los hechos, usados para manipular a la opinión pública. Una de sus técnicas, la lectura cruzada, detecta situaciones injustas por contraste. Boal y su grupo, en Buenos Aires y a bordo de un tren a Tigre, eligieron dos artículos de prensa y pasaron a leerlos, en forma intercalada y en voz alta. El primero daba cuenta del estado de emergencia decretado en la Provincia de San Juan, debido al aumento considerable de los índices de mortalidad infantil por desnutrición. El segundo reproducía una entrevista a Mirtha Legrand. El reportero le preguntaba si, además de almorzar espléndidamente cada mediodía frente a las cámaras, acostumbraba cenar. La diva respondía que sí y detallaba sofisticados menús. El Teatro Invisible se despliega en el espacio público, donde normalmente suceden episodios de opresión y conflicto. Busca el debate entre desprevenidos ciudadanos que asisten involuntariamente a la representación sin siquiera saber que lo es. El Teatro Foro, la más difundida de todas las técnicas que componen el TO, es una creación colectiva en forma de obra breve acerca de cualquier modo de opresión. Una vez finalizada, se presenta por segunda vez, para invitar al público a interrumpirla y subir a escena para ofrecer distintas alternativas a los problemas planteados. Así, los espectadores devienen en espectactores. Boal sostenía, en genial giro irónico, que “todo el mundo puede actuar, incluso los actores; y el teatro puede hacerse en cualquier sitio, incluso en los teatros”. En Europa crea el concepto de policía en la cabeza, que refleja la ausencia de un opresor visible y la presencia de opresores internalizados. El Arco iris del deseo evidencia en qué medida los conflictos más íntimos son espejo de determinadas prácticas sociales represivas y casi siempre imperceptibles. En 1993 es elegido concejal (vereador) representando al Partido de los Trabajadores (PT) en Río de Janeiro. Con su Teatro Legislativo habría de revolucionar el Parlamento. En efecto, con el claro objetivo de alentar al ciudadano a intervenir en el proceso político y legislativo, recogía propuestas de leyes sugeridas por el público luego de haber asistido a una obra foro, para luego ser presentadas al Poder Legislativo local. Así, 13 proyectos en un total de 40 fueron aprobados. Leyes muy concretas, como el aumento de atención geriátrica en los hospitales o la ley de protección a los testigos judiciales, sancionada a nivel nacional.

El legado de Boal ha sido y es inmenso. Su original y gran creación, el TO, es practicada en todos y cada uno de los cinco continentes. Sin embargo, Augusto era consciente de que el teatro solo no es suficiente para cambiar la realidad. Una vez engendrados efectivos procesos de diálogo y pensamiento crítico, la obra más importante comienza recién al salir a la calle luego de finalizada la función.

*Sergio Amigo. Actor, director y docente teatral especializado en la obra de William Shakespeare. Director artístico de The Calder Bookshop & Theatre en Londres.

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