Celeste M. Giacchetta: una mama transexual

  1. ¿Quién es Celeste M. Giacchetta?

Celeste Giachetta tiene 35 años. Nació en Merlo, Provincia de Bs. As a la 1:30 de la madrugada. Nació con 2,8 kg. Su parto se adelantó porque su mamá se había caído en un tren cuando iba a un control neonatal, luego de ser empujada. Así, cuenta risueña, fue el nacimiento deuna travesti muy alta.

Tiene el rostro y el porte de una mannequin de alta costura y con esa seguridad en su andar transita la vida.

Interrumpió su profesorado de Lengua y Literatura en la UBA porque le resultó difícil la inserción que la estigmatizaba y migró a Psicología donde la violencia fue menor, aunque no tenía acceso a los baños y era rotulada por muchos de sus profesores y compañeros.

Trató de pasar inadvertida, disfrazada, escondida, invisible. Hablaba con muy poca gente.  Concluyó su Licenciatura en Psicología, con un gran objetivo: no dejar que nadie determine su destino. Declara tener dos madres: la biológica que siempre la apoyó y una madre trans del corazón que le había explicado: “Si sos pasiva vas a ser peluquera y si sos activa vas a ser prostituta”. Celeste se negó a someterse a esos mandatos.

En el año 2015 llego a Córdoba y estuvo a cargo de ATTTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Transgeneros ), donde cuenta cómo milito  para volver a unir a la población trans de la ciudad que por aquel entonces carecía de organización y de un espacio de militancia. En ese mismo tiempo condujo un programa en radio Eterogenia llamado Transce cultural, primero en su género en la provincia por su agenda LGTBIQ+ . En 2016 el programa fue reconocido de interés cultural para Córdoba. Celeste continuó el camino de la comunicación y se desempeña como columnista en el diario La Voz del Interior. En la actualidad es la primera comunicadora trans de las 52 emisoras de Radio Nacional Argentina.

Durante el 2016 y 2017 compartimos la docencia universitaria, y Celeste  fue la primera profesora trans invitada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba donde hablamos de los derechos humanos de las personas travestis, transexuales y transgéneros en un espacio académico. Imposible olvidar el aula colmada de estudiantes, entusiasmados con la Ley de Identidad de género, a los que Celeste cautivó con su simpatía y claridad para explicar todo lo que se le preguntaba.

En 2016 conoció a Mat, su compañero de vida, un papá trans gestante de su bello hijo que nació hace un año.

Hoy se dedica a ser MAMÁ y a comunicar.

Cuenta provocadora y con mucho humor, que cada día tiene menos claro que es ser mujer o en todo caso ser mujer hoy para ella tiene que ver con un sentir, propio y único.

¿Qué tuvo que atravesar Celeste para ser mamá? Celeste y sus antecesoras tuvieron que confrontar con la heterónoma obligatoria y vencer la patologización y criminalización que distintos sectores de la diversidad sexual padecieron y padecen a pesar de la Ley de Identidad de Género. Hay muchos sectores de la sociedad que “dan por sentado” las formas ser en la vida.

  • ¿Dar por sentado?

La construcción cultural binaria se nutre del “dar por sentado” algo que claramente difiere de cultura a cultura y nos muestra nuestra dificultad para reconocer y respetar a lxs otrxs.

Los prejuicios y las miradas a otrx diferente son tan primitivas como la humanidad, pero varían histórica y culturalmente. Los berdaches eran indios navajos de América del Norte que poseían atributos femeninos y masculinos. Tener un hijo berdache era una bendición para el grupo familiar. La diversidad sexual en general y la transexualidad en particular no son una novedad para la condición humana. Sin embargo, Celeste padeció las consecuencias de una etapa de la historia donde auto percibirse estuvo prohibido, patologizado, odiado.

Bleichmar explica, por ejemplo, cómo la ideología de las masculinidades padece del síndrome del “dado por sentado”, pero los estudios antropológicos muestran diferentes rituales iniciáticos de ingreso a la masculinidad que serían un “sinsentido” o más bien una transgresión dentro de otras culturas, en particular de la nuestra, occidental y cristiana.

El sentido de estos actos rituales solo existe en estas comunidades que tienen fronteras. Fuera de ellas, estos rituales  son un “sinsentido”.

La idea de la frontera es usada por Maffía, que señala que más allá de lo geográfico, existe un “adentro” y un “afuera”, una separación entre lo propio y lo ajeno. Además del aspecto físico de la frontera, existe una dimensión simbólica para darle sentido a la experiencia de lo propio y de lo ajeno, que establece un sistema de identidad de características normativas que “legislan” cómo se vive, el tiempo, el espacio, los comportamientos, los deseos, lo temido y lo querido.

Esta interpretación cultural de la frontera le permite a Maffía poner el acento en las “representaciones de los sentidos de la vida”. Con ello, Maffía pasa de la objetividad a la subjetividad, de la tercera persona a la primera. Expresa que “los lenguajes, con su forma de categorizar, sistematizan esta identidad y establecen fronteras simbólicas. La cartografía de los cuerpos también nos permite dar este salto, pensarnos más allá de la aparente naturalización del cuerpo físico, semiotizarlo y analizar así el sentido de lo propio y de lo ajeno, como una frontera cultural”. Al hablar de la semiotización de los cuerpos, Maffía está interesada en mostrar la construcción de los cuerpos y en particular de cuerpos sexuados, desde construcciones de sentido similares al lenguaje que preanuncian, instauran performativamente sexos, identidades, orientaciones, deseos, lo permitido y lo prohibido entre ellos. Por suerte, el lenguaje también estipula lo que escapa a la regla, lo subversivo, lo que se sale del catálogo, los cuerpos que molestan y que interpelan cuando no es posible clasificarlos como semejantes a los heteronormados.

El culto a una supuesta objetividad binaria impuesto por el paradigma racionalista en el ámbito epistemológico, se resquebraja ante sujetxs que piden ser reconocidxs a partir de su subjetividad, su propia percepción del cuerpo y de sí mismxs. La dicotomía objetividad/subjetividad es sustituida por la noción de “intersubjetividad”. Pero, esta intersubjetividad solo puede reflejarse cuando el ser humano es capaz de receptar al otro como otro diferente, y de inscribirse él mismo en el mundo de la diversidad en igualdad de condiciones. La subjetividad -individual y social- se construye en la interrelación entre los seres humanos y su contexto social y natural. Es un producto histórico-cultural dinámico y simbólico.

Si la realidad social está constituida por relaciones sociales, estructuras, instituciones y grupos que expresan patrones interactivos y formas de subjetividad social, debe tenerse en cuenta que, tanto la realidad social como lxs individuxs, funcionan como sistemas complejos que revelan un sentido vital de interacción humana, con una perspectiva temporal dirigida a escenarios y metas presentes y futuras para que puedan realizar sus proyectos de vida. Es necesario que los procesos disipatorios, intencionales, virtuales e inconscientes que incrementan el caos y la incertidumbre se visibilicen, se hagan patentes para observar qué sucede con el otro diverso, tan diverso como yo misma.

  • Celeste: MAMÁ

Celeste sabe en primera persona lo que significa ser discriminada en los baños, las aulas, los ómnibus o ser perseguida por las fuerzas de seguridad o por una patota transfóbica que puede lesionar o matar matando impunemente. Sabe lo que es tener miedo de salir de su casa y no volver viva, como tantas de sus compañeras.

Aun así, avanza en la pasarela de la vida con serenidad y seguridad luchando para que su hijo viva en un mundo donde el amor venza a la ignorancia y a la irracionalidad y donde ser diferente no sea un estigma.

        Celeste, Mat y su hijx nos interpelan y nos obligan a seguir pensando sobre nuestrxs prejuicios.

*Laura Cantore. Feminista. Dra. en Derecho y Cs. Sociales. Postdoctorada en géneros.