China vs. Taiwán, ¿la chispa de la III Guerra Mundial?

No pasó mucho tiempo antes de volver a ver un aumento de presiones sobre China y Rusia.

Los últimos días hemos visto cómo Ucrania se prepara para una nueva ofensiva en el Donbass alentada seguramente por algún poder occidental que le promete apoyo militar para enfrentar a la Rusia de Putin, que tiene un poderío militar inmensamente mayor.

La tensión entonces en el mar Negro crece luego de unas semanas de relativa calma donde parecía que la situación iba a distenderse. En el Extremo Oriente, desde hace unos días apreciamos un aumento de tensión con el pacto del Aukus entre los Estados Unidos, el Reino Unido y Australia para sofocar a China.

Indudablemente los puntos de mayor tensión a nivel global son dos: el que comprende el mar Negro, Crimea, Ucrania y Rusia, mientras que en el otro extremo el gran punto de fricción es Taiwán y el Mar de China.

Hoy vamos a referirnos a algunos de los antecedentes que son importantes para comprender qué es lo que ha pasado para que la disputa por la isla de Taiwán se haya transformado en una posible chispa que inicie una tercera guerra mundial.

Para poder comprender si realmente la situación es tan peligrosa, necesitamos conocer algunos de los antecedentes históricos inmediatos que enmarcan la situación.

El primer concepto a entender es que China en realidad tiene dos versiones, una es la República Popular de China que controla toda la parte continental y cuenta con el reconocimiento de las Naciones Unidas y casi todos los países del mundo, mientras que la otra es lo que conocemos como Taiwán, una isla enfrente de las costas de la provincia de Fujian, donde buscaron refugio las tropas nacionalistas de Chiang Kai Shek, una vez que fue derrotado por las fuerzas del Ejército Popular de Liberación que conducía Mao Zedong.

Taiwán en realidad cree que es la verdadera China y en sus propuestas habla de reconocer un solo Estado en base a tres principios que comparte con la República Popular de China; de esta forma lo que en realidad apreciamos es una disputa de dos poderes políticos, uno del Partido Comunista de China y otro el Partido Nacionalista Chino Kuomintang.

Con el tiempo el Kuomintang debió ceder el control absoluto del poder que manejaban de forma dictatorial desde la llegada a Taiwán y abrir un proceso democrático de estilo occidental, dando paso a una nueva realidad política.

La disputa era entre dos partidos, el Partido Comunista de China y el Kuomintang, ambos nacionalistas que reclaman el control de la totalidad de lo que reconocen como una sola China, a este conflicto se sumó el Partido Democrático Progresista a partir de la apertura política, un nuevo partido que, a diferencia del anterior taiwanés, reclama la independencia de Taiwán.

Los actores en juego entonces son tres: los rojos comunistas, los azules nacionalistas y los verdes independentistas, estos últimos son quienes reclaman Taiwán como una nación independiente rompiendo con los acuerdos establecidos con la República Popular China para encontrar una solución pacífica al conflicto.

La línea roja trazada por China es mantener la unidad del país aun cuando no controlen el territorio en la isla de Taiwán, y se ha comprometido Beijing a mantener la paz poniendo como único requisito que el gobierno de Taipéi se abstenga de reclamar la independencia, o aun en forma informal, dé pasos en ese sentido.

Por eso es que las revelaciones de que los Estados Unidos han colocado tropas para entrenar a las fuerzas taiwanesas han causado una gran tensión. Eso significa que Taiwán ha tomado actitudes de nación soberana y viola una de las líneas rojas acordadas con Beijing para evitar una resolución armada del conflicto.

En este punto tenemos que tener en cuenta que tanto chinos como taiwaneses son parte de un solo pueblo, ambos reconocen una sola China, tienen una cultura similar y la mayoría de ellos cuentan con lazos familiares porque provienen generalmente de la mencionada provincia de Fujian. Esta situación en definitiva hace que exista muy poca voluntad para una confrontación bélica entre los pueblos.

Los taiwaneses comprenden además que serían incapaces de resistir un avance de las fuerzas armadas chinas, pero ambos pueblos, como decíamos, no tienen la voluntad de confrontación y esa diferencia que puede llevarlos a la guerra, tiene más que ver con las élites en el poder que han buscado el apoyo de los Estados Unidos para mantener su status.

La actual presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen, responde a una lógica política de confrontación y busca establecer una diferencia con el Kuomintang reclamando la independencia.

Taiwán cuenta apenas con el reconocimiento de 15 países, la mayoría países menores entre los que se encuentra el Estado del Vaticano y la Nicaragua de Daniel Ortega. Es a veces difícil de comprender porque, excepto con el Vaticano por una diferencia en el reconocimiento en la designación de obispos, naciones como Nicaragua o Paraguay siguen sosteniendo la posición de Taiwán con razones que tienen que ver con antiguas decisiones enmarcadas en otra época como era la Guerra Fría, aunque resulta casi inevitable que con el tiempo todos terminen por reconocer a Beijing y al régimen del Partido Comunista como China.

Una de las políticas que han mostrado preocupación es la distancia del gobierno verde taiwanés, que ha decidido no apoyarse en China en la cuestión sanitaria y buscar la aplicación, por ejemplo, de vacunas occidentales.

Un enfrentamiento abierto entre China y Taiwán tiene diferentes pronósticos, aunque todos concluyen en un mismo resultado: Beijing tomaría el control de la isla en poco tiempo. Según las distintas estimaciones las cifras contadas en días pueden variar entre 3 según creen los más entusiastas defensores de la República Popular China, hasta 30 que sostienen aquellos que son partidarios de la independencia de Taiwán.

Cualquiera sea el caso no hay demasiadas opciones y la supervivencia de Taipéi solo depende de la premura con que Estados Unidos y otros países aliados puedan intervenir para defenderla.

Pero llegado el caso, ¿alguien puede asegurar que Estados Unidos iría a una guerra con China solo por defender Taiwán? Las autoridades de Beijing no han dejado pasar la ocasión del retiro de tropas de Afganistán para advertirles a las autoridades taiwanesas que correrán la misma suerte en caso de un conflicto armado y les conviene sentarse a negociar.

Lo mismo sucedería con Japón, quién a pesar de las advertencias continuas sobre su compromiso para defender Taiwán, si los Estados Unidos resuelven no inmiscuirse y limitarse a sanciones diplomáticas y comerciales, es muy probable que Tokio decida otro rumbo, Corea del Sur difícilmente se comprometa y Australia básicamente no tiene con qué ser una amenaza para China.

Las Fuerzas Armadas chinas cuentan con un ejército mucho más numeroso, entrenado, con equipamiento militar más sofisticado que el de Taiwán y sistemas de armas nucleares que llegado el caso, serían absolutamente decisivos para la suerte final de un enfrentamiento.

Taiwán sólo puede amenazar con misiles de media distancia Yun Feng que teóricamente alcanzan unos 1500 km y que podrían impactar en centros chinos importantes como la Represa de las Tres Gargantas en el curso del río Yangtsé, generando una enorme inundación en China con numerosas víctimas. Un ataque de esta magnitud difícilmente se produzca en ese lugar porque China tiene sistemas antimisiles eficientes que podrían llegar a detener el ataque, pero aún si fuera exitoso el costo que debería afrontar Taiwán sería su propia destrucción ante la respuesta china, por lo que una guerra total estaría fuera de las estrategias taiwanesas.

Existieron tres crisis previas, dos en la década de 50 y una última, la tercera entre los años 95 y 96. Uno de los principales puntos de potencial conflicto actual, y en base a esos antecedentes históricos, son dos islas que se ubican entre 2 y 5 kilómetros de la costa china que están en posesión de Taiwán. Los intentos durante el siglo XX de tomar las mismas, terminaron por fracasar debido a que el ataque del Ejército Popular de Liberación fue realizado con poco más de 9.000 hombres que tuvieron que enfrentar a unos 40.000 efectivos del Kuomintang, por lo cual fueron derrotados.

Debemos tener también en consideración que en los años 90, cuando se produjo el último episodio de gran tensión, Estados Unidos era la potencia emergente que había derrotado a la Unión Soviética y de esa manera se había constituido como una potencia hegemónica sin rivales a la vista. Hoy la situación es muy distinta debido a que China en estos últimos 25 años desarrolló extraordinariamente su capacidad científica, tecnológica y financiera, que es comparable o superior a los Estados Unidos, y al proceso de modernización de sus fuerzas armadas que las coloca hoy como la tercera fuerza militar del planeta.

Además, China cuenta con el apoyo de Rusia, una nación que también se ha puesto de pie y su capacidad militar es igual o superior a los Estados Unidos, pese a que la propaganda occidental rechaza este concepto.

La situación en un punto parece muy clara, la República Popular de China está unificada bajo la conducción del Partido Comunista y su población apoya sin fisuras la política de la recuperación, mientras que en la isla la situación es diferente debido a que en los últimos años se ha producido una alternancia entre verdes y azules, es decir, independentistas y nacionalistas, lo que hace que la fuerza política taiwanesa al menos esté dividida.

Taiwán hoy tiene la posibilidad de integrarse a China en un esquema similar al que se utilizó con Hong Kong bajo el lema una nación dos sistemas, que salvaguarda las particularidades de Taiwán mientras que también a la vez cubriría la demanda China de unificarse como una sola nación. Beijing no tiene urgencia en el plazo.

No hay razones entonces objetivas para que Taiwán y China entren en un conflicto armado, claramente es más beneficioso para ambos mantener el statu quo y dejar que los acontecimientos sigan su curso natural. El crecimiento de China hace que sea ineludible el proceso de reunificación; para los taiwaneses la cercanía cultural y étnica hacen que lo vean con buenos ojos, y en materia económica China ofrece excelentes oportunidades.

Si a eso le sumamos otros factores como los lazos de parentesco y las dudas sobre el compromiso real de Estados Unidos en involucrarse en una guerra abierta con China, este nuevo episodio de tirantez debería distenderse naturalmente con el paso del tiempo.

Solo hay un problema que es que con la llegada de Biden al poder, parece posible que la escalada de presiones continúe, porque a diferencia de su antecesor que buscaba que Estados Unidos se retire de su papel de Gendarme Universal y se transformara en una nación cerrada sobre sí misma, el proyecto que hoy impulsan los demócratas en Estados Unidos, y no pocos republicanos, tiene otros objetivos. No por nada se los denomina globalistas, su proyecto abarca todo el globo.

China pasó de ser vista como una fuente de mano de obra barata, a un problema, cuando se salió de control y no se comportó como el títere qué habitualmente maneja la anglosfera en sus diferentes caras públicas.

Los pasos que está dando el mundo con un aumento extraordinario del presupuesto de 20.000 millones de dólares que realizó el Reino Unido, las habituales acciones beligerantes de Estados Unidos y ahora la próxima nuclearización de Australia, demuestran que se está preparando para un conflicto armado.

Los objetivos son Rusia y China, la primera por su capacidad militar y sus riquezas naturales, y la segunda porque su capacidad económica, industrial y tecnológica, están volcando a su favor la disputa con el mundo anglosajón y desafían la supremacía de estos últimos. Y para no ser menos, también están preparándose para el próximo conflicto armado.

Taiwán en realidad es el punto más sensible sobre el cual se ataca China, si se fuerza a quiénes conducen a Taiwán a declarar la independencia, China termina atrapada en un callejón sin salida que la conduce a la guerra.

¿De qué forma Beijing podría permitir la independencia de Taiwán cuando, como dijimos, lo ubica 2 km en su punto más cercano de las costas chinas, generando una posible base militar estadounidense desde donde proyectar fuerzas al interior del continente? Y si aún Taiwán fuera neutral y no permitiera esta situación, China se vería en el mundo como una potencia débil que no pudo mantener su integridad territorial ante las presiones de Estados Unidos y sus aliados.

Si la situación es ésta no pasaría mucho tiempo antes que los socios occidentales avanzaran con más reclamos contra China y más, hasta forzarla a rendirse o entrar en guerra. China no debe dar señales de debilidad si quiere ser respetada, pues en caso contrario entraría en un círculo descendente que cada vez la debilitaría más y terminaría por eliminar su soberanía.

Las grandes naciones utilizan está lógica para moverse y solo desde una periferia infantilizada podemos creer lo que dicen los discursos, que siempre hablan de un mundo de colaboración, paz, amor y felicidad.

Nada nuevo si a fin de cuentas ya Vegecio decía, “si vis pacem para bellum”, una expresión que significa que si anhelas la paz, deberás prepararte para la guerra. Esto no significa el amor por la violencia o por la guerra, sino simplemente la comprensión de las reglas de juego en un mundo cruel que se ha desarrollado así a lo largo de miles de años.

El mundo anglosajón tiene siglos de experiencia en este juego de doble discurso que apunta a debilitar y dividir a sus enemigos haciéndoles creer que las palabras solo alcanzan, mientras que ellos consiguen todos sus beneficios en base a su poder militar.

China que no por nada tiene miles de años de historia, sabe de qué se trata y también conoce profundamente a Occidente. Los chinos tienen una característica que es bueno recordar, son una nación comerciante, no son agresivos como entendemos al Reino Unido y a su sucesor y aliado, Estados Unidos, que tienen otra lógica de operar diferente.

Los chinos a casi dos siglos de esos episodios de las Guerras del Opio no han olvidado la historia y desde entonces se han ido preparando para su revancha.

Por esto la respuesta sobre si Taiwán es el lugar donde se puede producir la chispa que inicie la tercera guerra mundial es compleja y tal vez ambigua, dependiendo dónde nos  paremos,  si lo hacemos desde el punto exclusivamente del conflicto entre Taiwán y China la situación se resolverá pacíficamente, ahora bien si nuestra mirada es más abarcadora y entiende que el conflicto entre Taiwán y China no es más que  una disputa entre ese modelo anglosajón que ha impuesto su modelo a lo largo y ancho del mundo,  y que ahora  advierte que China se le ha salido de control y comienza desafiar su poder, ahí sí, en esta ocasión el conflicto puede escalar.

No es extraño ver que cada vez que se produce un acto de tensión, detrás está la larga mano anglosajona que ha estimulado acciones de provocación contra China, provocaciones que la prensa no duda en tergiversar presentando como algo natural y lógico, pero carece de sentido que Estados Unidos declare como su zona de seguridad el mar Negro y el mar de China o que la administración de Taiwán sea fundamental para su seguridad nacional.

Si bien esto planteado así resulta muy absurdo, diariamente vemos cómo la prensa globalista presenta como agresores aquellos países que son agredidos.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.

Imágenes tomadas del programa “China, desde el Reino del Medio” con el Dr. Ting Wen Chung en el Canal HumoyEspejos.

Link entrevista completa: https://www.youtube.com/watch?v=OfdEehpfmhI