Córdoba, ¿la arrepentida?

¿Por qué Córdoba es amarilla? ¿Por qué los cordobeses y cordobesas votaron en un 54,05 % a la lista que representa el neoliberalismo? Ensayar una respuesta cordobesa, desde una mirada nacional y popular en clave peronista, es un desafío mayor que debe empezar a ser enfrentado.

Hacerlo, requiere un instrumental de conceptos y perspectivas cuyo desarrollo sobrepasa el molde de este formato. Realizarla reclama la construcción de interrogantes que implicarían previas determinaciones y delimitaciones metodológicas, fundamentando los supuestos y categorías sobre las cuales intentar interpretar con suficiente consistencia la realidad política provincial y los resultados electorales del 14 de noviembre.

Pero, si en la televisión el tiempo es tirano, en este violento oficio de escribir, el soporte es matemáticamente austero. Lo cual aconseja que, avanzando en una primera descripción de los principales sujetos y protagonistas, de sus aristas más sobresalientes y aquellas variables que pueden ponderarse como más relevantes, tratemos de comprender, de a poco, este fenómeno parroquial que desborda sus fronteras y contiene vasos comunicantes con las diversas experiencias en las distintas jurisdicciones provinciales y con el escenario nacional y su epicentro portuario.

Por eso, iniciaremos “in media res” nuestro intento de análisis, recurriendo desde cierta mayéutica con sabor a peperina, a interrogantes que circulan como la bestia preguntona en el Edipo de Sófocles, tratando de condensar alguna síntesis pertinente y provisoria, en este principio de aproximación al “caso Córdoba”. A las copas de los árboles se las trepa desde las ramas más bajitas.

¿Quién ganó las elecciones en Córdoba? Juntos por el Cambio, desde luego. Pero, esa victoria, ¿quién puede adjudicársela con mayor derecho? En Córdoba, Luis Juez y su difusa fuerza política y Rodrigo De Loredo y un entusiasmo en crecimiento del Radicalismo, reclaman la paternidad y maternidad de tan resonante victoria.

¿Caminan Juntos a la par? Lo consiguieron hacer en esta elección. ¿Podrán hacerlo en el 2023? Las enormes resistencias que Juez ha alimentado, desde hace años, en el Radicalismo cordobés, hace proyectar expectativas cargadas de incertidumbres y de muy probables escaladas en las tensiones que históricamente signaron sus bélicas relaciones. Luis Juez (candidato a Senador) obtuvo 54,5 % de los votos y Rodrigo De Loredo (candidato a Diputado), 54,4 %.  Además, Juez y De Loredo, se incorporaron públicamente bajo el paraguas protector del Larretismo, mientras Macri y Bullrich, impulsaron en las PASO las candidaturas derrotadas de Gustavo Santos y Mario Negri. Esta inscripción en el mapa interno nacional de la oposición, las tradicionales roscas en la U.C.R. de Córdoba, complejizan las posibles combinaciones que podría configurar esta verdadera coalición conservadora y neoliberal mediterránea.

 El “hambre de poder y de comer con aceite” de sus militantes, dirigentes, intendentes y candidatos y candidatas, sumado a una larga experiencia de frustraciones y fracasos electorales, patrocinadas, casi siempre, por el inagotable internismo radical o por la torpeza política ya celebre del ex cadete de Cavallo, ex cortesano santiagueño de Schiaretti, ex soldado de Carlos Saúl, ex delfín de Alberto Fernández y ex embajador de Mauricio Macri, podría convertirse en el sedimento mágico que culmine compactando un poderoso frente reaccionario para el 2023.

No se debe descartar un desplazamiento calculado y recurrente, de distintas colectoras y sellos progresistas, quienes siempre exhiben una admirable “capacidad de rotación pendular” desde gobiernos “kirchneristas” hacia las filas de Juntos por Córdoba o Juntos por el Cambio. Es de público conocimiento la habitual incorporación como funcionarios y cuadros técnicos durante gobiernos municipales del juecismo o la U.C.R., de hombres y mujeres provenientes de estos grupos o espacios. Es mucho más sorprendente, recordar sus nombramientos durante los gobiernos del Frente para la Victoria o ver sus designaciones actuales, en el Frente de Todos, en diversos ministerios y organismos del Estado nacional y sus delegaciones provinciales. Y, a veces, resulta desopilante observar que hasta pueden estar sentados alrededor de las famosas y cuestionadas “mesas chicas”, tomando las decisiones más importantes en los distintos escalones de poder del Frente de Todos en Córdoba. Es que muchos encontraron la veta en la mina modernizante de la experiencia nativa demoliberal y no tienen demasiados complejos para hacer convivir en sus convicciones al Doctor Ernesto Guevara y a las teorías de mercado. Tarde o temprano, el turismo caribeño y los barrios cerrados, siempre terminan agradecidos por su querida presencia.

Es oportuno subrayar, más allá de los inagotables debates en torno a la magnitud de los alcances e influencia de la mass media en la imposición de una visión del mundo, y del trillado agotamiento de los partidos tradicionales en su capacidad de representación, que Juntos por Córdoba cuenta con un colosal blindaje de un extraordinario y aceitado aparato comunicacional que controla los principales medios radiales, gráficos y televisivos locales, con un descomunal poder de penetración social y configuración cultural; y, con el poder territorial e institucional, de la estructura de la  U.C.R., que como el peronismo cordobés, tienen una completa cobertura política en nuestra geografía mediante todos sus intendentes e intendentas, jefas y jefes comunales y dirigentes y militantes partidarios.

Tampoco sería adecuado minimizar los apoyos indisimulados de orden político y económico que han manifestado sectores y organizaciones empresariales que representan los factores y el poder real del establishment cordobés. No solo encuentran ahí, fuentes nutridas de financiamiento, sino, también, portavoces de legitimación de su propuesta vendepatria y diversos mecanismos de disciplinamiento social disponibles.

¿Y el Schiarettismo? Actual gobierno provincial: ¿Sufrió una derrota recurrente como en anteriores elecciones intermedias? No. ¿Por qué? Porque la victoria contundente de la oposición la encabezó Luis Juez; porque pusieron toda la carne en el asador, hasta la cuatrereada al gobierno nacional; porque Schiaretti se involucró personalmente en la campaña; y, porque el proyecto nacional del federalismo, Made in cordobesismo, con esta derrota, murió antes de nacer.

Podemos agregar, que la posible combinación difundida de ser partener de Larreta, ante el mapa de la interna nacional de Juntos por el Cambio, lo deja, también, casi, fuera de la copa.

Hacemos por Córdoba, deberá repensar si persiste en su autoaislamiento o avanza en una gradual escalada de acuerdos con el Frente de Todos o el Larretismo. Dos inversiones políticas de alto riesgo, de impredecibles implicancias en su recepción en la sociedad cordobesa, en su propia base electoral y en los principales cuadros políticos del PJ cordobés.

La historia, paciente tejedora, suele elaborar complejos entramados que pueden convertirse en laberintos imposibles de resolver, hasta para los más experimentados Teseos de la vida política cordobesa y argentina. Tal vez, solo quede tirar del hilo más conocido para encontrar, finalmente, una posible y acertada salida.

A pesar de todos estos elementos enunciados, altamente negativos, el activo que sigue representando para Schiaretti los diputados nacionales obtenidos en esta última elección, como la banca en el Senado Nacional lograda, lo sigue ubicando en una posición de negociación importante para conceder votos y quórum a los proyectos del gobierno nacional, y seguir trocando fondos frescos para la gestión provincial. Es de suponer que, en las próximas mesas de acuerdos bilaterales, enmarcadas en el hambre de unos y las ganas de comer de otros, empiece a tallar las posibilidades y compromisos posibles o imposibles, hacia la probabilidad de una posible confluencia en el 2023.

El Frente de Todos, para concluir, sin una conducción definida, sin una organización articulada, sin un funcionamiento orgánico, tendrá que aceptar que, sin los votos aportados por los dirigentes, candidatos, estructuras y militantes justicialistas, de los departamentos San Martín, Cruz del Eje, Marcos Juárez, Ischilin, Minas, Punilla, Rio Primero, Sobremonte y Unión, la cosecha electoral hubiese resultado catastrófica. Cualquier consideración que no se base en las pruebas empíricas de cuáles fueron los departamentos y circuitos que mayor cantidad de votos traccionaron para alcanzar ese más 10%, carece de consistencia y fundamento.

Esto, no excluye a nadie de las responsabilidades locales por tan magra cosecha electoral. Ahora, es imposible subir el Aconcagua si tu máximo guía te empuja para abajo. Igual, más allá de los errores presidenciales y del gabinete nacional, no calzar los discursos de campañas en las principales demandas económicas, laborales y políticas, de cada región y zonas de nuestra provincia, convocaba más que a la indiferencia, invitaba al distanciamiento y el desencanto.

¿Alguien se imagina a los apóstoles invisibilizando la resurrección de Jesús y el juicio final, y no haciendo un llamamiento concreto para alcanzar en lo inmediato el amor de Dios y el paraíso?

Al contrario, los milagros cordobeses se dejaron capitalizar por sus adversarios locales, facilitando cuantiosos fondos nacionales en obras públicas y asistencia social, a través del gobierno provincial y sus numerosos intendentes y legisladores departamentales. Federalismo fuera de un proyecto nacional, no es federalismo, es institucionalismo demoliberal pavote.

Nunca se vio tan desolada y abandonada su dirigencia de base. Nunca se vio tan tremenda ausencia de eslabonamientos organizativos partidarios. Nunca se vivió tanta orfandad y casi absoluta pobreza en la capacidad de respuestas a las gestiones e intermediaciones de la militancia territorial. Salvo los esfuerzos y generosidad del Movimiento sindical afín y de algunos intendentes o jefes comunales, las condiciones de campaña de los de “abajo” parecían más una condena o un premeditado sabotaje que un mancomunado esfuerzo, bajo las mismas banderas y la misma causa.

No advertir los indicadores sociales y laborales provinciales, su incidencia performativa en un contexto de insoportable inflación y deterioro del salario real; no reconocer el azote e impacto en las trabajadoras y trabajadores informales y en quienes, formalizados, como los empleados de transportes de colectivos, sujetos a convenios colectivos de emergencia por pandemia, que los sepultó en una pobreza desesperante, y su vivencia contagiosa de sentir que nuestro gobierno, también, los abandonaba y condenaba a la miseria, es no visualizar mucho más que un error en la estrategia de campaña, es, involuntariamente, un renunciamiento a las razones de existencia histórica del mismísimo peronismo.

Más allá de algunas aisladas y valorables experiencias en distintas ciudades de la provincia, el Frente de Todos deberá superar su condición evidente de ser una confederación de franquicias y patrullas perdidas y asumir el desafío impostergable de adoptar una estrategia política integral, una orgánica pertinente, una dinámica con múltiples articulaciones y un claro horizonte programático.

Es un tiempo de definiciones. O el Frente de Todos y su peronismo cordobés deja de cocinarse en su propia salsa, decidiéndose a construir, sin vacilaciones, con coraje e inteligencia, una auténtica y convocante alternativa política, social y electoral, en esta Córdoba que alguna vez, como dijo Cachito El Kadri, fue la arrepentida, y hoy parece solo empeñarse en ser una isla tardía, sojera y evangelista, de segmentación social creciente en su dualizacion y de falsos prestigios y frivolidades en su carnaval fernetseado de simulaciones y panderetas; o la carpa grotesca de pachachin, apodo juvenil de Luis Juez, o del clan del “milico” Aguad, se extenderá, gorila y reaccionaria, en el Panal y Centro Cívico de la vieja Córdoba rebelde y revolucionaria.

   * Jorge Rodrigo Castillo.   Ateneo Juan Domingo Perón