Cuba atrapada entre la geopolítica y las ideologías

La llegada de Biden al poder en EE.UU. ha traído como correlato un aumento de la tensión en forma acelerada especialmente en términos militares.

Provocaciones contra Rusia se suceden en el Mar Negro, Donbass, Báltico, presiones sobre Belarús o Siria son apenas algunas de las acciones que vemos a diario. Lo mismo pasa con China, donde los desafíos en el Estrecho de Taiwán, Mar de China, y hasta un Japón estimulado por EE.UU. contra ambas naciones, China y Rusia, son algunos de los ejemplos por los cuales las tensiones militares se incrementan.

En este contexto de enfrentamiento caracterizado por la ofensiva de Washington, la región latinoamericana no podía ser una excepción, y no lo es.

Biden ha comenzado una versión similar a las revoluciones de colores o primaveras árabes local, donde “espontáneamente” comienzan a producirse manifestaciones relativamente numerosas pero que son agigantadas por los medios de comunicación globales, algo que rápidamente se replica en los medios corporativos locales.

Así vemos que se describen como “regímenes” tiránicos los de Daniel Ortega en Nicaragua o el de Díaz Canel en Cuba. Hasta ahí nada nuevo, sin embargo hay algunos condimentos sobre los que deberíamos prestar más atención como es el papel de las ONGs que cada vez pululan más en el mundo y se transforman en las reales impulsoras de las agendas mediáticas que luego se imponen a la política. Su papel es clave porque fijan las políticas a seguir, deciden que está bien o mal, tienen una fachada cubierta de buenas intenciones y reciben generosas partidas económicas desde el exterior.

Hemos visto a título de ejemplo como la promulgación de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo, la ley que permite el aborto en la Argentina, fue motorizada por una amplia campaña de un sinnúmero de organizaciones ya sean clasificadas como feministas o benefactoras al estilo IPPF, cuyas matrices ideológicas y financieras se ubicaban en el exterior, con un papel predominante de los EE.UU, Reino Unido y Alemania.

Estas organizaciones combinaron sus esfuerzos con una intensa campaña mediática que incluía a aquellos medios considerados de “derecha” al que sumaron a un importante anclaje en ámbitos  académicos instruidos, una vez más, por esos mismos sectores arriba mencionados.

Maestrías, Doctorados y todo tipo de cursos se originaron precisamente en estudios realizados en esos países, a los que se le puede sumar España. Durante décadas ha ido creciendo un vínculo en las ciencias sociales de dependencia que ahora juega un papel político importante.

Existe un evidente alineamiento entonces entre corporaciones, academias y medios de comunicación para ejercer poder sobre la agenda política, que luego se refleja en el cambio del eje político, donde ya ha pasado de moda la disputa por el control de los medios de producción y la distribución de las riquezas, que han sido reemplazados gradualmente por una entramado de opresiones: hombres sobre mujeres, blancos sobre otras razas, cis sobre no binarios, heteros sobre lgbt, y muchas otras que se siguen sumando, trazando un mapa complejo y profundamente distractivo.

Resulta muy curioso que exista un extraño silencio al respecto cuando sabemos que los cursos de formación se hacen en Universidades de EEUU, RU o España, se financian con dineros de Fundaciones de las principales fortunas del mundo, son apoyados por las corporaciones que se dedican a la comercialización de productos masivos en sus publicidades, reciben una amplia cobertura positiva de los medios de comunicación y los dueños del entretenimiento orientan sus producciones a ser “diversos” hasta el punto de imponer todo tipo de cuota nada menos que la Academia de Hollywood que condicionarán la entrega de sus principales galardones a que las producciones incluyan esa pléyade de minorías oprimidas según sus cánones.

¿Cómo podemos suponer que de esa red de herramientas del Poder puede surgir una propuesta antisistema o anticapitalista?

Pero bien, uno podría preguntarse cuál es la relación de la geopolítica lo descripto, bueno, si recordamos cómo los Países Bajos han decidido impulsar la expulsión de Hungría de la Unión Europea porque las leyes recientemente aprobadas que limitan la publicidad LGBTQI+ a mayores y aumentan la presión sobre la pedofilia, vemos que no es un tema menor.

Más aún, las presiones sobre Putin son conocidas, y han sido respondidas desde Rusia con una reforma constitucional que instituye el carácter de matrimonio exclusivamente al de un hombre con una mujer biológicos. La tensión sobre los distintos puntos de vista sobre estos temas se ha transformado en una herramienta geopolítica en la disputa.

Hoy nos encontramos en un mundo donde el capitalismo financiero lucha por imponerse contra el productivo, mientras vemos cómo los países socialistas como China o Vietnam, y hasta la propia Cuba, incorporan elementos claramente capitalistas a su sistema.

Seguramente estamos asistiendo a una mutación del propio sistema interesante de analizar en otra oportunidad.

La disputa Este – Oeste se ha mantenido ahora bajo la forma cultural donde el modelo occidental busca redefinir patrones de ese orden de acuerdo a sus necesidades para rediseñar las estructuras de poder en función de un mayor control corporativo financiero por sobre los Estados. Allí nacen las disputas irreconciliables que comenzamos a ver.

La ofensiva regional ha golpeado a países como Colombia o Chile, claramente alineados en el propio sistema capitalista, ¿por qué?

Chile era la nación más estable de la región, los conflictos internos por la distribución de la riqueza no eran mayores que la de la mayoría de los países vecinos, sin embargo, los chilenos enfrentan una crisis profunda que amenaza la propia integridad territorial.

La posible respuesta es la necesidad de subdividir para debilitar los Estados quebrando sus tradiciones culturales que le servían de anclaje para mantener el país unido.

Las características de la revuelta chilena, sobre bases lógicas por la desigual distribución de las riquezas gradualmente va quedando de lado para que se impongan otras agendas, las de las ONGs que mencionamos.

Nicaragua hoy está bajo ataque claramente con el objetivo de derribar a Daniel Ortega. Resulta al menos sugestivo el silencio de los sectores “populares”, los sectores progresistas y de izquierda, que solo en algunos casos hacen declaraciones de compromiso.

Ortega tenía dos características, se había acercado al eje de mal sino-ruso y se había opuesto al aborto frontalmente.

Las ONGs feministas lo acusaban de machista, misógino y hasta homofóbico simplemente por no haberse sumado a la moda, mientras la “derecha” lo acusa de comunista y dictador.

Es tan elusivo a las caracterizaciones izquierda/ derecha lo que vemos en la región, que otro mandatario bajo ataque es Jair Bolsonaro.

Una vez más vemos el esquema de una derecha que a través de sus medios lo ataca sin piedad y una izquierda que lo acusa de machista, misógino y homofóbico. Pero este caso tiene una particularidad, la política económica neoliberal que lleva a cabo Guedes, parece no alcanzar para que sea bendecido por los poderes reales.

El discurso pro familia tradicional que antagoniza con las ideas de género y otras es un obstáculo para que Bolsonaro siga en el poder. A la amenaza de un nuevo impeachment se suman las denuncias de sus partidarios de que se harán fraude en Brasil por lo que piden que haya un voto auditable que acompañe al electrónico.

Y la lista puede continuar, el polémico Bukele en El Salvador sigue los pasos de Bolsonaro en el escarnio público.

Por lo que vemos no alcanza hasta con tener políticas económicas neoliberales, se necesitan políticas culturales que empujen un cambio social que es impulsado por el poder financiero, dueño en definitiva de todos los ámbitos mencionados.

Observamos entonces cómo gobiernos que imponen una cultura de la deconstrucción en medio de una brutal política de ajustes económicos son sostenidos por la prensa internacional y por los poderes financieros, mientras quienes no adhieren a esas políticas culturales son puestos en la mira.

Por algo Larry Fink, el CEO de Blackrock, el fondo de inversiones más grande del mundo con un manejo de 7,8 billones de dólares (más de 20 argentinas por su PIB) ha instruido en su habitual carta de fin de año a las corporaciones que controla, que sus CEOs deben adecuar sus políticas a las que reclaman la deconstrucción cultural so pena de ser expulsado de sus puestos.

Para que los negocios se condicionen a estas políticas no hay muchas explicaciones salvo pensar que lo que se busca es la instalación de un nuevo modelo cultural, excepto claro que creamos que un grupo de manifestantes que coreografíen sus ideas con ritmos pegadizos, tengan el poder de condicionar a estos sectores.

Llegamos finalmente al caso cubano. Cuba tiene un problema en la cercanía de EE.UU., su ubicación se encuentra en lo que se conoce como “el vientre blando de EE.UU.”, porque un ataque misilístico ruso haría muy vulnerable a Washington. Recordemos que los escudos defensivos de EE.UU. se ubican en el norte para repeler un posible golpe a través del Ártico, no en el Sur.

Este problema histórico que ha sido la causa del brutal de embargo de más de medio siglo ha causado daños que se aproximan a los 200 mil millones de dólares a la economía cubana y que explican por sí solos los problemas económicos de la isla.

Cuba tiene un problema adicional, la izquierda y el progresismo muestran poco entusiasmo en su defensa porque estos sectores han hecho suya las políticas de deconstrucción y por Cuba solo queda un dejo nostálgico de simpatía, pero que algunos hechos como el rechazo popular al casamiento de personas del mismo sexo y la represión de una manifestación no autorizada de miembros de colectivos LBGTQI+, les ha hecho perder simpatía a los más jóvenes influidos por esta agenda globalista.

Por supuesto que la “derecha” carga con los argumentos históricos, a fin de cuentas, esta “derecha” es liberal y, por lo tanto, está a favor de la deconstrucción.

Existe además una “derecha” conservadora en lo moral y social que se muestra incapaz de entender que Cuba hoy tiene un modelo más parecido a sus ideales de orden y moralidad que los de EE.UU. con Biden o el mundo europeo occidental.

Cuba, al igual que Nicaragua, están en una situación difícil y sus posibilidades reales, no las románticas, de supervivencia, dependen de lo que haga Rusia y en menor medida, China.

Las alianzas de La Habana con el progresismo y la izquierda han quedado obsoletas en buena medida porque estos últimos han abandonado sus ideales revolucionarios y se han convertido en una herramienta del capitalismo financiero, funcionales al modelo que están buscando imponer y transformándose en una válvula de escape de las tensiones sociales de los ajustes permanentes, canalizando la rebeldía a cuestiones que no afecten los intereses económicos de los poderosos.

Solo resta saber si Rusia tiene espaldas suficientes para defender a Cuba y Nicaragua y si el modelo que se busca instalar en nuestra región se limita a un cambio de gobierno o lo que se pretende es generar Estados fallidos como es el modelo que esbozó Thomas Barnett a principios de este siglo y que fue implementado en Medio Oriente en base a la concepción militar que desarrolló el Alte. Cebrowski,

Si se trata de esto último es porque consideran que es más barato y simple dinamitar los Estados y luego imponer condiciones a las bandas armadas que puedan controlar el terreno. El hecho de financiar Golpes de Estado y mantener gobiernos impopulares es más costoso y difícil.

Las políticas de deconstrucción precisamente generan las condiciones para que la inestabilidad se haga dueña de los países y da excusas para fragmentarlos en Estados menores dóciles o simplemente se los haga estallar por dentro para transformarlos en Estados fallidos convertidos en un reservorio de materia primas para cuando se necesiten utilizar, o tal vez simplemente espacios naturales deshabitados.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.