De Rusia con amor: vacunas, bolcheviques y misterios bufos

Tanto los Puros –payasesco y abigarrado conjunto de burgueses- como los Impuros -grises representantes de la clase obrera- se ven forzados a buscar refugio en el Polo Norte para sobrevivir al terrorífico Diluvio Universal. Deciden, entonces, construir una suerte de Arca de Noé para llegar al Monte Ararat. Pero ante el primer descuido de los Impuros, los Puros dan un golpe de estado y persuaden a los primeros de que juntos podrán fundar una República soñada. Así, diferentes alimentos son distribuidos de acuerdo a la condición social de cada uno: “Para unos, las rosquillas, para otros, los agujeros de las rosquillas…”. O también: “Es necesario que algunos coman las pepitas, las sandías no pueden ser para todos”. Hartos de semejantes “valores republicanos”, los grises arrojan a los Puros al mar, pero los víveres comienzan a escasear y el hambre hace detonar divisiones y reyertas. Hasta que aparece el Hombre Simple, caminando milagrosamente sobre las aguas. Les describe un paraíso, y entonces los Impuros abandonan el Arca y emprenden camino atravesando pasarelas solares y escalas del arco iris. Escoltados por dos hileras de ángeles y luego de visitar el Infierno y lograr compadecer al mismísimo Belcebú, llegan a destino. Uno de los más audaces mira a través de la puerta. Deslumbrado, cuenta a sus camaradas lo que sus ojos no pueden creer: un Edén repleto de automóviles, locomotoras, maquinarias de todo tipo, árboles fecundos en  flores y panes. Las puertas se abren de par en par y una marcha triunfal acompaña la entrada de los Impuros a la tierra prometida. Vladimir Maiakovski (1893-1930) entrega el libreto de Misterio bufo al chofer del Comisario de Cultura soviético, interesado en conocer su opinión. El hombre “le confirma que comprende perfectamente y es entonces cuando se convence de que la obra conmoverá a las masas”, nos relata el profesor en Letras, poeta y escritor Guillermo Cegna. Puntapié inicial de un teatro nuevo, “la impresión que el espectáculo produjo en la mayor parte de los espectadores fue enorme. El público reía alegremente, sin esfuerzo”. El autor escribió –y concibió- Misterio bufo con el cometido de conmemorar el primer aniversario de la Revolución de Octubre. El Comité Central del Partido había decidido incluirla como parte de las celebraciones. Un año antes, el 7 de noviembre de 1917 –cuando Rusia no había aún adoptado el calendario gregoriano- el mundo asistía a uno de los acontecimientos más relevantes de la Historia contemporánea. Ese día se concretaba, luego de marchas y contramarchas, la verdadera Revolución Bolchevique. Su motor había sido, además de la ebullición que las ideas de Karl Marx producían en las mentes de intelectuales y profesionales rusos, el profundo descontento de las masas trabajadoras mayoritariamente analfabetas. Socialistas radicales y comunistas, obreros y campesinos organizados por los soviets, junto a Fuerzas Armadas afines iniciaban–con V. I. Lenin y León Trotsky a la cabeza- el derrotero que acabaría con los Románov, aquella dinastía de monarcas absolutistas y despóticos que, desde 1613 y asociada a una minúscula aristocracia, mantenía su estatus a costa de un pueblo sumergido en condiciones sociales propias del medioevo.

El pasado 6 de noviembre el Presidente Alberto Fernández mantuvo una conversación de casi 45 minutos con su par ruso Vladimir Putin. El diálogo tuvo lugar cinco días después de que el gobierno argentino anunciara la adquisición de 25 millones de dosis de la vacuna Sputnik V. Ambos acordaron que la negociación se realizaría de Estado a Estado. La charla versó, además, sobre el proceso de pospandemia, incluyendo  la puesta en marcha de la reactivación del plan estratégico firmado entre Putin y Cristina Fernández de Kirchner en 2015, posteriormente cancelado por la administración Macri. A pesar de la confusión diseminada por medios variopintos –tanto formales y hegemónicos como informales y desquiciados- la Sputnik V se encuentra, al momento, atravesando su fase 3 -también llamada posregistro– desde el 9 de septiembre.  Cuenta con la participación de 40.000 voluntarios en la Federación Rusa. “Los equipos científicos rusos han podido llegar a crear la vacuna porque aún existe una potente estructura estatal de laboratorios de investigación que fue desarrollada por la Unión Soviética”, sostiene la política española, también licenciada en Medicina y Cirugía, Ángeles Maestro. De hecho, fue la Revolución de octubre de 1917 la encargada de dar a luz al primer sistema público de salud universal, basado principalmente en la prevención de la enfermedad. La Rusia de los zares ya había desarrollado un importantísimo progreso en microbiología -específicamente en vacunas- que no llegaban al pueblo. Sería la Revolución la que habría de instaurar las condiciones para aplicar tales avances -que habían permanecido al interior de los laboratorios- al total de la población. Poco menos de dos meses antes del estreno de Misterio bufo en 1918, Rusia se convertía en pionera. Lograba hacer efectiva la primera campaña de vacunación universal de la historia de la humanidad. Maestro identifica que, desde el anuncio de la disponibilidad de la vacuna rusa contra el Covid-19, se ha desatado una campaña de descalificación masiva no exenta de carga política y prejuicios varios. Desacreditaciones sistemáticas e irracionales detonadas a causa del alineamiento con los Estados Unidos por parte de los grandes medios de comunicación y agravado, además, por los poderosísimos intereses de las multinacionales farmacéuticas, que “ya se frotaban las manos y preparaban las arcas para que fueran cayendo los beneficios resultantes de la venta a escala mundial de centenares de millones de vacunas”. En diálogo con Mañana Sylvestreen Radio 10, Inna Afinogenova, la periodista de Russia Today y voluntaria en la prueba de la vacuna, ratificó la solidez de su desarrollo y cargó contra varios comunicadores argentinos afectos a difundir mentiras. Azorada, precisa: “Lo que estoy viendo en Argentina es de no creer. Dicen que la vacuna no se ha probado en mujeres, entre otras cosas. No sé quién lo introdujo en los medios, pero todos lo están republicando”. En realidad, los avances de las fases resultan fáciles de ser chequeados. Basta consultar las actualizaciones ofrecidas por la mundialmente prestigiosísima revista científica The Lancet. “La vacuna consiste de dos dosis. La primera genera anticuerpos, la segunda potencia la respuesta inmunológica”, comenta Afinogenova refiriéndose a su propia experiencia luego de recibir la vacunación.

Maiakovski, el poeta por antonomasia  de los acontecimientos revolucionarios escribió, además de textos teatrales, guiones cinematográficos y canciones para el Ejército Rojo. Diseñó carteles  propagandísticos, fue periodista y actor de cine y  teatro. Mientras que sus compañeros futuristas solían lucir sofisticados trajes llenos de glamour, su ropa habitual era la camisa amarilla, que evocaba a la vestimenta del obrero ruso. Misterio bufo fue representada cien veces, a veces en el circo. Resistida por el establishment –que la creía incomprensible para las masas-, amada por el pueblo obrero, que exigía su inmediata puesta en escena.  El último día del mes pasado, el mundo del espectáculo perdía a un enorme ícono: Sean Connery, primer 007 y el más emblemático de toda la saga. James Bond, personaje paradigmático del imaginario de la Guerra Fría -iniciada luego del fin de la Segunda Guerra Mundial-,  representaba una nostálgica visión del ocaso imperial: la pata británica de la contienda en aquel mundo polarizado. La presencia constante de villanos comunistas en sus películas se repartía en una miríada compuesta de personajes estrambóticos y muy, pero muy malos: crueles militares chinos, sensuales espías soviéticas y, por sobre todo, diabólicos agentes de la KGB. La Secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, ofreció una contundente respuesta a la conductora Lorena Maciel en Todo Noticias, quien preguntó ‘’cándidamente”  desde el más llano “sentido común”: “¿Por qué yo siento que la vacuna rusa es menos confiable que la de Oxford? Si me dan a elegir me pongo la de Oxford, porque la rusa no me da confianza… ¿Estoy equivocada?”. El sagaz y seductor agente al servicio de Su Majestad seguramente hubiese reprimido, en su típica y very british cínica discreción, una buena carcajada. Pero Vizzotti  eligió contestar: “Te pasa eso porque lo escuchás en los medios”. La periodista rusa de castellano perfecto, la misma que asistía incrédula al alud de falsedades, medias verdades y anacronismos  a cargo del entramado político-mediático vernáculo, recuerda a su audiencia que el Muro de Berlín cayó hace ya 31 años. Maiakovski y Bond nunca coexistieron: el poeta bolchevique se suicidó en 1930. Tampoco vivió para ver que su amada URSS se erigiría, triunfalmente, en indiscutible potencia científica mundial.

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