Deuda y FMI en el centro de la campaña

El 1° de marzo pasado, en la apertura de las Sesiones Ordinarias en el Congreso de la Nación, en un tramo de su discurso Alberto Fernández se refirió al endeudamiento externo llevado adelante durante el gobierno de Mauricio Macri. Textualmente anunció que “el Banco Central se encuentra analizando, de forma pormenorizada, la manera en que nuestro país recibió divisas en concepto de préstamos y el destino que los mismos tuvieron». Agregó luego: «Para que endeudarse no sea gratis y dejen de circular impunes dando clases de economía los autores de la mayor administración fraudulenta y malversación de caudales que nuestra historia recuerde. Es imperioso afirmar nuestro compromiso para que no se genere nunca más un endeudamiento asfixiante a través de la toma de créditos irresponsables».

Transcurridos cinco meses desde aquel anuncio, no ha surgido de manera oficial ningún informe del BCRA que revele los nombres de las empresas y/o particulares involucrados en operaciones de fuga de divisas, en gran parte de lo correspondiente a los 45.000 millones de dólares que el FMI otorgara al gobierno de Mauricio Macri. Vale recordar que el préstamo no sólo no pasó por el Congreso de la Nación sino que, además, fue otorgado incumpliendo en todo con el Estatuto del propio Fondo.

La cita textual del anuncio del 1° de marzo del presidente procura relacionarse con el breve discurso de Cristina Fernández de Kirchner del pasado sábado en Escobar, con motivo de la presentación de las candidaturas para las próximas elecciones legislativas de noviembre. Afirmó allí haber acordado con Alberto Fernández que los 4.600 millones de dólares de los DEG (Derechos Especiales de Giro) que el país recibirá del Fondo Monetario Internacional como paliativo para afrontar los daños causados por la pandemia, no serán utilizados a tal fin sino que serán destinados a pagar los vencimientos de deuda con el mismo FMI en los meses de septiembre y diciembre por un monto equivalente a la casi totalidad de los USD 4.600 millones de DEG.

Dijo Cristina: “No podremos destinar eso a lo que lo destinan el resto de los países porque en 2018, luego de que en 2015 tuviéramos un país sin deuda, ahora resulta ser que debemos 45.000 millones de dólares al FMI, además de los 70/80.000 millones que ese reestructuraron el año pasado. Es vital discutir cómo se va a pagar, quiénes van a pagar”. Estas declaraciones, fueron para muchos desconcertantes, fundamentalmente con lo que venía planteándose desde el mismo bloque de senadores del Frente de Todos de hacer uso de los DEG como una inyección de recursos destinados a la recuperación económica en el segundo semestre del año y en vistas al proceso eleccionario.

El giro adoptado por el presidente y la vicepresidenta responde a que la toma de deuda externa, la posterior fuga, y el consecuente descalabro generado por el gobierno de Mauricio Macri no puede pasar desapercibido para el pueblo argentino. Más aún, ocupará la centralidad del debate político. La campaña electoral no puede omitir la responsabilidad del endeudamiento y sus nefastas consecuencias por parte de quienes hoy se presentan como opositores. Allí apuntó Cristina.

El gobierno nacional trabaja en lograr el mejor acuerdo posible con el FMI en lo referido tanto al periodo de gracia para comenzar el calendario de pagos (5/6 años), como en extender los plazos de financiamiento lo más lejos posible, junto a una tasa de interés. Aun en el mejor escenario de las negociaciones posibles, el peso de la deuda será enorme, y un obstáculo para retomar el sendero de crecimiento.

Alberto y Cristina coinciden en que apurar un acuerdo con el FMI antes de las elecciones como broche de campaña electoral sería un error. También ambos comparten que los actuales opositores no se llevarán de arriba cargarse al país con 125.000 millones de dólares de deuda para ahora tener que escucharlos en el papel de consejeros económicos, desentendiéndose de su reciente pasado y responsabilidad cuando fueron gobierno, y naturalizar al endeudamiento como un error de gobierno. Y destacar que todos los anteriores procesos de toma de deuda externa contribuyeron de manera determinante a los cuellos de botella de la restricción externa. Los dólares destinados al pago de deuda, aún renegociada, es el faltante de dólares para sostener el crecimiento de la economía argentina. Desde entonces, fueron y son la causa principal y sistemática del atraso y dependencia de la Argentina tras cada experimento neoliberal: Dictadura cívico militar (1976-1983); gobiernos de Carlos Menem, y la Alianza  (1989/2001), y por último, en sólo cuatro años, de gobierno de Mauricio Macri (2016-2019).

El endeudamiento externo es parte central del modelo de país en pugna. No hay neoliberalismo sin endeudamiento, fuga, y financiarización de la economía.

El informe del Banco Central sobre quienes fueron los que se beneficiaron en el proceso de endeudamiento y fuga durante el macrismo será un gran aporte para determinar y normar a todos los responsables, que como anunciara el presidente Alberto Fernández  el 1° de marzo: “Para que endeudarse no sea gratis y dejen de circular impunes dando clases de economía los autores de la mayor administración fraudulenta y malversación de caudales que nuestra historia recuerde. Es imperioso afirmar nuestro compromiso para que no se genere nunca más un endeudamiento asfixiante a través de la toma de créditos irresponsables».