Don Frutos

Con este asunto de la pandemia hemos buscado textos y películas de rasgos policiales con el objetivo de transitar la vida interior con interés y emoción. Sin embargo, la pesquisa suele desplegarse orientada por los tanques seriales de las grandes compañías o, en el ámbito de la lectura, por el prestigio –justificado- de la novela negra estadounidense.

Nada de eso es objetable; la cuestión es que por estos pagos los escritores vinculados al tema son varios, y relevantes. Además, suelen insuflar los hechos corrosivos y sanguinolentos con ese tono propio que brinda el medio ambiente. Así, cuando se encuentre lector ante una serie aburrida, tan oscura que ni se sabe para qué contrataron a una bella protagonista y con puntas sueltas que se esconden tras la sugerencia, acérquese a los cuentistas argentinos.

Acérquese, por caso, a uno bien oculto que rescatamos en estas líneas: Velmiro Ayala Gauna. Jamás lo escuchó, jamás lo leyó, ¿no es cierto? En nuestra Patria nunca se sabe si eso es mérito o demérito para el ignorado. Pero la verdad es que una vez que se deje atrapar por su prosa correntina, pedirá más. Créame.

El hombre nació en 1905 en esa provincia de personalidad única. A lo largo de su vida (falleció en 1967)  también transitó con energía buena parte del territorio santafesino. Escribió ensayos, poemas y obras de teatro. Pero alcanzó una grandeza singular al crear un personaje fascinante: Don Frutos. Ahí está el eje de nuestra recomendación.

En 1955 Ayala Gauna publicó Los casos de don Frutos e insufló sagacidad, cotidianeidad con trasfondo, humor, intriga a la literatura argentina. En 1960 relanzó la fórmula con Don Frutos Gómez, el comisario, otra colección de cuentos cortos y contundentes.

¿Quién es ese hombre de Ley? Don Frutos es el comisario de un pueblo del interior correntino. Modesto, austero, pícaro. Lleva adelante sus investigaciones en base a instancias perceptivas asentadas en la sabiduría llana y honda de su gente, con toques personales que lo despegan del sentido común mediano. Sublima la razón social.

Como tenía que ser en una narración afincada territorialmente, el autor recurre al humor para acompasar el relato de situaciones truculentas. Esa gracia tiene dos vías. Las ocurrencias y respuestas del poblador del interior correntino, ese decir cuyo contenido aparece potenciado por la tonalidad, y la comparación con los policías estirados de la gran ciudad que se la pasan declamando métodos científicos y terminan a la rastra del sencillo investigador.

Ente mate y mate, entre charla y charla con algún mélico chambón y mientras duda de las versiones que le hacen llegar los testigos, Don Frutos piensa con serenidad y va desatando los nudos de sus casos. Cuando el lector supone que la historia se desarrollará en un ritmo uniforme, como buen jugador de concreción Ayala Gauna cambia el ritmo y las cosas se aceleran al punto de gestar un interés sostenido y salidas impensadas.

El clima se palpa en segmentos cautivantes:

“Don Frutos Gómez, el comisario de Capibará-Cué, entró en su desmantelada oficina haciendo sonar las espuelas, saludó cordialmente a sus subalternos y se acomodó en una vieja silla de paja, cerca de la puerta, a esperar el mate que uno de los agnetes empezó a cebarle con pachorrienta solicitud”.

Las noticias le llegan en el modo lugareño:

“-¡Don Frutos…! ¡Don Frutos…!

-¿Qué te ocurre, hombre? –contestó el aludido y empezó a levantarse.

-Al Tuerto Méndez…

-¿Sí?

-Lo han achurao sin asco… Recién, cuando le fui a llevar un matambre que había encrgao ayer, dentro a su rancho y, ¡ánima  bendita santa!, lo encontré tendido en el suelo, boca abajo y lleno de sangre…

-¿Seguro pa de que estaba muerto, chamigo?

-Seguro, don Frutos… Duro, frío y hasta medio jediendo con el calor que hace…”

La filosofía que envuelve la acción, surge sin afectación:

“-Qué pa vas a ser extranjero vos…! Usté sos paraguayo como yo, chamigo… Estranjeros son los gringos, los de las Uropas… ¡Andá de acá y no quierás darte corte!

Y así diciendo, lo sacó a empellones de la fila”.

Hubo versiones de Don Frutos en radio, cine y televisión. Valen. Pero los textos son imperdibles.

¿Ya nadie conoce a Velmiro Ayala Gauna? Hagámoslo conocer de nuevo. La intensidad de nuestra cultura y el atractivo que ha llegado a elaborar, permiten encarar la tarea con perspectivas de buenos resultados.

  • Gabriel Fernández. Director La Señal Medios.