Durán, Durán… QUÉ GRANDE SOS!

Hay tres formas principales de arruinarse

políticamente: aceptar un soborno, tener un affaire

muy notorio con una bella señorita y confiar

ciegamente en un gurú del marketing. La primera es

la más rápida, la segunda es la más placentera, la

tercera es la más segura”.

George Pompidou

Se lo extraña. De lejos, revisando todo lo que uno lo ha discutido, maldecido y hasta vilipendiado -en la soledad del análisis académico-, hay que reconocer que se lo extraña. Esa creatividad tan suya; tan rococó, tan al borde del amaneramiento. Esa cualidad de hacer política negando la política. Y sus educadas formas y modos de mentir descaradamente…

Más ahora que, con su ausencia, circunscribe el vacío reinante y expone con brutal claridad que, sin él, son casi nada.

Por ejemplo la “orgullosamente bonaerense”, una de sus creaciones más logradas; que ha crecido, ha tomado más volumen, ha mudado su territorio y saltado de los charcos al asfalto… sin embargo, porfía con el beboteo y esa gramática de ruego hasta el borde de la maquietta. Él nunca la hubiese dejado reiterarse sin glamour. Seguramente le hubiese ofrecido un training para la recreación del personaje, un guión, una perfomance. Incluso hasta podrían haber pergeñado un retiro junto a todo el equipo de campaña… Pero él no está. Y entonces, la nada.

Esa ausencia que lo vuelve tan presente. Más cuando uno ve que otro candidato es presentado como “El Colo” y reparte gorras rojas. Tan obvio todo… tan monocromático. Sin inteligencia ni ambiciones: apenas un collar opaco de clichés que enhebra la ausencia de alguna estrategia innovadora a la carestía de toda creatividad comunicacional.

Cómo se les nota que el ecuatoriano probo los ha abandonado. Circulan todo el tiempo por lugares comunes. Insisten con voceros y temas remanidos hasta tenerlos en loop. Han llegado al colmo de intentar desenterrar una vez más el cadáver de Alberto Nisman horas antes de que la justicia sobreseyera a todo el mundo por el caso Memorandum, estableciendo que no había habido delito. Una debacle.

Y los muletos. Mamacita los muletos. Uno de ellos, un remedo de fascista mal esculpido, denunciando a los gritos -totalmente fuera de si-, que le iban a poner cocaína en el auto para comprometerlo mientras la imagen que devolvía decía que ya habría encontrado el paquete y probado un poco para determinar la calidad. Don Jaime no querría eso. Porque: mentir, engañar, callar es una cosa y, sobreactuar la realidad, otra muy distinta.

Otro que le hubiese dado comezón es el candidato en bajo relieve, ese que revolea billetes de 1.000 pesos con una maquinita como los jóvenes oligarcas de 1910 tiraban manteca al techo. Y tampoco le hubiese gustado el de los aforismos banales, ni la hormiguita que ejerce las denuncias como mantras, ni la cantera de trolls con errores ortográficos (reincorporaron a Marquitos a la campaña… con dudosos resultados) ni la remanida advertencia  de Fraude, que sólo los muestra un poco más desesperados.  

Falta él. Su pelo renegrido. Su español neutro. Su media sonrisa de costado -a lo Presley-, y esa inconfundible imagen de taimado que lo hacía odioso para propios y ajenos.

Mucho se lo extraña. De los dos lados. Como se extraña a la derecha culta. Y al peronismo morocho. Y a los funcionarios que funcionan aunque, por una vez, mostramos algo de nuestros antiguos reflejos y pusimos algunos cuadros de esos que no decepcionan. Pero, si él hubiese estado, con todo ese enojo que anda por las calles, no hubiera habido rubí capaz de opacar su brillo de diamante comunicacional.

Por suerte no volvió. Aunque lo perdonaron. Lilita ya no encarga que lo maten y Horacio piensa seriamente por qué motivo no lo retuvo en su momento. A él no le importa. Otros asuntos distraen su atención por estos días. Se ha vuelto a abrir la Caja de Pandora y sabe, por experiencia, que de allí pueden salir verdaderos males. Alguno que, incluso, le esté destinado particularmente.

Pero, sin él la campaña está aburrida. Sosa. Chirle. Todo ha entrado en esa suerte de letanía mustia, apenas rota por el creativo de Randazzo con el aviso en que el candidato hablaba con su mamá y que lo puso en boca de todos (incluso de sus adversarios que salieron a gastarlo con interpretaciones freudianas). Gracias a esa jugada arriesgada y lúcida, Florencio logró atravesar el piso de votos que requieren las PASO.

Por lo demás: nada. Más de lo mismo, que siempre es menos. Periodistas operando de verdaderos opositores; tilingas colgándose de las tetas de Cristina; egos desparramados a diestra y siniestra; centro-progresía pegajosa como el algodón de caramelo; los gurúes importados de siempre; los consultores nacionales en mesa de saldos y retazos… todo lo que se lleva habitualmente en estas ocasiones, menos él. Que no está. Que ojalá no vuelva.