Foto: Archivo General de la Nación

El 17 de octubre visto por contemporáneos: el almirante Rojas y el sindicalista Montiel

Si para muchos el 17 de octubre de 1945 fue el triunfo de la barbarie dondeen el centro de Buenos Aires, porteños de punta en blanco se paraban en las aceras y miraban embobados la invasión. Los intrusos de cabello y piel oscura vestían overoles y otros tipos de ropa de trabajo” – tal como graficó Joseph Page en su obra sobre Perón -; para otros la valoración fue satisfactoria, al punto de considerar el mexicano José Vasconcelos que “los argentinos efectúan el 17 de octubre la primera aportación política de contenido universal”.

A la incomprensión inicialmente señalada sumo el aporte de Fermín Chávez, refiriendo que “alguna vez Ernesto Sábato contó su conversación con Victoria Ocampo, quien le preguntó acerca del 17 de octubre: qué había sido. Y el autor de El Túnel apeló a una comparación con hechos prestigiosos de la historia europea. ‘¿Te acuerdas de la Revolución Francesa – le dijo – y de la acción de los sans culottes en las calles de París? Bueno, Victoria, eso se repitió en Buenos Aires en 1945’. Y la fundadora de Sur al punto comentó: “Con razón siempre me resultó sospechosa la Revolución Francesa”.

Efectivamente, el pedido de renuncia a Perón por parte del gobierno de facto y el posterior encarcelamiento del Coronel enrareció el clima político de octubre de 1945. Fue así que “entre el 14 y el 16 de octubre el secretariado de la CGT se reunió en diversas oportunidades – afirmó Mariano Ben Plotkin en Mañana es San Perón (2007) – sin arribar a ninguna decisión… el 16 de octubre la dirigencia de la CGT decretó, luego de un agitado debate, una huelga general para el día 18… (Pero) el día 17 grandes masas de trabajadores, provenientes sobre todo de la provincia de Buenos Aires, marcharon a Plaza de Mayo con el objeto de exigir la inmediata libertad de Perón. Es posible suponer que los obreros se dirigieron a Plaza de Mayo por ser el espacio público más cercano a la Casa de Gobierno, y no por ninguna razón especial de carácter simbólico. Al mismo tiempo, otras manifestaciones, contando, al igual que en Buenos Aires, con la pasividad de la policía (sic), tenían lugar en La Plata, Berisso, Rosario, y otras ciudades del interior. Daniel James ha enfatizado el alto contenido simbólico de estas manifestaciones en las que los trabajadores literalmente ‘tomaron’ el espacio público urbano por primera vez en la historia del país”.

Diversas voces han testimoniado sobre dicha fecha. Elijo dos significativas: un marino y un obrero. El primero el almirante Isaac Francisco Rojas, símbolo del gorilismo a ultranza, el “Hormiga Negra”, protagonista del sangriento golpe de 1955 y figura relevante de la Marina local;  el otro Alcides Montiel, Secretario General de la Federación de Obreros Cerveceros y Afines de esos años.

Según Rojas: “En octubre de 1945, yo ocupaba el cargo de Jefe de la Primera División de la Marina, en el Ministerio de Marina en la Casa de Gobierno. Perón había sido arrestado por el Ministro de Marina Vernengo Lima y por el Ministro de Guerra, General Avalos. Yo creo que estos dos hombres, de buena fe y de honestidad a toda prueba, cometieron un grave error. En lugar de andar buscando a la Corte – como se decía: Gobierno a la Corte – debían haberse hecho cargo ellos del gobierno en una Junta Militar como hicimos nosotros, en 1955. Y debieron haberlo mantenido arrestado a perpetuidad a Perón, con lo cual hubiesen extirpado el cáncer de raíz. Diez años después yo lo hice…”

Continuó Rojas, en sus memorias de 1993, recordando: “la multitud desbordó (el 17) la Plaza de Mayo y tiró la puerta abajo. Entraron los policías a caballo, era un revuelo increíble… la gente sacó de sus goznes las enormes puertas y yo me tuve que correr a un lado pues de lo contrario se me caían encima. De inmediato entraron unos muchachos sudorosos y que se veían muy cansados… se acercó uno y me dijo: ‘¿Dónde está Perón?, lo queremos ver, venimos cansados de Ensenada’. Le respondí: ‘No sé dónde está Perón, debe estar arriba’. En realidad Perón estaba en el Hospital Militar, pero yo no lo sabía. 

Al tiempo, había acudido un teniente con un pelotón… dio una orden y los soldados pusieron rodilla en tierra, dieron vuelta sus fusiles – con la culata para adelante – y comenzaron a sacudirles las cabezas a los revoltosos. Sonaban sus cabezas que parecían mates. Así fueron saliendo todos, quedamos desalojando el lugar y se pusieron de nuevo las puertas en su lugar… Por supuesto, permanecí en el Ministerio toda la noche y, a eso de las once, escuché el discurso demagógico de Perón”.

Para los que valoran positivamente esa jornada, de la que se cumple su 75° aniversario, donde el pueblo con “las patas en la fuente” fue protagonista, uno de aquellos que participaron activamente y vieron nacer al peronismo como movimiento nacional fue Alcides Montiel. Dirigente sindical de extracción socialista, fue quien impulsó la Sociedad de Resistencia de Obreros Cerveceros de la Quilmes y Anexos en 1932; luego Secretario General de la Federación de Obreros Cerveceros y Afines, miembro del primer Comité Central Confederal en 1939​, luego Secretario Adjunto en 1943 y Secretario General de la CGT del ‘44 al ‘45.

Se vinculó estrechamente con Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión, al punto que Félix Luna lo menciona como uno de los organizadores del acto del 9 de octubre a la noche, la primera reunión de sindicalistas para responder al desplazamiento de Perón de sus cargos, y que constituyó la delegación de enlace con Perón que organizó el acto de despedida al día siguiente. Protagonista del 17, fue uno de los fundadores del Partido Laborista y, posteriormente, cumplió su rol como diputado nacional del ’46 al ‘52.

“Yo soy un obrero – afirmó Montiel – que trabajé más de veinte años en la Cervecería Quilmes, en la ciudad de Quilmes. Me incorporé a la CGT como miembro de Comité Confederal… En el año 43 se produce la revolución del 4 de junio de ese mismo año, en un momento en que la clase obrera estaba completamente dividida y debilitada… En  ese momento se planteaba para la clase trabajadora un problema: una revolución encabezada  por militares. Y el movimiento obrero argentino tenía muy malos recuerdos de los militares en el campo obrero. De manera que todos los hombres viejos del movimiento obrero estaban en contra…

Pero el gobierno empezó a trabajar, y se creó la Secretaría de Trabajo. La Secretaría de Trabajo fue un bicho que asustó a mucha gente; se decía que era el vehículo por el cual el gobierno iba a someter a la clase trabajadora… Nos acercamos a la Secretaría de Trabajo, y a colaborar con ella. Esa primera comisión que se formó en el local de los Tranviarios estaba encabezada por don Ramón Seijas como Secretario General, que todavía vive (1973), que era del gremio Tranviarios Automotor. Yo era secretario adjunto.

(…)Los señores patrones tenían que firmar convenios por los cuales tenía garantías el obrero, en accidentes de trabajo, en enfermedades, y se escandalizaron… Jubilación no tenía nadie en este país. Los únicos que tenían jubilación eran los del Estado y los ferroviarios… El resto del proletariado no tenía jubilación (…)

Se produce la detención del Coronel Perón, y se inicia un movimiento de que sí y de que no, de titubeos, la CGT en ese momento ya estaba de nuevo en manos de la Unión Ferroviaria… que fueron a ver al General Avalos, Ministro de Guerra en ese momento.   Fue uno de los que mandaron a detener al Coronel Perón. Y bueno, ellos estaban en la duda, porque Avalos les había prometido una serie de cosas…                                

Ahora, en ese interín de vacilaciones y cosas, nosotros hicimos una reunión en la ribera de Quilmes, en un local de los Cerveceros, un campo de deportes. Había una cantidad de dirigentes de la Capital Federal y de la provincia, para declarar la huelga general ya que la CGT no la declaraba. Y la declaramos para el día de 18 de octubre. Y la Confederación General del Trabajo, después de muchos titubeos, también declaró la huelga general para el de 18 de octubre. Y la huelga salió el 17 de octubre.

Fue un acontecimiento que nadie puede explicar con exactitud. Porque la gente salió el 17 de octubre, un día antes de la fecha fijada por la central obrera, y por otro grupo de hombres que nos reunimos al margen de la central obrera. La gente desbordó, pasó por encima de la dirección, de los dirigentes. Ese movimiento del 17 de octubre nadie puede decir yo lo hice: lo hizo el Pueblo movido por un instinto propio y por una voluntad propia. Salió por Perón. La gente hablaba solamente de Perón. Perón fue el que movió las masas con ese poder invisible que sigue ejerciendo sobre la masa trabajadora ¿Cómo? Nadie puede explicarlo tampoco, porque nadie sabe; pero la gente salió a la calle, y se paró los ferrocarriles, se paró los transportes y se paró las fábricas, se paró todo el mundo. Y la gente caminaba para la Plaza de Mayo. Pero sin dirigentes. Qué dicen que Cipriano Reyes hizo, que los otros hicieron, que los de más allá hicieron más: no es exacto. Era un Pueblo atrás de Perón, y una vez que estuvo en la plaza no quería salir de la plaza. Intentaron decirle una cosa, otra, pero el Pueblo no quiso salir de la plaza hasta que no apareciera Perón.

Entonces lo trajeron a Perón de donde estaba, y hasta que Perón apareció, después el pueblo se fue. Esa es la historia, más o menos a grandes rasgos del 17 de octubre. Nadie puede arrogarse la paternidad de ese acto del Pueblo”.

El fragmento del testimonio sobre el 17, incluido en el Boletín de Difusión Interna para el Encuadramiento de la Juventud Peronista N° 6, del 5 de diciembre de 1973, lo podría cerrar con esta expresión de Montiel: “El 17 de octubre es el nacimiento de una criatura y resultó muy linda, sana, robusta. Como consecuencia muchos se arrojan la paternidad del chico. Pero esa criatura tiene un solo padre, como debe ser: es el Coronel Perón”.

Mujeres y varones vivieron una jornada única que hoy, a 75 años de su concreción, marca un ejemplo para el compromiso, sobre todo en este tiempo de crisis económica heredada, cruzado por la pandemia, movilizaciones opositoras y ataques mediáticos.

Uno apoya lo que siente propio y que sabe que pone voluntad, que convoca a una causa colectiva con pasión, solo así se puede recuperar una iniciativa política que hoy asemeja deslucida, más allá de restringir las reuniones para evitar contagios de coronavirus.

Que este 17 nos encuentre con el recuerdo de una Argentina que nació más justa, libre y soberana, la cual hay que reafirmar permanentemente.

*Por Pablo A. Vázquez. Licenciado en Ciencia Política. Docente de la UCES. Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.