Eduardo de la Serna: “El acercamiento de Mugica al peronismo tiene que ver con su acercamiento al pueblo”

¿Cuándo lo conociste al Padre Mugica y qué recordás de aquellos tiempos en los que estuviste junto a él en la Villa 31?

Conocí a Carlos Mugica en el año ’71. En esa época yo estaba en 4to. año del colegio secundario, militando en grupos cristianos y particularmente en esa época, en la mayoría de los grupos de militancia cristiana, lo cristiano estaba totalmente pegado a lo social, todavía no a lo político porque las elecciones fueron en el ’73. Había una estrecha unión entre lo social y lo religioso, yo quería ir a trabajar a una villa y como conocía a una sobrina de Carlos, me conecté con él para ir a trabajar a la 31. Yo iba los martes y jueves a hacer apoyo escolar, era lo que hacíamos en ese tiempo, íbamos a un cuartito que había a una cuadra de la capilla Cristo Obrero, veíamos que estaban haciendo los chicos en el colegio y hacíamos ejercicios en la misma línea de lo que hacían en la escuela. Poco después empecé a ir a misa a la villa los domingos. En una oportunidad apareció además de Mugica, Alberto Carbone y Macuca Llorens, un gran cura de Mendoza, celebrando que Carbone acababa de ser liberado de la prisión injusta por el asesinato de Aramburo. Así que lo único que recuerdo, en un primer momento, era simplemente ir y dar una mano. A Mugica lo veía poco porque él estaba en mil cosas. Por eso yo siempre he sostenido, y sigo sosteniendo, que Mugica no era lo que se dice hoy un “cura villero”. En esa época puede ser que se usara esa palabra, que tiene su origen en un libro de Jorge Vernazza que se llama “Para comprender a los curas villeros”, pero hace referencia a otra cosa. De hecho, Mugica no vivía en la villa y tenía muchas actividades fuera de la villa, por ejemplo, era profesor en la Universidad del Salvador donde tuvo una discusión muy fuerte, que casi termina yéndose a las manos, con Martínez de Hoz. Mugica celebraba misa también los domingos a la tarde en el Instituto de Cultura Religiosa Superior, que era un centro de pensamiento más bien abierto en aquellos tiempos y después se fue quedando en otras cosas. Los sábados a la tarde celebraba, como ya se sabe porque ahí fue asesinado, en la Parroquia del Padre Vernazza, un gran amigo de él. Por lo tanto, él celebraba los domingos a la mañana en Cristo Obrero, pero además tenía muchísimas otras actividades, artículos que escribía, que le pedían de diversos lugares, y charlas a las que también lo invitaban y por las que viajaba por distintas partes del país para tratar de presentar su teología que era bastante sólida. Así que en un principio lo veía poco, pero después con el tiempo empecé a verlo más, inclusive alguna vez me pidió que lo acompañara a una casa en la villa porque a una señora que trabajaba como personal doméstico la habían acusado de robar y entonces estaba muy mal. Recuerdo anécdotas varias de la villa en ese entonces. Recuerdo también que una vez lo invitaron al programa “El Pueblo quiere saber”, lo llamaban de varios programas pero este lo recuerdo particularmente porque nos pidió a tres o cuatro amigos si lo acompañábamos ya que decía que le iban a hacer todas preguntas políticas y él no tenía ningún problema en contestar preguntas políticas pero él era cura entonces quería que nosotros le hiciéramos alguna pregunta religiosa para que quedara claro que no solamente era un hombre que participa en lo político sino que también era un cura; después del programa nos invitó a tomar un helado.

¿Cómo era Carlos Mugica?

Era una máquina. De hecho Alejandro Mayol, uno de sus grandes amigos y compañero de seminario (y de antes de entrar al seminario), decía que Mugica era una bestia, hacía todo como bestia, estudiaba como bestia, rezaba como bestia, jugaba al fútbol como bestia y pegaba como bestia también. Él era así, era una topadora. Por eso inclusive dicen que no se le podía prestar un libro porque  te lo devolvía, pero te lo devolvía todo abierto al medio, marcado, subrayado, él era así. En ese contexto cuando lo conocí bien, se estaba abriendo la jugada política, por eso en el programa ‘El pueblo quiere saber’ las preguntas ya van a ser más políticas y no solo sociales. En aquel tiempo ya se había propuesto la fórmula Cámpora -Solano Lima y él era, en ese sentido, un ferviente defensor, le habían ofrecido ser primero o segundo en la lista de diputados por la Ciudad de Bs. As, y evidentemente hubiera entrado, pero lo rechazó porque era cura, es decir que tenía claro que su vocación era vocación de cura aunque tenía una clara conciencia o injerencia de lo político. Recuerdo que en esa época yo viajaba a Colombia, entonces lo llamé para despedirme y me dijo: “Perón va a venir para Argentina y vos te vas para Colombia”.

¿Cómo fue su acercamiento al peronismo?

Sobre su acercamiento al peronismo solo puedo contestar desde lo que he leído sobre Carlos porque evidentemente, como es sabido, su figura está ligada al antiperonismo en su origen, de hecho su padre era parte del Partido Conservador y había sido Alcalde de la Ciudad de Buenos Aires en ese entonces; también fue ministro de Relaciones Exteriores e incluso cuando, después del derrocamiento de Perón, Isaac Rojas arma una comisión con tres delegados de cada partido para tratar de cercarlo a Lonardi, uno de los tres por el Partido Conservador es Adolfo Mugica, su papá. Es decir, evidentemente hay un marco, un contexto muy antiperonista en su historia. Pero era una persona que no tenía ninguna actitud racista, no tenía esa actitud de sentirse superior o algo por el estilo; iba a la cancha de Racing con el hijo del portero, por ejemplo, cosa que no se lo hubiera permitido un nariz parada de la alta sociedad. Él estaba trabajando con el Padre Iriarte en la Parroquia Santa Rosa de Lima, la que queda sobre la Av. Belgrano, entonces un día iba a los conventillos y ve una pintada que dice “Sin Perón no hay Patria ni Dios, abajo los cuervos”, lo cual le hace sentir que estaba participando de la fiesta de la caída de Perón y el pueblo estaba llorando la caída de Perón; entonces empieza a mirar con otros ojos el peronismo, cada vez con más cercanía, cosa que también van a hacer sus amigos curas por ejemplo Rodolfo Ricciardelli, Jorge Vernazza o Héctor Botan, el primer gran grupo de lo que después se llamó “curas villeros”. El acercamiento (de Mugica) al peronismo tiene que ver con su acercamiento al pueblo. De hecho la famosa frase, típica de la época, “el pueblo es peronista” Mugica la repetía con mucha frecuencia.

¿Cuál ha sido su legado?

Creo que el gran legado que nos deja Carlos es, por un lado su fidelidad a Dios y al Pueblo, él siempre se sintió cura, por supuesto que hacía cosas que creo que no las haría hoy, porque también han cambiado muchas cosas, muchas miradas, pero fuera de todo eso una enorme fidelidad al pueblo y a Dios. Por eso su fidelidad al pueblo lo lleva a ser asesor ad honorem  del ministerio de Bienestar Social que lo manejaba López Rega y cuando ve que las cosas son bastante turbias y que no se hacía lo que se debía hacer, él hace una renuncia pública al ministerio lo cual lo va a llevar a decir después “me parece que López Rega me va a mandar a matar”, porque se había peleado abiertamente nada menos que con la persona más peligrosa que había en la Argentina en ese entonces, que era López Rega.