El angosto equilibrio de la crítica

A lo largo de las últimas semanas comenzaron a circular una serie de ensayos y notas periodísticas publicadas en espacios cercanos al Frente de Todos, provocando diversas reflexiones e intensificando un debate que se venía dando solapadamente entre amplios sectores de militantes y dirigentes respecto de la conveniencia, tiempos, y formas en las que deberían llevarse adelante las discrepancias y críticas al gobierno nacional, a la gestión de algunos de sus funcionarios y al rumbo transitando durante estos primeros catorce meses, de los cuales once se vienen desarrollando en el complejo contexto de la actual pandemia.

Forman parte de este debate quienes afirman que las eventuales críticas al rumbo del gobierno fortalecen al FdT, dejando en claro que la crítica, por más dura que resulte, nunca los haría cambiar su apoyo a favor de la oposición. Se podría definir como una visión crítica inscripta en un contrato de adhesión incondicional teniendo claramente en cuenta que la unidad es el único camino capaz de garantizar la defensa del interés nacional y popular. Demandan una mayor participación en las decisiones centrales del gobierno nacional e incluso están quienes bregan por la institucionalización del Frente de Todos como espacio de debate franco y abierto.

Por último, en una tercera posición, quienes reclaman el equilibrio y la medida justa para encauzar esas críticas, considerando que en un momento complejo como el actual  pueden debilitar al gobierno, sobre todo ante una oposición que está dispuesta a usar las peores armas para desgastarlo y hacerlo fracasar. En otras palabras, la riesgosa estrategia de no hacerle el juego a la derecha.

Entre todas estas posiciones, las más o menos críticas, las más o menos prudentes o destempladas, predomina una realidad que se va imponiendo con el transcurso del tiempo que indica que el Frente de Todos no es ni será la continuidad de los gobiernos kirchneristas, ni por contexto, ni por la conformación y procedencia de varios de sus principales referentes que, incluso hasta último momento, estuvieron enfrentados a Cristina Fernández. Aun teniendo en cuenta que el triunfo de Alberto se apoyó sobre una amplia mayoría de votos provenientes de CFK, como los de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires.

El gobierno de Alberto se encamina a la elección de octubre con la necesidad de un claro triunfo que le permita ratificar el apoyo a su gestión y disponer de mayoría en la Cámara de Diputados. Gran parte de los desafíos pendientes requieren de la aprobación de leyes en el Congreso. Para eso, dos requisitos serán esenciales: que el mayor peso de la pandemia haya quedado atrás y que la recuperación de la actividad económica redunde en una clara mejora en el poder adquisitivo y en las condiciones de la vida de quienes más fueron afectados en los últimos cinco años. Si los salarios van por arriba de la inflación, las tarifas de los servicios públicos por debajo de los salarios, y los alimentos llegan a todos los argentinos, es que se habrán tomado las medidas necesarias, no siempre en concordancia con los intereses de los sectores dominantes.

Entonces los debates y las críticas, tonos y formas, serán otras, no menos importantes en el largo camino de reparación que tiene por delante el campo nacional y popular.