El camino hacia el traspaso del eje de poder mundial

Las señales de tensión dadas por un acelerado rearme a nivel global y especialmente por las grandes potencias militares deben preocupar, y mucho, el futuro de Occidente.

Beijing ha trazado un largo camino desde los tiempos en que la China de Deng se abría al mundo capitalista para recibir inversiones de capital masivas junto a tecnología de punta. Las corporaciones occidentales que vieron una oportunidad de apoyar una política de división del eje sino-soviético se encandilaron por las grandes ganancias que tenían cuando podían fabricar barato en ese país y vender caro en los mercados desarrollados del mundo occidental.

Este proceso se salió de control para los EE.UU., quienes recién con la llegada de Trump percibieron el error cometido, ya que esa política de deslocalización productiva le había dado las herramientas necesarias para que China, que aún permanecía firmemente bajo el ala del PCCh, se desarrollara velozmente.

China ha realizado una planificación consciente y multidisciplinaria de su desarrollo, ganando todo el tiempo posible cuando su diplomacia presentaba al país como una nación modesta que solo quería desarrollarse pacíficamente sin perturbar el orden internacional regido por el mundo anglosajón. Beijing necesitaba que sus capacidades productivas maduraran pasando de la era del desarrollo barato de copias de escasa calidad a la generación de diseños propios, tecnología de avanzada y calidad de primera. 

En definitiva, China seguía los mismos caminos que usó Japón y Corea del Sur para desarrollarse pero con una diferencia notable, la escala china era casi 20 veces mayor que la coreana y 10 veces mayor a la japonesa y con un agravante, la dirigencia china no respondía realmente a las élites financieras occidentales. Se estaba creando un monstruo para occidente.

China sabía que era inevitable que en algún momento su crecimiento sembraría alarmas en EE.UU. y que la respuesta comenzaría a ejecutar un proceso de ahogo y subdivisión de su territorio para que su capacidad sea esterilizada como amenaza. La Carta 08 de algunos intelectuales chinos en el año 2008 y la entrega del Nobel de la Paz a Liu Xiabo, dos años después, no dejaban dudas de que era el segundo intento de producir una ruptura china del sistema como la soviética en los 90, luego de la inicial insurrección aplastada en los sucesos de Tiananmen por el gobierno chino.

La guerra que China sabía que iba a producirse estaba en marcha, el proceso final del occidente anglosajón consistía en una reforma global que les permitiera rediseñar un mundo post Guerra Fría, adecuándolo a las necesidades de las grandes corporaciones financieras, necesariamente debía chocar con la ambición del PCCh de construir una China independiente y con un Estado fuerte. 

Una vez desarrollada su imparable capacidad económica y financiera de forma tal que resultaba ya inocultable para EE.UU. y por demás preocupante, China comenzó una profunda reestructura de sus FF.AA. para hacer frente a la agresión militar que se iba a producir una vez que fallaran otros medios de coerción como las presiones diplomáticas, la prohibición de exportar tecnologías sensibles, la negación de mercados y de un bloqueo económico creciente.

El gasto militar fue creciendo, y China pasó de un presupuesto militar en el año 2010 de 129.359 millones de dólares a 244.934 millones de dólares en el 2020, prácticamente duplicando el monto destinado a Defensa. En ese mismo período EE.UU. bajó su gasto militar un 11,4%, lo que combinado con el costo más alto de producción local y los negociados de la industria militar en complicidad con los altos mandos del Pentágono y los funcionarios civiles con poder de decisión, han generado una peligrosa situación actual de obsolescencia e incapacidades militares crecientes.

No solo eso, sino que las políticas internas han metido la cola en las capacidades militares estadounidenses. Kathleen Troia McFarland, ex viceconsejera de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, ha advertido recientemente sobre la pérdida de capacidades navales en el desempeño de los marinos debido a que su tiempo de entrenamiento es empleado en recibir capacitación en temas relativos a conceptos como la tolerancia racial o de género y no en entrenamiento real para operar sus equipos de navegación y combate.

Un video que ha circulado en Internet compara las campaña de reclutamiento entre las FF.AA. rusas, china y de EE.UU., ejemplificando los distintos objetivos manifiestos en el mismo y que son el reflejo de la situación actual ante las políticas impulsadas donde contrasta la voluntad de combate y defensa de la patria de los jóvenes chinos y rusos con una animación de una chica hija de una pareja de lesbianas que luchaba por los derechos civiles y que luego decidió ingresar a las FF.AA.

Kathleen Troia McFarland, ex viceconsejera de Seguridad Nacional de los Estados Unidos

El impulso militar de China la ha llevado a tener hoy una marina con 359 unidades superando a las 293 de EE.UU., aunque en tonelaje bruto los norteamericanos duplican aún a la del país asiático, algo que se seguirá modificando debido al ritmo de crecimiento que la la llevará en una década a superar holgadamente las capacidades de Washington.

Otro ejemplo del potencial chino es que hoy posee dos cazas de 5ta generación, el Chengdu J-20 y el Shenyang J-31, cuyas capacidades en constante evolución rivalizan con las de los F-35 y F-22,  y que para agravar la preocupación occidental, serán producidos masivamente, algo que Rusia no está en capacidad de hacer.

China también ha decidido duplicar su arsenal nuclear y se cree que solo se detendrá cuando sus capacidades en ese área sean similares a las de EE.UU. y Rusia. Como podemos ver, los asiáticos han entrado de lleno en la segunda parte de su plan de desarrollo construyendo una capacidad militar que puede contener a los EE.UU. y defender las rutas de comercio y abastecimiento. Misiles antibuque, desarrollo de radares que detectan aviones furtivos y un bombardero furtivo pesado estratégico Xian H-20, son solo algunos de los pasos que están dando para garantizar sus capacidades.

Bombardeo Xian- H20

Cazas 5ta. generación operativos en el mundo

Mientras tanto, EE.UU. comienza a tomar nota de la situación y busca readecuarse a los nuevos tiempos, las sanciones económicas crecen y la guerra comercial se instala, pero Washington sabe que así solo se puede ganar tiempo tratando de hacer más lento el avance sino-ruso, aunque la dinámica es tal que no podrá contenerlos por mucho tiempo.

Por ello busca acotar los negocios corporativos militares, por ejemplo, la fuerza aérea dejará de comprar nuevos F-35 Lightning II, asumiendo sin decirlo explícitamente, que este desarrollo es una apuesta fracasada por costos y la eficiencia final del aparato que debía ser la espina dorsal de las FF.AA. de EE.UU. El F-35 debía reemplazar todos los cazas que cumplían distintas funciones como los F-15 F-16, F-18, y demás aparatos en servicio en las tres ramas tradicionales.

La compra de un remodelado F15EX es un ejemplo de cómo se tuvo que apelar a conceptos exitosos pero anticuados para poder hacer frente a los desafíos actuales. El misil hipersónico AGM-183A que EE.UU. está probando es otra muestra más del atraso; Rusia ya pone en servicio a sus misiles hipersónicos aventajándolo en varios años que aún demandará el desarrollo debido a los desafíos tecnológicos que requieren.

Rusia ha venido desarrollando nuevos y revolucionarios equipamientos militares en distintas áreas sensibles que van desde la naval a la espacial, incluyendo el espectro electromagnético y el ciberespacio y ha comprometido la supremacía de EE.UU. Los resultados de ese intenso trabajo comienzan a sentar las bases de una capacidad ya no solo de disuasión nuclear -que nunca había perdido del todo- sino que establece, por primera vez, una capacidad militar no nuclear capaz de rivalizar.

Sería interminable la lista de proyectos fallidos que han debido dejarse de lado como fue asimismo el caso de los buques de combate de litoral (LCS) que han sido retirados del servicio casi sin uso. La situación es altamente preocupante cuando se considera además que sus capacidades merman con el tiempo mientras que sus enemigos crecen, acortando las ventajas que se supieron tener, y la condición de su aliado más importante tampoco ayuda, el Reino Unido también está sumido en problemas y los 20 mil millones de dólares adicionales que Boris Johnson destinó a Defensa no cambiarán las circunstancias.

La patética situación de la armada británica es reveladora, sus portaaviones Prince of Walles y Queen Elizabeth no han podido contar con los aviones embarcados necesarios para completar su dotación ya que son demasiado costosos y han debido partir con faltantes cubiertos en parte con algunos alquilados a los EE.UU.

Para completar la humillación, los destructores escoltas de esos portaaviones pertenecientes al  nuevo Tipo 45 han tenido las ya anunciadas fallas en su planta motriz y el último en servicio ha quedado varado. De los 6 que debían estar operando, ninguno está apto y la bravuconada británica de ir a operar al Mar de China deberá contar con el auxilio de algún otro destructor de la OTAN que se preste a cumplir la función de protección.

Un último dato preocupante para la OTAN es que el destructor iraní Sahand y el buque logístico Makran, que para esta organización se dirigían a Venezuela o a Cuba y fueron vistos navegando por el Atlántico, aparecieron en las costas de San Petersburgo para participar en los festejos de la Armada rusa, atravesando el Báltico sin que los occidentales lo advirtieran a tiempo, un hecho gravísimo que pone en duda las verdaderas capacidades de monitoreo de la Alianza.

Destructor Tipo 45 de la Royal Navy

Es notable entonces ver cómo el cambio de poder económico que hemos visto en el mundo en los últimos años se empieza a reflejar también en el terreno militar, y eso explica la creciente dureza de Rusia en las zonas de seguridad y de China en la suya. Readecuar las capacidades militares de Occidente para mantener la superioridad parecen una ilusión cada vez más lejana, la economía no lo permite, la tecnología es insuficiente, el desorden político interno afecta la moral de combate y el tamaño de semejante empresa entierra cualquier posibilidad.

Y precisamente esta situación es lo más peligroso para la paz. A las élites occidentales les queda poco tiempo de predominio antes de que pierdan su maltrecha hegemonía. Esto es lo que explica seguramente el acelerado cambio de políticas culturales promovido y la creciente agresividad, no solo contra Rusia y China sino contra otros numerosos países. Si quieren mantener su hegemonía sólo lo podrán realizar por medios militares pero el tiempo disponible es escaso, ya nada asegura su victoria y en el futuro cercano la situación se agravará.

Simplemente la situación se resume en ahora o nunca, se ha hecho demasiado tarde para asegurar el resultado, pero la demora en actuar sellará definitivamente el traspaso del eje de poder mundial. Lo saben y por ello los próximos años, el próximo lustro, será determinante para el futuro de la humanidad.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.