El declive militar de Estados Unidos

El arribo de Joe Biden a la Casa Blanca trajo un acelerado incremento de las tensiones militares en varios teatros de conflicto simultánemente: norte de Siria, el Mar Negro, Donbass, Crimea, el Báltico, el Estrecho de Taiwán, el Mar de China u Oriental, y la lista de puntos que se recalientan llevando al mundo a una escalada tan o más peligrosa que la que vimos durante la Guerra Fría, prácticamente interminable.

Esta situación, contrariamente a lo que la mayoría de los analistas internacionales suponen, se basa en la crítica situación militar por la que está atravesando EE.UU. y que muchas veces por la falta de información o la propaganda, no es posible visibilizar con claridad por parte de quienes no siguen con atención la evolución de las FF.AA.

En las guerras actuales vemos un desarrollo de distintas facetas de enfrentamiento de orden cultural, financiero, económico, psicológico, espacial, ciberespacial, y otras que constituyen una guerra plurimodal de distintas fases y que han desarrollado en su obra Las guerras irrestrictas dos oficiales del Ejército Popular de Liberación, Qiao Liang y Wang Xiangsui, teoría que simplificada ha llegado a Occidente de la mano de la US Navy y su más conocida Guerra Híbrida.

Sin embargo, y recordando cómo Mao Zedong definía que el poder nace de la boca de un fusil, todas estas etapas y fases no son más que la preparación de una guerra cinética donde el enfrentamiento a través del choque militar termina por definir quien se impone.

Como la historia demuestra, el ganador de un conflicto a escala mundial determinará el modelo a seguir desde la economía hasta el Derecho Internacional que se adecuarán a sus necesidades.

Este proceso de “ablande” del enemigo de la guerra híbrida puede llevar a una victoria dónde éste ni siquiera presente lucha o lo haga en una forma debilitada por lo que la victoria sea fácil de conseguir y a bajo costo tanto en recursos materiales como en vidas humanas. Pero en definitiva, el poder militar es quien resolverá el conflicto en última instancia.

EE.UU. llegó a la cúspide de su poderío militar en los 90 cuando simultáneamente se quedó sin un enemigo de su talla. Desaparecida la URSS y con China aún en las gateras, decretó el fin de la historia aunque como hemos visto posteriormente esta idea fue un poco apresurada. José Zorilla en su obra Don Juan Tenorio decía: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”; algo que Fukuyama debió considerar.

La euforia triunfadora fue tal que no habiendo competencia, el viejo complejo militar industrial de  EE.UU. ya no necesitaba gastar enormes fortunas en tener los mejores sistemas de armas sino que era posible maximizar las ganancias en costos de fabricación y el diseño, total no había nadie que pusiera a prueba sus productos.

Luego de un período inicial donde los analistas del sistema creían cándidamente que no habiendo enemigo a la vista se reduciría el presupuesto militar y entraríamos en una era dorada de paz, la realidad  de los intereses económicos se hizo presente.

No pasó mucho hasta que el tiempo puso las cosas en su lugar, y mientras el capitalismo financiero se desarrollaba exponencialmente creando las burbujas que luego se harían presentes y condicionantes de la realidad, el complejo militar impulsaba el gasto en defensa hasta los actuales 750 mil millones de dólares, unas 12 veces el presupuesto ruso y llegando a poco menos del 50% del gasto total.

Solo China con sus 250 mil millones se asoma como rival presupuestario, y si bien se acerca, aún está lejos del estadounidense.

Un problema habitual en los análisis internacionales es tomar la capacidad militar en función de la totalidad del gasto, así como un sistema sanitario o educativo puede ser muy costoso y francamente deficiente, en el área militar sucede lo mismo.

Como el sistema de salud de EE.UU. es el más caro del mundo per cápita y sus resultados terminan siendo cercanos a un país tercermundista y su sistema educativo ha decaído notoriamente, el complejo militar sin las presiones de competir con otro rival militar ha relajado sus controles y sus objetivos no son ya los de garantizar tecnología y confiabilidad de primer nivel sino los de obtener enormes ganancias.

Total, ¿cuál es el problema, pensaron, si los magros presupuestos rusos no son una amenaza y apenas reflejan el gasto militar de un país al borde de la desintegración? 

¿China? Apenas una factoría barata que no amenaza nuestros intereses y permite grandes ingresos.

Hollywood y la prensa globalista se encargaron de potenciar esa sensación, agigantando la imagen de una técnica militar muy superior al resto del mundo, ¿o no habíamos visto como en la Guerra del Golfo EE.UU. aniquiló al ejército de Saddam Hussein sin tener bajas propias más que por accidentes?

Nadie dijo nunca que el millón de hombres iraquíes jugaban en otra división, sus tácticas y equipos estaban obsoletos contra unas fuerzas armadas que disponían de un equipamiento vanguardista para la época y diseñado para luchar contra un enemigo formidable como los soviéticos.

La columna vertebral de las FF.AA. norteamericanas estaban compuestas por flotas encabezadas por portaaviones colosales con sus F18, sus destructores clase Arleigh Burke, sus misiles Tomahawks, sus cazas F16, sus F15, hasta tenían un bombardero invisible a los radares como el F117 Nighthawk, todo era de ensueño e imposible de enfrentar.

Los tanques Abrams M1, los submarinos Virginia o los Sea Wolf que venían a sustituir a la clase Los Ángeles, mostraba que EE.UU. era imbatible.

F-117 Nighthawk                                           Destructor Clase Arleigh Burke

Pero los años pasan y la historia es dinámica. Hoy, más de tres décadas después, la espina dorsal de las fuerzas estadounidenses son las mismas, aggiornadas, modernizadas, pero esencialmente las mismas, aunque en la retina de muchos aún perdura ese EE.UU. y no el actual.

Rusia se puso de pie y aprovechó la tecnología soviética para dar un salto cualitativo, si bien no tiene la cantidad de unidades que EE.UU., lo supera largamente en calidad en los sistemas de última generación y de carácter estratégico.

Veamos un ejemplo, EE.UU. mantiene el tanque Abrams mencionado, ahora en su versión A1M3 SEPV3, pero que no es más que una modernización del anterior, un tanque que comenzó a producirse hace más de 4 décadas. Rusia ya produce en cantidades limitadas el T 14 Armata, una plataforma que además permite otro tipo de productos optimizando costos.

El T14 tiene la tripulación reducida y aislada para preservar su vida en caso de que se perfore el blindaje, mejor cañón, más alcance, más precisión, más agilidad, mejor blindaje y está diseñado para operar sin tripulación.

La tecnología del T14 es la más alta a nivel mundial superando con creces al Abrams, una historia que se repite en muchos campos.

Solo tomaremos algunos ejemplos ilustrativos, mientras los EE.UU. producen los sistemas antimisiles Patriot PAC comparable con las nuevas versiones S300 rusas, estos aún tienen los S400 Triumph, más baratos y eficientes que su rival, tanto que llevó a adquirirlo un miembro de la OTAN como Turquía.

Rusia lo exporta pese a ser tecnología sensible porque ya pone en marcha los S 500 Prometei, un sistema integrado de misiles hipersónicos que tiene capacidad para atacar satélites en órbita baja, blancos terrestres y marítimos en un radio de 1.000 km.

Y hablando de misiles hipersónicos, Rusia ya ha desarrollado y está poniendo en servicio los Kinzhal y los Tsirkón. Estos misiles, que para ser considerados hipersónicos deben superar los 5 Match, son imposibles de detener con los sistemas antimisiles de EE.UU. actuales y se estima que necesitarán entre 10 y 15 años para desarrollar un sistema capaz de interceptarlos.

Rusia además ha diseñado un planeador hipersónico Avangard, una cápsula de reentrada a la atmósfera que en caída libre, sin motores, puede alcanzar una velocidad que se aproxima a los 30 match y lo hace no en una caída recta y previsible sino con alta maniobrabilidad. 

El Avangard se monta, entre otros, en los misiles Sarmat prontos a entrar en servicio, el Avangard no solo es indetenible sino que es incomparable con su equivalente estadounidense.

EE.UU. solo puede oponer los viejos, aunque modernizados, LGM Minuteman III que están en servicio desde el año 1962 y que apenas pesan 35 toneladas contra las 200 de los Sarmat. Palillos de dientes apenas, se burlan los rusos.

Los Minuteman III no solo están obsoletos sino que además presentan dudas sobre sus capacidades reales de funcionamiento por su antigüedad. El reemplazo con los nuevos misiles surgidos del programa Ground-Based Strategic Deterrent (GBSD), anteriormente conocido como Minuteman IV, sigue esperando ser puesto seriamente en marcha.

Donald Trump tenía razón cuando decía que había que modernizar la flota de los 400 misiles Minuteman III ya obsoletos, pero el costo de más de 1,3 billones estimados ha hecho que se barajen otras consideraciones como una modernización de los ya existente y “estirarlos” hasta el 2070, por una módica suma de apenas 270 mil millones de dólares.

La lista de problemas del arsenal de EE.UU. es interminable. El programa del F 35 Lightning II ha costado más de un billón y medio en dólares pero alumbró un aparato lento, sin post combustión supersónica, monomotor, de escasa maniobrabilidad y con más de 300 fallas de consideración que el Pentágono, luego de reclamar por más de una década, debió resignarse a que nunca se solucionarían. 

Tan caro y malo ha resultado el proyecto estrella de la Lockheed Martin que se ha reducido el Pentágono desde la idea inicial de adquirir más de 2.500 para satisfacer todas las necesidades del país, a pocos más de 600 y buscando reemplazar el resto por un nuevo caza de sexta generación aún en fase de diseño; mientras tanto, reflotar versiones como la desechada por obsoleta y vuelta a considerar del modernizado F 15EX, un diseño que pese a sus años es considerado mejor que el F35.

Los problemas de EE.UU. no son nuevos. El publicitado F117 Nighthawk en los 90 fue derribado por un equipo obsoleto en la guerra de Yugoslavia. Su reemplazo invisible también,  F 22 Raptor, el mejor producto del país en esa categoría fue “visto” por un avión ruso en Siria y el F 35… bueno… el F35 ha sido visible hasta por los manpads que usaron los palestinos en el reciente enfrentamiento en Gaza con Israel.

EE.UU. produce hoy caro y malo, con el agravante que el gigantesco presupuesto militar es insuficiente para sus necesidades. Los submarinos clase Los Ángeles iban a  ser reemplazados por 28 submarinos clase Seawolf pero por falta de fondos solo se produjeron 3.


F-35 Lightning II        

Submarino Clase Seawolf

Los portaaviones clase Nimitz deben ser reemplazados por los nuevos Gerald Ford, pero el primero botado desde hace casi un lustro viene luchando contra sus limitaciones funcionales al punto tal que sus catapultas no funcionaban y se estima que el buque está apenas un 50% operativo pese a los 13 mil millones de dólares que salió su construcción.

Los destructores Arleight Burke debían ser reemplazados por el costoso y “furtivo” clase Zumwalt, pero una vez más, por alto precio, pobremente armado y con constantes fallas, el proyecto naufragó y solo se fabricaron 3.

El Zumwalt se basaba en una arquitectura modular que no solo abarataría hipotéticamente costos sino que además se podría modernizar cambiando los módulos obsoletos. Rusia asumió el desafío de la construcción de buques modulares con la corbeta Merkuri, veremos si su proyecto es más viable que el estadounidense, pero al menos es mucho más económico.


Destructor Clase Zumwalt


Portaaviones Gerald Ford

Los nuevos Buques de Combate de Litoral LCS, se idearon como una solución para potenciar la marina. El diseño ha sido tan malo que luego de fabricarse apenas cuatro, se decidió no solo no continuar la producción sino dar de baja a los existentes.

A fin de no extender esta nota vamos a detenernos aquí habiendo demostrado que EE.UU. tiene unas FF.AA. sobredimensionadas pero que están al borde de la obsolescencia por décadas de negociados y subestimaciones que han conducido a un virtual desastre del que ahora no consiguen salir. Los proyectos nuevos van de fracaso en fracaso, sus misiles hipersónicos llevan al menos una década de ensayo y aún están lejos de ser considerados, los cañones de riel  y los láser tampoco han rendido lo esperado. Asimismo, estas FF.AA. pierden capacidad rápidamente y su reacondicionamiento es espantosamente costoso y aun disponiendo de las inversiones de capital, necesitarán décadas para desarrollar las tecnologías de vanguardia. Rusia le ha sacado, en los sectores claves, al menos 10 años de ventaja y también China en algunas áreas los ha superado, con el agravante para EE.UU. que el país asiático tiene una productividad que masifica sus equipos a tal punto que la marina china ha superado en número de unidades a la de los norteamericanos, aunque no en tonelaje bruto.

China aún necesita entre una y dos décadas para superar a EE.UU. porque carece de experiencia de combate, fabrica más barcos que los que puede tripular eficientemente, pero aún con estas consideraciones, sus desarrollos son notables.

EE.UU. se encuentra en una encrucijada, su poderío hoy está sobredimensionado, sus capacidades militares se pierden y combinadas con el ascenso ruso y chino la situación se agudiza. Si quiere mantener la primacía mundial necesita actuar contra reloj porque cada día que pasa sus posibilidades se recortan, tanto económicas y tecnológicas como militares.

Contrariamente a lo que suponen analistas y estrategas varios, el presupuesto no determina quién es más poderoso. EE.UU. gastando 12 veces más que Rusia no es 12 veces más poderoso, China triplicando a Rusia no es tres veces más poderosa ni Arabia Saudi con un presupuesto equivalente a Rusia podría competir militarmente con este país.

Presupuesto militar año 2020:

La situación es más compleja y requiere un análisis de la cuestión militar más profundo a fin de no equivocarse en las estimaciones y a partir de allí, en los análisis posteriores. EE.UU. no puede sostener la carrera militar, Biden y su gente quieren aprovechar lo que les queda para frenar a sus enemigos, pero ya es demasiado tarde si se es pragmático. Trump lo había entendido y por eso se retiraba del papel de gendarme mundial que ahora buscan retomar.

Rusia tiene la capacidad, no de controlar el mundo, pero sí de causar un daño intolerable a quien la ataque, China está cerca de ello también. Para EE.UU. es ahora o nunca, pero si es ahora el costo puede terminar por ser la autodestrucción y en el mejor de los casos una victoria pírrica.

Claro está que eso es así para EE.UU., pero para aquellos que promueven la globalización y que creen que el mundo está superpoblado y que sería más eficiente para sus intereses un mundo sin Estados poderosos, la guerra bien puede ser la herramienta para sacárselos de encima y tener la oportunidad de un rediseño a su medida. 

Ese es el mayor peligro que enfrentamos porque esos sectores, que no tienen Patria y no están físicamente en un Estado sino en muchos a la vez, pueden salirse con la suya en el conflicto que están impulsando.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.