“El FMI intentará condicionar estructuralmente a la Argentina”

Extracto de la entrevista al exvicepresidente Amado Boudou en el programa radial “No estoy solo”.

En relación al acuerdo con los acreedores se logró una quita de intereses sobre una parte de la deuda y eso permite un ahorro que algunos estiman en 40 mil millones de dólares ¿Creés que fue un buen arreglo?

Creo que sí. Para pensar este tema lo primero que hay que hacer es ponerlo en contexto y entender que el Gobierno de Alberto Fernández asume con una situación imposible de sobrellevar por la deuda que generó Macri, porque no es una deuda que “se generó”: la generó Macri y llevó adelante un proceso de endeudamiento masivo, atroz, veloz, profundo, que también incluyó a las provincias. Este es el panorama que encuentra el Gobierno y toma la decisión de ponerlo como una de las prioridades en la agenda económica. A partir de eso y para llevar adelante esta negociación, armó un equipo que tiene la característica de no tener los pies de los dos lados del mostrador. Puede parecer obvio lo que digo pero en Argentina, como dice Cristina, nada es obvio. Mirando los cuatro años de Macri nos damos cuenta que esto ha sido una novedad y empieza una negociación compleja, ardua, hasta que finalmente se llega a un acuerdo en tiempos razonables, un acuerdo positivo para la Argentina, razonable para los acreedores y que muestra que el Gobierno tiene responsabilidad sobre estos temas, aun en una situación como la del coronavirus. Tiene dos tipos de cuestiones positivas para el país: por un lado, despeja los próximos cuatro años desde el punto de vista de carga de deuda, esto hay que pensarlo desde el punto de vista fiscal y desde la necesidad de generar dólares; por otro lado, abre la posibilidad a empresas de envergadura del sector privado de poder acceder a créditos a tasas más bajas en mercados internacionales. Además también hay que verlo en clave política porque esto marca que el gobierno se propuso una acción y la concretó rápido y bien; además fortalece y robustece la figura presidencial y el rol de la política en el área económica. Por otra parte, me parece que le quita herramientas de especulación a aquellos que siempre quieren hacer pequeños golpes de mercado desde las cuatro manzanas, como dijo Alfonsín, porque ya sabemos lo que pasa en Argentina cuando eso empieza.

Esto fue bueno sin ‘peros’. A partir de ahora se abre otro interrogante que es el tema del Fondo Monetario Internacional. Me parece muy saludable que funcionarios importantes del Gobierno hayan dicho que no va a ser rápido ni fácil porque, efectivamente, creo que la situación que dejó Macri hace que lo del FMI sea más difícil y más importante para la Argentina que el tema de los acreedores privados. No nos olvidemos que una de las medidas trascendentes que tomó Néstor Kirhcner para poder poner a la Argentina de pie fue decirle “chau” al Fondo. En el actual contexto y culpa de la deuda que dejó Macri, no puede hacerse en los mismos términos, habrá que tener mucha cintura, mucho sentido, para avanzar en esto.

¿Cuáles son las medidas estructurales en las cuáles debería avanzar el gobierno independientemente del acuerdo logrado y del acuerdo que se debería lograr con el FMI?

Son como caminos paralelos. Con lo del Fondo tengo mucha desconfianza y lo que humildemente creo, como decía Néstor, con mi verdad relativa, es que habrá un intento de condicionar estructuralmente a la Argentina. Es tan atroz lo que ha hecho Macri que Argentina es el principal deudor del Fondo y hay 200 países. Ahora el FMI va a tratar de explicar por qué es culpa de Macri pero el programa de Macri estaba muerto y enterrado en el 2018 por eso tuvo que ir a este organismo multilateral, un fracaso del sentido político económico que pretendía darle Macri a la Argentina. Entonces, si bien la responsabilidad central es de Macri y su equipo, el FMI también tiene una gran responsabilidad. Creo, sin lugar a dudas, que el FMI va a intentar que en Argentina haya una reforma laboral y una reforma previsional, escondidas y disfrazadas, pero va a haber un intento, una presión muy fuerte en este sentido. Desde mi punto de vista es uno de los principales problemas que va a enfrentar la Argentina en los tiempos que vienen porque justamente lo que va a intentar el Fondo, que es lo que viene intentando con la economía global desde fines de los años ‘50, es mantener al dólar como patrón del funcionamiento de la economía a expensas de las posibilidades de desarrollo y mejora de la calidad de vida en los países de África, América y Asia. Considero que esto se va a profundizar en esta etapa. No creo que haya un Fondo bueno ni razonable y lo vamos a ver muy pronto porque otra de las pésimas cosas que hizo Macri fue meter a la Argentina en una pelea entre Washington y New York, entre el FMI y Wall Street. Se dice que el FMI quiso ayudar a nuestro país pero si hubiese querido ayudar hubiera dicho “te hago una quita, te doy un plazo de espera”. Sin embargo el Fondo dijo “que te ayuden ellos”. Entonces fue una pelea entre acreedores. De ninguna manera podemos pensar que el Fondo ayudó a la Argentina sino que te diría que la forzó a que sea el primero que arreglara en pandemia.

¿De qué se trata la renta básica universal? ¿Ves posible su aplicación en Argentina?

Creo que el Gobierno ha tomado medidas muy importantes y significativas haciéndose cargo del tema de la pandemia desde el primer día y esto tampoco es una cuestión obvia porque al observar lo que ocurre en otros países, la mayor parte de los gobiernos no se han hecho cargo de la situación, por ejemplo, cuando uno mira a Bolsonaro, a Trump o a López Obrador, han mirado para otro lado. Creo que Alberto Fernández tomó decisiones muy positivas aun sabiendo que esto no tenía un rédito político sino, por el contrario, puede que para un sector de la población parezcan antipáticas pero son situaciones positivas y de cuidado de la vida. Y en ese camino no solo avanzó en el tema de la salud sino también en el tema económico con medidas como el IFE o con el hecho de complementar los sueldos de algunas empresas, es decir, implementar una política de ingresos para sostener la demanda agregada en términos macroeconómicos y la vida concreta de las familias. No solo tiene una importancia coyuntural central sino que también permite explicitar una lógica que trata de ser ocultada por los grandes poderes concentrados y por los medios concentrados que viven de sus anunciantes y con intereses que no tienen nada que ver ni con la vida, ni con la igualdad, ni con el desarrollo de las sociedades. Me parece que se ha abierto en la Argentina la posibilidad de hablar sobre ingresos universales o rentas universales. Hay distintos planteos en la literatura académica y política sobre este tema. Lo primero que quiero señalar es que llamemos a las cosas por su nombre: ingreso universal es una cosa, las políticas focalizadas de ingreso son otras y las políticas de trabajo son otras; si queremos mezclar todo quizás terminamos arruinado los conceptos cuando se trata de cosas que son todas útiles y valiosas por sí. No hace falta ponerle otro nombre. Si alguien tiene idea de una política para sostener puestos de trabajo no tiene nada que ver con la renta universal y es valioso de por sí. Porque cuando uno ve que se dice “vamos a hacer una política de renta universal que va a llegar a un millón y medio de personas y va a tener que ver con la actividad de cuidados en el hogar”, es como que se mezcla todo y no se está hablando de nada; entonces se le está restando valor a todos conceptos importantes porque la cuestión del feminismo y las tareas de cuidado son importantes de por sí, no necesitan estar vinculadas a la renta universal, y una renta universal, para que funcione, tiene que ser universal, no debe tener contraprestación porque si no es otra cosa.

La renta universal atiende a un fenómeno que viene desde los años ‘80 hasta la actualidad, que es que la productividad crece a ritmo muy fuerte cada año y, sin embargo, cada vez hay más concentración del ingreso y la riqueza. Esto sucede, por un lado, porque hay nuevas tecnologías pero también el marco legal en el que se opera hace que haya cada vez menos manos en las cuales queda la incorporación de la tecnología en la vida humana. Entonces lo que vendría a proponer la renta universal es que institucionalmente la incorporación de capital y de tecnologías sirva al conjunto de la humanidad y no a pocas manos como está sucediendo en el mundo hoy.

¿Por qué sería justo que fuera universal para los 40 millones de argentinos tanto para los ricos como para quienes más lo necesitan?

Creo que tiene que ser para todos porque es un punto de encuentro que iguala a toda la sociedad, es un lugar de encuentro social y la política tributaria debiera ser la que marca la diferencia. Obviamente requiere una profunda modificación tributaria. Nosotros para poner en marcha la Asignación Universal primero recuperamos el sistema previsional, no lo hicimos sin saber para dónde íbamos. Entonces no se puede hablar de la renta universal o del ingreso universal sin tener una idea, más o menos clara, de cuál va a ser el financiamiento. Para quienes piensan que esto se puede financiar todo con emisión… -está claro que yo no soy un monetarista y creo en la soberanía monetaria-, pero si vos no acompañas una medida como ésta con recursos que salen de la actividad diaria, vas a terminar empeorando la distribución.

Mencionaste justamente el monetarismo y en los medios uno observa que se toma en cuenta nada más que las posturas de economistas neoliberales que, en general, ponen el acento en una enorme presión impositiva que habría en la Argentina ¿Efectivamente hay una presión impositiva alta en el país y en todo caso qué tipo de medidas puntuales habría que realizar en la línea de una modificación impositiva para hacerse de los recursos y eventualmente avanzar hacia una renta universal?

El 50 por ciento de los ingresos tributarios, en números gruesos, corresponden al impuesto al valor agredado, es decir, un impuesto al consumo y alrededor del 30 por ciento corresponden a impuestos a los ingresos de las personas y rentabilidad de las empresas. Esa es una situación inaceptable que hay que modificar y es una de las grandes cuestiones que quedó pendiente en la década ganada. Hay que tener en claro que el sector público, para dar respuestas, necesita recursos. Entonces hay que tener mucho cuidado con los cantos de sirena. Recordemos que hace dos o tres años vino el cuento de que era importante bajar los impuestos a los alimentos de primera necesidad y eso está claro que fue una mentira y una medida muy nociva porque los precios de los alimentos no bajaron y ese cambio fue solo a mejorar la rentabilidad de los supermercados y de las empresas concentradas productoras de alimentos. Entonces esto hay que llevarlo adelante con mucha seriedad y sin slogan porque lo que hay que hacer es no bajar la masa de recursos del sector público y encontrar un mecanismo por el cual los aportes de los distintos sectores de la sociedad sean más justos y más equilibrados.

¿Por qué el ingreso universal no debería suponer una contraprestación y qué tipo de mecanismos se pueden generar para conseguir ese dinero?

No tendría que tener una contraprestación porque estarías debilitando más aún la capacidad negociadora de las trabajadoras y trabajadores en un mercado en el que ya de por sí la balanza está muy inclinada en contra de las mayorías. Entonces lo que necesitás es que, en términos peronistas o kirchneristas, esta renta universal sea un mecanismo que empodere a las trabajadoras y trabajadores, un piso en el cual discutan con el capital, no que pierdan capacidad de negociación.

Fijate lo que viene pasando con las leyes laborales, uno escucha en la prédica de los medios masivos y también en ámbitos académicos, que el problema de la economía son las leyes laborales, y si eso fuera verdad, sería verdad que los trabajadores están explotando a los capitalistas. Pero eso no lo verifica la realidad porque cada vez hay menos que se quedan con más y más que se quedan con menos. Necesitamos leyes laborales con cuatro horas de trabajo y participación de los trabajadores en las ganancias, es decir, hay que tener mucho cuidado con el mal llamado ‘mercado de trabajo’, que es la relación social entre trabajadores y dueños del capital. Lo otro que hay que despejar es que no existe esa idea de ‘capital humano’ que ha desarrollado el neoliberalismo: hay mujeres y varones que tienen saber, experiencia, conocimientos pero no capital. Querer unificar lo que tiene Bill Gates con lo que tiene una persona que desarrolla su trabajo en la fábrica me parece que es una perversidad adicional de la semántica del neoliberalismo, son cosas que no tienen nada que ver.

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