El Fondo puede esperar

El ministro de Economía, Martín Guzmán, viajará la semana próxima semana a Washington en otro paso del proceso de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional con vistas a un acuerdo, o plan de facilidades extendidas que, se estima, podría ser de un plazo de 7 a 10 años por el crédito stand-by que otorgó el FMI al gobierno de Mauricio Macri en 2018. Vale recordar que el monto aprobado por el Directorio del FMI fue de 57.000 millones de dólares, de los cuales ingresaron al país entre 44.000 y 46.000 millones (el monto del crédito se mide en Derechos Especiales de Giro, que registra variaciones respecto del dólar).

Es sabido que el nivel de irregularidades cometidas por el Fondo en la aprobación del crédito, contrariando su propio Estatuto debido al inédito y elevado monto (el más alto de su historia otorgado a un país), no fue un descuido o fruto del enamoramiento entre Macri y la entonces presidenta del FMI, Christine Lagarde, sino un claro apoyo político de los principales países miembros, con Estados Unidos a la cabeza, para apoyar otro período presidencial de Macri. Por si cabía alguna duda, esto fue confirmado públicamente por Mauricio Claver, funcionario clave de Donald Trump para América Latina, explicando que el crédito se aprobó en el marco de una decisión geopolítica del gobierno norteamericano para evitar el regreso “populismo” en la Argentina.

En la aprobación del desembolso, el Fondo no impuso ninguna condicionalidad o restricción para evitar la fuga de esos dólares. De hecho, estaba claro que lo que ingresaba por una ventanilla saldría por otra. De esta manera, el Fondo facilitaba continuar con la formación de activos en pesos a dólares, y a que todos aquellos que habían quedado enganchados en operaciones financieras en pesos pudieran salirse de esas posiciones con dólares.

También vale recordar que las condiciones de devolución del crédito resultaban, desde el mismo momento de la aprobación del Directorio, impagables (plazo de cuatro años). Lo sabían ambas partes, el Fondo y el expresidente Macri. Si no había reelección de Macri serviría para condicionar al próximo gobierno, y si Macri era reelecto, y como siempre, en cada “salvataje” del FMI, quedaba abierta la puerta a extensiones y renegociaciones de plazos e intereses para que la deuda sea interminable. Ahí está la estrategia del Fondo, y así despliegan y sostienen sus conocidas condicionalidades o Programas.

A todas luces, el acuerdo entre el Fondo y el macrismo resultó no sólo una estafa a todo el pueblo argentino en beneficio de unos pocos sino, además, la ratificación de un modelo económico que se apalanca en base al endeudamiento externo. El neoliberalismo en la periferia funciona en base a endeudamiento en los mercados de capitales primero para luego recurrir a los organismos multilaterales de crédito, o de “última instancia” como el FMI. El paquete, siempre, incluye ajuste, devaluación y fuga de capitales. El mismo que se registró en los periodos 1976/1983, 1989/2001 y 2015/19. La salida de cada una de esos procesos de endeudamiento externo explica el derrumbe de la Argentina, el incremento de pobreza que hoy llega al 50% de la población, la destrucción del aparato productivo nacional, y la entrega de las empresas públicas a la patria concesionaria. Un record inigualable en el mundo.

Dicho todo esto, sabido y explayado con mucho más detalle en numerosos informes y análisis ya realizados, es imprescindible recordar que el crédito del FMI a Macri fue una decisión política de Estados Unidos a la vez que una clara intromisión en la política  interna de la Argentina. Habría que remontarse a Spruille Braden para recordar un caso semejante de intromisión.

Por lo tanto, es imprescindible plantear seriamente si el camino a transitar con el Fondo es el de una renegociación, tal como viene planteando el gobierno nacional, o si se entiende que la salida es enfrentar su resolución estrictamente desde la política. De la misma manera en la que el FMI actuó y se alió con el gobierno de Macri.

La decisión política sería utilizar el caso FMI – gobierno de Cambiemos, como un antecedente, un caso testigo, ejemplar, en materia de deuda tanto para futuros gobiernos neoliberales que pudieran llegar al poder, como límite para el propio FMI, es decir declarar ilegítimo el crédito otorgado dadas las condiciones anómalas en que fue aprobado por el FMI, como solicitado por el gobierno de Macri. Esto implicaría una discusión que, para empezar, suspendería aceptar cualquier compromiso de pago. 

Por el contrario, si las negociaciones con el Fondo mantienen el reconocimiento de la deuda, y sólo se limita a extender plazos, y reducir algunos puntos de intereses, permanecerá abierta la puerta para un próximo endeudamiento de un gobierno neoliberal e iniciar otro ciclo de deuda. Para el país el costo de dejar pasar la estafa realizada en los cuatro años de Cambiemos será, otra vez, invisibilizar el impacto social y económico de la toma de deuda. El ministro Martín Guzmán afirmó días atrás que con el crédito del FMI a Macri “se podría haber reconstruido la infraestructura del país, no quedó nada”. No se puede soslayar ni la veracidad de lo dicho por Guzmán, ni mucho menos la magnitud de su gravedad.

En términos de batalla política y cultural, es imprescindible demostrar el daño que produce el endeudamiento, las postergaciones y pobreza que genera. Hay que demostrar no sólo sus consecuencias sino apuntar con claridad a quienes fueron responsables en esa decisión. Sólo será evitable a futuro si el daño provocado recae sobre las espaldas de quienes fueron responsables y beneficiados. De lo contrario, el sendero del endeudamiento será fácilmente retomado en un futuro gobierno neoliberal.

Volviendo por un momento a la batalla cultural y política: ¿Cómo es posible que se reitere con tono de cierta resignación, incluso bajo una confusa romantización y épica salvadora, que los gobiernos peronistas llegan siempre al poder para apagar el incendio que generaron gobiernos neoliberales que lo precedieron? Hay en estas definiciones un claro y costoso error político, esencialmente porque las fiestas de endeudamiento del neoliberalismo nunca son resueltas en su total magnitud. En la recuperación y salida de cada una de las crisis, de cada diez argentinos que fueron expulsados del sistema sólo se recuperan cinco o seis, el resto vuelve precarizado y empobrecido. Así se forman las capas geológicas de pobreza que hoy azota a la mitad de la población.

Tiempo atrás, en una nota publicada en este mismo medio, titualda “Sobre la pedagogía del (des)endeudamiento”,  se destacaba que la pesadilla de volver a un nuevo ciclo de endeudamiento es bastante probable en la medida en que no haya una fuerte decisión política que resultara aleccionadora. Y se destacaba que ante cada crisis de endeudamiento se suele escuchar reiteradamente la consigna de promover un Nunca Más a la toma de deuda externa. 

Es hora y oportunidad de hacer posible ese Nunca Más a la deuda, de manera firme, no sólo en su expresión sino en su alcance concreto. La gesta debe reunir a todo el arco del campo nacional y popular, a todos los hombres y mujeres que desde distintas representaciones dentro del peronismo deben ser escuchados, dotando de la mayor densidad posible una decisión de semejante peso político.

La discusión con el FMI es política. Si sólo se transforma en económica y financiera, será continuar empobreciendo al pueblo argentino, a postergar por años su imprescindible desarrollo, y a esperar que se repita la historia de un nuevo ciclo de endeudamiento, aumentando la pérdida de la más mínima de independencia económica. No hay país posible en ese sendero.

El Fondo Monetario Internacional, como sus ricos países miembros, tan acostumbrados a impunemente entrometerse y actuar políticamente en países soberanos, pueden esperar. La Argentina, su pueblo trabajador, y el 50% de compatriotas bajo la línea de pobreza, no pueden esperar ni un día más.

*Francisco Balázs. Periodista. Ex editor de Miradas al Sur y columnista de Tiempo Argentino.