El Pacto Federal del 4 de enero de 1831

De la Primera Junta a la Junta Grande, pasando por el I y II Triunvirato hasta la figura del Director Supremo, testimonian el derrotero de nuestra insipiente organización institucional y los conflictos latentes entre los porteños y las demás provincias del antiguo Virreinato.

La batalla de Cepeda, donde las fuerzas santafesinas y entrerrianas derrotan a las tropas porteñas el 1° de febrero de 1820, tuvo como resultado la caída del Directorio, la reafirmación del rechazo de las provincias a la Constitución unitaria de 1819, el cenit del poder de Artigas (y su posterior exilio paraguayo), la reconfiguración de Buenos Aires como “provincia” (episodio de los tres gobernadores mediante) y la autonomía (y separación) de las provincias argentinas. Sería lo que los historiadores liberales de antaño llamaron “el período de anarquía” o “la crisis del Año XX”.

Lo cierto que, en esos años, se agudizó la lucha entre unitarios y federales por el control del territorio rioplatense, mientras los intentos de reorganización dieron frutos a través de un Congreso General que funcionó en Buenos Aires entre 1824 y 1827, dando por resultado la Constitución unitaria de 1826 y la figura presidencial de Rivadavia, sumado al conflicto armado con el Imperio del Brasil.

Tras el nuevo rechazo de las provincias al texto constitucional y la salida tempestuosa de Rivadavia, será Dorrego quien se encargue de Buenos Aires y de las consecuencias del conflicto con el Brasil, con la independencia de la Banda Oriental (actual Uruguay). El alzamiento armado de Lavalle contra Dorrego y su posterior fusilamiento en Navarro dio como resultado el auge de Paz, Lamadrid y del citado Lavalle como figuras dominantes del sector unitario y, en paralelo, el encumbramiento de López y Rosas como figuras capitales en el bando federal,  siendo, posteriormente, este último gobernador bonaerense.

Juan Manuel de Rosas buscó reordenar el territorio bonaerense, mientras que Estanislao López como gobernador santafesino, buscó reorganizar a las provincias litoraleñas tratando de superar la influencia de Paz en las provincias norteñas. 

Según Carlos Alberto Floria y César García Belsunce en el tomo II de su Historia de los Argentinos (1993): “Las características de su gobierno se pusieron en evidencia casi inmediatamente: orden administrativo, severidad en el control de gastos, exaltación del partido gobernante y liquidación de la oposición”.

Las victorias de Paz de 1829, sobre todo contra Quiroga, dieron como resultado la instauración de diversos gobiernos unitarios, reteniendo el jefe unitario la gobernación de Córdoba. Dichas gobernaciones pactaron una alianza militar y política el 31 de agosto de dicho año donde Paz fue Supremo Poder Militar.

Floria y Belsunce acotan, en su obra citada: “Paz había reunido bajo un mismo poder todos los territorios del antiguo Tucumán, que enfrentaban ahora al primitivo Río de la Plata. Había constituido una unidad geopolítica que militarmente estaba en condiciones de medir fuerzas con la otra entidad formada por las provincias del Litoral… La bandera unitaria levantada por Paz al comienzo de su campaña, no era meneada ahora. Las provincias aliadas conservaban sus gobernadores y legislaturas y la estructura federativa se mantenía bajo la supervisión suprema del ejército. El pacto de agosto obligaba a los firmantes a aceptar la Constitución que resultase de la opinión prevaleciente del Congreso. Y aunque en su mente Paz haya supuesto que esta opinión sería unitaria, él y sus segundos eran provincianos y tenían el orgullo de sus respectivas patrias. Paz se sentía y actuaba preferentemente como el líder de una gran alianza provinciana contra Buenos Aires y el Litoral”.

Efectivamente, las categorías “unitario” y “federal” se tensionan al estudiar el ejercicio del poder de sus representantes más encumbrados y sus acciones adoptadas ante determinados hechos de la Historia. Cierto que los combatientes Paz, Lavalle y Lamadrid del bando “unitario” distaban de asemejarse, en pensamiento y ética, a sus homólogos Rivadavia y el resto de su intrigante grupo porteño.

En tanto López y Rosas entendieron que debían reforzar su unión con las provincias litoraleñas, equilibrando sus intereses con las pretensiones porteñas. Primero los gobernadores se reunieron en San Nicolás, López llevó la representación de Entre Ríos, junto a su par correntino. Allí se acordó otra reunión en la tierra de López.

El 20 de julio de 1830, diputados bonaerenses, entrerrianos, correntinos y santafesinos se reunieron en Santa Fe capital para debatir cuestiones económicas e institucionales, como la nacionalización de las aduanas y la libre navegación de los ríos interiores, reforzando las cuestiones que quedaban de lado en los tratados interprovinciales (Benegas, Cuadrilátero, etc.) celebrados por las mismas, más de carácter militar frente a la avanzada “unitaria”.

Fermín Chávez, en su Historia del país de los argentinos (1991) aseveró: “Durante los debates de Santa Fe se evidenciaron dos tendencias… Corrientes, representada por Ferré, sostuvo la creación de una Comisión Representativa encargada de realizar una política que procurara el reparto del producto de la Aduana de Buenos Aires: Esta tesis proteccionista no encontró ningún entusiasmo en el diputado porteño José María Roxas y Patrón, quien, instruido por Rosas, objetó el anteproyecto… pero finalmente el gobernador de Buenos Aires aceptó los términos del pacto, con algunas modificaciones. Lo que permitió que el mismo se firmara el 4 de enero de 1831, con la ausencia de Corrientes.”

Por el Pacto Federal se acordó la creación de la Comisión Representativa de los Gobernadores de las Provincias Litorales; invitar al resto de las provincias a “reunirse en federación” con las tres signatarias y llamar, en su momento, a un Congreso general Federativo”.

Alberto González Arzac, complementando lo escrito por Chávez, en Filosofía Constitucional Argentina (2008) aseguró que: “En la batalla de Cepeda (1820) los caudillos López y Ramírez con sus montoneras santafesinas y entrerrianas, impusieron a Buenos Aires la firma del Pacto del Pilar, fijando el rumbo republicano y federal que de allí en más definió la unión nacional, aunque recién tomaría forma institucional a través del Pacto Federal de 1831, experiencia endógena inspirada por Juan Manuel de Rosas y Estanislao López, caudillos del Litoral, al que años después harán expresa referencia Juan Bautista Alberdi, Pedro de Angelis y Mariano Fragueiro en sus propuestas constitucionales de 1852, el Acuerdo de San Nicolás y la mismísima Constitución de 1853 cuando aludió a los “pactos preexistentes” y conservó el nombre de Confederación Argentina, certificando que aquel pacto de 1831 fue la primer Constitución del país emancipado”.

Julio Irazusta, en el tomo I de Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia (1975) señaló: “… entre la tesis reaccionaria de Ferré y el liberalismo de los hombres de Buenos Aires en tres aspectos que luego serían definitivos en el liberal régimen acordado a los extranjeros por las instituciones argentinas: el librecambio con el exterior, la libertad de cultos y el libre tránsito para los extranjeros domiciliados en el país. Subrayé cuna sólo estuvo Rosas; y como el terror inspirado por los unitarios que dominaban el interior, lo salvó de ser derrotado por los reaccionarios del partido federal. Pero yo suponía que Rosas y su provincia formaban un bloque compacto. Y ahora sabemos que no era así. Y que él y sus asesores fueron verdaderos conductores, guías e inspiradores de una mayoría y de un país, y no meros refrendarios de las tendencias de una masa”.

Aquí también Irazusta recalcó lo heterogéneo de la posición “federal” y que en ese momento Ferré era el “reaccionario” por proteccionista, y Rosas el “liberal”, contradiciendo visiones que sólo sobrevuelan nuestra Historia, sin detenerse en un profundo análisis.

Finalmente el resto de las provincias firmaron dicho Pacto, el cual fue una iniciativa de Estanislao López pero que terminó beneficiando a Rosas, el que operó como una constitución real de la Confederación Argentina. Esto tuvo su correlato en posteriores cartas y textos del Caudillo de Los Cerrillos,  que años después explicitó en carta a Quiroga a fines de 1834 en la Hacienda de Figueroa, siendo ambos textos publicados por un servidor en el Cuaderno de Pensamiento Militante n° 20 sobre Juan Manuel de Rosas (2012) en Ediciones Fabro.

En realidad la citada Comisión no pudo cumplir su cometido, aunque el Pacto operó hasta en la caída de Rosas en Caseros en 1852. ¿Faltó voluntad o sobraron conflictos para impedirlo? ¿Debimos tener una constitución antes que la de 1853 o hubiese sido sólo un simple “fetiche”, parafraseando a José María Rosa? ¿Rosas actuó incorrectamente o evaluó acertadamente que con el Pacto Federal bastaba y sobraba mientras los conflictos internacionales arreciaban?  El Restaurador de las Leyes aún tiene mucho que decirnos…

*Pablo Vázquez. Licenciado en Ciencia Política; Docente del INCAP; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.