El rearme de Japón y la amenaza de alterar el balance del poder regional

En los últimos años el pasado que parecía enterrado comienza a resurgir, cuando Japón da señales crecientes de un proceso de un rearme silencioso que en los últimos meses ha comenzado a ser expresado con mayor visibilidad.

Para comprender el significado de los sucesos actuales debemos recordar que la última aventura bélica japonesa terminó en la derrota sufrida ante los Aliados durante la II Guerra Mundial, incluyendo un doble ataque nuclear por parte de EE.UU.

Ese desenlace puso fin a la expansión japonesa comenzada a fines del siglo XIX y que incluyó entre otros hitos, la victoria en 1905 en la guerra contra el Imperio Ruso, la invasión a Corea a comienzos del siglo XX y la anexión de Manchuria fundando el Estado títere de Manchukuo. Japón invadió buena parte de los países de Asia Oriental con severas consecuencias, un hecho que aún permanece en la retina de los damnificados.

La derrota militar final derivó en que en 1947 se estableciera constitucionalmente que Japón no contaría con fuerzas militares. Sin embargo, apenas siete años duró la veda cuando la Guerra Fría se hizo presente con el sangriento enfrenamiento en la Península de Corea, lo que derivó finalmente en que se le permitiera a Japón construir las conocidas Fuerzas de Autodefensa que tienen impedido el uso de materiales ofensivos como los portaaviones, por ejemplo.

Descripción: https://lh5.googleusercontent.com/B-pWsEfbqIs5VwoRDTEo9xaWGm02wJ2R-Rkhy_7YPgAU3vkhPWZ7W_d21xiy-pldmNoJZrzoRNqpjCkI9PfFtamoGKIVvHSIIAI0MCwG8d3woWtHZbM1OPTaBBQWK-bISIuM6FX3Descripción: https://lh6.googleusercontent.com/7m-4C25he-udDIIhUQQuvcjXomGxYcgLsMFHILL0l7C1I8rGllDFGr50W_h8-HUUc71c7YlDykZZ680ZcXrxquths2yupJ-BB1MbMP5fb6HGnusrqVqtTAjqIayKVXoE7SIWxXz0Sin embargo, y tal como hizo la Alemania post Versalles, la voluntad política combinada con las nuevas tecnologías posibilitan que se busquen formas alternativas para obtener fuerzas ofensivas disimuladamente, burlando el espíritu de los documentos firmados. A título de ejemplo cabe mencionar que Japón no puede tener portaaviones porque se trata de un arma de evidente proyección ofensiva, sin embargo, ha buscado una solución a través de los portahelicópteros Clase Izumo de 245 metros de eslora y dotados de aviones de 5º Generación como los F 35B Lightning II, de características VTOL (Vertical Take-Off and Landing, despegue y aterrizaje verticales), que le permiten cumplir funciones embarcado en un “portahelicópteros”.


Portahelicópteros Clase Izumo                                                   


F 35B Lightning II VTOL

Si bien no es exactamente lo mismo que un portaaviones convencional y está lejos de las capacidades de los Clase Nimitz o los nuevos Gerald Ford de EE.UU., sus tareas pueden asimilarse en algunos aspectos y dotar a Japón de proyección de fuerza a distancia.

Japón ha tenido además algunos gestos polémicos como la insistencia de sus más encumbrados políticos en presentarse en el Santuario Yasukuni donde se encuentran los restos de militares japoneses considerados como criminales de guerra. Estas visitas que se comenzaron a producir a partir de 1975 producen recelos y reclamos de quienes entienden que el militarismo japonés aún está vigente.

Un problema adicional se presenta cuando el país nipón tiene un conflicto limítrofe con Rusia por parte de las Islas Kuriles, que fueron entregadas a la URSS luego de finalizada la guerra en 1945 y con China/Taiwán por las Islas Senkaku o Diaoyu, según sea la denominación japonesa o china.

Rusia ha ofrecido firmar un acuerdo de paz con Japón desde terminada la II GM, pero Japón lo rechaza y lo condiciona a que Rusia le ceda las islas Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai pertenecientes al archipiélago de las Kuriles. Este conflicto latente es una de las causas que han llevado a la reciente tensión entre ambas naciones.


Islas Kuriles en disputa entre Japón y Rusia       


Islas Senkaku/ Diaoyu 

La llegada de Shinzo Abe al poder le ha dado nuevos bríos al rearme japonés. Si bien es del 0,9% del PIB del país promedio, el volumen de la economía hace que igualmente sea mucho dinero y alcance hoy los 51.700 millones de dólares. Aún en tiempos de pandemia, se ha verificado un ascenso en el último ejercicio presupuestario al 1,1% del PIB mencionado.

Japón tiene una alta capacidad industrial y de desarrollo de tecnologías de punta, lo cual se traduce en dos consecuencias directas, una es su potencial de diseño de nuevas armas y su capacidad de producción a escala sin necesidad de intervención extranjera, y la otra es la imposibilidad real de determinar qué desarrollos son civiles y cuáles son de uso dual civil/ militar, de esta manera pudiendo camuflar gastos militares que pueden elevar la cifra final.

Tokio está desarrollando los submarinos de la clase Taigei, tres en construcción y cuatro más encargados, los que se suman a los 12 submarinos de la clase Soryu. Asimismo, desarrolla los nuevos destructores clase Maya, un nuevo transporte de 9 mil toneladas para portar sistemas antimisiles Aegis Ashore que se sumarán a los existentes en bases en tierra y la solicitud de un centenar de los costosos F35 antes mencionados, mientras desarrolla un nuevo Mitsubishi F3 de 5º Generación.

¿Para qué necesita Japón este tipo de armas de vanguardia y en estas cantidades, se preguntan chinos y rusos? La respuesta se puede comprender en dos partes, una el tradicional militarismo japonés que considera que su país debe ser una potencia militar acorde a sus capacidades económicas y tecnológicas, y la otra es que EE.UU. le comienza a sacar el bozal que impedía a Japón ir contra de sus enemigos chinos y rusos.

Tokio declara que se muestra amenazado porque China sigue adelante con su política de reabsorber a Taiwán, y allí cabe preguntarse los motivos de esa actitud, de meterse en lo que es un tema interno de China y considerando además que la misma disputa limítrofe también es parte del reclamo de Taiwán. 

Un sistema político absolutamente dependiente de los EE.UU. es una de las razones que determinan esa situación, a la que se suman los propios intereses japoneses.

China se expande y ocupa espacios de control marítimo claves para la circulación de mercaderías que se superponen con las que utiliza Japón, lo que se agrega a la disputa por el control como los del Sudeste asiático que Japón ha ido perdiendo en favor de China. La mirada de Tokio hacia el Asia Central para compensar esa pérdida es insuficiente para sus necesidades.

La propia historia de hostilidades entre vecinos hace que el país del Sol Naciente rechace acuerdos con China y prefiera utilizar la tensión con EEUU en su favor.

La situación toma ribetes preocupantes cuando la administración de Biden deja trascender la posibilidad de entregar armas nucleares a Japón o permitir que éste las desarrolle, lo cual es una línea roja tanto para Rusia como para China que no pueden permitir un Japón que sume a su poderío actual armamento nuclear porque cambiaría drásticamente el balance estratégico regional y hasta mundial.

Las recientes tensiones fruto del desplazamiento de tropas y material bélico junto a los mayores ejercicios militares navales rusos demuestran que para Moscú la cosa va en serio.


Flota rusa del Pacífico en maniobras

El medio estadounidense Washington Examiner advierte: “Rusia y China están coordinando ejercicios militares para amenazar no solo a Taiwán sino también a Hawai, según un alto funcionario de defensa japonés que advirtió a Estados Unidos que tenga cuidado con un ataque sorpresa al estilo de Pearl Harbor.

Tenemos que mostrar la disuasión hacia China, y no solo a China, sino también a los rusos, porque, como les dije, están haciendo sus ejercicios juntos», dijo el diputado japonés Yasuhide Nakayama al Instituto Hudson esta semana.”

Evidentemente la doble vara estadounidense por el respeto de la independencia de otros Estados parece ser hoy una de las preocupaciones en Washington y en Tokio, tanto que están dispuestos a desatar una guerra en el Lejano Oriente por defender la independencia de Taiwán, o por lo menos eso es lo que muestran de cara a la opinión pública propia.

La situación se ha agravado con la llegada de Biden, quien persigue una política de hostilidad con Rusia y China, barajando inclusive la posibilidad de una guerra simultánea con ambas naciones e instando al Pentágono para que se prepare para ello. Muchos expertos militares ven que es imposible para Washington atender ambos frentes, por lo cual no puede descartarse que sumar a un Japón rearmado sea una forma de sumar fuerzas para el desafío. 

La estrategia incluye generar una proto OTAN asiática con la participación de Australia, Japón y EE.UU., más la hipotética presencia de la India, un país cuyas relaciones internacionales son con distintos actores y más allá de su rivalidad con China, difícilmente se sume a una organización militar de este tipo.

Taro Aso, el actual Primer Ministro japonés, parece seguir la línea de Abe cuando dijo éste que un ataque a fuerzas de EE.UU. debe ser considerado como un ataque a Japón porque ese país es la garantía de defensa de su nación. Aso dijo el pasado 5 de julio que EE.UU. y Tokio deberían intervenir si Taiwán es invadida por China, en respuesta a los dichos de Xi Xiping en el centenario de la fundación del PCCh, en las cuáles dejó claramente explícito que China no va a renunciar a recuperar a Taiwán.

La respuesta de Beijing fue contundente:” China reitera que no permitirá que ningún país interfiera en Taiwán”.


Primer Ministro Japonés Taro Aso                             


Presidente chino Xi Xinping – Centenario PCCh 

Por cuestiones de cercanía cultural seguramente, los problemas en el Mar Negro parecen ser, para los medios occidentales, una amenaza mayor a la paz mundial que lo que está sucediendo en el Lejano Oriente, sin embargo esto puede ser una sensación peligrosamente engañosa cuando vemos la evolución del conflicto en esa región.

Contrariamente a lo que se cree, las últimas décadas no han mostrado guerras directas entre las grandes potencias mundiales, solo guerras proxys o de tipo híbrido no cinético, pero esto puede cambiar si no se modifica el curso de los acontecimientos antes de que entren en un rumbo irreversible.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.