¿Es la Agenda 2030 lo que necesitamos para salir de la situación actual?

Los ecos de los anuncios del Foro Mundial Económico en Davos alineado con la Agenda 2030 se van apagando lentamente. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres decía en enero del 2020 “que hay muchas cosas que hacer para movilizar a la comunidad internacional para que los ODS (Objetivos para el Desarrollo Sustentable) sean una realidad. «Nos estamos quedando atrás».

En septiembre de 2015, la Argentina adhirió a la Agenda 2030, que comenzó a implementarse en enero de 2016; en diciembre de 2019 la Comisión Nacional Interinstitucional de Implementación y seguimiento de los ODS estableció un proceso de monitoreo y reporte de los progresos. 

Cuando asume el presidente Alberto Fernández se redobló el impulso de las políticas de la Agenda 2030, haciendo eje discursivo en las “personas, la justicia social y la

democracia para no dejar a nadie atrás”, centrándose en un pretendido liderazgo del Estado en un entorno de carencias sociales y económicas condicionadas por la pandemia, la deuda externa e interna y las carencias estructurales cada día más graves.

En junio de 2020, el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales (CNCPS) convocó a la Comisión Nacional Interinstitucional de Implementación y Seguimiento de los ODS para profundizar y acelerar un nuevo marco de metas.

Los objetivos declarados establecen, según la documentación del Gobierno argentino, una serie de hechos aparentemente bienintencionados centrados en llegar primero a los más rezagados, aumentando la inclusión y los derechos humanos.

Vamos a detenernos acá, podemos observar cómo los ODS son tomados con entusiasmo por la Argentina pero cabe preguntarnos, ¿estamos realmente en el camino correcto, es la Agenda 2030 lo que necesitamos para salir de la situación actual?

Los ODS se centran en la cuestión de la sustentabilidad ecológica basándose en la creencia de un cambio climático originado en buena medida por los combustibles fósiles utilizados en la actividad humana y en el establecimiento de políticas de igualdad de género. Los otros objetivos giran alrededor de estos dos ejes principales que han sido adoptados por nuestro país.

Sin embargo, las cosas no siempre son como aparentan, los cambios en la matriz energética exigidos por esta agenda son muy estrictos y constituyen un corset sobre la maltrecha economía local.

Los yacimientos de Vaca Muerta, por ejemplo, que eran una de las bases que el actual gobierno pretendía como uno de los ejes de la recuperación económica, quedarán fuera de la ecuación. Aún sin saber exactamente cuál es su viabilidad real y qué costos medioambientales pueden ocasionar, la nueva configuración global exige un cambio hacia una matriz de energías “sustentables” como las eólicas o solares.

Pero este giro representa varios problemas a resolver, uno que tiene que ver con el concepto de densidad energética que producen estas fuentes alternativas que los expertos consideran insuficientes para satisfacer las demandas de la producción de alimentos y las necesidades industriales de las sociedades actuales.

La idea romántica de sustentabilidad choca con una realidad, utilizar estos métodos presenta un problema adicional a los que ya tienen las sociedades menos desarrolladas técnicamente que dependen del consumo de energía barata y abundante para que puedan prosperar y desarrollar sus industrias y la producción de alimentos necesarias para que sus poblaciones se mantengan vitales.

La Agenda 2030 es un remedo de las políticas impulsadas por Al Gore en los 90, políticas que fueron desoídas por naciones como China o India simplemente porque argumentaron que las políticas de reducción de la huella de carbono de las naciones no permitían a sus sociedades salir de la pobreza y por ello señalaban que era injusto que aquellos que se habían desarrollado en base a una energía barata, ahora exigieran al resto que cambien su matriz.

Argentina, como otras naciones, hoy necesita combustibles fósiles para su desarrollo y no se puede dar el lujo de prescindir de ello, el costo de una reconversión dejaría en el camino a millones de argentinos que no podrían sostenerse ante el aumento de precios que significaría esta política.

Pero esta agenda tiene más peligros ocultos, países como Brasil denuncian la injerencia extranjera en su soberanía territorial con la excusa del medio ambiente. La principal hipótesis de conflicto brasileño hoy se centra en el tema medioambiental que será utilizado por las grandes potencias como excusa para intervenir y despojarlo del Amazonas, considerándolo un territorio internacional a proteger. 

El Libro Blanco de Defensa de Brasil fija como ejes la Amazonia, especialmente amenazada por Francia desde su enclave colonial en la Guyana y los yacimientos del Presal en aguas del Atlántico.

No es casualidad entonces que esta Agenda 2030 detrás de nobles objetivos esconda una cara oculta y más peligrosa para los países más débiles que no podrán defenderse de acusaciones de constituirse como un peligro ambiental, que al poner en riesgo a la humanidad debe ser conjurado.

La Agenda trae un segundo eje que mencionamos y es clave para entender su función y es el de la igualdad de género, algo a lo que nadie se opondría. Pero bien podemos preguntarnos qué significa en realidad un término tan amplio como “igualdad de géneros”.

La mención a conceptos difusos se ha transformado en un problema global y en una herramienta en la lucha geopolítica.

Esta ambigüedad en las redacciones permite la interpretación de los textos de manera caprichosa y a gusto de cada actor hasta el punto en que Rusia y los EE.UU. de Trump reclamaron junto a otras 13 naciones, que las redacciones de los documentos sean precisas y no confusas para permitir que luego se interpreten como recomendaciones políticas que nunca han sido recomendadas como tales.

Crece el estímulo a la promoción de políticas que se alinean con la disminución de la población favoreciendo modelos de vida que por sus características no tienen descendencia, combinadas con otras políticas que, con diferentes excusas, producen una reducción de la cantidad de habitantes.

Si bien no es un tema nuevo desde que Malthus predijo que la producción de alimentos no acompañaría al crecimiento de la población, esta idea de la reducción de la cantidad de habitantes se ha presentado de una u otra forma desde entonces, adaptándose a los tiempos y cambiando su aspecto pero manteniendo su esencia.

El Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200 (MSNM 200) elaborado por Henry Kissinger, uno de los arquitectos de la geopolítica de EE.UU., ya establecía que el principal problema para su país era la creciente necesidad de materias primas debido al aumento de la población en países densamente poblados y pobres.

Traducido, a EE.UU. lo amenazaban más la demanda de materias primas y energía de países pobres y densamente poblados, que las armas soviéticas, transcurrido medio siglo y desaparecida ya la URSS, se hace visible la política de las últimas décadas que apuntan a la necesidad de achicar la población mundial. 

La Agenda 2030 es la heredera de esta concepción ideológica, países con muchos habitantes son una amenaza y si se desarrollan como lo ha hecho China durante este tiempo, son imposibles de manejar. Obviamente si se multiplican los casos de naciones con esas características se perderá el control.

Existe un punto adicional que cataliza los acontecimientos y es la aparición de tecnologías disruptivas que dotadas de Inteligencia Artificial hacen innecesaria las masas de trabajadores, quienes perderán sus empleos.

A fin de cuentas, ¿qué son los seres humanos sino engranajes productivos para las élites mundiales? Mientras Jeff Bezos, el multimillonario dueño de Amazon, gastaba no solo millones de dólares en un paseo espacial, sino que la energía utilizada era muy superior que la que cualquiera de nosotros podría consumir en varias vidas. Mientras eso sucedía, nos instaban los poderes a reducir el consumo de agua, de energía, proponiendo hasta dejar de comer carnes, por ejemplo, y, en definitiva, de terminar con nuestras demandas energéticas.

Crudamente nos muestran que si hay dinero no hay límites, pero si no lo hay, todo está demás y es nocivo.

El sistema sólo considera como dignos de habitar esta Tierra a aquellos que tienen capacidad de consumo y sobre todo, pueden pagar por ella, el resto son meros sobrantes. Si observamos cómo se ha instalado una agenda compleja desde el Poder, vemos cómo se alinean los hechos concretos con lo aquí expresado.

No se trata de teorías de conspiraciones trasnochadas sino el encadenamiento de hechos no solo verificables sino a la vista de todos, para ello solo debemos correr el velo que presenta a esta agenda como bonitas políticas inclusivas verdes y observar lo que en realidad esconde su naturaleza.

La multiplicidad de ONGs internacionales generosamente financiadas, los organismos internacionales en manos de los poderes financieros, la academia, los medios de comunicación y entretenimiento, representan un desafío creciente al bienestar y a la propia existencia misma de los pueblos.

Entonces, ¿la Agenda 2030 es el camino que debemos seguir?

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.