¿ESPERANDO LA CARROZA?

“La muerte puede consistir

en ir perdiendo la costumbre de vivir”

César González-Ruano

Hace unos 15 días, Ecuador fue a las urnas para dirimir, en segunda vuelta, sus elecciones presidenciales. El partido de Rafael Correa, Unión por la Esperanza (UNES), representado por Andrés Arauz, perdió por primera vez ante su tradicional adversario, Movimiento Político Creando Oportunidades (CREO), cuyo candidato, el banquero Guillermo Lasso, ya había sido derrotado por el mismo Correa y por Lenin Moreno.

Los analistas ven, en esta derrota, un escenario que bien podría replicarse en nuestro país en las presidenciales de 2023 y que tendría una especie de preanuncio en las elecciones de medio tiempo de noviembre de 2021: el del descrédito del peronismo frente a su base electoral. Dicen, por ejemplo, que la imposibilidad de unir el voto de la izquierda ecuatoriana para esa segunda vuelta tiene un alto componente de ciudadanos que, desilusionados por el gobierno de Lenin Moreno, siguen vinculándolo al correísmo -ya que fue el vicepresidente de Rafael Correa- y, por lo tanto, toman esa traición como una defección ideológica.

Allá por marzo de 2019 (mucho antes de las elecciones e incluso antes de que Alberto Fernández fuese invitado por Cristina Kirchner a encabezar una formula acompañado por ella), escribía en la página InfoPlatense, un artículo titulado “Vienen por el Peronismo”. El texto supo circular mucho por las redes e incluso fue distribuido a través de Nuzzel, plataforma utilizada por algunos influencers políticos para dar a conocer las noticias que les interesan.

Ese artículo terminaba diciendo: “No les interesa que gane Macri a ninguno de los que conforman Cambiemos (es más, necesitan esas víctimas propiciatorias para hacerlos cargo de la debacle en la que han sumergido a la Argentina). Lo que de VERDAD les interesa es realizar el tantas veces anunciado sueño del Fin del Peronismo. Y para eso necesitan que gane… el Peronismo. Oh, témpora. Oh, mores!!!

Claro, un peronismo parecido al de los ´90s, pero sin políticas de Estado. Un peronismo lábil al Nuevo Orden Mundial que, bajo una inventada responsabilidad política, se avenga a cumplir con todos y cada uno de los compromisos asumidos por Cambiemos; proponga una salida de borrón y cuenta nueva en pro (pro, qué sigla) de la unión de los Argentinos y les garantice impunidad y negocios a los que nos han saqueado económica y moralmente. Por eso todos los días trabajan en infiltrar al peronismo, en sembrar quintacolumnistas, espías, operadores, fisgones, agentes, ortivas, pseudoconversos en las boletas con las que el Peronismo y sus aliados van a competir el próximo octubre. No es necesario nombrarlos… todos sabemos quiénes son… Pero, ojo: también hay otros más hábiles que no están demasiado a la vista de los votantes (incluso de los más avezados) y son, acaso, los más dañinos.  Y, además de infiltrarnos, alimentan a la izquierda glam vernácula, detentadora del voto en blanco, con la promesa de que, en ese río revuelto, ellos serán los pescadores. Y los trostkitos perfumados se lo creen…

Si lo consiguen, si con la inocencia del voto peronista, nacional y popular imponen esta estrategia, el disincanto sociale (Sartori dixit) será tal que, probablemente, logre que las bases huyan despavoridas de ese neoperonismo y, el Movimiento Social más antiguo de América latina, se vuelva apenas un dato histórico (…) Ese es su Norte (nunca mejor aplicado el punto cardinal). Ese es su negocio (en el sentido más amplio de la palabra)”.

El lunes 8 de marzo -en un reportaje que los estudiantes de periodismo deberían analizar para ver lo que se debe hacer y lo que no en una entrevista televisiva-, Alberto Fernández, luego de que Gustavo Sylvestre le dijera que algunos medios pensaban que cuando él asumiera como presidente iba a romper con la vicepresidenta, explicó: “Yo puedo tener diferencias con Cristina; las tengo… pero yo no soy Lenin Moreno”.

La metáfora, y esa sensación que muchos sentimos cuando alguien nos asegura “Yo no soy tal cosa”, sumados a algunos análisis sobre las políticas del gobierno que parecen no tener como sujeto objetivo a los más humildes (precios, tarifas, salarios) vuelve a poner el eje en la relación entre el “peronismo contemporáneo” (recordar que Alberto, artilugios mediante, es el actual presidente del PJ) y su base electoral. Porque si la desilusión gana al pueblo, el futuro del Justicialismo podría parecerse al de la Unión Cívica Radical, o sea, su desaparición en términos doctrinarios, en historia, en objetivos…  más allá de cualquier nomenclatura.

Y eso es demasiado parecido a la muerte. Aun si en la lápida se destaca el nombre de lo que está allí… enterrado.