Espiritismo peronista

En los años ‘30 del siglo pasado fue “… la triunfal entrada en escena del catolicismo argentino… cuando se tornó a todas luces visible social y políticamente… (dándose) una alianza ideológica e institucional entre las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica”.  La afirmación de Miranda Lida y Diego Mauro en Catolicismo y sociedad de masas en Argentina: 1900 – 1950 (2009) se completa con esta reflexión: “La urbanización, la modernización, la industrialización y la multiplicación de las industrias culturales, entre otras transformaciones sociales que condujeron a la conformación de una sociedad de masas en la Argentina, no fueron indiferentes al catolicismo. Fue en este marco que la Iglesia Católica adquirió una escala nacional y masiva… Su producto más acabado fue el mito de la nación católica, que alcanzó una nítida expresión en los medios de comunicación masas, en especial la radio…”.

Crisis económica, desocupación, golpe de Estado y gran migración interna de zonas rurales a centros urbanos mediante, reconfiguró la cultura popular, no sólo en los suburbios sino que impregnó parte de nuestras costumbres y prácticas sociales. Pero más allá de la disputa entre cultura liberal y cultura católica de esos años, también se empezó a divulgar cuestiones sincréticas, donde proliferó el uso de símbolos cristianos con cultos populares heterodoxos, admitiéndose otras prácticas como el espiritismo y adivinación, al punto de reflejarse en la literatura local y el cine argentino de la época. Roberto Arlt, Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones, desde las letras, hasta “El Hermano José”, película de 1940, protagonizada por Pepe Arias, dieron cuenta de ello. Aún pasadas las décadas esas creencias estaban en el imaginario social vívidamente: “En (la película) Catita es una dama (1956), Niní Marshall interpretaba a una locuaz sirvienta que a lo largo del film hace referencia en numerosas ocasiones a los servicios prestados por el “epiritista” (sic) del barrio. Es así que Catita consulta el significado de sus sueños, usa “menjui” (sic) para purificar ambientes (lo cual genera el incendio del conventillo en donde habita con su familia) y asiste a una sesión de espiritismo para comunicarse con su patrón, dado erróneamente por muerto tras un accidente”. Tal como Natalia Arce en Ni Santos ni pecadores: Notas sobre catolicismo y vida cotidicana, Buenos Aires, décadas de 1940 y 1950, incluido en el trabajo de Lida y Mauro, describió: “Más allá de cierta exageración y pintoresquismo, dichas prácticas no implicaban que la identidad católica de esta mucama de origen italiano fuera puesta en duda: ante cualquier problema ella exclamaba tener “un Jesús en la boca”, santiguándose y encomendándose a la Virgen y los santos”.

El mito de la nación católica, quizás hegemónico en la superestructura política y con alcance en la vida cotidiana del pueblo, tuvo también en estas prácticas sincréticas y espiritistas una contraparte que a veces iba de la mano y, en ocasiones, chocaba con la catolicidad pregonada oficialmente.

El peronismo, aunque declarado como movimiento nacional “cristiano y humanista” no pudo sustraerse al “espíritu” de su época, y convivió con dichas expresiones.

Roberto Bosca, en La Iglesia Nacional Peronista: Factor Religioso y Poder Político (1997), refirió, basándose en el testimonio del confesor de Eva Perón, que “según el propio Hernán Benítez, y contrariamente a Evita, Perón sí era supersticioso y se sentía atraído por lo misterioso. Su antiguo ministro Carrillo sería quien lo había introducido al anaelismo (por la Logia ANAEL)”.

Aunque la afirmación es incomprobable, dado la catolicidad de Ramón Carrillo, Bosca redobla su apuesta sumando el testimonio de Máximo Etchecopar, destacado nacionalista y diplomático, quien fue embajador en el Vaticano entre 1950 a 1955, según el cual: “En la Santa Sede preocupaba una supuesta relación de Evita con el espiritismo más que las vertientes totalitarias de su conyugue”. Y, a renglón seguido, afirmó Bosca que “tanto Perón como su segunda esposa se sintieron inclinados hacia el espiritismo y en su momento pensaron que podían conocer su futuro a través del vidente inglés (Eric) Courtney Luck y del brasileño Menotti Carnicellí”.

El propio Perón aclaró la cuestión en sus años de exilio madrileño: “También dijeron que yo dirigía al gobierno guiándome del Consejo de Espiritistas… Lo que ocurrió es que una vez unos amigos me pidieron que recibiera a un espiritista brasileño. Lo recibí como recibía a tanta gente. Este señor tenía un nombre artístico. Creo que era Anael. Era un tipo simpático y me cayó bien. Yo lo recibí por razones políticas, porque en aquellas fechas muchos de los que estaban en el gobierno brasileño eran espiritistas como él. Además, en estas coas extrahumanas, yo ya tengo un poco de años y la experiencia suficiente para no negar nada ni afirmar nada. No digo que sea mentira, ni que sea verdad”.

En el caso de Luck sí se supo que trabajó en el Gabinete de Parapsicología del ministerio de Salud de la Nación hasta 1955, y, por testimonios de época, fue consultado por varios dirigentes del momento, como el caso de Ricardo Guardo, futuro presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, entre 1946 a 1948, según relató su esposa en sus memoria.

Quizás el episodio más notorio de acercamiento del espiritismo con el primer peronismo fue el acto de la Escuela Científica Basilio del 15 de octubre de 1950 en el estadio porteño del Luna Park, casualmente hoy manejado económicamente en parte por la propia Iglesia. Al pedir el permiso para realizar dicha actividad tuvo una adhesión, vía telegrama enviado por el jefe de la Casa Militar, coronel Ballofet, del primer mandatario. Con su lema “Jesús no es Dios” provocó la reacción de grupos católicos que condenaron la manifestación y la adhesión presidencial. Invisibilizados estos incidentes en la prensa oficialista, ya que a los dos días fueron los actos del 17 de octubre, sí tuvieron mediana resonancia en el diario católico El Pueblo.

Publicaciones de los primeros años de Perón y Evita, como Fuerzas Espirituales del Peronista, de 1949, del Consejo Superior Ejecutivo del Partido Peronista, y reeditada años atrás por gracia de Ediciones Fabro, con un prólogo a cargo de un servidor; o El Enigma, de Manuel Bernardes h., de 1951, con La Esfinge, símbolo egipcio de gran predicamento para el rito masónico de Hiram, y aquella que Carl Jung conceptuara como codicia simbólica y madre terrible, presidiendo la tapa y toda la temática de la obra, donde Evita y Perón simbolizan la “fidelidad encarnada”, son muestra de cierta conexión con el espiritismo.

Pero la obra más explícita de dicha materia será: Hora Argentina y Temas Analísticos Racionalistas, de Inocencio Barrio, publicado en 1954. Ésta es una obra declaradamente espiritista, que reivindica a Evita y Perón, adscribiendo al legado del español Joaquín Trincado, iniciado por “guardianes esenios de la escuela cábala en el Oriente de Jerusalém” (sic), quien fundó la Escuela Magnética – Universal de la Comuna Espiritual, la cual tuvo su sede en nuestro país, funcionando aún la Colonia Jaime en Santiago del Estero. El texto amalgama las enseñanzas de Trincado, la valoración y las prácticas del espiritismo, con la valoración de la obra justicialista, de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados (ATLAS), el legado de José de San Martín , Simón Bolívar y la unión americana, y “estas fuerzas dinámico electro magnéticas como puntos concéntricos y distributivos potenciales, que son Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón”, esta última un “espíritu descarnado… hoy libre del peso de la materia”.

Para Barrio “pueden reconocerse en Juan Perón y Eva Perón, nervio y entraña, espíritu y alma, fuerza y materia, o sea, el complemento de lo espiritual con lo material, que forman la armonía y mutua dependencia para la tangibilidad de la obra en uso y provecho, o sea, aprovechamiento de los realizado por el equilibrio de la compensación de las fuerzas en mutua colaboración y apoyo mutuo”.

La derrota del “coloniaje” tuvo en la pareja presidencia, según el ensayista, a sus más serios contrincantes, cuando: “por una parte actúa la energía potencial directriz, perón, que por inducción, imanta y sostiene con su fuente generadora, voluntad de acción, a su complementaria, Eva Perón, que a su vez, con los efluvios electromagnéticos que se desprenden de su sensibilidad, por reacción en cadena, reactiva otras voluntades, que por atracción simpática de las vibraciones espirituales, suman una potencia de querer realizar todo lo que sea necesario para implantar una igualdad en el disfrute, que el camino para arribar a la solidaridad, en la cual la convivencia humana habrá arribado al tan deseado paraíso”.

Más allá de la adhesión a estas obras, si fueron masivas o no, si el espiritismo disputó con el catolicismo, lo interesante es ver que no todo es homogéneo y monolítico, que hay que estudiar las distintas matrices ideológicas y creencias sociales, las cuales responden a una época. Mi intención de ponerlas en discusión en aproximarme a caracterizar la heterogeneidad del movimiento peronista, donde convivieron desde su origen diversos credos y pertenencias, sean de otras ramas del cristianismo, de fe judía, musulmana, sintoísta o agnósticos, más allá del dogma catolicismo, hasta ateos, amén de ideas políticas de diversas orientaciones, y ver que en distintas etapas de su existencia hubo personas que plantearon otras interpretaciones combinadas con su compromiso político.

Doy fe que al líder del justicialismo seguro que le interesó, sí, ya que los libros que cité se encuentran en la propia biblioteca personal de Juan Domingo Perón. Son hechos y publicaciones para estudiar en su contexto y ver a quién, o quiénes, interpelaron, así como su circulación y significación, tanto en esos años como en la época actual. Aún hoy hay debates, desde quienes buscan santificar a Evita o plantear un credo de desarrollo justicialista comunitario, hasta los que anhelan que el peronismo, vade retro, sea más laico y profano.

*Pablo A. Vázquez. Politólogo; Secretario del Instituto Juan Manuel de Rosas