Este domingo se vota en Bolivia

Cualquiera que se pregunte el por qué, tiene la respuesta a la mano: porque hubo un golpe de Estado. Pero eso es apenas la obviedad. Varios hechos concurrieron a que se vote este domingo donde entre otras cosas, todo lo malo puede pasar.

El 20 de octubre del 2019, Evo Morales ganaba las elecciones con más del 10 % de ventaja, contra Carlos Mesa. Y el 21 no hacía falta ir a Omasuyos a consultar las hojas de coca para saber qué sucedería el 10 de noviembre. Pero se sabía que no habría Yatiry capaz de alejar esos espíritus que ensombrecían todo.

De hecho, lo que sucedió fueron cosas de este mundo.

La historia comienza hace algún tiempo, con la prensa instalando la duda tan mentirosa como pertinaz de que quien gobernaba en realidad era Álvaro García Linera y que Evo estaba ahí de figura folclórica. Y luego, creando novelas sobre desencuentros entre ambos y hasta discusiones a solas, de las que nadie fue testigo pero que cierta prensa contaba con pelos y señales.

La sociedad entre prensa golpista y oposición, dieron el mejor resultado al que se podía aspirar: un golpe de Estado casi sin resistencia y con desbande. La primera, funcionando como gacetillera de una oposición que denunciaba inexistentes casos de corrupción con gran pompa y horas de televisión y metros de tapas de diarios. Tan inexistentes que casi ninguna tuvo jamás una denuncia ante la Justicia.  La tarea de limar al gobierno era un ariete directo a la cabeza de la gente. Todos los días.

De esta forma, el racismo y el odio de clase, repintaron sus viejas y podridas maderas, hasta verse como el retablo de la democracia y los derechos civiles, señalando con una espingarda a quienes debían ser considerados malditos, y por lo tanto, aspirantes a la pira purificadora del golpe violento, con muertos, presos y perseguidos, frente al altar de un dios creado (una vez más) a su imagen y semejanza.

Así fue que aparecieron decenas de agrupaciones ciudadanas, todas con un solo objetivo: ponerle fin al rrrrrégimen castrochavista, y para tal propósito se reunían de a cuatro para cortar calles y avenidas cada vez que no había nada mejor que hacer. O sea, casi todos los días.

A esto se sumó la publicación en redes y en la prensa, de las direcciones de las autoridades del MAS, que sirvió para romper vidrios, quemar casas y vandalizar todo lo vandalizable.

Ya había sucedido hacía también un tiempo, el levantamiento policial cuyo final hacía de esta fuerza un enemigo del gobierno tan sañudo como peligroso, así que no había quien parara a los “manifestantes por la libertad”.

A mediados del 2019, unos inesperados focos de incendio, arrasaban con parte de los bosques y la biodiversidad. Los grupos ecologistas que no se habían pronunciado jamás por la misma situación que se repite años tras años en Santa Cruz de la Sierra, descubrieron que Evo Morales era, además de todo lo “pecadeable”, ecocida. El gobierno instruyó alquilar todo lo disponible para apagar los incendios. Así fue como llegaron al país, helicópteros, aviones y equipamiento, incluido el Supertanker. Todo fue coordinado directamente entre Evo Morales y varias asociaciones, sindicatos y movimientos sociales. Fue una acción exitosa aunque dramática, que la prensa, siempre golpista, titulaba día por día: “el país se incendia y Evo se reúne con sus organizaciones para nada”.

De esta forma, cotidianamente, se organizó la vanguardia del atraso.

El MAS con una representación parlamentaria de dos tercios en ambas cámaras, nunca fue nombrado como el sesenta y cuatro por ciento del pueblo, sino como “los masistas”, o “los totalitarios dictadores” o como los “levanta manos”, reduciéndolos por la vía del racismo clasista a un grupo de brutos obedientes del “tirano que los tenía secuestrados”.

Dos meses antes, el 25 de junio del 2019, una médica residente en el trópico cochabambino había amanecido con dolor de cabeza y sagrados extraños. Fue trasladada a La Paz, donde murió un día después, y luego tres médicos aparecieron con los mismos síntomas: era arenavirus.

Una serie de acciones de emergencia permitió controlar esa epidemia de la que no se sabía prácticamente nada, y que de no actuar como actuó la ministra de salud, hubiera contado cientos de muertos.

La prensa boliviana se puso a la cabeza del siempre golpista colegio médico, pidiendo la renuncia de la ministra y de Evo Morales por las dos muertes causadas por el virus, no sin antes mentir en tapa y con grandes títulos sobre la cantidad de muertos, y desmentir días después en la sección de clasificados.

Se sabe que los cócteles letales llevan varios ingredientes que, combinados, son fulminantes, pero para que funcionen, alguien tiene que encender la mecha, y si nadie la apaga, explota todo por los aires.

La idea de divorciar a García Linera, de Morales, nunca funcionó pero la necedad de dejar de lado a valiosos dirigentes y sumar a “ex opositores” por parte del gobierno, generó unas rajaduras en una estructura que parecía (puertas adentro) no soportar ni una más. Acabaron siendo el coro de silencios frente al golpe. Despreciados por el gobierno de Morales, se alejaron irremediablemente y eso generó que se los tildara de asumir actitudes de vedetismo. El ninguneo propio también colaboró a una debilidad aprovechada desde afuera y desde adentro del gobierno, en una Bolivia donde cada boliviano acabó siendo un país enemigo, sin que nadie viera con anticipación que esas serían las causas de los días de luto que vendrían por delante.

Y entonces sucedió lo que parecía imposible: Bolivia, ese país sin mar, acababa de naufragar.

Las primeras filas de los que hicieron frente al golpe, están muertos. Los cosieron a balazos entre el Ejército y la Policía. Oficialmente son 36, pero se sabe que son más de cien, cuyos cuerpos fueron ocultados.

Hoy Bolivia se incendia de nuevo (como Córdoba, como los humedales), pero la prensa está ocupada viendo que un boliviano entró a los Grammy. Y el tratamiento del coronavirus fue apenas robarse la plata de unos respiradores que nunca llegaron, mientras (¡cómo no!) la prensa culpa al entorno de Evo, todos fuera del gobierno desde meses atrás.

Esta semana, las fuerzas represivas fueron amplia y públicamente felicitadas por el gobierno golpista, con tres mensajes en actos públicos: “Ustedes fueron el baluarte para derrocar al dictador. Ustedes tienen que votar bien, para que no vuelva. Ustedes y solo ustedes tienen que cuidar las urnas y transportarlas responsablemente”.

Acabo de leer esto que escribí, y lo voy a dejar por aquí nomás. Algunas similitudes me están arruinando el café de la mañana, y yo solo quería contarles cómo y por qué este domingo se vota en Bolivia.

*Fabián Restivo. Periodista.