Eva y Cristina: pasión y razón por la Patria

Las recientes declaraciones de la vicepresidenta de la Nación en un acto en La Plata sobre funcionarios y legisladores a quienes les “pese” el cargo, que deben renunciar y buscar “otro laburo”, no hacen sino reafirmar el rol de vigía del actual proceso político que Cristina detenta y que la militancia agradece.

Mismos conceptos vertía décadas atrás Evita, tomándolo de mi texto Evita, su legado de puño y letra (2009), señalando el 28 de noviembre de 1947 – casi con palabras que pueden afirmarse hoy – que “no importa los enemigos que nos rodean; no importan los detractores; no importan, incluso, los colaboradores que no actúan con la eficacia que desearíamos. Todos estamos poniendo nuestro hombro para que este pueblo tan castigado, al que durante cien años se le prometió todo y no se le dio nada, vaya teniendo lo que en justicia se merece”. Y el 24 de abril de 1950, señaló con respecto al rol de los legisladores que deben ser militantes cabales, pues “antes que el cargo y la jerarquía, prefiere ser un auténtico peronista que lucha por el ideal común”.

Estas coincidencias entre la “dama de la esperanza” y la expresidenta se reafirman con la publicación de Sinceramente (2019), libro de memorias de Cristina Fernández de Kirchner que deparó no sólo un éxito editorial y las polémicas por sus dichos e impresiones, sino que potenció el paralelo con otra obra de igual o mayor envergadura, La Razón de mi Vida (1951), de Eva Perón.

La vida y legado de Evita, estudiada por Norberto Galasso, Fermín Chávez, Marysa Navarro y por mí, entre muchos autoras y autores que destacaron su rol en el primer peronismo, hizo que su trabajo político haga única la experiencia de los gobiernos de Perón.

Desde los años ’30, la idea del siglo pasado de políticas activas desde el Estado posibilitó lograr palear las crisis sociales producto de las contradicciones del capitalismo pero, casi siempre, se presentaban como medidas contingentes.

En Argentina esa acción tuvo un modo particular de ejecución a nivel político que se instrumentó desde el justicialismo, con un apellido de fuste: PERON; al que se le sumó un nombre femenino para sellar este proceso.

Y así, como afirmó Marechal, la revolución tuvo nombre de mujer: EVITA.

Ella fue y es significante de una transformación social donde se incorporaron las mujeres y demás grupos marginados de la vida política al escenario político de la Argentina que con un Estado fuerte y activo planteó un desarrollo industrialista y un proyecto de Nación para todos.

En un mundo de posguerra y lucha entre bloques antagónicos, el peronismo trajo un mensaje cristiano y humanista, con una pasión plebeya y un arraigo en el movimiento obrero, donde Eva no sólo interpretó el deseo de las mujeres argentinas de votar sino el ansia del pueblo todo de tener justicia social y pleno empleo.

En La Razón de mi Vida (1951), hay tres actores: las mujeres, los trabajadores y Perón. Allí expone sus etapas de militancia junto a su esposo y plantea, frente a sus detractores, que su accionar sólo tiene un destinatario: el pueblo.

Sea con ayuda de la pluma de Penella De Silva o Raúl Mendé, el texto con la matriz del sentir de Eva es la obra más paradigmática del primer peronismo como obra literaria, reconocido esto por Horacio González. Acompañó a millones de familias argentinas y fue objeto de persecución por los “fusiladores” de 1955.

Aún hoy sus palabras conmueven e interpelan en su afán por lograr una Patria justa, libre y soberana de la mano del proyecto político de Juan Domingo Perón.

Con Cristina pasó algo similar ya que acompañó el proyecto de Néstor. O, mejor dicho, ambos compartieron un proyecto político donde uno actuaba en el Ejecutivo y ella trabajaba desde lo Legislativo.

Estos tiempos neoliberales nos plantean una variedad de crisis, desde la crisis actual del capitalismo a nivel financiero hasta la propia crisis del individuo, productos de fallas del sistema que provoca grietas en los vínculos sociales y los modos identitarios que se expresan en lo colectivo como representación comunitaria.

En esa perspectiva, aun cuando las desigualdades hayan cambiado de naturaleza e intensidad desde lo individual, aquellas más graves, esto es las desigualdades persistentes en lo endémico social que se traduce en la falta de distribución de la riqueza e injusticia social para los ciudadanos, es que es imprescindible la intervención directa en la comunidad.

La expresidenta Cristina Fernández sostuvo años atrás queSiempre recordar a Eva Perón es un desafío. Porque Perón enseñaba, pero Evita conmovía, y sigue conmoviendo y conmocionando, es algo diferente (…) cuándo la ve, frágil en apariencia, pero tal vez con la fortaleza que sólo dan quienes están absolutamente convencidos de cuál es el camino, de cuáles son los ideales, de cuáles son los intereses que debemos representar.

Y que “la imaginaba y la imagino junto nosotros, en cada lucha, en cada combate, en cada acción por la cual logramos que un argentino vuelva a tener trabajo, vuelva a tener educación, vuelva a tener salud, vuelva a tener seguridad, allí la imagino, junto a las grandes transformaciones, con los grandes compromisos.”

La Presidenta tuvo durante sus dos mandatos iguales desafíos pero con mayores complejidades. Ya que venimos de años de destrucción del Estado, de la conciencia ciudadana, de la solidaridad entre nuestro pueblo.

Desocupación, hambre, vacío institucional, quiebre moral son los legados de un pasado reciente al que Néstor Kirchner primero y luego nuestra Presidenta Cristina Fernández superaron en pos de un proyecto colectivo de reconstrucción nacional.

Lo que Néstor insinuó, Cristina lo consolidó día a día en sus dos gestiones, a pesar de las adversidades, con la fuerza de un cuadro político y de mujer profesional que debe desempeñar en su mandato presidencial.

Entre Eva Duarte y Cristina Fernández hay un puente que es el pueblo eterno que encontró en Evita su representante, un puente tendido hacia Perón, que litigaba a su favor frente a los poderosos, y en Cristina encontró en su momento a la Presidenta que realizó las transformaciones necesarias que consolidaron las políticas de Estado a favor de los DD.HH., la infraestructura en materia de obra pública y vivienda, la consolidación del Mercosur y Unasur, la distribución de la riqueza y la grandeza de nuestra Nación.

Hoy, acompañando a Alberto como vicepresidenta, encarna con su liderazgo la esperanza de millones que esperan que, junto a la gestión gubernamental actual, puedan sacarnos de la crisis económica heredada del macrismo neoliberal y superar esta pandemia que nos asola.

*Pablo A. Vázquez. Licenciado en Ciencia Política; Docente del INCAP.