FMI, deuda y frente interno

En estos días el gobierno nacional se encuentra en proceso de negociar con el Fondo Monetario Internacional el mega endeudamiento que en el año 2018 tomó el gobierno de Mauricio Macri con el fin de satisfacer, básicamente, la demanda de dólares de sus socios locales y extranjeros para su posterior fuga del sistema. 

Queda claro que la resolución de esta negociación, en mejores o peores condiciones, mayores o menores plazos e intereses (incluso una poco probable quita), significará, como en anteriores procesos de endeudamiento externo, una confiscación al trabajo de los argentinos. Un drenaje de miles de millones de dólares que en vez de ser invertidos en mejorar las condiciones de trabajo, producción y desarrollo, serán destinados sólo para pagar la fiesta de las elites privilegiadas por gobiernos neoliberales. 

La reciente carta firmada por los senadores del Frente de Todos dirigida al FMI arroja una serie de datos que dan cuenta la magnitud de la responsabilidad política que tuvo el organismo  en el otorgamiento de los 44.000 millones de dólares. Afirma en punto 1.:

“Las negociaciones que se iniciarán próximamente, serán para superar  el “cancelado y descarrilado acuerdo stand by 2018 (SBA)”. Resulta  obvio que, si este SBA hubiera resultado exitoso, hoy no  estaríamos ante la necesidad de tener que acordar un nuevo  Programa”.

Más adelante, en el punto 6 de la Carta se apunta con claridad la complicidad del FMI (nunca ignorado) en convalidar el mega préstamo destinado a la fuga de capitales: 

“Según la información que se conoció inmediatamente después de los  primeros desembolsos efectuados, esos fondos, en lugar de engrosar  las reservas internacionales del BCRA, se dirigieron a financiar la fuga  de capitales mediante el aumento en la formación de activos externos.  Recientemente el BCRA ha publicado el informe de deuda, donde da  clara cuenta de esta situación cuando afirma: “Entre mayo de 2018 y  hasta que fueron establecidos los controles cambiarios más estrictos  en octubre 2019, del total pautado con el FMI llegaron a  desembolsarse cerca de USD 44,5 mil millones. Estos fondos junto a  las reservas internacionales, abastecieron una fuga de capitales del  sector privado, que alcanzó los USD 45,1 mil millones….”.

Es este un ejemplo fácil de comprender de lo que significa, como en otros casos,  transferencia de ingresos, es decir, el pueblo argentino contribuyendo de manera directa al proceso de acumulación de capital de esa elite nacional y extranjera. Y no es una entelequia; es materialmente palpable. Aparecerá en cada presupuesto nacional en los años sucesivos bajo el aparatado “Pago de servicios de deuda externa”. Veremos que esos miles de millones de dólares anuales equivaldrán a partidas presupuestarias destinadas a salud, educación, vivienda, entre otras áreas esenciales. 

La deuda como clave de la dependencia

El endeudamiento, básicamente con organismos de crédito internacional como el FMI, implica el sometimiento a las condicionalidades del organismo bajo un “Programa” que está diseñado a formatear a las economías periféricas en orden a intereses del poder central. No en vano sus modelos de sociedades y países a imitar responden a este tipo de estructuras. Países dependientes del valor de sus producciones primarias, sin desarrollo industrial, con baja carga tributaria, casi nulos niveles de sindicalización, legislación laboral mínima y, como corolario, bajos salarios. 

La dependencia económica de la Argentina no es impuesta por el poder del capital extranjero y opresor, sino es el resultado de una clase dominante que cree firmemente que el destino del país debe estar atado a la suerte de la potencia dominante. Es una clase que desea ser  un país semi colonial, y que no ve nada de malo en ello, como tampoco conflicto alguno en tanto, esencialmente,  su dependencia es básicamente cultural para luego ser económica. Sobre esto, Jorge Abelardo Ramos en su texto publicado en el año 1954, Crisis y resurrección de la literatura argentina, como luego Arturo Jauretche en su extensa obra darán cuenta con precisión (aunque la progresía determine que está pasado de moda) que la dominación económica es esencialmente cultural. 

Pruebas sobran a lo largo de nuestra historia. Vamos a la más cercana: esta semana el Congreso de la nación que trató el Aporte Solidario a las Grande Fortunas tuvo al 46%  de los diputados de la oposición votando en defensa de los intereses del 0.02%. Sin duda una delicia del sistema democrático liberal en lo que representaciones se refiere. 

El frente interno

Mientras tanto, el martes de esta semana, según el informe publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) una familia precisa $49.912 para no caer debajo de la línea de pobreza que establece la Canasta Básica Total (CBT). El nivel de pobreza se acerca al 50% a fin de año, y desempleo al 20%.

En cuanto al panorama inmediato, el aumento de tarifas de servicios públicos se extendió al mes de marzo próximo, en tanto sí se confirmaron nuevos aumentos en combustibles y de medicina prepaga. La inflación se prevé que continuará elevada en los próximos meses, tal como ocurrió en el mes de octubre llegando al 5% en el rubro alimentos que es donde mas golpea a los ya magros ingresos  de los sectores más postergados, sea por la precarización laboral  o por los programas de asistencia social que también serán reducidos, tal el caso del IFE.

Todo estas dura realidad bajo la enorme presión que generan los sectores económicos concentrados, esa elite trasnacionalizada y beneficiaria de los procesos de endeudamiento y fuga, a quienes en una entrevista días atrás el economista Ricardo Aronskind indicó que en comparación a las exigencias y presiones de las empresas nacionales y extranjeras que conforman AEA (Asociación Empresaria Argentina) el FMI es moderado. 

El conglomerado empresarial de AEA, junto al Grupo Clarín y sus socios mediáticos, y a la empresa italiana Techint (con una de sus sedes en Argentina) marcan el paso y pretenden fijar una agenda y un plan económico opuesto al del gobierno nacional. En las actuales circunstancias, recesión de más de tres años e impacto de la pandemia, la Argentina tiene la posibilidad de desplegar políticas de emergencia que discutan mucho de los intereses corporativos representados en AEA. Lo mismo ocurre con el sector agro exportador que requiere de parte del Estado un rediseño estructural en la forma que operan los grandes grupos de siembra y las empresas cerealeras a fin de disponer de los dólares que retienen a discreción. Una reforma tributaria progresiva que atienda las necesidades de los sectores que generan mayores oportunidades y puestos de trabajo. 

El peso y pretensiones de la AEA es una consecuencia de décadas de extravíos de la vida política y económica argentina, que muy bien supieron aprovechar a su favor. Su papel en la actividad económica es innegable pero debe ser compatible con las necesidades de desarrollo y recuperación general de la población, y de un sector productivo al que no representan como es el de las pequeñas y medinas empresas, capaces de reconstruir el tramado de producción y de empleo indispensables para volver a los niveles de actividad económica que requiere la dinámica de un mercado interno indispensable para salir de la recesión rápidamente y empezar a crecer.

En cuanto a cerrar un acuerdo con el FMI, por el que también presionan sus representantes locales de AEA, llevados más por cuestiones de índole ideológica y componentes de clase que por cuestiones pragmáticas y de interés económico, esas mismas que conforman el sustrato de la dependencia, ¿cuál sería la urgencia y conveniencia de cerrar un acuerdo con el FMI? Acaso no sería prudente recurrir en estos momentos la frase de Néstor Kirchner que decía que “los muertos no pagan” antes de asumir compromisos de pagos que podrían discutirse en un escenario post pandemia? 

Hay un tiempo por delante que requiere avanzar en medidas que están por arriba de intereses sectoriales. No debe temerse a esa disputa, lo contrario sería caer en imposturas de acuerdos que sólo serán considerados como tales en tanto cumplan sus ambiciones. Es mejor en cualquier caso dar estos debates en lugar de estar aclarando que el Gobierno no es comunista, ni que está en contra de la propiedad privada, ni tantas otras cosas por las que a veces pareciera hasta tener que pedir disculpas por haber triunfado en las elecciones y querer gobernar. 

Comenzar por resolver las dificultades existentes en el frente interno conducirá a encauzar de manera acorde a las prioridades del interés nacional las referidas a las del frente externo.