Forster: “Hay un achatamiento del debate político, sobre todo en nuestro campo”

Al principio de la pandemia muchos de los principales filósofos del mundo lanzaron algunas temerarias predicciones acerca de lo que se venía y de lo que esta pandemia significaba: desde el fin del comunismo chino hasta el fin del capitalismo; desde el intento final de una biopolítica llevada adelante por Estados liberales que devenían totalitarios hasta las conspiraciones más insospechadas. A un año del confinamiento: ¿qué lectura hacés de estas predicciones y cuál es tu propia visión de lo que le ha tocado vivir al mundo?

Yo te confieso que a mí no me molestaron las tomas de riesgo, los Agamben, los Zizek, los Nancy que salieron a decir cosas que tenían que ver, seguramente en muchos casos, con el laburo de muchos años y un modo de pensar la sociedad, el capitalismo, la modernidad, la biopolítica, etc. Probablemente el caso más urticante fue el de Agamben porque le bajó el precio a la pandemia… o se lo subió, uno podría decir. Lo bajó en el sentido de que no imaginó el impacto sobre la vida, las muertes, los contagios, la expansión global; y lo subió porque planteó algo que no es menor y que hay que pensar: las consecuencias sobre la vida, sobre la política, sobre la economía, sobre los cuerpos, de la pandemia, la pospandemia y los sistemas y los dispositivos de seguridad y control que son parte de su reflexión sobre el biopoder; a la biopolítica como uno de los núcleos centrales de la modernidad capitalista. Desde ese punto de vista, yo te diría, tiendo más a la imagen hegeliana del Búho de Minerva, la filosofía levanta vuelo al atardecer cuando las cosas, de algún modo, acontecieron y lo que intenta es pensar, interrogar, poner en cuestión, criticar, reflexionar en torno a lo que está sucediendo y el modo en que se va cristalizando. Pero es cierto que la pandemia abrió una cantidad de reflexiones. Algunas más interesantes. Otras menos interesantes. Todos nos hemos casi cansado de leer desde material sobre biología -ni hablar de cuestión ambiental, ecológica-, los virus, el concepto de vida, las pestes. Es parte de lo que nos fue sucediendo durante el año pasado.

En el caso personal, a mí me llevó sobre todo entre marzo y julio, a tener la necesidad de escribir, volcar eso en un libro que se llamó El derrumbe del palacio de cristal, porque me pareció que tenía necesidad de ir acompañando mi experiencia en cuarentena con lo que veía que estaba sucediendo en términos de la humanidad, en términos de la globalidad, en términos del capitalismo, en términos de los modos de producción, en términos de la naturaleza.

Todo eso creo que fueron disparadores extremadamente potentes y al mismo tiempo una sensación dual, primero de un cierto… cómo llamarlo… un cierto entusiasmo ante el impacto de esta novedad única y entusiasmo en el sentido de imaginar que era como que se abría una brecha de nuevo tipo. Y después también esos días de escepticismo brutal viendo las conductas reales del capitalismo real. Todo esto, me parece, estuvo en juego a lo largo del 2020. Y las experiencias personales que también son importantes. ¿Qué nos pasó en términos de individuos viviendo los tres meses de estricta cuarentena? Después de la experiencia de la pandemia no somos los mismos. Y eso tenemos que ponerlo de alguna manera en palabras.

Aun cuando muchos países realizan confinamientos parece haberse instalado que ya no hay margen para hacerlo y el propio gobierno argentino parece aceptar esa imposibilidad. ¿A qué se debe esto? ¿Ha triunfado una idea “libertaria” de la libertad o es simplemente que la gente está cansada?

Yo creo que es una combinación. Después de cuarenta años de neoliberalismo al mango que implicó transformaciones estructurales de la vida social, de la vida individual, de los valores, de los gustos, de las prácticas que llevó a una hipérbole individualista, a una sociedad fragmentada, a una guerra de todos contra todos en una competencia para llegar a un lugar exitoso, es muy difícil pedirle a esa sociedad, -que durante cuarenta años vivió haciendo la apología del emprendedorismo, de la competitividad, de la riqueza, de los ricos y famosos-, una socialización distinta, prácticas colectivas, prácticas de ayuda, de cuidado y que eso produzca una revolución en la conductas de la noche a la mañana. La verdad que es absurdo. Seguimos instalados en una sociedad despiadada que sigue construyéndose en base a la desigualdad, la injusticia y la exclusión. Lo vemos con las vacunas: un puñado de países ricos acaparan el 80%, -y me quedo corto-, de las vacunas fabricadas a nivel global. Todo eso significa que la sociedad hace un esfuerzo enorme de intentar ir por otro lado y creo que hay una parte de la sociedad que está aprendiendo a valorar lo que antes no se valoraba: el rol del estado; la preocupación por lo público, por lo común; la solidaridad.

No sé hasta dónde va a llegar eso porque hay una ofensiva salvaje para que eso no cuaje también. Vos pensá que en la segunda mitad del 2019 había un montón de sociedades a nivel global que estaban en una crisis social y de movilizaciones enorme. La más próxima a nosotros era la de la sociedad chilena, que nunca hubiéramos imaginado, después de haber sido la sociedad que mas acató internamente al neoliberalismo, que iba a reaccionar como reaccionó y arrinconó a un país que era la niña bonita del neoliberalismo a nivel global en los países periféricos. Y eso estalló en mil pedazos. Vino la pandemia y lo puso en suspenso. ¿Vos pensás que eso estará en suspenso para siempre? Estoy convencido que a la salida de la pandemia las sociedades van a entrar en una crisis de legitimidad muy grande; que nos esperan, como dicen los chinos, “tiempos interesantes” porque van a ser tiempos críticos. Que los podamos transformar en tiempos emancipatorios… no lo sé. Eso dependerá de otros factores que uno no tiene la brújula ni tiene tampoco la bola de cristal como para decir “vamos hacia ese lugar”. Podemos ir hacia lo peor también. La destrucción ambiental sigue creciendo. El aprendizaje ha sido muy corto. La catástrofe ambiental no es algo que esté en un futuro lejano; es algo que ya nos acontece en nuestro presente.  Todo eso va a estar en juego y la desigualdad sigue creciendo y cinco tipos son los dueños de la riqueza del planeta. Todo eso está en juego hoy y va a estar en juego mañana cuando la pandemia vaya aflojando su impacto.

En la medida en que a nivel mundial hay una izquierda más posmoderna con una agenda distinta a la de la izquierda tradicional, las respuestas por derecha también parecen reconfigurarse. En este sentido: ¿hay una nueva derecha? Y si es así, ¿qué características tendría?

A mí no me cabe duda de que estamos en un horizonte de prácticas políticas donde los viejos fascismos o las viejas derechas se han reconfigurado, se han articulado con lenguajes propios de esta época y hoy han expandido su capacidad de interpelación a sectores sobre los que antes no tenían una capacidad de entrada tan fuerte.

Lo vemos obviamente en la experiencia americana, desde el norte de América hasta el sur de América con lo que fue primero la experiencia Trump en Estados Unidos, que de ninguna manera está cerrada ni sellada; lo vemos en esa experiencia terrible y brutal que está del otro lado de nuestras fronteras, en el Brasil de Bolsonaro, pero también lo hemos visto en Europa con el crecimiento electoral, incluso con la llegada al gobierno de sectores de  de extrema derecha racialista, xenófoba, que uno consideraría, -usando las teorías un poco “elásticas”-, cuasi neofascistas y de extrema derecha. Han crecido y siguen creciendo y sobre todo están ganando terreno en el proceso de desconcierto, de ira y de fragmentación de sectores medios y sectores populares sobre todo en Europa.

Eso reconfigura un enorme desafío para aquellos que defendemos ideas igualitaristas, que nos sentimos parte de una tradición que tiene la idea de la igualdad, la justica y la libertad como núcleos clave de su conformación de sociedad porque el avance de las extremas derechas es extremadamente peligroso.

Yo creo que siempre es buena la comparación histórica, no para pensar que las cosas se repiten del mismo modo sino para entender un poco el presente y el pasado. Pensemos la diferencia entre la salida de la primera guerra mundial y la salida de la segunda guerra mundial. La salida de la primera guerra mundial está diseñada desde la lógica del enfrentamiento de clases: la revolución en Rusia, la respuesta fascista en Alemania, en Italia, después se prolongó en la España falangista, en la Portugal salazarista y, en los años veinte, el capitalismo democrático liberal se hizo hiperliberal y la década de los veinte fue la década más desigual de la historia hasta ese momento del capitalismo. Y estalló en mil pedazos en los años veintinueve y treinta. La respuesta a ese estallido fue el inicio de las políticas estatalistas y keynesianas. Tanto por parte de los sectores liberales como también de los sectores reaccionarios y de derecha.

La salida de la segunda guerra mundial fue distinta porque las clases dominantes sintieron el miedo a la revolución y aceptaron que se construyan los estados de bienestar y eso implicó entrar a los treinta famosos gloriosos años de la posguerra europea pero que, en el caso latinoamericano, entre otras cosas, habilitó un Cárdenas en México, un Perón en Argentina, en gran medida un Vargas en Brasil. Eso fue producto de una disputa de clases en la que los sindicatos, la capacidad de disputa de los trabajadores y las trabajadoras, las nuevas ideas estatalistas y keynesianas, tuvieron que ser aceptadas por las clases dominantes.

Hoy se plantea bajo nuevas condiciones esta disputa. O vamos a aceptar la reproducción más brutal de la desigualdad que puede llevar perfectamente a una reaparición bajo nuevas condiciones de los fascismos; o vamos a impulsar de nuevo, bajo nuevas lógicas, estados sociales, participación democrática, mejor distribución de la renta y, al mismo tiempo, una preocupación de otra índole por nuestras estructuras productivas, la cuestión ambiental, el calentamiento global, etc. Me parece que estamos en esas disyuntivas. Los peligros son reales. Estamos frente al peligro de sociedades muy descompensadas que pueden optar por salidas fascistoides, perfectamente. Brasil es un caso emblemático. Después de casi catorce años de gobiernos del PT la respuesta mayoritaria de la sociedad brasileña fue la más espantosa que hubiéramos podido imaginar. Yo no lo descarto. Por eso la pelea hoy es absolutamente fundamental y decisiva.

¿Cómo te imaginás a la derecha local que hoy parecería presentar opciones casquivanas y radicales como las de Macri y Bullrich y opciones pretendidamente moderadas, tal como las entiende el propio gobierno al menos, como las de Rodríguez Larreta o Vidal. ¿Vendrá una opción moderada para enfrentar la moderación de Alberto Fernández o acabará imponiéndose el ala de la derecha radicalizada?

Todo va a depender de cómo transcurran estos próximos tres años. Si los próximos tres años están sostenidos sobre una campaña de vacunación, llamemos, “exitosa”; si están sostenidos sobre una recuperación económica que incluya también una recuperación del salario y del poder adquisitivo de las clases medias y los sectores populares, yo creo que no hay opción de derecha que pueda ganar una elección en esa Argentina. Pero si llegamos en estado de crisis, de coma, me parece que se abre un abanico que se parece al huevo de la serpiente.

Una crisis profunda, aguda, de un proyecto como el nuestro no abre una salida progresista, o más de izquierda, o genuinamente más nacional y popular, como dicen algunos, sino que creo que lo que hace es plantear cuál de las dos derechas que vos estás señalando tiene más chance. Además ya sabemos lo que es en la Argentina una derecha moderada. Cuando el macrismo gana la elecciones en 2015 se viste de derecha moderada y termina gobernando como una derecha económicamente rabiosa. Probablemente eso suceda con un Rodríguez Larreta o con una Vidal. Macri y Bullrich dicen lo real de su mirada de mundo. Entonces creen, como Pichetto, que defender posiciones duras, autoritarias, xenófobas, racistas, en ciertos sectores, paga. Entonces van por ese lado. Yo creo que en última instancia se van a juntar esos dos sectores. No veo que haya una ruptura de esos sectores.

Por eso yo pongo todas mis fichas a que nosotros seamos capaces, en estos tres años, de dar saltos cuantitativos y cualitativos, y demostrar que efectivamente se puede construir otro modo de vivir en un país como el nuestro. Este es el gran desafío, obviamente.

Esta es una apreciación personal con la que quisiera saber si coincidís: especialmente durante los gobiernos de Cristina estuvo muy presente la cuestión de la batalla cultural, el revisionismo, un regreso a debates ideológicos en el mejor sentido del término y hoy no veo que exista eso ni en el debate público ni en la militancia. ¿Estás de acuerdo? Y si fuera así: ¿por qué creés que está pasando esto?

Hay un achatamiento del debate político y de ideas. Me parece que eso es real, sobre todo en nuestro propio campo. Uno siente que hay menos intensidades en términos de debate político. Eso creo que tiene que ver también con el tipo de Frente que se construyó y con las circunstancias por las que estamos atravesando: tanto la crisis brutal que recibimos del macrismo como la que dispara también la pandemia que hace que las cosas se vuelvan un poco más difíciles, más grises en un punto. Creo que ahí hay algo que tiene que ver con eso. Por otro lado sí me parece que en verdad hoy estamos en muy buenas condiciones para rediscutir el rol del estado, el rol de la economía; para rediscutir la relación de la Argentina con América latina y a nivel global también. Me parece que esas cosas sí se están abriendo como posibilidad. Pero creo que hay un estado de desmovilización producto, en gran medida, de la pandemia. Y eso nos hace daño porque para nosotros el estado de movilización no es solamente la salida a las calles -que siempre fue la clave: ocupar las calles. Sino lo que significaba política, cultural y simbólicamente ocupar las calles. Eso nos está faltando. Y también nos está faltando una discusión más profunda hacia adentro de aquello que se está abriendo después de esta travesía por el desierto de la pandemia.

*Podés escuchar “No estoy solo” los sábados de 10 a 13 en www.larz.com.ar