Fuentes Seguras. Energía vital

Los subsidios para las distribuidoras durante un año son equivalentes al valor de las mismas. ¿Por qué no recuperarlas?

Moda y psicología. Enel, Edesur, Cammesa. Segba. El robo y la eficiencia. Los subsidios para las distribuidoras durante un año son equivalentes al valor de las mismas. El sentido profundo de la deuda externa. Que falta de respeto que atropello al Partenón. Justo el 31. Debate sobre la Felicidad.

En la semana que culmina el verano llegó corriendo por sorpresa como un wing que despega escondido detrás de los volantes. Ocupó todo el espacio y le recordó a la muchachada que para ganar hay que transpirar la camiseta.

Igual, antes de su arribo ya todos andaban en camiseta. Pibes y pibas, lo cual es natural, pero también señores y señoras de cierta trayectoria. Curioso: nunca la industria de la moda invirtió tanto en publicidad como en este comienzo de siglo; nunca la gente anduvo tan así nomás.

Nada que ver la pandemia ni la situación económica, que generan otra situación, mucho más delicada. Este narrador se refiere a usos y costumbres; a decisiones que trascienden posibilidades y se instalan como preferencias.

En vez de buenos calzados de cuero, se pagan cifras raras por zapatillas de lona. En lugar de trajes y vestidos, un cusifai panzón muestra el ombligo y una mina se calza la calza. En esta descripción sólo cabe una conclusión: admitir el misterio de las costumbres humanas.

A partir de ahora nos zambullimos en otros misterios. Verá usted, lector, que son aún más difíciles de desentrañar. Pero lo intentaremos, juntos. Preste atención.

ENERGÍA VITAL. La empresa Edesur, controlada por el grupo italiano Enel, difundió sus números rojos de los primeros nueve meses del año. Pese a la asombrosa creciente tarifaria de los tiempos previos y de los incrementos autorizados durante el tramo en curso, sostiene que sus ingresos cayeron un 20 por ciento y que acumuló pérdidas por 14 mil millones de pesos. Es preciso añadir que al igual que otras distribuidoras, Edesur adeuda fortunas a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) y está siendo beneficiada por una renegociación harto tolerante.

Esta compañía no sólo planteó su situación ante la Comisión Nacional de Valores sino que realizó un airado reclamo al Estado nacional, al cual responsabiliza por sus dificultades. Sin embargo, desde 2016 Edesur logró, junto a otras eléctricas en manos privadas, una rentabilidad extraordinaria que ni siquiera fue obturada por el congelamiento tarifario registrado durante la cuarentenaEl tarifazo del período macrista (2016-2019) le facilitó un beneficio azorante. En 2019, Edesur registró ganancias por $12.680 millones según el balance presentado ante la CNV, un alza del 167 por ciento en relación al año anterior.

Pero además la vertebradora de la firma, Enel, participa verticalmente del conjunto del proceso energético. Si bien Edesur es la cara visible, su propietaria está presente en las zonas de generación, transporte y distribución, lo cual eleva el rédito notablemente. Sin que se le mueva un pelo, un tal Claudio Cunha, ¡country manager! de Enel, acaba de indicar a medios especializados que “La situación económica de la empresa es insostenible y requiere una pronta solución por parte del Gobierno”. ¿Qué significa country en este caso?

Una derivación de este informe debería conllevar un análisis de fondo sobre la propiedad de la energía en nuestro país (Si tantos problemas les acarrea, ¿por qué no se van? Si el Estado debe hacerse cargo de sus deudas, ¿por qué no absorbe las compañías?); otro perfil exigiría una revisión de falsos conceptos instalados por un periodismo propagandístico. Por caso, el de la eficiencia privada en detrimento de la pública a la hora de regentear una corporación. La ineptitud de Enel que con todas las cartas a favor igual muestra deterioro, sólo es proporcional a la deshonestidad de sus directivos, que hacen pasar tremendas ganancias por pérdidas.

Como señalamos hace poco en referencia a Edenor, la Argentina se encuentra ante una oportunidad magnífica para recomponer un sistema energético centralizado y eficaz en manos del Estado. Es ostensible la necesidad de un diseño que ampare un proyecto nacional industrial con especial atención a las empresas productivas y a los usuarios que son, a la vez, trabajadores y consumidores. Veamos el motivo por el cual suponemos que este presente es ideal para adoptar resoluciones: Los subsidios para las distribuidoras durante un año promedio son equivalentes al valor de las mismas.

Al valor de todas ellas, reunidas. Alguien debería explicar por qué y para qué el erario público destina esos, nuestros dineros, a semejantes parásitos.

Un dato más que quizás el lector anhele conocer. ¿Qué es Cammesa? Su propia definición: Una empresa de gestión privada con propósito público. Sólo el primer tramo de la frase, se cumple. El paquete accionario de Cammesa es propiedad de los Agentes del Mercado Mayorista Eléctrico en un 80%. El 20% restante está en poder del ministerio público que asume la representación del interés general y de los usuarios.

ROBO ELECTRIZANTE. Pero esto no es todo. Un preciso informe del Ente Nacional de Regulación Eléctrica (ENRE) denunció el acuerdo firmado por quien fuera presidente, Mauricio Macri y su titular del área, Gustavo Lopetegui, con Edesur y Edenor. Allí se planteó la licuefacción de una deuda millonaria y, a su vez, el reconocimiento de “ingresos no percibidos” por 101.000 millones de pesos como consecuencia del congelamiento de tarifas aplicado entre 2006-2015 por la administración nacional popular. La maniobra terminó de consolidarse cuando ambas compañías computaron en sus balances parte de esos números en carácter de ingresos.

La auditoría del ENRE destacó que “ha mediado desviación de poder, en tanto revela una finalidad distinta a la enunciada en su texto, que sólo puede calificarse como de obtención de ilegítimos beneficios económicos a favor de las empresas particulares, pues sin causa ni razón justificada en derecho, utiliza metodologías de cálculo que, en todos los casos, resultan perjudiciales a los intereses del Estado”. Hay más: El ENRE explicó que las concesionarias recibieron más recursos por subsidios que por lo que se anotaron contablemente como “ingresos no percibidos”. Entonces: ¡En realidad Edesur y Edenor le deben al Estado 47.000 millones de pesos! El macrismo no sólo les pagó para beneficiarlas, también les pagó para financiar la estafa al Estado.

El movimiento nacional no debería dejar de lado, a la hora de realizar una evaluación a fondo, que el proceso de privatización de la Energía comenzó en febrero de 1992 con la venta de las unidades de generación de la empresa Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires (SEGBA) y posteriormente se desplegó hacia las áreas de distribución, en julio de 1992. El Gobierno de aquel entonces, presidido por Carlos Menem, se formó tras los comicios de 1989. Había sido victoria del Frente Justicialista, enarbolando un programa que incluía la defensa de la soberanía nacional, la revolución productiva y el salariazo. Luego del primer avance privatizador, ese espacio volvió a vencer en las elecciones legislativas de 1993 y en las presidenciales de 1995.

DEUDA Y FUGA. Cuando la Argentina retomó el vínculo directo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) esa entidad ya estaba desprestigiada. Nadie quería hacer negocios con ella. Su paso por la triste Grecia había dejado un desastre tal que sus gobernantes se lanzaron a vender islas y construcciones históricas. Fue posible imaginar a Platón entonando un tango: Qué falta de respeto, que atropello al Partenón. La insistencia del organismo multilateral en exigir programas de ajuste había llegado a un límite marcado por dos grandes episodios de la vida mundial cuyos contenidos resultaron múltiples: la crisis financiera desatada –no originada, desatada- en 2008 y el razonable emerger de prestamistas estaduales menos quisquillosos.

Pero la coalición gobernante en nuestro país, que había arribado tras vencer por un punto en las elecciones de 2015, tenía un objetivo claro. Absorber y fugar las riquezas nacionales en modo rápido y furioso, y la única entidad que garantizaba semejante latrocinio era el FMI. Es que en realidad esa era su única función genuina. Por entonces China ya estaba otorgando créditos blandos a otras naciones asiáticas, pero los liberales argentinos no entendían su idioma. La cuestión estaba lejos de la lógica dificultad para comprender los ideogramas; el problema era que los orientales en vez de sugerir restricciones proponían planes de inversión y se negaban a la canalización de sus préstamos hacia paraísos fiscales.

Por lo demás, nuestro país no necesitaba créditos voluminosos. Sólo líneas esenciales para adquirir insumos y, en perspectiva, promover la fabricación local de los mismos. La acción realizada por el Poder Ejecutivo y su equipo económico en aquél entonces supera la imaginación de personas que se indignaron con la imagen de un kirchnerista portando un bolso. Esos seres siguen respaldando un espacio político que arruinó en pocos días una nación entera. Una nación que había recibido desendeudada y estable.

Durante el macrismo, la Argentina aceptó por 100 años una tasa de 7,9 por ciento anual, “sin posibilidades de rescate anticipado en caso de que las condiciones internacionales cambiaran, producto de impracticables cláusulas incorporadas en el prospecto de emisión”, según el informe de la Auditoría General de la Nación. Más de un centenar de empresas amigas de esa gestión –se congregan habitualmente en IDEA y AEA-, incluidas algunas pertenecientes a las familias del presidente y su ministro de Hacienda y Finanzas Luis Toto Caputo, acumularon fortunas sin igual. Al frente del Estado ese Gobierno tomó una deuda de 45 mil millones de dólares, la fugó en beneficio particular de esas compañías y se comprometió a que el conjunto de los argentinos se haga cargo. 

Cuando este periodista apuntó el modo rápido y furioso, evaluaba el conjunto de la operación. Aunque parezca extraño, es probable que el objetivo político de la misma sea tan grave como el directamente económico. Pues aunque el hecho en sí mismo resulta de una felonía sorprendente, se debe poner de relieve nuevamente que esa administración garantizó a los acreedores una tasa de 7,9 por ciento por un siglo, cuando en 2017 la tasa de interés de Estados Unidos era de 1 por ciento. Esto se traduce así: La idea no era sólo obtener dinero, mucho dinero, sino también doblegar económicamente al país por siempre, generando las condiciones necesarias para que jamás pueda levantar cabeza. Contra esa situación estamos peleando, lector.

SABER. Entre los beneficiarios directos del saqueo se cuentan compañías que participan en la dirección de varios medios de comunicación involucradas en negocios financieros, exportación y producción. Sí: también producción, pues recibieron, a cambio de nada, una parte decisiva del ahorro nacional. ¿Cuánto acero, cuántas galletitas, cuántos vehículos debían fabricar para hacerse de semejante rentabilidad? De ahí que la Unión Industrial Argentina haya quedado en manos de operadores del sistema financiero y los grupos monopólicos.

Entre los indirectos están numerosos miembros del Poder Judicial argentino que percibieron bajo cuerda beneficios que elevaron sus niveles de vida hasta rozar los de un jeque. Por eso el abroquelamiento de esos magistrados para evitar el enjuiciamiento de los responsables del adeudo y las numerosas variantes de enriquecimiento irregular promovidas desde el mismo Estado. ¿La tendencia se está modificando en el seno de ese poder? Puede ser, al menos parcialmente. Pero las variantes son tan tenues que los ejes terminarán de trastrocarse en el siglo 22, no en el año 22.

Los actos que se realizaron la semana pasada en todo el país, y muy emblemáticamente ante la Copal, en 25 de Mayo al 500, merecen considerarse positivos más allá del diagnóstico que los convocantes evidencien acerca de la política económica oficial. También, la difusión de las compañías que hegemonizan la facturación en los distintos rubros que configuran la industria alimenticia. Los temas se relacionan.

Hemos planteado objeciones a numerosos aspectos del rumbo pero sin olvidar, ni por un instante, quiénes son los responsables y a la vez beneficiarios de la transferencia de recursos que se lleva adelante a través del alza de precios. El Encuentro de Producción y Trabajo concretado en Moreno resultó la actividad mejor orientada al respecto. La cobertura de la Gráfica amerita lectura.

Es probable que la agitación política pública resulte, en el mediano plazo, más importante que el accionar de la Secretaría de Comercio Interior.

JUSTO EL 31

  • En el mes que comienza este lunes volverán a aumentar los alquileres y las expensas, habrá un alza leve del Gas Natural Comprimido y cobrará vuelo la tarifa de las escuelas de gestión privada. No se trata de augurios pesimistas sino de autorizaciones oficiales en cada rubro. Esas decisiones sí originan augurios pesimistas.
  • El acuerdo con el FMI sigue sin concretarse debido a que la postura argentina sobre tiempos, cuotas y empleo de la moneda interna fondomonetarista es firme dentro de un parámetro injusto de negociación.
  • El G20 accedió en Roma al planteo argentino y pidió al FMI revisar los sobrecargos así como generar un fondo de ayuda para países vulnerables. También requirió la distribución de 100 mil millones de dólares de la moneda antedicha (DEG). En líneas generales el trajín presidencial en el foro es evaluado como positivo.
  • Nuestro país, pese a todo, sigue ocupando parcialmente un lugar interesante en la política mundial. Eso se observa en relación a la deuda: mientras Alemania y Francia respaldan los planteos albicelestes, Estados Unidos se muestra hosco.
  • Las tensiones patagónicas dan cuenta de debates truncos. El tema de la tierra en manos de empresarios extranjeros por un lado, y la definición sobre la argentinidad de todos los pobladores del territorio sea cual fuere su origen, por otro. La solución ya ha sido escrita pero para aplicarla, el funcionariado debería conocerla.
  • En una extraña nota publicada este domingo por Infobae, el periodista Andrés Klipphan objetó el accionar jurídico de La Gremial de Abogados sin ofrecer un solo dato que la involucre con hechos ilegales. Al focalizar sobre los acusados que la entidad defiende, sugiere que el delito de los profesionales es ejercer su profesión. ¿Los imputados no merecen contar con letrados que aboguen?
  • Mientras tanto, siguen existiendo presos políticos en la República Argentina.
  • El cierre de campaña del Frente de Todos será el sábado 6 de noviembre en Lanús. La intención es poner toda la carne al asador y mejorar los guarismos bonaerenses. Estarán, al menos, el Presidente, los candidatos y los gobernadores. ¿Alguien más?

EN FIN. El tiempo que demanda la preparación del mate, descansa. Se abre la ventana mental que hace a un lado los datos y las informaciones, y facilita un deambular lerdo aunque ¿liviano?

Hace mucho mucho tiempo Manuel Belgrano se preguntó ¿Para qué hacemos todo esto? Y se respondió “para la felicidad del pueblo”.

Es probable que a lo largo de los años, sus batalladores herederos pensaran algo semejante. Vale recordar que en uno de sus discursos más memorables Juan Domingo Perón señaló que “La felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación se fundan en la justicia social, la independencia económica y la soberanía política”.

El asunto es resbaladizo. Difícil de aprehender. De hecho, lo percibió Discepolín con su Mordisquito: Hay gente que está bien pero se siente mal. No se refería a un padecer físico sino, en cierto modo, a un problema espiritual.

Veamos. El científico checo Vaclav Smil, asentado en estudios desplegados en varios países, recordó días atrás en un artículo que “Hay dos formas de medir las cosas, incluso las emociones. Objetivamente, indicadores como la tasa de suicidios, divorcios o crímenes violentos revelan infelicidad porque, si estás bien, no te suicidas, ni te divorcias, ni eres violento”.

El asunto no quedó ahí para el estudioso. Añadió que “Pero también hay indicadores subjetivos. Ahí entran los individuos: uno puede ser pobre y feliz. La mayoría de la gente tiene problemas y no se define como infeliz. El índice de felicidad que resulta de cotejar ambos indicadores señala que el crecimiento no hace más feliz. La gente en Bolivia es más feliz que los japoneses o los españoles. La felicidad y la renta per cápita no están relacionadas”.

Qué tal. El comentario, que bien podría ser utilizado por algún filósofo liberal –si lo hubiera- para apuntar a qué preocuparse, tiene algún sentido.

De hecho, vastos sectores de las franjas medias argentinas sintieron vivir en un infierno mientras los indicadores de bienestar entre 2013 y 2015 fueron de los más elevados del mundo y, claro, los más significativos de la propia historia.

Esas capas, con sus casas bien equipadas, sus acondicionadores de aire, sus salidas regulares y sus vacaciones innegociables, sus autos y, claro, sus empleos bien remunerados o sus prósperos comercios, manifestaron hasta el hartazgo el llanto de estar habitando un “país invivible”.

La frase, generada por un estúpido como Eduardo Feinman, caló profundo en tantos que la evaluaron descripción genial.

Este cronista recuerda un libro y su título significativo: Los que luchan, y los que lloran.

Nada mal.

La queja individual, si la situación social es oscura, pasa por vibrante demanda de justicia. Cuando el panorama mejora, queda desnuda y se presenta como el lamento del insatisfecho.

Un amigo de larga e intensa trayectoria en este perenne movimiento, apuntó dos elementos que parecen contradictorios pero te dejan carburando:

“Antes nos sentíamos mejor porque necesitábamos menos cosas. Ahora tenés que tener muchas cosas para sentirte bien” y “Uno se siente mejor cuando hay un Proyecto compartido con millones. Eso te da un impulso único, parecido a la felicidad”.

Puede ser. Es para pensarlo; tal vez algunas claves estén en los párrafos previos.

  • *Gabriel Fernández. Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal