Fuentes Seguras. Ucrania. Una marca indeleble

Una historia intensa. Los contrastes internos. Crimea. Un golpe. Comedia y tragedia. El debate y los intereses en juego. ¡Qué lejos!

La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros no se opera meteóricamente, como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva.

Juan Domingo Perón. La Comunidad Organizada

Seguimos adentrándonos en la política internacional profunda. Sin olvidar las informaciones vertidas sobre América Latina, tomamos la cola del análisis referido a Kazajistán y la desplegamos en dirección a Ucrania. El enlace es geopolítico pero a la vez temporal, pues cuando se desvanecían las dificultades más importantes en la nación de Asia Central, arrancaban las negociaciones bilaterales entre Rusia y los Estados Unidos destinadas a afrontar la seguridad de la región. Desde miradas bien distintas, claro.

UNA HISTORIA DURA. Los dilemas de esa nación, quizás de esa conjunción de naciones, poseen un extenso derrotero. Para no ir muy lejos en la historia, apuntemos que durante la Segunda Guerra Mundial fue un punto de conflicto intenso entre alemanes y rusos, promoviéndose un ansia independentista de fuerte arraigo popular. Desde 1922 el país se había sumado a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a través de la creación de la República Socialista Soviética de Ucrania. A decir verdad, por entonces nació la Ucrania moderna, con un firme respaldo de Vladimir Lenin. Tras el litigio mundial, la política stalinista intentó disciplinar a los ucranianos a pesar de la amplia adhesión alcanzada por el socialismo. En ocasiones, con una violencia que sólo originó diferencias en el seno de los espacios populares. No sin forcejeos, ese alineamiento pervivió hasta 1991.

El 24 de agosto de ese año, durante la disolución de la URSS, Ucrania se declaró estado independiente. En sintonía con el proceso internacional, se desplegaron dos senderos simultáneos; en el frente interno, la economía fue sometida a un fuerte ajuste que derivó en una recesión profunda, y en el externo se abrieron las compuertas a la instalación de la OTAN y los Estados Unidos en sus fronteras. A comienzos del siglo en curso, se inició un lento proceso de recuperación obturado en 2008 por las secuelas de la crisis financiera. Con vaivenes, todo el tramo resultó acompasado por la injerencia occidental, asentada en un Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea.

TENSIONES Y CONTRASTES. El pueblo ucraniano, desde la Segunda Guerra al menos, se halla dividido en dos grandes bloques que rara vez alcanzaron puntos de encuentro. Aunque los atraviesa el afán independentista al que hicimos referencia, se los puede segmentar en pro occidental y pro ruso, con implicancias firmes en los diseños de la política interna. Sin embargo, es posible indicar que uno de los dirigentes que alcanzó a horadar diferencias y reunir un nivel de popularidad apreciable fue Víctor Yanukóvich. Primer ministro en dos períodos: desde noviembre de 2002 hasta diciembre de 2004 y desde agosto de 2006 hasta noviembre de 2007, ganó los comicios presidenciales de 2010 con el 52 por ciento de los votos.

El cambio se sintió: entre 2010 y 2013, el Producto Bruto Interno se acrecentó un 32,02 hasta alcanzar los 179 mil 572 millones de dólares. Sin embargo, alentados desde la OTAN, los opositores internos desataron una serie de protestas entre el último año citado y el 2014, con amplio despliegue propagandístico. El 22 de febrero Yanukovich abandonó el país con el objetivo de evitar una guerra civil ante lo que consideró un golpe de Estado y se dirigió a Rusia. Sin elecciones, aunque declamando apego a las instituciones, las minoritarias fuerzas opositoras configuraron un gobierno provisional pro occidental rápidamente caracterizado como democrático por los medios internacionales.

COMEDIA CON TRAGEDIA. Poco después entró en escena el comediante Volodímir Zelenski. Desde su productora televisiva, Kvartal 95, lanzó el programa Servidor del Pueblo, donde representaba a un hipotético presidente ucraniano. Tras algunas temporadas de buen rating, creó un partido del mismo nombre y se postuló a elecciones en las cuales el partido de Yanukovich no pudo presentarse y sus adherentes concurrieron divididos (se anotaron 39 candidatos). En ese marco, con una gran dispersión de votos, llegó a la segunda vuelta y venció. Su gestión hasta el presente se ha caracterizado por el alineamiento atlantista y las críticas a la política exterior rusa, así como la priorización de los intereses empresariales privados y extranjeros por sobre los estatales. Por tanto, la pobreza aumentó hasta un 35 por ciento y las protestas sociales, por estas horas, alcanzan inclusive a Kiev. ¿Quién da cuenta de ello?

Como observará el lector agudo, la narración que ubica a la “anexión de Crimea” en 2014 como génesis y epicentro de la tensión, es tan limitada como errónea. Vale apuntar, ya que estamos, que esa península perteneció a Rusia desde 1783. En los años posteriores a la disolución de la URSS funcionó como parte autónoma de Ucrania. Tras el golpe de Estado contra Yanukovich una multitud se lanzó a las calles para repudiar la acción pro-occidental y demandar un acercamiento a Rusia. Esas fuerzas encarnaban el parecer mayoritario de la población de Crimea, al punto que el Parlamento de ese estado se pronunció por la adhesión al gran vecino. El gobierno atlantista ucraniano se opuso a las decisiones de los congresistas y, en 2015, el gobierno ruso orientado por Vladimir Putin, dispuso operaciones militares para garantizar la decisión popular y adoptar a Crimea como parte de la Federación.

LOS EJES DEL DEBATE. Desde entonces mucha agua ha pasado bajo el puente. Mientras el bloque euroasiático provee inversiones a sus aliados, la radicalización del proceder del capital financiero sigue exigiendo recursos a las naciones que logra hegemonizar. Así, los vecinos asiáticos de Ucrania configuraron una profunda alianza en derredor del oso siberiano, la cual quedó ratificada durante los recientes sucesos de Kazajistán. La OTAN y los Estados Unidos, observando ese fortalecimiento, el despliegue ruso chino, y conociendo el malestar social que jaquea al gobierno de Zelenski, intentan avanzar hacia el Este para disponer tropas y armamentos que puedan operar como amenaza contra la creciente Multipolar. Agitan ante la opinión mundial la pretensión rusa de ¡controlar sus propias fronteras! para ocultar que el debilitamiento de la administración dependiente procede de su mismo interior.

De todo eso han estado debatiendo Rusia y los Estados Unidos en Ginebra. La postura que Putin canaliza a través de sus funcionarios de Relaciones Exteriores radica en el derecho a evitar que las fuerzas occidentales se asienten en sus fronteras, mientras la regenteada por Joseph Biden mediante sus voceros, señala el derecho ucraniano de aliarse a la OTAN y, por tanto, facilitar el emplazamiento de fuerzas militares extranjeras en su territorio. La frontera entre Rusia y Ucrania abarca mil 576 kilómetros. Moscú considera que la creciente injerencia sobre Ucrania por parte de la OTAN -en términos de armamento, entrenamiento y personal- es una amenaza para su propia seguridad. También acusa a Ucrania de aumentar su propio número de tropas en preparación para un intento de invadir la región de Donbas.

Rusia añade que el despliegue de armas sofisticadas de la OTAN en Ucrania, como los sistemas de misiles, implicaría cruzar una “línea roja”. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo que Estados Unidos y otros Estados miembros de la OTAN ya están suministrando armas y asesores militares a Ucrania. “Y todo esto, por supuesto, conduce a un mayor agravamiento de la situación en la línea fronteriza”. Por su parte el ministro de Asuntos Exteriores Serguei Lavrov estimó que “Si EE.UU. y sus aliados de la OTAN no cambian de rumbo en Ucrania”, Moscú tiene “derecho a elegir la forma de garantizar sus legítimos intereses de seguridad”.

LOS INTERESES EN JUEGO. Desde antes que emergiera el tramo más reciente de este conflicto, funciona el gasoducto Nord Stream. Lleva gas natural desde la planta de la firma rusa Gazprom en Viborg hasta Graifswald en Alemania. Abastece a Europa y a los países bálticos. Hace un mes Rusia anunció que el Nord Stream 2 está listo para funcionar.  El mismo presidente Putin indicó que Gazprom llenó de gas los dos ramales del nuevo gasoducto; está a punto para suministrar gas a Alemania y las naciones conectadas, por el fondo del mar Báltico. La oposición norteamericana a estas vías de abastecimiento es “principista”: sugiere dejarlas de lado o limitar su alcance, para condenar el “régimen autocrático” ruso, sin opción gasífera a mano.

Puede resultar de valor comprender que Ucrania necesita del gas ruso para su abrigo. También, que una parte importante de su población posee un know how avanzado en la elaboración de todo tipo de vehículos: desde automotores corrientes hasta naves espaciales. El país es líder mundial en la elaboración de tecnología para misiles. Y, claro, en la producción de misiles. Aparte, los ingresos por turismo no son desdeñables.

Su himno, titulado Shche ne vmerla Ukrayina, denota dificultades, pues en la traducción puede leerse “Ucrania aún no ha muerto”.

UNA MARCA INDELEBLE. Los inviernos son extensos. Según la descripción oficial, se trata de períodos helados, nevados, ventosos y nublados. La temperatura de los mismos oscila entre 0 grados (estamos como queremos) y 17 grados bajo cero.

China, observa los acontecimientos y confía en las decisiones rusas. Nada dice, pero todos conocen su parecer.

Esta historia, narrada en apretada síntesis, bien puede remitir a tres refranes populares rusos, con algunos bordes de interés: “Decir la verdad es como escribir bien, se aprende practicando”. También: “Las lágrimas que caen son amargas, pero aún lo son más las que no caen”. Y: “Los propios orígenes son una marca indeleble”.

Finalmente, un apunte sencillo. Contribuye a situar varias cosas en su lugar. Hemos señalado que Ucrania y Rusia son países limítrofes. Eso es innegable, así como los vínculos culturales y políticos de sus pueblos, según las referencias históricas ya planteadas. No está demás añadir entonces que la distancia entre los Estados Unidos y Ucrania es de 9 mil 181 kilómetros. Es lógico que tantos pregunten ¿Qué hacen ustedes aquí?

*Gabriel Fernández. Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

 ** Imágenes. Pintores ucranianos.

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