Guernica y la (in)justicia social

En un manifiesto político, el poeta y ensayista, el militante salvadoreño, Roque Dalton expresó:

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre, explotación, enfermedades,
sed de justicia y de agua,
persecuciones, condenas,
soledad, abandono, opresión, muerte.

Yo acuso a la propiedad privada de privarnos de todo

Y nosotrxs también acusamos.

Días atrás amanecíamos con las imágenes de la represión. Después de largas jornadas de toma y asistencia impartida, de negociaciones logradas y frustradas, llegó la orden judicial y la fuerza policial para ejecutarla. El objetivo era uno: sacar a las familias que aún permanecían en el predio a costa de balas, gases y topadoras. Una postal que incomoda a parte de la militancia política. O por lo menos, debería.

Por las redes sociales comenzó a circular un dibujo, la caricatura de una tragedia. O tal vez, de una farsa. El Guernica de Pablo Picasso aggiornado al siglo XXI, o más precisamente, a la contradictoria y ambivalente política nacional. El “bernica” de “El Tomi” mostraba la barbarie de las fuerzas de seguridad contra el pueblo que, con el aval del ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, y la “legalidad” de los fallos judiciales, arremetieron contra precarias casillas y las pocas pertenencias de las familias que aún resistían en tierras que ocupaban por necesidad. Ni por negocio ni por oportunismo político. Por desposeídos. Como decía Fanon, son los condenados de la tierra.

Las postales fueron trágicas. Desde la selfie de los fiscales a cargo del operativo sonriendo, mostrando como escenario la tierra arrasada tras el paso de la policía, las casillas y los carros incendiados, los hombres y las mujeres llorando por haber perdido las pocas pertenencias que ya no tenían. La civilización y la barbarie expuestas de forma abyecta.

Tal como las declaraciones de ciertos funcionarios de gobierno que, desde una retórica macartista, no titubearon en acusarlos (des)calificativamente como “grupos de izquierda”, sectarios en sus prácticas e intransigentes en sus posturas, por no haber aceptado otra salida. Incluso el propio ministro Berni, rozando lo inaudito, los acusó de haber tirado gases lacrimógenos contra la policía.

Poca autocrítica a la hora de justipreciar lo que es una premisa básica del peronismo: donde hay una necesidad, nace un derecho (¡y vaya que lo es un pedazo de tierra para vivir y subsistir!). Y donde gobierna un proyecto nacional, jamás puede ser respuesta la represión para quienes sufren y padecen despojos estructurales.

Este hecho, sumado al capítulo Etchevehere-Grabois, puso a la propiedad privada en el centro del debate con argumentos que resultan cómicos por extemporáneos. Claro está, no solo se trata de oportunismo político sino de seguir librando batallas culturales aún no sepultadas desde los tiempos de la Guerra Fría. El populismo, como expresión del nuevo comunismo, el no tan novedoso fantasma que recorre no ya Europa, sino América Latina.

Ahora bien, ¿quién puede genuinamente creer que en este país o este gobierno pone en cuestión o en discusión la propiedad de la tierra? El ministro Martín Guzmán días atrás se reunió con la Asociación Empresarial Argentina (AEA), es decir, con los dueños de gran parte de este país. Entre los asistentes se destacaron las presencias de Héctor Magnetto (Clarín), Federico Braun (La Anónima), Alfredo Coto (Supermercados Coto), Carlos Miguens (Grupo Miguens), Alberto Grimoldi (Grimoldi), Enrique Cristofani (Santander) y María Luisa Macchiavello (Droguería del Sud). En el encuentro, el CEO de Clarín puso en duda que la propiedad privada estuviera garantizada en el país. Decir eso, ante un representante de la familia Braun, cuya familia hizo su riqueza y sus grandes fortunas a partir del proceso de acumulación por desposesión, arrebatando a base sangre y fuego las tierras, del hambre y la explotación el trabajo ajeno, pareciera una tomada de pelo.

Pero el problema no son ellxs. El problema somxs nosotrxs (o es nuestro) cuando la agenda nos la ponen los poderes de facto. Así vimos desfilar distintxs compañerxs que, apresurados, salían a responder y alegar en defensa de la propiedad privada y el capitalismo, para llevar tranquilidad vaya a saber unx a quién, o a dónde. Un saludo a una bandera que no es nuestra, o por lo menos, no amerita semejante pleitesía.

No queremos que nuestro gobierno, el gobierno del Frente de Todxs, permita topadoras y se jacte de las mismas. Un gobierno peronista no puede omitir la función social de la propiedad, tal como enseña la Constitución Nacional de 1949. Mucho menos, para defender una propiedad de “dudosa” legalidad y legitimidad como la del grupo inversor El Bellaco S.A en Guernica que fue adquirida durante la última dictadura cívico-militar.

No, no se puede permitir. No cuando se usan contra los que menos o nada tienen. No hay excusas contra eso, no hay argumentos. Mucho menos cuando los mismos se reducen a los recursos retóricos del enemigo como “izquierdistas” o “activistas políticos”. Son narrativas que se acercan más a la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) que la doctrina peronista que dicen (o pretenden) suscribir.

El gobierno del Frente de Todxs, expresa múltiples contradicciones. Pero hay definiciones que deberían ser claras en función de nuestro pensamiento, nuestro quehacer y nuestra militancia política. Guernica fue (es) expresión de la injusticia social. Esa que no se explica por la pandemia ni siquiera por los 4 años del macrismo. Son injusticias que obedecen a la consagración de un modelo económico, tanto productivo como financiero, excluyente.

Nosotrxs queremos un Argentina con todxs adentro, sin selecciones ni disquisiciones ideológicas. Con tierra, techo y trabajo. Ese es el único modelo posible y la única bandera que hay que levantar, o por lo menos, no bajar.