Hernández Arregui: miradas encendidas sobre su obra

La producción historiográfica de Juan José Hernández Arregui es paradigmática. Es innegable su formación académica, su adhesión al revisionismo y su militancia popular. Esto no obsta -o habilita- a que, como “intelectual peronista”, o de la “izquierda nacional” al decir de Norberto Galasso, esté sujeto a polémicas con el campo liberal, el “nacionalismo de derecha”, con propia “izquierda nacional” y con otras expresiones socialistas.

Rosendo Fraga, desde su liberalismo, apuntó: “En su crítica a la Generación del 80, no aceptó matices, lo cual lo llevó a no valorar la importancia que tuvo la construcción del Estado nacional… Tampoco reconoce demasiado la importancia del sistema de educación pública establecido por Roca en su primera presidencia, a partir de la ley 1420”. Agregó: “Tiene asimismo una mirada crítica hacia la inmigración, reivindicando al criollo frente al extranjero”. Y añadió que “este tipo de pensamiento hoy puede parecer reaccionario, (?) pero respondía a un momento en el cual lo “nacional y popular” estaba identificado en el imaginario social, entre el “cabecita negra” peronista y la clase media antiperonista…”.

Vicente Massot, aún más a la derecha, apuntó: “De todos los ‘marxistas de Indias’, Hernández Arregui quizás haya sido el que mayor énfasis puso en lo que podría denominarse la especificidad nacional… Igual que Puiggrós, Ramos, Cooke y tantos otros, a Hernández Arregui también le interesó el peronismo como instrumento revolucionario, y en su afán por nutrir a ese fenómeno de masas de unos componentes socialistas… convirtió el estudio de la Historia en una ideología a tono con sus preferencias.” Su sentencia sobre él fue lapidaria: “En calidad de historiadores nadie los tomaría hoy en serio. El tiempo ha caído como una pesada losa sobre sus obras. Como ideólogos, en cambio, resultan imprescindibles; la década del setenta y la guerra civil que estalló entre nosotros, no se podría explicar sin el concurso de sus ideas”. Aseveración que, no sólo no coincido, sino que estos años se han encargado, década ganada mediante, de refutar en cuanto a la vigencia de sus estudios.

Pero si las críticas del “socialismo antinacional” no tuvieron mayores repercusiones, será en la “izquierda nacional” y en “nueva izquierda antiburocrática”, enraizada con los movimientos sociales no oficialistas, donde habrá chispazos.

En su obra La formación de la conciencia nacional, el propio Arregui analizó a “la izquierda nacional” –término creado por él, según el autor – definiéndola como “la teoría general aplicada a un caso nacional concreto, que analiza a la luz del marxismo, en tanto método de interpretación de la realidad, teniendo en cuenta las peculiaridades de cada país”.

Polemizó con el “Colorado” Ramos por la figura de Roca: “La tesis algo estrepitosa del autor, está en su reivindicación del Gral. Julio A. Roca, en quien ve la personificación… del federalismo popular, que en diverso sentido encarnaron Rosas y los caudillos, opuestos al poder de Buenos Aires. Roca habría sido una especie de fórmula transaccional entre el país y la ciudad puerto obligada a conceder parte de su hegemonía ante el peso político y militar de las provincias. La tesis en sí misma no es falsa. Es exagerada. Puede aceptarse dentro de la oligarquía nacional en formación, Roca representó su tendencia más argentina… (Pero) en última instancia fue absorbido por la oligarquía y nunca dejó de ser su representante”.

Ramos, en su crítica a dicho trabajo, señaló: “Se trata de una obra maciza, donde la formación universitaria del autor está subordinada al hábil oficio del escritor y en la cual el aparato erudito que tanto conmueve a los profesionales del papel no obstaculiza al punzante, por momentos apasionado, del hombre vivo que maneja la pluma…”.

En cambio Miguel Mazzeo acusa desde su púlpito laico: “Juan José Hernández Arregui viene siendo carne de folklore y de una operación impúdica que exhibe una dilatada arbitrariedad en el manejo de la relación entre los objetos significados y los símbolos. Viene siendo fetichizado desde la condición posibilista afín a un proyecto que ni siquiera aspira a integra subordinadamente a los trabajadores. Esta clave de expropiación condena a Hernández Arregui a la promiscuidad con liberales, conservadores, en fin, con burgueses periféricos, antinacionales por complexión”. Aseveración con la cual no coincido para nada.

Norberto Galasso, en la obra que hizo sobre el historiador citado, refirió que fue “uno de los grandes malditos de la Argentina semicolonial, era, incuestionablemente, un hombre de la izquierda nacional, denominación que él reivindicaba como de su paternidad. Pero dado el período histórico que le tocó vivir y al igual que John William Cooke, Amado Olmos y tantos otros, juzgó tácticamente que esa izquierda nacional debía ser interna al peronismo pues allí llevaban a cabo los trabajadores su más importante experiencia y allí se avino entonces a concretar políticamente, ese marxismo que profesaba desde su juventud cordobesa. Por eso polemizaba con quienes, como Enrique Rivera, del grupo ‘Frente Obrero’, apoyaban al peronismo desde la izquierda nacional organizada y políticamente independiente, exterior al movimiento gestado aquel 17 de octubre de 1945”.

Finalmente Fermín Chávez apuntó sobre él: “Lo conocí y traté al autor de ¿Qué es el ser nacional?, durante la década de 1950, tiempo en que escribí y comenté algunos de sus primeros libros. Pero mi conocimiento real de Juan José sucedió en junio de 1973 cuando ambos, elegidos por José María Castiñeira de Dios, como escritores, integramos la comitiva que viajó a Madrid – encabezada por el presidente Cámpora – para acompañar al exiliado Juan Perón en su regreso definitivo a la patria argentina. (…) El análisis que nuestro autor realiza del intelectual pequeñoburgués no concuerda con la visión tradicional de la izquierda internacionalista, ratificada por autores socialistas y comunistas. Sus observaciones responden a un realismo histórico, sin idealizaciones… La enseñanza oficial que dominó en la Argentina a partir del llamado proyecto del 80 será cuestionada por Hernández Arregui como un factor ineludible. (…)

Este pensador argentino no iluminista había de dirigir durante 1974 la revista Peronismo y Liberación. Un año antes, en 1973, al ser distinguido como Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires, expresó categóricamente lo que sigue: ‘He pertenecido, pertenezco y perteneceré al Movimiento Nacional Peronista’. Es una autodefinición que no puede ser extraviada u omitida”.

En estos años, finalmente, autores como Carlos Piñeiro Iniguez, José Luis Muñoz Azpiri (h), Aritz Recalde, Francisco Pestanha, Hugo Chumbita, Roberto Baschetti, Hernán Brienza y otros rescataron los trabajos de Arregui, actualizándolos desde nuevas miradas sobre el viejo problema de la liberación nacional. Todavía queda mucho que estudiar sobre su legado.

* Pablo A. Vázquez. Politólogo. Docente de la UCES y del INCAP. Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas