Horacio González: “La prédica neoliberal acabó triunfando en el país”

Recordamos y homenajeamos la memoria de Horacio González compartiendo la entrevista que en febrero pasado Dante Palma realizó en el programa radial ‘No estoy solo’. En aquella oportunidad el sociólogo y exdirector de la Biblioteca Nacional reflexionó sobre las razones por las que el gobierno no sostuvo su discurso “en favor de la vida”, la idea de libertad que atraviesa la sociedad argentina y las diferencias entre Occidente y la cultura asiática expuestas en medio de la pandemia.

Quería sacarte un poco de la conyuntura política y hablar más bien de lo que ha sido el fenómeno pandemia. Estamos cerca de cumplir un año con el virus en Argentina y el discurso del gobierno nacional, después me dirás  si estás de acuerdo, me pareció como que realizó un viraje de un primer momento “paternalista” con una fuerte carga sobre lo colectivo, la solidaridad y una moral del cuidado a una suerte como de retiro de la escena, como un ‘resuelvan de manera individual el cuidado, confiemos en la vacuna’, como si el discurso de la libertad que esgrimieron los sectores de la oposición lo hubiera esmerilado y el gobierno no tuviera la espalda para sostener el discurso original. Entonces me interesa preguntarte si estás de acuerdo con este diagnóstico pero sobre todo que expliques, ¿por qué esta idea de libertad acabó primando sobre la de protección de la salud?

Sí estoy de acuerdo, me parece que es adecuado decirlo así y también me parece que no es fácil explicar por qué ocurrió porque el punto de partida original era muy exigente, la declaración de que primaba la vida por encima de la economía no es frecuente escucharla de ningún gobernante de ningún país del mundo y menos en esta época porque se sobreentiende que hay una fuerza en el poder económico que determina, influye o evoca todas las demás posibilidades vitales. En ese sentido, lo que la sensatez política mundial ha consagrado como un enunciado irrebatible que es un predominio de lo económico, Fernández lo que hizo fue invertirlo de una manera muy rápida y sin que estuviera despojada de elocuencia, porque tenía la elocuencia de una frase no habitualmente escuchable en ninguna situación excepto que fue una situación de tal excepcionalidad, de tal gravedad y de tal carácter abismal que justificara invertir la proposición -siempre digo pero la realidad política siempre la afirmó- “primero la economía y después vendrá lo demás”. A mí personalmente me entusiasmó mucho que se dijera eso, por fin aparecía la posibilidad de verificar esta hipótesis de apostar por lo vital, por los intereses engendrados en forma explícita e implícita por la vida humana respecto a los grandes poderes mundiales que son financieros, económicos, comunicacionales. Bueno eso resistió un tiempo, no podemos echarle la culpa a Fernández de que haya sido infiel a esa frase, dijo una frase que era adecuada al momento de pánico en que millones de personas en todo el mundo estuvieron dispuestos a hacer cesar su vida pública, su vida urbana, su vida de vinculación con otros grupos sociales. Ese fue un momento que aún no ha sido relatado con la profundidad que tuvo por la poesía, la literatura, las ciencias políticas. Y eso no resistió mucho y el neoliberalismo o las personas que están muy marcadas por ningún tipo de utopismo respecto que el mundo es el poder económico o el comunicacional y todo lo que deviene de ahí, sabían que podía no sostenerse demasiado. En mi opinión creo que hay que saludar que el gobierno haya dicho esa frase y hay que lamentar que no se haya empeñado más en sostenerla porque la Argentina, ¿qué papel puede tener el mundo? Es un país importante, lo es mucho para nosotros, lo es poco para los que no son argentinos y para otros es un país despreciable. En un destino que tendría que solamente dedicarse a exportar soja, un poco de carne o mucho de carne y los que lo hacen cuidar que no les toquen los impuestos, que no tengan que pagar nada, que no haya retenciones. Si fuera así es un país que no vale la pena de sostener en términos de una gran aventura colectiva respecto a lo que es una Nación con problemas, con dilemas y con grandes desigualdades pero que es una Nación. Y en ese sentido lo único que le reprocharía al gobierno es que como dijo esa frase quizás impensada, si la hubieran pensado más tiempo por ahí no la decían, ya que fue dicha esa gran frase de carácter humanístico hubiera pretendido que se la hubiera defendido con más ahínco y no haber caído fácilmente en lo que yo pensaba dentro de la prédica del neoliberalismo que enlaza con la realidad de millones de personas que también quieren salir a la calle a tomar un café, quieren seguir trabajando. Entonces la complementación de esa frase hubiera sido la gran utopía que uno siempre buscó en su vida, que el privilegio que se le da a la vida respecto a la economía, le hubieran buscado formas económicas, cooperativistas, de nuevos tipos de producción, etcétera, que fueran condecentes con ese gran desafío que finalmente no pudo ser cumplido.

En esta misma línea se escuchó mucho que los países asiáticos fueron evidentemente más eficaces en el control de la pandemia y que eso respondía a que justamente lo que nos diferencia de aquellos países es toda una cultura donde hay una concepción de la libertad distinta, una mirada del Estado distinto, una concepción de la autoridad diferente. ¿Qué opinión tenés al respecto?

Sí, efectivamente diferencias culturales en ese sentido me parece que había que adecuarlas a lo que es la sociedad argentina que no es el modo de producción asiático. La Argentina es un país que no tolera disciplinas estatales muy acentuadas, puede tolerar una política estatal de control de precios, de incentivo a la industrialización o como fuera, y de hecho eso no ha sido solo tolerado sino también estimulado, menos en los períodos del neoliberalismo, pero me da la impresión que la prédica neoliberal, es decir, la idea de que hay en cada sujeto, en cada yo, una potencialidad suficiente como para regular su propia vida y autoabastecerse al margen de cualquier indicio comunitario, eso terminó triunfando en Argentina, por eso estamos en un período de un gobierno que no es neoliberal pero hay capas soterradas, subterráneas de la vida nacional que están en la vida popular también, que están ligadas a esta aspiración del llamado neoliberalismo, una aspiración de regular tu propia vida a través de tu supuesto orgullo personal que nada dependería del modo en que hay coacciones de todo tipo que no estás percibiendo: la coacción de tener un celular en la mano no será tan grave pero es un tipo de coacción que se expande a las demás esferas de la vida. Y puede terminar siendo un país que donde el neoliberalismo además de los estragos económicos y sociales que hizo, tiene como una escuela pedagógica en muchos sectores e incluso que apoyan al gobierno Fernández, entonces ahí me parece que se priorizaban más esfuerzos pedagógicos para notar de qué modo el neoliberalismo está aliado a nuevas tecnologías y a nuevas formas de publicidad. Cuando vos leés un diario digital sos interrumpido cinco veces por publicidades, antes en el diario de papel la publicidad estaba al lado y ahora está adentro del texto entonces tenés un tipo de lectura donde dentro del texto está todo el equipamiento publicitario, estás leyendo “Chevrolet”, “Nissan”, “Netflix”, una propaganda de pastillas, en un texto que puede hablar de una historia de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué es el lector? Que además es un ciudadano, productor, el miembro de una Nación, están horadando ahí donde está la cultura crítica, entonces el gobierno eso tiene que percibirlo. No tengo nada con que se tomen los grandes eventos tecnológicos que están ocurriendo, se los reutilice y se los reinvente a su vez en las naciones, pero si no se hace eso solo se hace la apología de los nuevos profetas de la humanidad que son Bill Gates, Apple o Mercado Libre, ponele el nombre que quieras. Entonces en ese sentido me parece que los pueblos de China tienen un modelo de autoridad que el hecho de no haberlo aplicado en Argentina no me aflige porque es el modelo de autoridad de China que viene de los viejos imperios y del proceso social del maoísmo y el postmaoísmo que mantuvo ese criterio de autoridad pero le adjuntó una sociedad de tipo de mercado con grandes inversiones de empresas del capitalismo. Es muy complejo el modo de autoridad de China, el modo en que se restringió la natalidad, ahora se la volvió a abrir. China me parece admirable y llena de seducción pero no es un modelo político-económico para la Argentina, pero como tienen una enorme seducción creo que el destino en Argentina es establecer relaciones más frecuentes, sólidas y sustantivas tanto con China como con Rusia. Ya con Estados Unidos probamos demasiado, nunca fue bueno porque ya ese país se fundó como una Nación expansionista, no es una Nación milenaria, es inmigratoria, con grandes poetas, grandes novelistas y grandes bombardeadores. Entonces es un enigma para Argentina cómo pensarse a sí misma en relación a la vida, la economía, las cosas que dice el Presidente que muchas me gustan, otras me parece que le pifia demasiado, en fin, todo eso supone una gran discusión que es lo que no se ve porque el modo en que hacemos política es un modo menor, necesitamos un modo mayor que incorpore los modos que hay, no reprocho a nadie y mucho menos al gobierno, sé las dificultades que hay, las dificultades para traer las vacunas, en fin, pero Argentina es mucho más que dar vacunas, tiene que darlas y más de lo que se hace ahora pero tiene un caudal de esfuerzos políticos, de proyectos frustrados y de esas cenizas se puede reavivar un fuego muy importante, entonces hablás de otra manera con Rusia, con China, incluso con los nuevos Estados Unidos que no sabemos que cariz tomarán pero sobre lo cual no me hago ninguna expectativa favorable. Por eso hay que reconstruirla de un modo tal donde el lenguaje, la lengua nacional, la lengua que hablamos, se examine a sí misma para no aparecer en cualquier momento como el que dice “ufa, me quitan la libertad de ir a la esquina, de seguir trabajando”. Es decir, el gobierno tuvo y tiene que seguir ahondando en el carácter colectivo de modo tal que la propuesta de seguir manteniendo una economía viva pueda inventar otras formas económicas que den derecho también a sentirse un gobierno que salvaguarda la vida y la noción de los estudios de humanidades también, no puede ser un gobierno solo cientificista cosa que se acentuó en los últimos tiempos debido, necesariamente y esto no lo cuestiono de ninguna manera, al papel que tuvieron infectólogos, médicos, absolutamente imprescindible pero de eso no tiene que quedar un desequilibrio enorme respecto de las ciencias biotecnológicas y las ciencias humanas, ese desequilibrio que hay hoy debemos remediarlo también.

Veía una entrevista, creo que fue de Página 12, donde criticabas a muchos filósofos de moda por ciertas declaraciones ansiosas, alarmantes y efectistas. Pero afirmabas que efectivamente la postpandemia traerá cambios, que el mundo estará más protocolizado y en tanto tal será más opresivo. ¿Por qué lo ves así?

Creo que todos los controles que hay muchos van a desaparecer sin duda, el modo de usar la ciudad, los medios de transporte, el modo de vida habitual del país va a hacer que retrocedan muchas formas de control que hoy se aceptan como necesarias. Otras van a quedar, por ejemplo, ¿quedará el Zoom para hacer psicoanálisis? Espero que no porque o hay Zoom o hay psicoanálisis. El mundo de la presencia, lo presencial como forma del ser ha sido sustituido de muchas maneras y todos lo toleramos un poco fastidiados. Algo de eso va a quedar porque es un mundo que está dirigido por personas que son más bien tecnócratas o tecnoburocráticas, pero creo que un movimiento social en Argentina, los movimientos sociales que son tan sólidos y que actúan en general muy rápidamente tienen que intervenir en que todo lo que sustrajo al presencial las conexiones remotas, en algunos casos podrán quedar, pero en el sistema educativo, en las Ciencias Humanas en general, en el psicoanálisis, en fin en todos los contactos que son insustituibles. Una sociedad es la insustituibilidad  de la vida en presencia de modo que como los mecanismos remotos de relación son grandes negocios van a pugnar por seguir haciendo negocios, no sé quién maneja Zoom pero te imaginarás que pasaron del famoso garaje donde lo habrán inventado a ser los multimillonarios del mundo, eso creo que no puede ser, es una tarea del Estado de ver que efectivamente el Estado también es presencia, se habla de la presencia del Estado bueno cumplamos con la presencia del ser humano como forma viva con otros seres humanos, incluso cuando haya apretujones en los subterráneos. Eso debe quedar claro porque sino la propensión de todo el mundo de aceptar con alegría los nuevos cambios tecnológicos corre el riesgo de que se acepte con alegría un conjunto de cambios que van a alterar la vida humana de una manera irreversible al sacarle el vigor, la necesidad y la poética que tiene la presencia.