Imágenes distorsionadas

  1. La sociedad del espectáculo

Guy Debord escribió en el año 1967 un libro llamado La sociedad del espectáculo donde da cuenta de cómo los medios de comunicación crean “certezas sociales” paralelas a lo que ocurre en el mundo. Por ejemplo tomamos gaseosas perjudiciales para la salud y contra todo sentido común, prevalece el impacto de las campañas publicitarias sobre nuestra capacidad de reflexionar, porque “Juntos hacemos magia” y “La vida es mejor con….”. Durante muchos años fumar significaba una forma de liberación femenina porque “Haz recorrido un largo camino muchacha” y hasta hace no tan poco tiempo “el sabor de la aventura” era un producto que produce cáncer. Las campañas antitabaco no fueron suficientes aunque, nobleza obliga, mejoraron la conciencia del daño que produce el cigarrillo. La vida social aparece como una inmensa acumulación de espectáculos, las relaciones sociales entre personas están mediatizadas por imágenes. Esto es más que el producto de las técnicas de difusión masiva de imágenes. Es más bien una visión del mundo que se convirtió en real para los espectadores. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante. En el mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso y los especialistas del espectáculo, corrompidos por su experiencia de desprecio al espectador lo consideran,  en términos de Guy Debord, un sujeto despreciable.

  • Las manifestaciones y las razones de los manifestantes anticuarentena

Marchar en contra de la cuarentena supone abandonarla, no guardar distancia social y exponerse y exponer a lxs otros al contagio de Covid-19. Diversos medios relevaron las razones de los que marchaban. En la manifestación del 17/08 una mujer, que llega en su vehículo, rociándose con alcohol “a cada rato”, aseguró que marchaba por “la reforma de la justicia”. Otra señora afirmó: “Vinimos por la justicia, por la libertad, porque queremos un país con democracia plena”. Otra aseveró: “No a la reforma judicial, no a nada, no a nada”. “Cuidarse no es aislarse, no es encerrarse. Es alimentarse, oxigenarse, asolearse. Y eso lo dice la inmunología”, “Si vos encerrás a una persona le bajás las defensas, está propensa a enfermarse, está con miedo porque cree que el virus lo va a agarrar”, agregó y sostuvo que “lo que nos va a salvar es la inmunidad natural”. Otro manifestante afirmó: “esta cuarentena es criminal porque ha traído mucha miseria a la Nación” y aseguró que “esto es una gripe, siempre están colapsados los hospitales a esta altura”. Agregó que “la gente no tiene miedo al virus porque siente que su libertad y su republicanismo está en juego”. “No queremos reforma de la Constitución ni que se toque a ningún juez que está en la causa de los cuadernos”, dijo una mujer que se manifestaba en Recoleta frente a la vivienda de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. En el mismo lugar, un hombre expresó que fue a la marcha solo porque está en contra de la vicepresidenta: “Fernández es un títere de ella, así que no me merece ningún respeto. Hace lo que ella le dice, no es un tipo auténtico y siempre se desdice”, manifestó. Otros dijeron: “No queremos ser Venezuela”. Claramente violan la cuarentena por razones que no siempre tienen que ver con esta, lo que puede implicar al menos reclamos sociales, negación de la existencia del virus o ambos.

Algunxs le dicen no “a nada de nada”.

  • La ciencia

El Ministerio de salud de la Nación en la página https://www.argentina.gob.ar/salud/coronavirus-COVID-19/sala-situacion del 22 de septiembre reporta 13.482 personas muertas por Covid-19 en nuestro país. Alberto Rodolfo Kornblihtt, prestigioso biólogo molecular argentino, anticipó en diversos medios gráficos y conferencias, concentrándose en el número de decesos por Covid-19, que si se  realiza una progresión geométrica podríamos tener 364 mil fallecidos para Navidad. Si bien presume que el país no va a llegar a ese cifra, porque en el medio hay acciones y políticas que así lo impedirán, estamos ante el crecimiento exponencial de muertes: el 17 de mayo teníamos 375, el 11 de junio 865, el 5 de julio 1.500, el 27 de julio 3 mil, el 19 de agosto 6 mil.  Si el 11 de junio -cuando teníamos menos de mil-  nos hubieran dicho que en septiembre tendríamos estas cifras, de seguro dice, también nos habría parecido una exageración. Kornblihtt, junto a otros investigadores, tienen claro que el objetivo es llegar a la vacuna con el menor número de fallecidos.

El biólogo también informa en una conferencia que se brindó el 17 de septiembre junto a referentes de todos los sectores del país, que en la actualidad Argentina está n° 15 en el ranking internacional de muertos por Covid. Estamos por arriba de Australia que tiene 800 muertos, de Austria 800 muertos, de Bélgica 9 mil muertos , de Canadá  de 9 mil muertos, de Ecuador 6 mil muertos,  Egipto 5 mil muertos, Hungría 600 muertos, Israel 1.000 muertos, Japón 1.400 muertos, Marruecos 2.400 muertos. China, lugar en el que se originó la pandemia, donde viven 1.300 millones de habitantes, tiene 4.600 muertos: menos de la mitad de muertos que Argentina.

Esto implica, dice, que algo que se podría haber hecho o se puede hacer no se ha hecho o no se está haciendo.

  • La comunicación

John Druny, Stephen Reicher y Clifford Stot de las Universidades de Susex, Keele y St Andrews, respectivamente, en su artículo “Comprender la difusión del Covid-19 requiere un enfoque interdisciplinario y multidimensional”, informan en relación a la experiencia en el Reino Unido, que las nociones de fragilidad psicológica han estado al frente de los debates sobre la respuesta pública a esta pandemia. En particular, el argumento de que el egoísmo colectivo, el comportamiento irreflexivo y la reacción exagerada empeorarían los efectos del virus.

En nuestro país la grieta llega hasta el Covid-19 y una vez más el país se divide en buenos y malos. Para Druny, Reicher y Stot representar un público egoísta socava el sentido de colectividad necesario en estos tiempos. Resulta necesario observar los factores sistémicos del virus. Como en el Reino Unido, en Argentina los sectores más pobres y menos poderosos de la sociedad tienen menos opciones sobre cómo comportarse durante el encierro y esto no los convierte en egoístas e irreflexivos, cuando las razones para violar la cuarentena tienen que ver con la subsistencia, que implica no tener agua, casa, comida, necesidad de trabajo para sobrevivir, etc. Aquellos con menos ingresos y riqueza viven habitualmente en hogares más hacinados. Los resultados de estas desigualdades sistemáticas son predecibles: se ha demostrado repetidamente que las personas más pobres son más vulnerables a la infección y tienen más probabilidades de morir. Estas personas exigen un trato diferenciado y esto no debería ser motivo de discusión.

En cuanto a los sectores de mayores ingresos es posible que se autoperciban entre sí como menos riesgosos y, por lo tanto, adopten un comportamiento más temerario en las interacciones dentro del grupo porque experimentan más confianza y menos disgusto.

Los investigadores señalan también, como algo crucial, la mala gestión específica en forma de falla de comunicación. De hecho el Reino Unido reconoció tácitamente el error de informar al público enfatizando el riesgo individual, lo que llevó a muchas personas que se consideraban jóvenes y saludables a que lo descartaran. Esta lógica comunicacional viró proponiendo ‘proteger a los demás’ y fortaleciendo el apoyo para el distanciamiento social y la higiene.

Ahora bien, qué hacer con quienes ponen en duda sistemáticamente los datos de la ciencia, las estadísticas, las medidas de prevención sugeridas o que simplemente no están dispuestos a cuidar a los demás aunque sea por razones egoístas. Esto habla -entre otras muchas cosas- de negación, desinformación, desconfianza, fallas en las estrategias comunicacionales, dificultades para profundizar políticas que faciliten la comprensión del problema desde sectores especializados en salud mental individual y colectiva, etc. Estas cuestiones circulan en paralelo con la gesta de la ciencia por conocer, afrontar y resolver el riesgo letal del coronavirus y dificultan notablemente su tarea. Como dicen Druny, Reicher y Stot, parece importante comprender el sistema de relaciones interpersonales que facilitan la difusión del Covid-19 y actuar en redes también desde allí.

La posición de un sujeto en la pandemia es, simultáneamente, cuidar de sí mismo, cuidar al otro y cuidarse del otro. Preservar la propia salud produce en individuos singulares distintas estrategias de auto-conservación. Así cuidarse del otro puede activar vivencias persecutorias de diverso grado y la desconfianza se puede unir con fantasmas sobre la propia supervivencia: el otro me contagiará, habrá desabastecimiento o puede encender la xenofobia. El Covid-19 nos enfrenta a tres vivencias respecto de la realidad: temor a estar por siempre fuera del mundo que conocíamos; el sentimiento de que ya no existe lugar a donde retornar y la desolación, tal como señala el psicoanalista Sebastián Plut en “Los Coronautas: pacientes y analistas en cuarentena”. También puede generar una negación de la existencia del virus, como forma de preservarse de la muerte.

Intervenir en la pandemia  requiere simultáneamente y en redes, investigaciones y acciones situadas de un sistema de relaciones complejo, que estimulen la pulsión de vida para mitigar el trauma a través del cuidado y que ayuden a elaborar el shock colectivo que estamos viviendo. Esto implica generar estrategias inherentes a la geografía y la población de cada lugar, dirigidas a preservar y fortalecer la salud mental de lxs ciudadanxs, junto con las económicas y las políticas, evitando dividir el país en buenos y malos.

Abordar estas cuestiones en distintos grados y con distintas estrategias diferenciando problemáticas (provincias, clima, densidad poblacional, modos de inter-relación, salud mental,etc.) , parece formar parte del salvataje colectivo

¿Entonces?

Kornblihtt  afirma que si un avión cayera y fallecieran 250 argentinos sería la tapa de todos los diarios. En nuestro país mueren más de 200 personas por día. Como si se estrellara un Jumbo cada día. Hay que tomar acciones ya, rastreo, aislamiento de contactos de caso compatibles antes del hisopado”.  El 19 de septiembre un comité de expertos hace un llamado a las autoridades a tomar las medidas necesarias, según la gravedad de la situación en sus respectivas jurisdicciones.  “El virus no es oficialista ni opositor. La estrategia sanitaria para enfrentarlo, tampoco”, plantearon.

Si la progresión geométrica de Kornblihtt se sostiene, en Navidad se habrán estrellado al menos 1.820 aviones Jumbo con cientos de miles de argentinos adentro.

Dado que la sociedad del espectáculo esta mediatizada por imágenes que construyen una realidad, tal vez las únicas certezas a la que podamos aferrarnos son las que surgen de los aprendizajes científicos y desde ese lugar haya que comprender mejor, siempre en redes comunitarias científicas,  la forma en la que se propaga el Covid-19 cuando de relaciones interpersonales se trata, fortalecer el rol de los expertos en salud mental,  mejorar la estrategia comunicacional, repensar en redes científicas los programas económicos, políticos y fomentar una psicología social que pueda hacer frente a un trauma social único en la historia, de manera tal que los espectadores apreciemos la información para metabolizarla y actuarla responsablemente.

El temor a la enfermedad y a la muerte tampoco son oficialistas ni opositores. Son temores humanos y esto es algo de lo mucho que tenemos en común lxs argentinxs en esta emergencia, en eso estamos unidos. Habrá que seguir buscando aquello que nos une para preservarnos y trabajar en redes.

Sigamos pensando.

*Laura Cantore. Feminista. Dra. en Derecho y Cs. Sociales. Post-doctorada en Géneros.