Infancia, juguetes y peronismo

De una de las verdades del peronismo: “En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños” a la frase de Evita impresa en la etiqueta de los regalos de la Fundación Eva Perón en época de fiestas de fin de año: “Obsequio a mis queridos descamisaditos”, la visibilización de los chicos y chicas en la sociedad argentina tuvo fecha de inicio con la llegada de Juan Domingo Perón al poder.

Deolindo F. Bittel, en Qué es el peronismo (1983) sostuvo: “En el proceso histórico de la Argentina posterior a 1930 el peronismo surge, fuera de toda duda, con un aporte sustancial que es la reconquista y recuperación de lo social (…) Y está en la propia naturaleza del peronismo la justicia social como bandera a la que no puede renunciar.”

Y esa justicia social, enraizada en la Doctrina Social de la Iglesia y con epígonos en la actividad sindical y de los grupos socialistas que convergieron en el primer peronismo, se materializó en todos los sectores de la comunidad política argentina, prestándosele especial interés en los más pequeños.

Con el advenimiento del peronismo, la atención a la infancia se canalizó principalmente a través de la Fundación Eva Perón. Así millones de caballitos de madera, muñecos de trapo, cochecitos, pelotas “Pulpo” y muñecas “Mariquita Pérez”y “Marilú Braganza”, junto a otros obsequios, para las fiestas de Navidad y Reyes Magos se encontraron en las manos de miles de niños y niñas de los años ’40 y ‘50, junto con las posibilidades de compra de juguetes de los obreros argentinos para sus hijos.

Años atrás sólo los sectores más acomodados contaban con dicha posibilidad, sea adquiriendo juguetes locales de la fábrica Matarazzo de los años ‘30 o sus equivalentes importados.

Ello se reflejó en la entrega personal que realizó Evita junto a su marido, el presidente Perón, donde en cada casa argentina, junto a la sidra y pan dulce, se vivía la alegría de una sociedad que aspiró a ser más justa y solidaria.

Dicho espíritu se reflejó en las páginas de las publicaciones para el público menudo. Así estaba Patoruzú y Billiken, de Constancio C. Vigil, la cual dominó ese mercado desde su creación en 1919. Recién surgió como competidora la revista Mundo Infantil, de editorial Haynes.Fundada el 3 de octubre de 1949, tuvo como director a Oscar Rubio, “también director del Torneo Infantil Evita”, según el trabajo sobre dicha revista publicado en Ideas y debates para la Nueva Argentina. Revistas culturales y políticas del peronismo, de Claudio Panella y Guillermo Korn (compiladores).

Mundo Infantil buscó impartir conocimientos, atendiendo a las necesidades de la currícula escolar, más historietas (desde Alicia en el País de las Maravillas, Tarzán Periquita), cartas de público menudo y una fuerte adhesión al gobierno.

Se publicitaban, además, juguetes de empresas argentinas e indumentaria infantil, junto a propaganda oficial y publicidades de otros productos más para consumo de los adultos (por ejemplo Fernet Branca).

Entre sus secciones se encontraban datos históricos, fechas patrias, la acción de los Campeonatos Infantiles Evita y la confección de juguetes artesanales, entre otras. Desde muñecos y muñecas de trapo y de papel, barcos, trenes, aviones y autos, con sus modelos y diseños, con madera balsa; maquetas de edificios (escuela, hospital, et.) hasta saber trenzar, hacer pizarras, ver las dimensiones de un velerito para una fuente de agua.

Se intentó integrar en las manualidades al infante en un marco de sociedad industrializada, donde los vehículos (aéreos, fluviales y terrestres) no estaban sólo en la imaginación o en las películas, sino que podían ser utilizados, o adquiridos, como en el caso de los automóviles, por las familias obreras. Entre las secciones se encontró Energía Atómica, luego llamada Física Nuclear y Energía Nuclear Argentina, en consonancia con el desarrollo de la misma durante el primer peronismo y en paralelo con el espíritu de la era nuclear de la época en la Guerra Fría.

En el trabajo de María Bordagaray y Anabella Gorza sobre Mundo Infantil destacaron su rol de “socialización política de la infancia a través de elementos doctrinarios” (por supuesto peronistas) y “la modernización de la infancia a través de estereotipos de infancia y género”. Allí destacaron, sin embargo, que “el mensaje más puramente doctrinario no era leído literalmente por los niños (?). La voz de los niños se filtraba en algunos artículos sobre todo en aquellos en donde se homenajea a algún niño que se ha destacado por alguna virtud que la revista considera importante… Las secciones “Este es mi rincón” y “Primeros pasos de nuestros amigos”, también nos permite tener un acercamiento a la voz de los niños”.

Aunque las autoras afirmaron que “entre octubre de 1949 y junio de 1952 salieron 141 números, de tirada semanal”, lo cierto fue que la revista se editó no sólo luego de la muerte de Evita, sino que sobrevivió algunos meses al golpe cívico –militar de 1955 contra el gobierno constitucional de Perón.

Su legado aún debe estudiarse, de forma amena y con contenido ideológico definido, para acercar a la niñez a un proyecto nacional inclusivo.

A su vez la Fundación sumó para los más pequeños construcción de edificios escolares (Plan 1.000 Escuelas), los monumentales Hogares Escuelas en cada provincia, centros de salud especiales para los chicos y chicas, los campeonatos infantiles y la Ciudad Infantil en Buenos Aires, entre otros.

Al respecto, Noemí Castiñeiras en su trabajo sobre la Fundación refirió: “Dentro de las obras que vinculan a la Fundación Eva Perón con la niñez, desde la perspectiva educativa, la Ciudad Infantil era sin duda la más querida por Evita. La visitaba a menudo, muchas veces de improviso, y por allí comenzaba la recorrida de sus obras acompañando a visitantes extranjeros. Ubicada en el barrio de Belgrano e inaugurada el 14 de julio de 1949, tras sólo cinco meses y veinte días de obra, el complejo de construcciones de la Ciudad ocupaba dos manzanas. En una de ellas se hallaba emplazada la “planta urbana”, conformada por el edificio principal (aulas, comedor y dormitorios – todos ellos con paredes decoradas “en colores suaves y expresivos con representaciones fabulosas como las de Blanca Nieves o Caperucita” -, servicios médicos, sala de espectáculos y dependencias administrativas), la pileta de natación, los solarios. Rodeaba estas construcciones una ciudad a medida de los niños compuesta por: ocho chalecitos, un mercado, banco, comisaría, municipalidad, estación de servicio, plaza y capilla. En este ámbito, acompañados por sus maestras, los niños “tomaban contacto con el mundo y se iniciaban en la vida de relación a través de sus juegos”, desempeñándose en forma alternativa en los diferentes roles del mundo adulto. La otra manzana, de esparcimiento, era un gran parque con areneros y juegos infantiles, entre los que no faltaba el “trencito”.

La obra de Evita da para seguir estudiando a aquella muchacha que hizo carne una de las “20 verdades” del peronismo, la cual resonaba en sus labios con delicada pasión revolucionaria, que “los únicos privilegiados son los niños”.

* Pablo A. Vázquez. Politólogo; Docente del INCAP. Miembro de Número de los Institutos Nacionales Eva Perón, Newberiano y Juan Manuel de Rosas.