Israel: ¿aumentar los ataques o aceptar una negociación?

Israel se embarca en un nuevo conflicto militar contra los palestinos a partir de una acción de sus fuerzas de seguridad en una fecha importante para el Islam como es la del Ramadán, desalojando violentamente la Mezquita Al Aqsa y desatando la protesta previsible que llega hasta los momentos de escribir esta nota, pero que por su escala, la situación deja varios puntos de análisis necesarios que debemos atender.

En primer lugar, tenemos que destacar un aspecto importante que es la necesidad de Netanyahu de seguir manteniéndose en el poder amenazado como está por la Justicia. Si pierde su actual status es muy probable que su situación judicial se agrave y eso es un motivo para que juegue a fondo buscando exacerbar el conflicto con los palestinos con la idea de conseguir un apoyo mayor en la población israelí de origen judío.

Un segundo hecho a tener en cuenta que confluye con el anterior es la política de sectores judíos radicalizados que pretenden construir el Gran Israel bíblico que se extiende desde el Éufrates hasta el Nilo y cuya concreción requiere que Egipto, Arabia Saudí, Siria e Irak pierdan parte de su territorio mientras que Jordania y el Líbano desaparecerían absorbidos por la nueva Nación.

Este proyecto sigue en pie y moviliza a una corriente creciente que comparte otro tema candente como es el de la reconstrucción del Tercer Templo de Jerusalén que necesariamente implica la destrucción de la mencionada Mezquita de Al Aqsa además de la Cúpula de la Roca.

Es evidente que esto desataría una explosión del mundo islámico, que más allá de sus cuantiosas diferencias internas, se uniría ante el atropello contra el tercer lugar más importante de esta creencia que es la Mezquita donde según la tradición islámica el máximo profeta Mohammad se elevó a los cielos.

El trípode de razones que se alinean poderosamente para tensar la situación es el papel de los cristianos sionistas que creen que Israel es el pueblo bíblico y que su llegada y reconstrucción del Tercer Templo funcionará como un catalizador de la vuelta del Mesías y por ello apoyan financiera y políticamente este proceso.

Las banderas de Israel en movilizaciones públicas en países lejanos como Bolivia, demuestran hasta donde se ha extendido este concepto.



Curiosamente entre los judíos que viven fuera de Israel esta idea experimenta un rechazo mayoritario, pero es entre los cristianos sionistas donde se hace fuerte. La situación interna en el judaísmo no es homogénea, existen judíos ortodoxos que confluyen con la política expansiva del sionismo como así también otros que no le reconocen al Estado de Israel como la materialización del perdón de Dios para volver a su tierra y que este en realidad es un desafío a la voluntad divina que no ha perdonado al pueblo judío.

En medio de esas disputas, que se entremezclan también con cuestiones políticas relacionadas con las visiones nacionalistas, progresistas, de izquierda y otras, realizan un cóctel ideológico explosivo en el propio Israel que Netanyahu quiere unificar traccionando desde una posición que lo identifica como el líder ante la agresión palestina.

Como siempre, la prensa internacional juega su juego haciendo visibles familias judías que se muestran asustadas ante la andanada de cohetes que aterrizan sin rumbo pero que por su magnitud sobrepasan la Cúpula de Hierro, el sistema defensivo de corto alcance antimisiles de Israel.

Cabe señalar que Hamas no dispara sobre objetivos civiles sino que los misiles que utilizan, en su mayoría, carecen de sistema guiado, así que, cuando son lanzados es imposible saber exactamente dónde van a caer. Por este motivo es que solemos ver que muchas veces caen en desiertos o zonas inhabitadas, eso se debe simplemente a que no se pueden apuntar con precisión.

No hay demasiado para discutir en este ámbito, mientras los palestinos utilizan cohetes de 500 dólares, la defensa israelí los intercepta con misiles de entre 50 y 100 mil dólares. Toda una radiografía de la tecnología y el dinero con que cuenta cada bando.

Es importante detenernos en la Cúpula de Hierro, instalada en el 2011 a un costo de unos mil millones de dólares, de los cuales 675 millones fueron aportados por Barack Obama. En su momento se hicieron críticas que fueron desoídas pero que hoy se sienten con fuerzas sus resultados. La garantía que ofrecía este sistema (neutraliza en teoría 90% de los ataques) favorecía la impunidad agresiva militar de Israel y abortaba cualquier proceso de negociación.

La parte palestina diseñó una estrategia inteligente en función de sus capacidades, acumular la mayor cantidad de cohetes como los Qassam I y posteriores, de bajísimo costo, para saturar las defensas israelíes.

Cada batería de la Iron Dome tiene entre 3 y 4 lanzaderas de 20 misiles cada una, lo que le da un total de entre 60 y 80 misiles. Israel cuenta entre 10 y 16 baterías alcanzando un total de 800 a 1.200 misiles interceptores simultáneos.

Los palestinos de Hamas han disparado más de 2.500 a la fecha consiguiendo varios objetivos, el primero es saturar la respuesta y permitir que escapen a la red defensiva más misiles que los habituales. Las FDI israelíes estiman una capacidad de derribo de un 40%, menos de la mitad que la usual, esto puede resultar por las condiciones en que operan.

Por otro lado, el costo es un tema a considerar, Israel cuenta con unos 5.000 interceptores Tamir, cuya reposición requiere una inversión de 500 millones de dólares. La ecuación costo/beneficio es ampliamente favorable a los palestinos.

La situación económica se complica cuando los misiles que superaron y llegaron a los objetivos han causado un daño estimado en 2.000 millones de dólares y a eso hay que sumar la operación de los F16 y los F35 involucrados en el ataque y las municiones de precisión utilizadas para destruir objetivos en Gaza.

Israel siente por primera vez que no le resulta barata la guerra y que es vulnerable, enviando una señal peligrosa a sus vecinos, muchos de los cuales son aliados forzosos y no por simpatías.

El primero en ver la oportunidad es el presidente turco Erdogan que cree en poder reedificar el Imperio Otomano de antaño y por ello expande sus fuerzas militares. Erdogan, otrora aliado israelí, hoy le pide públicamente a Putin castigar a Israel, llama a actuar a Kirguistán y anuncia que Turquía está dispuesta a apoyar a los palestinos.

Arabia Saudí, que está iniciando conversaciones con Irán y con Turquía, también ofrece su apoyo político, económico y militar. Siria por primera vez en años dispara misiles sobre Israel.

La apuesta de Netanyahu se complica, negociar una tregua cuando los misiles llegan a Tel Aviv, impactan una planta química y golpean la base aérea Hatzerim, eso sería un reconocimiento de debilidad.

Pero la situación es delicada, a los países que empiezan a dar señales de poder intervenir, se suma al hastío de Rusia con los ataques constantes de Israel sobre Siria, algunos provocativos hacia las FF.AA. rusas y la duda de EE.UU. que tiene un partido aparte contra Rusia y China pero que lo que hace Israel le complica los planes trazados generando descontento contra ese país y por lo tanto contra su protector americano.

El ataque asimismo ha tenido una secuela unificadora donde los palestinos de Fatah, en Cisjordania han declarado que apoyarán a sus rivales del Hamas en Gaza y el Hezbollah libanés, estrecho aliado de Irán con una enorme experiencia ganada en los combates en Siria también se hace presente en el conflicto.

Hezbollah tiene una capacidad militar muy superior a los grupos antes mencionados y es presumible que en Siria haya accedido a un arsenal de armas modernas que harían muy difícil a Israel poder enfrentarlo. Ya tuvo una mala experiencia contra esta organización en el pasado, pero ahora este Hezbollah es muy superior y augura mayores problemas.

Israel puede enfrentar a estos enemigos de a uno, desunidos, pero si la ambición, la desesperación o la torpeza de Netanyahu los une en su contra y estos coordinan sus posiciones, la situación es más que difícil.

Las opciones son acelerar la escalada y amenazar, y no solo amenazar. De utilizarse  armas nucleares por parte de Israel, las consecuencias serían inimaginables y puede abrir las puertas a una dinámica que involucre a otras naciones nucleares.

La otra opción es aceptar la tregua ofrecida por Hamas, asumir que se ha perdido el halo de hegemonía militar en la región y buscar un acuerdo con vecinos y con los propios palestinos, porque si un grupo como Hamas forzó un acuerdo, Irán sabrá que su poderío militar es mucho mayor y por lo tanto puede extremar sus políticas.

Siria tiene cuentas pendientes con un país que apoyó al Daesh, Arabia Saudí se puede tentar de romper la alianza y Egipto no podría sostener mucho tiempo una posición pro israelí.

Y Turquía, el mayor ejército y más moderno en la región puede tentarse con ser la cabeza del mundo islámico si consigue derrotar al odiado Israel.

La situación generada entonces no es simple, probablemente Israel busque enfriar la situación, pero su velo de impunidad se ha rasgado, sus enemigos internos y externos saben que puede ser atacado y derrotado y eso potenciará sus acciones militares gradualmente percibiendo que, si Israel cedió una vez, lo hará nuevamente.

La salida diplomática parece ser una única opción, cambiando décadas de historia agresiva y expansiva, aceptando que la situación actual es de la necesidad de convivencia con sus vecinos y negociar su mera supervivencia como Estado.

El tiempo es inexorable y si este es el camino elegido debe rápidamente dar señales de su disposición a negociar francamente, porque luego será demasiado tarde aún para eso.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.