John Rawls y el Covid 19

John Rawls fue un filósofo estadounidense autor de Teoría de la justicia (1971), texto de gran vigencia actual.

Por “principios de justicia” entiende aquellos que establecen criterios para asignar derechos y deberes en las instituciones básicas de la sociedad y definen una distribución apropiada de los beneficios y cargas de la cooperación social.

Piensa en la “justicia como equidad” según la cual los principios de justicia son los que elegirían personas libres y puramente racionales si estuvieran en una posición de igualdad.

Para eso imagina una situación ficticia que llama “posición originaria”, esto es: la reunión imaginaria de personas racionales y auto interesadxs, que sean libres para decidir, y que se encuentran tras el “velo de ignorancia” de sí mismos, lo que les impide conocer sus propios talentos, posición social, raza, fines últimos, preferencias y les permite decidir por unanimidad los principios que van a regir para juzgar las instituciones básicas de su sociedad.

La idea de “posición originaria” permite elaborar el concepto de autonomía entendiendo por tal la que surge de seres racionales, libres, sin importar el deseo o inclinaciones de la autoridad. El “punto de vista moral” que sugiere supone formular principios morales generales y atenerse a ellos, aunque no nos beneficien, y universalizarlos de forma tal de tomar en cuenta todos los intereses por igual.

El “velo de ignorancia” -el desconocimiento de quién soy, que lugar social ocupo, cuales son mis intereses o preferencias- fortalece la idea de imparcialidad propia del punto de vista moral. Esta condición, imposible en la práctica, se satisface acordando que nadie tendrá en cuenta sus intereses personales o preferencias al seleccionar los principios de justicia lo que exige un “equilibrio reflexivo”

Los participantes de este grupo creen que tiene sentido ocuparse de la justicia, saben a qué generación pertenecen, pero saben que deciden por sí y por tres generaciones más. Si bien no están al corriente de sus planes de vida, saben que hay ciertos bienes primarios que cualquier hombre racional quiere cualquiera sea su plan de vida: derechos y libertades, oportunidades y poderes. Ingreso y riqueza.

Rawls estipula que los participantes en la posición originaria se comprometen a atenerse a los principios que allí elijan una vez vueltos a la vida cotidiana y levantando el velo de ignorancia cumpliendo ciertas condiciones formales deben ser generales (no están referidos a individuos específicos) universales (aplicables a todas las personas morales) públicos (conocidos por todos), completos (capaces de establecer un orden entre cualquier par de pretensiones) y finales (son el ultimo tribunal de apelación en cualquier controversia).

Con matices, se suele enseñar en las Facultades de Derecho, la Teoría de la Justicia de Rawls

Pobre Rawls

Didier Fassin un antropólogo, sociólogo y médico francés contemporáneo, en un texto que se denomina en español ¿Mas allá del bien y del mal? (2008), analiza la manera en la que el cuerpo sirve de recurso para reivindicar o no un derecho, a título del sufrimiento o no de una enfermedad. Pretende comprender la economía moral de la ilegitimidad y propone una antropología política del cuerpo preocupado por la particular forma de gobernar a los hombres desde el cuerpo.

En tiempos de pandemia por Covid-19, hay una política en la cual el cuerpo da derechos y obligaciones: los contagios innumerables por Covid, la justificación de acelerar o desacelerar las políticas públicas epidemiológicas, o la muerte en masa, que pueden propiciar el cambio de fase en  la pandemia. Pero, ¿cómo opera en la práctica el velo de la ignorancia? En las actuales circunstancias la ignorancia es para la ciudadanía que  depende de variables políticas y económicas, no del bienestar colectivo.

En términos de Fassin, más que una imposición de un bio-poder, es preciso ver en ciertas prácticas políticas una suerte de biolegitimidad. En términos más exactoshabría que hablar de la banalización del sufrimiento y de la muerte.

¿Qué es lo que pasa al otro lado del “velo de ignorancia” que separa al usuario del sistema salud del que espera cuidado? ¿Sabe el ciudadano que ocurre hoy con el Covid?

¿Los principios de justicia que son objeto de un acuerdo entre personas racionales y libres en una situación contractual justa, pueden contar con una validez universal e incondicional, cuando la pandemia se ha politizado tal como sucede en nuestro país?

¿Hay  equilibrio reflexivo  entre lo que es la creencia que tiene un individuo sobre el Covid-19 y las normas que desarrolla la oposición para frenar los efectos de la pandemia?

El objetivo del velo de la ignorancia es que la posición inicial de los participantes sea imparcial.​ De acuerdo a Rawls, entonces, la ignorancia de estos detalles sobre sí mismo conducirá a principios que sean justos para todos. Sin embargo, claramente, las posiciones son muy diferentes en cada lado del velo.

¿Quiénes somxs los que nos encontramos tras el “velo de ignorancia” sin ningún tipo de autonomía, ni criterios de justicia o equidad?

Los ciudadanos suponemos más de lo que realmente conocen de la realidad del Covid y su riesgo de muerte. Ignoramos largamente las reglas del juego políticas, mediáticas, económicas y se equivocan con frecuencia sobre los verdaderos valores de los agentes. Quienes disponen en cambio de información importante son un gran número de efectores estatales sin que, por ello, evidentemente, transparenten la verdad de la situación a la que la ciudadanía, solo accede en forma de discurso altamente contradictorio.

Distinguir entre criterios oficialmente enunciados y la manera en que son puestos en práctica, puede ser de utilidad para identificar problemas. Así, por ejemplo, la oposición al oficialismo no dará quorum, y el bloque Córdoba Federal –una de las provincias argentinas más afectadas por el Covid- adelantó que no aportarán el número de diputados necesarios para habilitar la sesión legislativa que avance en la sanción de la ley de restricciones sanitarias que la emergencia exige. La oposición decidió que no importa el ejercicio reflexivo y democrático para lograr consenso político, ni siquiera por la pandemia.

Me interesa averiguar si la “pregunta social” se convertirá en algún momento en una “pregunta moral” o solo será una “pregunta política” en términos electorales.

Esto tal vez ayude a comprender cómo la provincia desde la que escribo, Córdoba, se convirtió en la segunda con más contagios del país, interrogarnos sobre sus principios y prácticas evaluativas, los debates que se suscitaron, los procesos a través de los cuales se lograron los actuales resultados y las justificaciones que se dan para dar cuenta de las discrepancias observadas entre lo que debería ser y lo que realmente es, las responsabilidades de los distintos actores sociales: Estado, universidad, Poder Judicial, Poder Legislativo, Poder Ejecutivo. Debe tenerse en cuenta que para muchos de lxs involucradxs una elección ideológica -que siempre debió ser ética, epidemiológica y científica- se hizo en favor de progreso de derechos individuales (libertad, educación, economía) y a costa de vidas humanas.

Parece que la prédica de Rawls en las universidades tuvo poco éxito. A pesar de eso actualizar la indignación moral siempre es un buen móvil para no que nos adormezcan.

¡Sigamos pensando y si podemos también indignándonos!

*Laura Cantore. Feminista. Dra. en Derecho y Cs. Sociales. Postdoctorada en Géneros

** Fotografía portada. Autor Kevin Lau. En Covid Art Museum.