Jorge Halperín: «Imagino al periodismo perdiendo cada vez más peso»

¿El sentido de la frase “el fin de la obediencia” se refiere a que no hay posibilidad de regreso de un gobierno neoliberal?

Siempre está esa posibilidad porque es un país que tiene una suerte de empate. Como lo señala un texto muy interesante de Hernán Brienza, hay como un empate entre el gran capital y el modelo distributivo con componentes desarrollistas que se van alternando sin que ninguno triunfe definitivamente. Es cierto que no es lo mismo una fuerza distributiva, un modelo nacional y popular que estuvo doce años en el gobierno, entre 2003 y 2015, que una derecha que no pudo ni siquiera conseguir la reelección y que perdió en la primera vuelta como sucedió el año pasado con el macrismo. De todas maneras los recursos que tiene esa derecha y por cierto un capital, que no sé si conserva hoy, pero en su momento fue del 40 por ciento aun en la derrota, sumado al poder económico, los grandes medios y sectores de la Justicia, lo vuelven un rival difícil, complicado, en un contexto donde en la combinación de la crisis terrible dejada por el macrismo más la pandemia, podés fracasar. Es un contexto muy complejo, esta situación produce un empeoramiento de las desigualdades como resultado de la pandemia sumándose a la crisis, entonces la apuesta de la derecha de Macri y Rodríguez Larreta es a un desgaste rápido del gobierno peronista de los Fernández y por lo tanto una chance de volver. Nada está descartado pero me parece que el movimiento que ha habido hasta acá, aun teniendo en contra desde el primer minuto a esa derecha que apoyó a Macri cuatro años para los desastres que dejó, la gestión ha sido para mí bastante digna de aprobación.

En el libro compilás artículos tuyos de los últimos diez años ¿Con alguno te sucedió que al volver a leerlo hayas pensado “mirá qué interesante esto que dije”,  “al final esto se cumplió” o “cómo pude haber escrito esto y ahora me doy cuenta de que es distinto”?

Son textos de Página 12, excepto la entrevista que incluí como un homenaje a Antonio Di Benedetto. Yo me tomaba meses para escribir y reescribir, o sea no eran textos de coyuntura, de actualidad, sino que hacía el esfuerzo de mirar más allá de la coyuntura en momentos en que, por ejemplo, el ataque sistemático al kirchnerismo era terrible y donde se instalaba el “no vuelven más”. Apenas dos años antes parecía que el macrismo lograba continuar en el poder para un nuevo período y ellos triunfalmente decían “no vuelven más”. Aun en ese contexto tan negativo, tan difícil, un poco por viejo, un poco porque estoy mirando lo que pasa con los escenarios políticos desde que era adolescente, me da la sensación de que las coyunturas puedo sortearlas dentro de lo difícil que es en Argentina prever algo y, por lo tanto, me cuidaba mucho de no dejarme llevar tanto. Entonces no identifico claramente un texto que quedó desacomodado, en cuyo caso no lo hubiera publicado aun cuando podía ser un testimonio de cómo se vivía en ese momento. Me parece que retomando esos textos hacía un esfuerzo por mirar los temas más allá de la coyuntura que es lo que nos cuesta a los periodistas, que estamos muy atados a la anécdota, a la actualidad, muy copados por eso y nos cuesta mucho trabajo elevar la mirada en el tiempo en un país donde además los escenarios te cambian constantemente. De cualquier manera yo rescato de ese libro que intenta ser una mirada cultural de los escenarios políticos y que hay una frase que me acompaña mucho que es la del filósofo William James: “la historia es infinitamente novedosa”. Es que estos veinte años del nuevo milenio han venido plagados de novedades. Una, como te decía, el hecho de que una fuerza política gobierne durante doce años, eso no pasaba desde hacía cien años en la Argentina, y aún en el radicalismo aquél no había una continuidad total entre Yrigoyen y Alvear -que eran dos líneas muy diferentes- como sí la hubo entre los Kirhcner. No pudieron completar el mandato porque vino el golpe del ‘30, en cambio esa otra novedad, un gobierno popular completó su mandato, no solo uno, y Cristina se retiró con un capital político inédito para los gobiernos que salen de escena; después la novedad de una derecha que llegó por las urnas por primera vez y que completó su mandato pero que al mismo tiempo no pudo cumplir lo que la mayoría de los presidentes latinoamericanos logran que es una reelección, aun controlando los grandes medios, la Justicia, otras instituciones, embajadas, el Fondo Monetario, Donald Trump… con todo ese aparataje infernal no consiguió quedarse más que cuatro años en el poder, tuvo una derrota aplastante en las PASO que luego se confirmó. Y a eso agregale una mujer, que por primera vez en la Argentina, acumula el mayor capital político y se lo cede a un varón para que gobierne de alguna manera. Son tantas las novedades… el lawfare de este milenio, el hecho extraordinario que explica por qué en gran parte Macri pudo terminar su mandato, que no es mérito de él, sino que los sectores más vulnerables ahora estaban organizados en movimientos sociales que no solo gestionaban los recursos del Estado sino que además gestionan emprendimientos colectivos, huertas comunitarias, merenderos, comedores, las herramientas que ayudaron también a que los sectores más vulnerables aguantaran la crisis como son la Asignación Universal por Hijo, la moratoria de las jubilaciones concretada por Cristina Fernández que hizo que, en el peor momento, una pareja tuviera por lo menos dos jubilaciones mínimas y eso le permitía resistir. Fueron tantas las cosas que vinieron como novedades y al mismo tiempo en parte la historia se repite, porque de lo contrario no podríamos haber tenido cuatro oleadas de neoliberalismo: Martínez de Hoz con la dictadura, Menem, De la Rúa y luego Macri como si la gente no hubiera aprendido de la fórmula siniestra del sobreendeudamiento y el ajuste con el daño que hace. Entonces si mirás todo lo que nos pasa con ojos muy abiertos y tratando de ir más allá de la anécdota de la actualidad, me parece que el libro trata de descubrimientos.

¿Las fake news son una novedad? ¿En qué se diferencian de las mentiras o las operaciones políticas tradicionales que hacían los medios?

En los años ‘60 yo era un adolescente y una fake news impresionante fue a partir del asesinato de Norma Mirta Penjerek. Los diarios junto con la policía, por supuesto, instalaron que el asesino era un comerciante zapatero que supuestamente hacia orgías con adolescentes y que sería criminal. Durante meses fue para todo el mundo el criminal, la gente vivía prendida al diario La Razón, era impresionante, estoy hablando de un diario que en ese momento estaba vendiendo 700 mil ejemplares por día y era una absoluta fake news, el zapatero no tenía nada que ver con ese crimen pero durante meses la gente lo condenó. Es decir, esa fake news venía bien porque la policía ante la presión popular siempre necesita mostrar un culpable que tiene identificado, y los medios también hicieron su negocio con ese crimen. Es decir que las fake news no se inventaron ahora. Cierto que ahora están encaradas de una manera casi más sistemática pero yo aprendí muy joven sobre la circulación de relatos que la gente cree y propaga como si fueran ciertos cuando no hay la menor evidencia de ello. Empecé a observar ya desde joven en mi barrio que estaba la casa embrujada, que estaba el vecino que mató en venganza de no sé qué… después vi que circulaban historias como la rata en el restaurante chino, el tipo que tuvo una noche de furia sexual con una desconocida y a la mañana siguiente ella desapareció y le dejó escrito con lápiz de labio “sorpresa: tengo SIDA”. Yo me preguntaba por qué la gente te cuenta esas historias como noticia verdadera y no se las podés cuestionar porque te dice que es cierto; entonces me di cuenta que colectivamente la gente forma redes de circulación de relatos y que la función de esos relatos no es la verdad literal de lo que cuentan sino expresar miedos colectivos, ansiedades, rechazo al diferente, prejuicio contra los grupos extranjeros, los chinos en este caso, los cabecita que supuestamente eran invasores de la ciudad y quemaban los parquet de las casas que le dio Perón para hacer asado. La gente hace circular historias que cualquiera puede decir que desafía cualquier criterio de verdad y sin embargo los hace circular como verdad. Hoy cierta prensa está usando perversamente fake news, las hace circular y las instala y la gente condena a partir de esas historias porque le cree a ese medio pero porque necesita creerle. Es como si el medio le está entregando un alimento que estaba esperando el público que por su antiperonismo, por su prejuicio, el peronismo no puede ser decente ni honesto, tiene que ser corrupto, patotero, violento y la derecha, que se dice republicana a pesar de toda su violencia verbal, la represión que ejerce, como ejerció Macri, la persecución, la cárcel a los opositores, es republicana. Hay un contrato entre el medio y su público por el cual el medio refuerza lo que el público ya pensaba. En ese contexto, terrible si lo mirás crudamente, caen las fake news, en un contexto donde necesitan ser creídas. Entonces a mi no me sorprendió su aparición porque como lector las había visto.

En función del libro, ¿cuál ha sido la evolución de la prensa en estos últimos diez años y qué es lo que vos imaginas que va a ocurrir en los próximos diez años?

¡Qué difícil! Es difícil imaginar el año que viene… ¡cuánto más 10 años! Por empezar, una cosa sagrada del periodista, lo primero que te enseñan es a chequear la información y las fake news son realmente lo contrario, entonces me pregunté si antes la diferencia con los rumores y los mitos urbanos que yo observaba era que la gente no necesitaba chequear porque quería creer esas historias, pero el periodista no podía hacer lo mismo, tenía que chequear la información y la verdad es que cada vez el chequeo se volvió menor. Hay una descomposición del periodismo que han traído los medios gratuitos sobre todo. Yo dirigía en Clarín el suplemento cultural y la sección de opinión y jamás me permitía no pagar una colaboración. Hoy es muy común tanto en Clarín como en otros medios que no se paguen las colaboraciones entonces las redacciones se arman en muchos casos a partir de la competencia de los diarios gratuitos, con un tipo experimentado con un montón de chicos jóvenes con poca preparación relajando las reglas del periodismo en serio. En medio de esa descomposición y por la proliferación de los medios gratuitos y la pérdida de lectores y público que están sufriendo tantos medios en el mundo y acá también, imagino una pérdida de peso del periodismo, imagino que va gradualmente, cada vez más, a perder peso aun cuando todavía la prensa conserva el poder de instalar agenda, cada vez ese proceso de caída es más dramático, de pérdida de influencia. Me imagino un periodismo mucho menos determinante en la vida de la gente, la proliferación de muchísimas otras fuentes para informarse, pero no voy mucho más allá, no me puedo imaginar cómo será ese mundo porque hoy parece que no podemos vivir sin informarnos, mucho más ahora en el medio del confinamiento donde estamos colgados de la tele y de las redes todo el día, pero creo que los medios van en una gradual decadencia. Las reglas, las condiciones del trabajo para los colegas y demás, van empeorando sistemáticamente. Y esto no sucede solo con los medios que están en situación más precaria, los pequeños medios que subsisten con mucho esfuerzo, sino que pasa con los grandes medios también, por eso te citaba el ejemplo de Clarín. Entonces mi visión de la prensa y el periodismo de aquí a varios años es una visión muy pesimista.

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