José Pablo Feinmann: La filosofía y el barro de la historia

Lúcido y provocador. De claridad expositiva y punzante narrativa, Feinmann marcó, para el sector nacional y popular, nuestra forma de polemizar con la realidad que nos toca vivir desde la periferia del Tercer Mundo. Tenaz polemista contra Perón y el desarrollo de los gobiernos justicialistas de Isabel y Menem, adhirió, sin embargo, al proyecto de Néstor y Cristina, al punto de autopercibirse ideólogo del modelo kirchnerista.

Partícipe de las Cátedras Nacionales, cercano a la JP, sus artículos en la revista Envido explicitaron la desazón de la experiencia camporista y vomitó su desagrado por el estilo de conducción d eJuan Domingo Perón, con quien “discutió” hasta su último aliento del 17 de diciembre del 2021.

Lo recuerdo en sus artículos en la revista Humor en los años de plomo y en la experiencia alfonsinista. Coincidiese o no con él, Algo tenían sus palabras que me podían ayudar a entender la realidad política o rechazar sus juicios, sobre todo, sobre Rosas y el peronismo.

Sin embargo rescato varios de sus planteos, como en Filosofía y Nación (1982), donde problematiza sobre Sarmiento y su Facundo: “Luego de comprender que la barbarie es inasimilable, comprenderemos mejor aún los intentos de Sarmiento por confinar a Quiroga y sus hombres en la naturaleza. No es casual, en efecto, que el pelo de Facundo sea vegetación, que lo llamen tigre, que la montonera se identifique con la caballería, que obre por mero instinto animal: Toda política de exterminio debe comenzar por excluir de los terrenos de la condición humana a aquellos que se propone exterminar”.

Y a dicho análisis le une el paralelismo con el golpe de 1955: “¿Qué hacemos con Facundo? No es una pregunta tranquilizadora. Nuestros liberales, con férrea coherencia, realizan cotidianamente la apología de la obra… Borges, es apenas un ejemplo, escribió: “Sé que en aquellas albas de septiembre… lo hemos sentido”. Y lo escribió en Sur y en septiembre del ’55… Nosotros, sin embargo, juzgamos inaceptable una obra que reclamó la exterminación del pueblo argentino, que planificó nuestra incorporación dependiente a las potencias europeas y encontró en el asesinato de Peñaloza su más ejemplar realización empírica”.

En La Filosofía y el barro de la historia (2008) planteó nuestra situación, con guiños a Kusch, frente a los dominadores europeos: “… Si filosofamos en situación. Si filosofamos periféricamente. Como pensadores “situados” en América Latina. Pocos, como nosotros, hemos sufrido las crueldades de la razón instrumental europea… Somos parte de Occidente en la modalidad de periferia saqueada.  El sujeto dominador del capitalismo se expresó ya en la conquista de América. En la “acumulación originaria del capital”. No en vano nos ocupamos tanto de la filosofía europea. Ella se ha ocupado mucho de nosotros. Conocerla a fondo es conocer nuestra condición. Somos – aun contradictoriamente – lo que el sujeto de la modernidad capitalista hizo de nosotros”.

Finalmente, en sus diálogos como el recientemente fallecido Horacio González, publicados en el 2013, el filósofo confesó que fue lo mejor de su vida: “Escribir. Es la utopía de toda la vida. Fui muy afortunado en eso era lo que más me gustaba y fue lo que mejor supe hacer. Cuando aquello para lo que estás dotado coincide con la pasión de tu vida, tenés un núcleo poderoso que podrá sostenerse siempre”.

Mis respetos por su obra y trayectoria.

*Pablo A. Vázquez. Licenciado en Ciencia Política; Secretario del Instituto Juan Manuel de Rosas