Josefa “La Federala”: miliciana del ejército de Rosas

La historia de las mujeres en los ejércitos de nuestra patria está aún por contarse. Sea en el período emancipatorio como en la guerra civil entre unitarios y federales, la mujer prestó su empuje a la par del varón. Desde las mujeres de la Reconquista de Buenos Aires contra el invasor inglés hasta aquellas que apoyaron y combatieron en las campañas del Alto Perú y en el Ejército Libertador de San Martín, fueron parte integral del despertar nacional y americano.

Poco se sabía de aquellas que participaron en la guerra civil, tanto del bando unitario como del sector federal. La historiadora Lily Sosa de Newton publicó, entre otros trabajos, Las argentinas de ayer a hoy (1967) y el Diccionario biográfico de mujeres argentinas (1972). Justamente en este último, en su segunda edición de 1980, se incluyó a una mujer que prestó servicio en la milicia de la Confederación Argentina durante la época del Brigadier General Juan Manuel de Rosas.

Refirió Sosa sobre Josefa “La Federala”, de ella se trata, que fue: “Alférez graduada de caballería de los ejércitos rosistas. En 1844 presentó una solicitud de ajuste de sueldos y otorgamientos de premios en razón de los servicios prestados en las filas. Declaraba en dicha presentación ser viuda del sargento mayor Raimundo Rosa, muerto en 1820 en Cañada de la Cruz”. Efectivamente, en la zona de Capilla del Señor, provincia de Buenos Aires, se desarrolló el enfrentamiento armado -producto del incumplimiento de Buenos Aires del Tratado del Pilar- entre las tropas federales santafesinas de Estanislao López y las tropas porteñas al mando de Miguel Estanislao Soler, las cuales fueron derrotadas el 28 de junio de 1820.

Prosiguió Lily Sosa su relato sobre “La Federala”: “Ella había prestado servicio a la patria desde 1810. En 1839 estuvo en la acción de Chascomús y en 1840 actuó en Entre Ríos a las órdenes de Pascual Echagüe, llevando veintiséis voluntarios bajo su mando”. Aquí refiere a la época del bloqueo francés que se inició en 1838 sobre el puerto de Buenos Aires, la conspiración del hijo de Manuel Vicente Maza contra el propio Restaurador y la sublevación de parte de los estancieros bonaerenses – autodenominados Libres del Sur -, la que fue sofocada por las tropas de la división sur de las federales al mando de Prudencio Rosas, hermano del gobernador bonaerense, el 7 de noviembre de 1839. También involucra la avanzada del “ejército libertador” de Juan Lavalle que empezó a operar en el Litoral para atacar a Rosas, en connivencia con los franceses, y en donde Josefa revistió bajo el mando del santafesino Pascual Echagüe, jefe militar federal y gobernador de Entre Ríos.

Detalló la autora que esta miliciana fue “bombera” -esto es espía en las líneas enemigas unitarias – “en las trincheras de Lavalle, donde, al ser descubierta la raparon y sentenciaron a muerte, logrando escapar.”

Pero las peripecias de “La Federala” no terminaron allí: “Participó poco después en la batalla de Sauce Grande” -cerca de Paraná, provincia de Entre Ríos, el 16 de julio de 1840- librada entre las fuerzas de Lavalle y Echagüe. Allí fue herida y conducida a Paraná, de donde consiguió pasar a la provincia de Buenos Aires, incorporándose a las filas del regimiento mandado por Vicente González el cual participó en la campaña de Oribe contra Lavalle. En Quebracho Herrado, donde el primero resultó vencedor, doña Josefa, aún convaleciente de sus heridas, se hizo cargo del hospital de sangre”. Aquí se mencionó el enfrentamiento del 28 de noviembre de 1840, en el límite entre las provincias de Santa Fe y Córdoba, donde es victorioso el presidente del Uruguay y donde Josefa estuvo bajo el mando del “Carancho del Monte” fiel federal de origen “oriental”, quien durante muchos años fue comandante militar de San Miguel del Monte.

“Continuó en esta campaña -anotó Sosa- hasta la batalla de Famaillá, que pondría fin a la cruzada de Lavalle”. Esta batalla, desarrollada en territorio tucumano, fue otra victoria federal de Oribe contra Lavalle, llevada a cabo el 19 de septiembre de 1841. Prosiguió “Pepa” su senda en la milicia federal, ya que “estuvo después en Coronda y Santa Fe, y Oribe la designó ayudante del Hospital de Sangre hasta que se trasladó a Buenos Aires, desde donde se dirigió a Juan Manuel de Rosas por medio de la nota mencionada, que firmaba solamente con el nombre de Doña Pepa la Federala”.

Como personaje de nuestras luchas fratricidas fue rescatada por Sergio Toyos y Jorge V. Alonso en Milicia: De galeras, morriones y otras yerbas (2000), en la tesis doctoral de Eva García Abós, del 2013, Arriba y abajo: grupos sociales en el ejército argentino durante la época de Rosas (1829 – 1852) y en un reciente artículo de Julio Otaño, publicado en el blog del Instituto Juan Manuel de Rosas de San Martín y en la página oficial del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, donde incluye la nota original, fechada el 19 de marzo de 1844, “año 35 de la Libertad, 29 de la Independencia y 15 de la Confederación Argentina”, en donde implora a Rosas “se digne ordenar sean hechos mis ajustes por la contaduría y opción a los premios que V. e. tiene conferidos al Ejército, para poderme reponer de mi salud y estar pronto y de centinela contra todos los salvajes que quieran envolvernos en su inmunda rebeldía a cuya gracias quedaré eternamente reconocida”.

¿Se habrá hecho justicia con esta mujer en el reconocimiento de sus haberes como combatiente? Quiero creer que sí, aunque falta mucho para reconocerla, como muchas mujeres de nuestra historia, en nuestro tiempo. Desconozco su fisonomía, su edad y su destino final, pero tengo la certeza de su valor sin par y su entrega por una causa que creyó hasta el final.

*Pablo A. Vázquez. Licenciado en Ciencia Política. Docente de la UCES. Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.