Juana Azurduy: bandera a la victoria

Combatiente de nuestra independencia en la guerra de guerrillas contra los realistas, su permanente arrojo en las batallas se patentizó cuando, según Felipe Pigna en su sitio web El Historiador, “el 3 de marzo de 1816 Padilla y Juana atacaron al general español La Hera cerca de Villar; allí Juana al frente de treinta jinetes, entre ellos varias amazonas, logró detener a los realistas, quitarles el estandarte, recuperar fusiles y cubrir la retirada de su compañero”.

Obtuvo, por recomendación de Manuel Belgrano, el grado de teniente coronela y, después del asesinato de su esposo, el coronel Manuel Ascencio Padilla, guerrero de nuestra independencia suramericana, continuó al frente de sus tropas hasta el fin de la lucha emancipadora. Se marchó a Salta a luchar con Martín Miguel de Güemes pero, a la muerte del general, volvió a su tierra. Si bien se entrevistó con el mariscal Antonio José de Sucre y el Libertador Simón Bolívar, quien le otorgó una pensión reconociendo su valor, al tiempo fue olvidada, declarada “pobre de solemnidad”, muriendo en la extrema miseria. Recién años atrás la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner la ascendió a generala y el expresidente Evo Morales hizo lo propio como mariscala del Estado Plurinacional de Bolivia.

¿Quién fue Juana Azurduy?

Nacida en las cercanías de la Chuquisaca universitaria, la antigua La Plata y actual Sucre. Si bien se difundió que su natalicio fue el 12 de julio de 1780 la fecha es incorrecta. Norberto Benjamín Torres, en su investigación sobre Juana de 2016, determinó que el acta de Bautismo se fechó el 26 de marzo de dicho año, constando que su nacimiento fue en enero, aunque sin detallar la fecha exacta.

Año trascendente 1780 para el Alto Perú, ya La Paz fue sitiada por Tupac Catari y Bartolina Sisa, en apoyo a Tupác Amaru.

Juana, al tiempo, se casó con Manuel Padilla, unida por un amor intenso y una lucha sin cuartel contra los realistas. De todos los combates compartidos, el de El Villar fue crucial para ella: “Juana avanzaba casi en línea, rodeada por sus feroces amazonas, descargando su sable a diestra y siniestra, matando e hiriendo. Cuando llegó a donde quería llegar, junto al abanderado de las fuerzas enemigas, sudorosa y sangrante, – relató Pacho O´ Donnell en la biografía de la heroína (1994) –, lo atravesó con un vigoroso envión de su sable, lo derribó de su caballo y estirándose hacia el suelo aferrada del pomo de su montura conquistó la enseña del Reino de España que llevaba los lauros de los triunfos realistas en Puno, Cuzco, Arequipa y La Paz”.

En el parte militar del coronel Padilla, remitido el 24 de abril de ese año al general José Rondeau, y que fue recibido por Manuel Belgrano, ya que en el ínterin lo reemplazó al frente del Ejército Auxiliar del Perú, le detalló las batallas en las que participó, nombrando la acción de su esposa. Belgrano, remitió un oficio desde Tucumán al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón el 26 de julio, a pocos días de la Declaración de nuestra Independencia, donde referenció: “…el diseño de la bandera que la amazona Juana Asurdui tomó en el Cerro de la Plata como a once leguas al Este de Chuquisaca, en la acción a que se refiere el comandante don Manuel Asencio Padilla quien no da esta gloria a la predicha su esposa, por moderación; pero que por otros conductos fidedignos me consta que ella misma arrancó de las manos del abanderado, y de sus conocimientos en la milicia poco comunes a las personas de su sexo. (…) Recomiendo a vuestra excelencia a la señora Asurdui ya nominada…”.

Entregado el oficio el 13 de agosto, Pueyrredón ese mismo día expidió el despacho, nombrando “Teniente Coronel de las milicias partidarias de los Decididos del Perú” a Juana, firmando el decreto del nombramiento militar y manifestando “la gratitud y consideraciones que han merecido al Gobierno sus servicios, igualmente que a las demás patriotas que la acompañan”.

Frente a tal distinción uno se pregunta, ¿por qué se la invisibilizó por tanto tiempo – a ella y a muchas mujeres patriotas – en la historia oficial argentina? Quizás su presencia como mujer y revolucionaria del Norte, su ascendencia chola y criolla, y el apoyo al proyecto independentista de Manuel Belgrano le hizo fruncir el ceño a varios estudiosos que defendían a los próceres porteños y unitarios, más pendientes de la ciudad puerto y su acercamiento a Inglaterra que a sostener una guerra de recursos en el Alto Perú contra los realistas.

En Bolivia pasó otro tanto, donde, más allá de menciones en trabajos sobre el período colonial y los guerrilleros de independencia, los trabajos biográficos sobre Juana de Joaquín Gantier, de 1973, y de Zoraida Gianello de Guyer, de 1980, pocos se destacaron. La obra de Norberto Benjamín Torres, por suerte, vino a llenar ese vacío en la heroica historia independentista previa a la creación del Estado de Bolivia.

En Argentina pasó otro tanto, con solo menciones en las obras sobre Belgrano y San Martín de Bartolomé Mitre, así como José María Rosa, Abelardo Ramos, Eduardo Astesano y A. J. Pérez Amuchástegui, con pocos textos biografiándola. Si bien se la referenció en obras de Lily Sosa de Newton y en el trabajo de Estela Bringuer de 1976, será con la obra de Pacho O’ Donnell de 1994 donde se pondrá en valor historiográfico la trayectoria de Juana y su conexión con el proyecto independentista de Belgrano, Monteagudo, Güemes y los caudillos altoperuanos.

Así la describió Pacho con ribetes místicos: “Doña Juana, enfervorizada, recorre las tierras de Tarabuco convocando voluntarios para unirse a la lucha por la independencia y por la libertad. Su presencia en los ayllus era tan imponente, encabritada sobre su potro entero y apenas domado, haciendo entrechocar su sable contra la montura de plata potosina, enfundada en una chaqueta militar que lucía con un garbo varonil que la embellecía como mujer, tan absolutamente convencida de aquello que también convencía a Manuel Ascencio, que llegó a reunir a 10.000 soldados.

Es la Pachamama – susurraban los indios, ilusionado de que si la seguían les sucederían cosas buenas”.

La labor de divulgación y estudio que tuvo, tiempo atrás, el Instituto Nacional Manuel Dorrego – al cual tuve el honor de pertenecer y que fue disuelto por el gobierno de Mauricio Macri-; Felipe Pigna en Mujeres tenían que ser (2012); los trabajos para chicas y chicos de Nadia Fink y Pitu Saá tanto con Juana sola como dentro de Guerreras de la Independencia aparecidos pocos años atrás; más textos, poemas, obras de teatro, documentales, creaciones en las redes y demás producciones de sentido, han potenciado el rol revolucionario de la valiente Juana, quien debe ser ejemplo de patriotismo para el hoy y para las futuras generaciones.

* Pablo Adrián Vázquez. Politólogo. Miembro de los Institutos del Instituto Nacional Manuel Dorrego.